Las fortunas de Diana: 21

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 


    Porfiaste, hermosa Filis;
todo el porfiar lo acaba;
que quien piensa que no quiere
el ser querido le engaña.
En el trato y en el tiempo
nadie tenga confianza,
porque pasan sin sentir
y se sienten cuando faltan.
Tanto te vine a querer,
que juntos nos envidiaban,
la luna al bajar la noche,
el sol al subir el alba.
Los prados, montes y selvas
de oírnos se enamoraban;
verdes lazos aprendían
las hiedras enamoradas.
Mas bajando en este tiempo
de las heladas montañas
Silvio, tu antiguo pastor,
trajo de allá tu mudanza.
No perdiste la ocasión,
pues cuando yo te adoraba,
de mis pasados desdenes
quisiste tomar venganza.
Filis, yo muero por ti;
confieso que se me pasan
en tus umbrales las noches,
los días en tus ventanas.
No llamo, porque imagino
que has de responder airada:
«¿para qué llama a la puerta
quien no ha llamado en el alma?»
Si finjo que no te miro,
es invención de quien ama;
que cuando tú no me miras
hago espejo de tu cara.



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