Las fortunas de Diana: 20

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 


   ¡Ay verdades, que en amor
siempre fuisteis desdichadas!
buen ejemplo son las mías,
pues con mentiras se pagan.
Cuando traté con engaño
tu verdad, Filis ingrata,
¡qué de quejas vi en tu boca,
qué de perlas en tu cara!
¡Oh cuántas noches que dije,
cuando a mi puerta llamabas:
«en vano llama a la puerta
quien no ha llamado en el alma!»
Mis pastores te decían:
«no está Fabio en la cabaña»
y estaba diciendo yo:
«¿para qué busca quien cansa?»
A tus quejas solamente
daban respuesta las aguas,
porque murmuraban, Filis,
que no porque te escuchaban.
Acuérdome que una noche
me dijiste con mil ansias:
«déjate, Fabio, querer,
pues que no te cuesta nada.
»No quiero yo que me quieras;
que como el amor es alma,
nunca vi mujer discreta
que la quisiese forzada».
En el umbral de tu puerta
reñíamos hasta el alba,
tú porque había de entrar,
yo por no entrar en tu casa.
«Castiguen, Fabio, los cielos»,
dijiste desesperada,
«el fuego con que me hielas,
el hielo con que me abrasas».


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