Las fortunas de Diana: 10

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Luego se conoció en el alegre caballero su buena dicha, pues con su poca hacienda dio librea a sus criados que, cuando amor gana, ni es escaso del barato, ni piensa que puede volver a perder lo que una vez posee. Preguntole a Diana Celio si su madre venía a su aposento algunas veces, y ella le dijo que no; con que tomó licencia de quedarse en él algunos días, y ella de retratarle en su pecho con más espacio, de suerte que ya no pudo dejar de decírselo, y con muchas lágrimas mostraba estar arrepentida, temiendo que Lisena y su hermano conocerían por tan público efecto la infamia de la causa. A esto se le llegaba lo que se diría en toda la ciudad de su recogimiento y apariencias, y entre sus parientas y amigas, que a la hipocresía de su honestidad tenían empeñado el crédito. Celio le proponía los caminos que había para remediar el daño, que el de matar el hijo no cayó en su pensamiento. Pero viendo que pedirla por mujer era enemistarse con Otavio, y que no se la había de dar por ser tan pobre, se determinaba a pedirla por el juez eclesiástico; mas ella resistía a este consejo, con parecerle que lastimaba más su honra, pues descubría amores y conciertos para este efecto. (Si mirasen a estos fines las doncellas nobles, no darían tan desordenados principios a sus desdichas).


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Las fortunas de Diana de Lope de Vega

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