Las fortunas de Diana: 03

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Celio no los tenía, y era dotado de grandes virtudes y gracias naturales; pienso que con esto he dicho que era pobre y no muy estimado de los ricos. Solo Otavio no se hallaba sin él, y era tanta su amistad que, comenzando en otros por envidia, acabó en murmuración y no poco disgusto de sus parientes, que se quejaron a Lisena de que en las conversaciones públicas los dejaba en viendo a Celio, y muchas veces sin despedirse. Lisena, ofendida del desprecio de sus deudos y del amor y estimación de Celio, riñole un día más declaradamente que otras veces, y para daño de todos.
Otavio, sintiendo la aljaba de aquellas flechas, y que con siniestra información deseaban quitársele, honestamente obediente, le dijo que si supiera qué partes tenía Celio para ser amado y estimado, de ninguna suerte le hubiera reprehendido, antes bien expresamente le mandara que no se acompañara con otro; y que habiendo conocido la deslealtad de otros amigos, la poca verdad, la inconstancia, el poco secreto y bajas costumbres, se había reducido a querer tratar y conversar el caballero más noble, más discreto, más fácil, más leal, verdadero, secreto y de mejores costumbres que había en Toledo; y que mirase que, después que andaba con él, no le había dado disgusto ni sacado la espada; porque Celio era pacífico y tan prudente y cuerdo, que componía todos los disgustos que a los demás caballeros se ofrecían, y que con su entendimiento había solicitado tanta autoridad entre ellos, que le tenían envidia de que él le favoreciese y con tan justa razón se le inclinase.


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Las fortunas de Diana de Lope de Vega

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