Las fortunas de Diana: 11

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Dejó finalmente Celio en manos de Diana su determinación, por no faltar a la amistad de Otavio pidiéndola por mujer, y porque ella no consentía en que la justicia interviniese a su casamiento. Mil veces se maldecía Diana por haber dado lugar a Celio en su deshonra, puesto que le amaba tiernamente y, como dice en su lenguaje el vulgo, veía luz por sus ojos. Él, entre tantas confusiones, ya en una determinación, ya en otra, porque un ánimo dudoso fácilmente se muda de un consejo en otro, como lo dijo Séneca, resolviose a decirle un día que si se resolvía a dejar la casa de su madre, que él la llevaría a las Indias y se casaría con ella. La desesperación de Diana fue tanta, que aceptó el partido y le pidió llorando que la llevase donde no viese los extremos de su madre ni las locuras de su hermano, aunque en el primer monte la matase. Celio, por ventura no menos arrepentido, puso los ojos en el peligro y, aconsejado del temor, dio traza en la partida, porque ya se le conocía a Diana el nuevo huésped del pecho que, como era la casa propia, se iba ensanchando en ella. Tenía Celio dos hermosos caballos, que le servían de rúa y de camino: el uno aderezó de brida, y en el otro hizo poner un rico sillón y, con gran cuidado, dos vestidos de camino de un color y guarnición, uno para él y otro para Diana. Estuvo Celio algunas noches con ella, diciéndole todo lo que prevenía para su partida, de que recibía notable gusto, porque imaginaba que se excusaba de tan graves pesadumbres; y considerando que no había de volver más a su casa y deudos, no quiso dejar de aprovecharse de algunas cosas, así por esto como por lo que podía sucederle, que es varia la fortuna y pocas veces favorece a los amantes fuera de sus patrias. Tomó a Lisena las llaves y sacó de sus cofres las más ricas joyas que tenía, con alguna cantidad de escudos, y así junto lo puso y guardó en un cofrecillo que tenía desde sus tiernos años.


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Las fortunas de Diana de Lope de Vega

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