Las mil y una noches:0970

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Las mil y una noches - Tomo VI
pero cuando llegó la 972ª noche

de Anónimo


PERO CUANDO LLEGÓ LA 972ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

... Y hecho lo cual, el joven puso manos a la obra. Y se consagró a leer con método, lentitud y meditación los libros de su maravillosa cúpula. Y como había nacido bajo la bendición, y sus pasos estaban marcados por el éxito y la felicidad, retenía en su feliz memoria todo lo que leía y anotaba. Así es que, en poco tiempo, llegó al límite extremo de la instrucción y del saber, y su espíritu se enriqueció con dones más abundantes que cuantos bienes le tocaron en herencia. Y entonces pensó con cordura en hacer que los que le rodeaban se aprovechasen de los dones de que él era poseedor. Y con tal objeto, dió en la cúpula del libro un gran festín, al cual convidó a todos sus amigos, familiares, parientes próximos y lejanos, esclavos, palafreneros inclusive, y hasta a los pobres y mendigos habituales de su umbral. Y cuando comieron y bebieron y dieron gracias al Retribuidor, irguióse el joven rico en medio del círculo atento de sus invitados, y les dijo: "¡Oh huéspedes míos! ¡esta noche, en lugar de cantores y de músicos, presida la inteligencia nuestra asamblea! Porque ha dicho el sabio: "Habla y saca de tu espíritu lo que sepas, para que se alimente de ello el oído de quien te escuche. Y quienquiera que obtenga ciencia, obtiene un bien inmenso. Y el Retribuidor otorga la sabiduría a quien quiere, y el ingenio se creó por orden suya; pero, entre los hijos de los hombres, sólo un pequeño número está en posesión de los dones espirituales". Por eso ha dicho Alah el Altísimo, por boca de su Profeta bendito (¡con él la plegaria y la paz!); "¡Oh creyentes! haced limosnas con las cosas mejores que hayáis adquirido, porque no alcanzaréis la perfección hasta que hagáis limosnas con lo que más queráis. Pero no las hagáis por ostentación, pues entonces os pareceríais a esas colinas rocosas cubiertas apenas por un poco de tierra: si cae un diluvio sobre esas colinas no dejará más que una roca pelada. Hombres así no sacarán ningún provecho de sus obras. Pero los que se muestran generosos, por su firmeza de alma se parecen a un jardín plantado en un ribazo que regaran las lluvias abundantes del cielo y cuyos frutos tuvieran doble tamaño del corriente. Si no cayera en él la lluvia, caería el rocío. Y entrarán en los jardines del Edén".

"Por eso ¡oh huéspedes míos! os he congregado esta noche. Porque, no queriendo, como el avaro, guardar para mí solo los frutos de la ciencia, deseo que los probéis conmigo, para marchar juntos por el camino de la inteligencia".

Y añadió:

"Paseemos, pues, nuestras miradas por los tragaluces del Saber y de la Historia, y desde allí asistamos al desfile del cortejo maravilloso de las figuras antiguas, a fin de que, a su paso, se esclarezca nuestro espíritu, y se encamine, iluminado, hacia la perfección. ¡Amín!"

Y todos los invitados del joven rico se llevaron las manos al rostro, contestando: "¡Amín!"

Entonces sentóse él en medio de su auditorio silencioso, y dijo: "¡Oh amigos míos! no sé comenzar mejor la distribución de las cosas admirables que haciendo beneficiarse de ellas a vuestro entendimiento con el relato de algunos rasgos de la vida de nuestros padres árabes de la gentilidad, los verdaderos árabes de las arenas, cuyos maravillosos poetas no sabían leer ni escribir, en quienes la inspiración era un don vehemente, y que sin tinta ni cálamo ni censores formaron esta nuestra lengua árabe, la lengua por excelencia, aquella de que se ha servido el Altísimo, con preferencia a todas las demás, para dictar Sus palabras a Su Enviado (¡con él la plegaria, la paz y las más escogidas bendiciones!) Amín!"

Y habiendo respondido de nuevo los invitados: "¡Amín!", dijo: "He aquí, pues, una historia entre mil de aquellos tiempos heroicos de la gentilidad: