Las mil y una noches:0968

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Las mil y una noches - Tomo VI
y cuando llegó la 971ª noche

de Anónimo


Y CUANDO LLEGÓ LA 971ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

"... Luego irás sin tardanza a sacar a mi padre y a mi esposo del desierto adonde los has transportado, y me los traerás aquí sanos y salvos, sin magullamientos y en buen estado".

Y al punto fué cogido el visir como se coge un trapo, y arrojado al calabozo del palacio. Y al cabo de un corto transcurso de tiempo, el rey y Maruf estaban en la habitación de la princesa, el rey muy asustado y Maruf repuesto apenas de su borrachera. Y los recibió ella con un júbilo indecible, y empezó por darles de comer y de beber, ya que la rápida carrera les había dado hambre y sed. Y mientras comían, les contó lo que acababa de pasar y cómo había encerrado al traidor. Y el rey exclamó: "¡Vamos a empalarle sin tardanza y a quemarle!" Y dijo Maruf: "No hay inconveniente". Luego se encaró con su esposa y le dijo: "Pero ¡oh querida mía! devuélveme mi anillo antes". Y la princesa contestó: "¡Ah eso sí que no! Ya que no has sabido conservarlo, yo seré quien lo guarde en lo sucesivo, pues temo que lo pierdas de nuevo".

Y dijo él: "¡Está bien! Es justo".

Entonces hicieron preparar el palo en el meidán, frente a la puerta de palacio, y ante la multitud congregada se instaló allí al visir. Y mientras funcionaba el instrumento, se encendió una gran hoguera al pie del poste. Y de aquella manera, murió el traidor ensartado y asado.

Y esto es lo referente a él.

Y el rey compartió con Maruf el poder soberano, y le designó su único sucesor en el trono. Y en lo sucesivo continuó el anillo en el dedo de la princesa, quien, más prudente y más avisada que su esposo, tenía con él muchísimo cuidado. Y en su compañía, Maruf llegó al límite de la dilatación y del desahogo.

Y he aquí que una noche, al acabar él su cosa acostumbrada con la princesa y volver a su aposento para dormir, de repente salió una vieja de debajo del lecho y se abalanzó a él, con la mano alzada y amenazadora. Y apenas la miró Maruf, en su terrible mandíbula y en sus dientes largos y en su fealdad negra reconoció a su calamitosa esposa Fattumah la Boñiga caliente. Y aún no había acabado de hacer tan espantosa observación, cuando recibió, una tras otra, dos bofetadas resonantes que le rompieron otros dos dientes. Y le gritó: "¿Dónde estabas, ¡oh maldito!? ¿Y cómo te has atrevido a abandonar nuestra casa de El Cairo sin avisarme y sin despedirte de mí? ¡Ah! ¡ya te tengo, hijo de perro!" Y Maruf, en el límite del espanto, echó a correr de pronto en dirección al aposento de la princesa, con la corona en la cabeza y arrastrando las vestiduras reales, en tanto que gritaba: "¡Socorro! ¡A mí, efrit de la cornalina!" Y penetró como un loco en el cuarto de la princesa, y cayó a sus pies, desmayado de emoción.

Y en seguida hizo irrupción, en la estancia donde la princesa prodigaba sus cuidados a Maruf rociándole con agua de rosas, la espantosa diablesa, llevando en la mano una maza que había traído consigo al país de Egipto. Y gritaba: "¿Dónde está ese granuja, ese hijo adulterino!" Y al ver aquel rostro de brea, la princesa aprovechó el tiempo para frotar su cornalina y dar una orden rápida al efrit Padre de la Dicha. Y al instante, como si la hubieran sujetado cuarenta brazos, la terrible Fattumah quedó fija en su sitio con la actitud de amenaza que tenía al entrar.

Y cuando recobró el sentido, Maruf vió a su antigua esposa inmóvil en aquella actitud. Y lanzando un grito de horror, volvió a caer desmayado. Y la princesa, a quien Alah había dotado de sagacidad, comprendió entonces que la que estaba ante ella en aquella actitud de amenaza imponente, no era otra que la espantosa diablesa Fattumah, de El Cairo primera esposa de Maruf en la época en que él era zapatero. Y sin querer exponer a Maruf a las probables fechorías de aquella calamitosa, frotó el anillo y dió una nueva orden al efrit de la cornalina. Y al punto fué arrastrada y conducida al jardín la diablesa. Y quedó sujeta, con una enorme cadena de hierro, a un algarrobo enorme, como se sujeta a los osos sin domesticar. Y allí se la dejó para que cambiase de carácter o muriese. Y esto es lo referente a ella.

En cuanto a Maruf y a su esposa la princesa, desde entonces vivieron entre delicias perfectas, durante años y años, hasta la llegada de la Separadora de enemigos, la Destructora de la dicha, la Constructora de tumbas, la Muerte inevitable. Gloria al Unico viviente, cuya existencia está más allá de la vida y de la muerte, en el dominio de la eternidad.

Luego Schehrazada, sin sentir invadirla aquella noche la fatiga, y al ver que el rey Schahriar estaba dispuesto a escucharla, comenzó la historia siguiente, que es la del joven rico que miró por Los TRAGALUCES DEL SABER Y DE LA HISTORIA.