Las fortunas de Diana: 44

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio


 



Servía en estos medios Diana al Duque, a quien por el cuidado de su ropa, limpieza y aseo de sus vestidos, hizo en breve tiempo su camarero, porque en todo tenía buen gusto y le ayudaba el deseo, que nadie sirve bien si no desea agradar a quien sirve.
Determinose el Rey Católico en la conquista del reino de Granada, y envió a llamar los grandes de los cuales no fue el postrero el Duque, pues apenas había recibido la carta, cuando nombró los criados que habían de acompañarle y los vistió y adornó de ricas libreas. No tuvo Diana en sus trabajos otro día de contento, porque imaginó que si Celio la buscaba, en ningún lugar la podía hallar como en la corte; y a todos les dio tan grande, que le daban el parabién de verla alegre, porque la amaban y respetaban todos, porque a todos con mucha discreción llevaba sus condiciones; cosa tan necesaria en palacio que el que pensare lograr la suya sin sufrir y acomodar la de los otros, ni podrá conservar la gracia del señor, ni dejará de perder sus pretensiones por envidia.
En este viaje se acreditó mucho Diana, y le mostró mayor amor el Duque, que los caminos y las cárceles hacen notables amistades y descubren más los entendimientos. Estaban un día haciendo hora para caminar, y mandó el Duque a Diana que le cantase alguna de las «Selvas» que solía. Ella, con graciosa obediencia, comenzó la segunda, diciendo así:


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