Las inquietudes de Shanti Andía: 126

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Capítulo III - La venta de la ternera
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Las inquietudes de Shanti Andía - Libro sexto Pío Baroja


Yo insinué varias veces, hablando con doña Celestina, después de comunicarle lo que ocurría a la muchacha, que debía dar cuenta a su hijo de lo que pasaba con la Shele; pero comprendí que era inútil y que estando en su mano no había de hacer nada con ese fin.

Sabía que Juan de Aguirre navegaba en la derrota de Cádiz a Filipinas, pero ni la Shele ni yo pudimos averiguar en qué barco. A pesar de todo, le escribí, y la carta no debió llegar, porque no tuve contestación.

Mientras tanto, doña Celestina y el vicario habían decidido casar a la Shele. Como sabes, aquí los matrimonios que se hacen entre la gente del campo, atendiendo sólo al dinero, se llaman la venta de la ternera.

En el caso aquel no era la venta corriente, sino la de una res estropeada y enferma, y había que dar mucho dinero encima para sacarla de casa.

-Nada, hay que llevarla de aquí cuanto antes -dijo el vicario-; que vaya a vivir a otro pueblo o a un caserío lejano, y nadie tendrá en cuenta si la criatura ha nacido antes o después del plazo legal.

-Sí, es lo más conveniente -añadió la señora de Aguirre ¿A usted qué le parece, doctor?

-Yo digo lo de siempre: antes consultaría con Juan -replicaba yo.

-Juan no vendrá aquí hasta dentro de cuatro o cinco años.

-Y mientras tanto, ¿cómo se evita el escándalo? -exclamó el vicario.

-No, no; si eso no puede ser -repuso doña Celestina-. Es perder el tiempo hablar de Juan. Aquí lo único es encontrar un marido y casarla.

-Creo lo mismo que doña Celestina -agregó el vicario.

-Pues vamos a ver quién nos convendría. Yo conozco a todas las familias.de los caseríos... El mozo de Olazábal está casado, el de Olazábal Aspicua es muy joven, el de Endoya se ha ido a Somorrostro...

-En Iturbide hay un muchacho carbonero...-insinuó el cura. -Pero ésos son unos salvajes -replicó doña Celestina-. No quiero que la Shele vaya allí. La tratarían muy mal.

-¿Y Machín? -preguntó el cura-. ¿Machín el mozo?

-¿El de mi caserío?

-Sí.

-Pero ¿no es tonto ese muchacho?

-¡Ah! ¡Claro! No vamos a encontrar un hombre perfecto como los de la Constitución del año doce.

El señor vicario se permitía alguna bromita de cuando en cuando contra las ideas liberales.

-Entonces, ¿qué? ¿Le llamaremos a Machín?

-Me parece lo mejor.

-¿Al padre?

-Al padre y al hijo. Se les explica lo que pasa y veremos las condiciones que ponen.