Las fortunas de Diana: 31

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Paréceme que dice vuestra merced que claro estaba eso, y que, si había hija en esa casa se había de enamorar del disfrazado mozo. Yo no sé que ello haya sido verdad, pero por cumplir con la obligación del cuento, vuestra merced tenga paciencia y sepa que la dicha Silveria tendría hasta diecisiete o dieciocho años, edad que obliga a semejantes pensamientos.
Vivía no lejos un estudiante que la miraba, pasando más en estas imaginaciones el curso de las leyes que había traído de Salamanca que en los Bártulos y Baldos. Aquí envió Lisandro por un instrumento, que aunque no era laúd, supo componerle y acomodarle a su voz, como el estudiante seguirle, que aunque no entró dentro oyó muy bien desde la calle que Diana cantaba así:

Por entre casos injustos
me han traído mis engaños,
donde son los daños daños,
y los gustos no son gustos.

Amores bien empleados,
aunque mal agradecidos,
eso tenéis de perdidos,
que es teneros por ganados.
¿Qué importan gustos pasados,
si los presentes disgustos
son mayores que los gustos,
y que el favor el desdén,
pues he perdido mi bien
por entre casos injustos?


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