Las inquietudes de Shanti Andía: 127

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Las inquietudes de Shanti Andía - Libro sexto Pío Baroja


-Bueno; pues les llamaremos.

Presencié la entrevista en la cocina. Era una escena triste; daba una idea bien miserable de la humanidad. Machín padre y Machín hijo estaban los dos arrimados al fuego en la cocina.

-De manera -decía doña Celestina con voz imperiosa- que yo le doy a la Shele, cuatro onzas y dos vacas.

-Y las azadas y el trillo -añadía Machín el viejo.

-Bueno, y las azadas y el trillo. ¿Con esto estamos ya conformes?

-Es que... -decía Machín padre, rascándose la cabezacomo la chica ha quedado en ese estado, yo no sé si estará bien..., porque las gentes dirán que...

-Eso ya os lo he dicho antes. La muchacha está en ese estado. Ya lo sabemos. Con que resolved de una vez: sí o no. O decid qué queréis más.

-El caso es -murmuró el viejo- que hay un trozo de tierra cerca del barranco que no pertenece a nuestro caserío y mi mujer dice que debían dárnoslo a nosotros sin subir la renta... Yo no digo nada, pero mi mujer...

-Bueno: la tierra esa será para vosotros.

La conversación continuó así, con un lujo de detalles de esa avaricia campesina tan repugnante, y cuando llegaron a un arreglo definitivo, doña Celestina gritó a sus hijas:

-¡Que venga la Shele!

Vino la Shele, pálida, con los ojos bajos y las ojeras moradas.

-Hemos quedado de acuerdo en que te casarás con este joven.

-Bueno, señora -contestó ella, con una voz débil como un sollozo.

-¿No dices nada?

-Nada, señora.

-Bueno; ya lo sabes. Dentro de unos días será la boda.

-Está bien, señora.

Machín el joven sonrió, queriendo echárselas de malicioso, y el viejo siguió dando vueltas en su cabeza al pensamiento de si podía sacar alguna cosa más de la señora de Aguirre.

Ésa es la moral tradicional de las gentes ricas. Se destroza una vida, se deja un hijo sin padre, se lleva la desolación a una familia. Y se dice se ha salvado la honra de una casa; se ha salvado la sociedad.