Las fortunas de Diana: 49

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Las fortunas de Diana Félix Lope de Vega y Carpio



El Duque, viendo que el Rey no estaba enojado, le alabó y encareció las partes, gracias y virtudes de Diana, de suerte que quiso verla, y entró y le besó la mano. El buen talle de Diana, la gala, la discreción y el despejo obligaron al Rey a pedírsele al Duque, y él dijo que, aunque era todo su regalo, desde que le había recibido tenía este pensamiento de ofrecérsele.
Contenta estará vuestra merced, señora Leonarda, de la mejoría de nuestro cuento, pues ya queda Diana en servicio del Rey Católico, y en pocos días tan privado, que en mil cosas que se le ofrecían holgaba de su parecer y, de lance en lance, ya tenía los papeles de más calidad e importancia. Pues prometo a vuestra merced que no lo estaba la pobre dama, porque tenía el alma en dos Celios, y ausentes entrambos, uno en las Indias y otro en tierra de Plasencia: aquel su esposo y este su hijo. Creció tanto el amor del Rey con las gracias y servicios de Diana que, antes que saliese de la corte el Duque, ya le había pagado lo que por ella había hecho, y Su Alteza le había dado, a ruego suyo, la encomienda mayor de Alcántara, y para su hermano segundo seis mil ducados de renta.
La gracia de la voz de Diana no se había encubierto en palacio, pero ya con el nuevo estado y oficio estaba en silencio; error del mundo que, en llegando los estados a la autoridad, pierdan calidad por las gracias, y que si a un hombre le dio el cielo gracia de cantar, tañer o hacer versos, queda inhábil para otros oficios, y se murmura de estas virtudes como si fuesen fealdades. Alejandro tañía y cantaba, Otaviano hacía versos y no por eso dejaron el uno de tener en paz el mundo y el otro de conquistarle. Servía un hijo de un gran señor una dama, y ella deseaba con extremo oír cantar a Diana, cuya persona y entendimiento no debían de desagradarle. Pidió con grande encarecimiento al amante referido que le pidiese que la cantase una noche. Diana, por no disgustarle y creyendo que no importaría que se supiese, cerca de la una de la noche, en el terrero, cantó así:


Las fortunas de Diana de Lope de Vega

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