Las fortunas de Diana: 43

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



-Pero si por la relación -añadió el piloto-, que me habéis dado conocéis esta dama, este diamante es suyo; mirad si le conocéis.
Celio, conociendo que con el primer papel se le había dado a Diana, atravesada la garganta de un fuerte nudo, apenas pudo ni supo responderle; y más cuando añadió el piloto que si en Sevilla se lo hubiera dicho, no tenía para qué buscar a Diana, porque él sabía infaliblemente que no iba en la armada. Celio, satisfecho y muerto, le dijo que aquel anillo era la primera cosa que había dado a Diana, y que las joyas no tenía que tratar de volverlas, porque la dama era de calidad y le podría costar la vida, por haber sido hurto; que lo callase y gozase, dándole sólo el anillo, que él no quería otra cosa para consolarse. Pero por diligencias que hizo Celio, por ruegos, por amenazas, jamás pudo acabar con aquel bárbaro que le diese el anillo.
Las palabras suelen ser más dueños de las pendencias que los agravios; de unas en otras vinieron Celio y el patrón a descomponerse, porque el mayor contrario del amor no es la ausencia, los celos, el olvido, el interés, ni la inconstancia de la condición, sino la porfía. Llegó, pues, a tanto extremo que Celio con la daga le dio dos puñaladas de que quedó muerto. La gente de la nave acudió al alboroto, y aunque él desesperadamente intentó defenderse, le prendieron y llevaron al navío que, calafateado y puesto a punto, partió con buen viento y con Celio atado a una cadena, en el lastre, a Cartagena de las Indias, habiendo hecho el escribano del navío una pequeña información a causa de no negar Celio la muerte del piloto, porque decía llanamente que él le había muerto por ladrón de su hacienda, de su vida y de su honra. Depositáronle, finalmente, en la cárcel, porque en la tierra no había gobernador, y estaba, como tan nuevamente conquistada, llena de alborotos y robos, inobediente por remota y varia por ambiciosa; y como dijo el mayor Plinio: «Ningún gobierno es más aborrecido que aquel que más conviene al pueblo».


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Las fortunas de Diana de Lope de Vega

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