Las fortunas de Diana: 39

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



    Mil veces he codiciado
hacer pedazos su espejo,
porque hace dos Jacintas
y guardar una no puedo.
Selvas, lastimaos de mí;
mas no lo hagáis, que os prometo
que en sólo verla me paga
cuanto por ella padezco.


Notablemente se agradó el Duque de la persona de Diana, pero mucho más después que vio la gracia, la destreza y la dulce voz con que había cantado los referidos versos. Preguntole todo lo que en esta ocasión se puede imaginar de un señor, que los señores preguntan mucho, y es la causa que de las cosas que pasan entre la gente humilde saben poco. En razón de su patria y padres, que fue en lo que hacía más fuerza, le dijo que la había criado en Sevilla un hombre a quien llamaba padre, y que de dos a dos meses venía a su casa un hombre que le daba dineros y cartas y le encargaba su regalo, de que había tenido sospecha que su padre debía de ser otro más noble y que vivía lejos de Sevilla. Y así, un día, habiéndole hallado de buen humor, le había dicho que le dijese de quién era hijo, pues ya él sabía que no era suyo; pero que ni en aquella ocasión ni en muchas pudo obligarle con grandes servicios y encarecimientos a que se lo dijese, si bien le traía en palabras de un día en otro, jurándole que sin licencia de aquella persona era imposible. Y que en medio de estas esperanzas se le había muerto de mal, que cuando quiso decírselo no pudo. Y que quedando desamparado, no supo aplicarse a ningún oficio, por más que había deseado intentarlo; y que así, había querido elegir el de pastor y hombre del campo, más por vivir en soledad, hallándose tan triste y sin saber quién era, que no porque entendiese que aquel camino podía en ningún tiempo mejorar su fortuna.


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