Las grandezas de Alejandro: 144

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Las grandezas de Alejandro Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


HIRCANO:

¿Dios no lo manda? Pues vamos:
música y palmas prevén.
(Salga toda la gente de ALEJANDRO, delante, en orden, y él detrás, armado.)

ALEJANDRO:

  ¡Soberbia Jerusalén,
sumo sacerdote Jado,
cobarde Duque, vil gente,
alcázar de David santo;
gran templo de Salomón,
fuertes puertas, muros altos,
mirad que llega a vosotros
de Dios el ardiente rayo,
la espada de su justicia
y azote de su mano!
Alejandro soy, hebreos;
agora veréis si paso
vuestro arroyuelo Cedrón,
yo que pasé mares tantos.
A Darío decís que dais
tributo, a mi esclavo Darío,
cuyas hijas y mujeres
traigo presas en mi campo;
a Darío, que en Babilonia,
entre mujeres hilando,
está escondido de mí!
¿Qué es lo que aguardáis, soldados?
¡Fuego, armas, sangre, guerra:
Jerusalén ha de quedar por tierra!
(Salen los músicos, una danza de mujeres, el Duque, el sacerdote, y los que pudieren coronados de laurel, con palmas y ramos.)
(Cantan.)
  Venga norabuena,
con sus soldados
a Jerusalén
su rey Alejandro.


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