Las fortunas de Diana: 35

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Pero sucedió a sus fortunas mejor de lo que esperaba y de lo que solía, tan hecha estaba a que le fuese adversa. Pues andando el duque de Béjar a caza por su tierra, vino a ser huésped una noche en casa del mayoral de sus ganados, que por su mayordomo conocía, y porque el viejo le solía llevar algunos presentes, de que el Duque se tenía por bien servido, que suele agradar a los príncipes la hacienda de los campos más que la riqueza y abundancia de sus palacios. Deseando el mayoral entretenerle, claro está que había de llamar a Diana, y ella parecerle bien al Duque y asimismo mandarle que cantase. Aquí fue menester que el estudiante trajese su instrumento de mala gana, porque de celos de Diana y Silveria perdía el juicio; ella le acomodó las cuerdas a su voz y, escuchando todos, cantó así:

Selvas y bosques de amor
en cuyos olmos y fresnos
aún viven dulces memorias
del pastor antiguo vuestro;
por lo que os tengo obligados,
os pido que estéis atentos
a mis quejas, y veréis
cuán dulcemente me quejo.
Oíd de vuestro pastor,
en este nuevo instrumento,
más lágrimas que razones
y más suspiros que versos.
Sabed que vengo perdido.
¿Perdido os he dicho? Miento,
que ninguno se ha ganado
tan bien como yo me pierdo.
Ganado vengo y perdido,
que por tan alto sujeto
gano, perdiendo la vida,
la gloria de mis deseos.


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