Las inquietudes de Shanti Andía: 121

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Las inquietudes de Shanti Andía - Libro quinto Pío Baroja


-No, nunca, a pesar de quie creo que tengo motivos.

-Entonces, ¡adiós!

Me tendió la mano, yo alargué la mía y me la estrechó con fuerza.

Al volver encontré a mi madre un poco excitada.

-¿Qué te pasaba? -la dije.

-Nada, que al verle entrar he creído que venía mi hermano Juan.

-¿Eh?

-Sí.

-¿Tanto se parece?

-Es idéntico.

El tal Machín era un tipo raro en todo: en su conducta, en sus parecidos y en las simpatías y antipatías que despertaba.

Días después, una mañana de otoño muy clara y muy hermosa, Machín, con su criado, se embarcó en la goleta. Pasaron días, semanas, han pasado años: no ha vuelto a saberse más de él.

El día de mi boda, al llegar a casa de mi madre, Mary abrió el sobre que me había dado Machín. Cayeron sobre la mesa una porción de papeles. Eran acciones de minas, títulos de la Deuda..., una fortuna. Entre ellos había una carta que decía así:

Mi querida Mary: La carta de tu padre que me trajo tu marido hace algún tiempo me reveló que tú y yo somos hermanos, hijos del mismo padre. Shanti, a quien tanto he odiado, es pariente mío, casi hermano.

Yo soy hijo de Juan de Aguirre y de una muchacha sirvienta de casa de nuestra abuela. No le culpo a mi padre del abandono en que me han tenido. La fatalidad lo ha dispuesto así.

Tu marido y tú tendréis seguramente la idea de que soy un hombre perverso y dañino. No he podido ser otra cosa; todo el mundo me hizo sufrir cuando era un miserable; yo he contestado haciendo sufrir a los demás cuando he sido poderoso.

La bondad es la fuerza de los privilegiados. La envidia y la tristeza del bien ajeno son enfermedades del espíritu. Los que han luchado y se han agitado en los antros donde se muerden los pestíferos están contagiados.

No todo el mundo puede ser sano ni todo el mundo puede ser bueno. Yo aún no lo puedo ser, y como no lo puedo ser, al enviarte esta dote a ti, hermana mía, para que puedas vivir con tu marido, pienso que ésta es mi venganza, la venganza del sarnoso contra el sano, la venganza del miserable con el descendiente de la familia considerado y mimado.

Adiós, querida hermana. Felicidades.

Juan.


Al escribir esta carta se veía que Machín había arrugado el papel y lo había mojado con sus lágrimas. Machín, nuestro enemigo, se convertía en nuestro protector y nuestro pariente.