Leyendas de los indios quichuas (2ª ed.)/Los Quichuas y su Imperio

esde la conquista del nuevo mundo por los españoles, muchas y muy diversas han sido las teorías inplantadas á propósito del origen del hombre en esta parte del globo.
Unos han sostenido que con la existencia de la Atlántida, que unía á Europa con las Antillas se extendió la población hasta los remotos confines de estas tierras desconocidas entonces.
Otros han hablado de la inmigración de la raza asiática por el Istmo de Bering y de las colonias traídas por los chinos desde el siglo quinto á las costas americanas de California.
Según otros, también las razas del Norte cruzaron los mares polares, llegaron á Terranova y á la Florida, en épocas relativamente antiguas.
Las tradiciones de los aborígenes nada nos dicen de la llegada por mar de pueblos ó tribus que poblasen las tierras y solo se refieren á la aparición de hombres blancos en diversas épocas, los que venían y desaparecían después de algun tiempo.
El fundador del Imperio Incásico, según las dos leyendas que á él se refieren, no vino por el mar sino que salió de un lago interior del continente.
¿Pero qué razón hay para negar que todas esas inmigraciones europeas ó asiáticas han existido? ¿Probaría eso acaso el orígen asiático ó europeo del hombre americano?
¡Seguramente nó!
La tradición y la historia escrita, ya sea de Europa ó de China, se remonta á una época relativamente moderna, por más que cuente siglos, si hemos de compararla con otra historia viva é inmutable que en la actualidad nos habla elocuentemente de épocas anteriores á todas esas conquistas y aún á la leyenda bíblica.
El gran libro de la Geología ha sido abierto por los sábios en sus páginas de oro y se ha evidenciado la antigüedad del suelo americano y la existencia allí, de la especie humana en una época anterior á toda leyenda y á toda tradición.
Eminentes naturalistas han consultado las etapas diversas de la formación pampeana, anterior á la cuaternaria europea y allí están los vestigios inequívocos del hombre dolicocéfalo que habitó esas comarcas, siendo contemporáneo de especies de animales, extinguidas hoy, que le sirvieron de alimento, formando la familia primitiva al amparo de la techumbre redonda que le ofrecía la corteza del jigantesco Clyptodonte.
Pero no es de esos estudios, á que dedican su vida entera de labor y de trabajos, inteligencias privilegiadas, de lo que queremos ocuparnos, sinó de reseñar ligeramente lo que fué la raza Quichua ó Quijchua y su civilización estendida en otro tiempo por las cordilleras y las márgenes del Pacifico, desde Panamá hasta Chile, mientras que la Guaranítica, de que anteriormente nos hemos ocupado en otra obrita, poblaba las tierras comprendidas en el gran triángulo oriental del continente que limitan el Orinoco, el Plata y el Atlántico.
Esas dos razas, que difieren completamente en sus lenguajes, pues cada una tiene un mecanismo especial, en su modo de arrimar las partículas pronominales, prefijando ó subfijándolas al verbo ó al nombre, puede decirse que eran las principales que ocupaban la América Meridional en la época del descubrimiento.
La civilización incásica debe datar, más ó menos del siglo décimo de nuestra era, teniendo en cuenta sus tradiciones y que propiamente hablando, fueron doce los Incas que reinaron hasta que aconteció la destrucción del imperio.
Anterior á ella existió otra civilización que parece haberle dado origen, á la que llamaremos Aimará, clasificación dada yá por algunos escritores, y de la que solo quedan vestigios, tales como las ruinas de Tiahuanaco en las márgenes del lago Titicaca y otras muchas caracterizadas por sus formas ciclópeas.
Las ruinas de Palenque y la civilización Azteca en el Norte, puede también haber tenido relación de origen con las que se sucedieron en esta parte de América.
Dice la tradición que Manco Capac y Mama Oello, eran hijos del Sol y salieron del lago Titicaca, siendo ellos los que fundaron la ciudad del Cozco, capital del Imperio de los Incas.
Esa pareja interesante enseñó á los hombres á cultivar la tierra y proveer á las necesidades de la familia; á las mujeres á tejer y á cuidar del hogar, eliminando el culto y las ofrendas humanas que antes se hacía á las piedras y á los animales sagrados que se tenían por Dioses.

Dividiéronse los campos y construyéronse cómodas habitaciones bajo la inteligente dirección de Manco Capac que al echar las bases de la ciudad sagrada levantaba un templo al Sol, su padre, y otro á Pachacamac, espíritu superior y único que rige, desde lo intangible, los destinos del mundo.
No tardaron los naturales en darse cuenta de las ventajas que les aportaba el nuevo orden de cosas implantado en aquella naciente sociabilidad, y muchas fueron las tribus que escucharon la palabra bondadosa y paternal de aquellos seres excepcionales tenidos por semi-dioses y que se decían enviados expresamente para predicar la bondad y el amor entre los hombres.
De Manco Capac y Mama Oello nacieron muchos hijos é hijas, pero el príncipe heredero fué Sinchi Roca que casó con su hermana Mama Cora á fin de perpetuar la raza de los privilegiados hijos del Sol.
La palabra Inca significa persona de la familia real ó emperador, pero en este caso había de ser descendiente por la línea masculina.
Capac, quiere decir solo, rico, magnánimo; así es que Capac Inca significa Solo Rey y ese nombre no se daba más que á la persona real ó al príncipe heredero después que aquel moría.
De la familia real salieron los grandes sacerdotes, encargados del culto y ceremonias religiosas y las hermanas del Príncipe vivían en reclusión en la casa de las Vestales ó esposas del Sol y el heredero de la corona, debía desposarse con su hermana mayor ó con la segunda si esta no tenía familia, á fin de proporcionar al reino un príncipe de pura sangre.
Como las princesas, que tenían sus casas especiales, había también otros retiros, donde se alojaban las esposas del Inca, que eran siempre las jóvenes más bellas del reino, é hijas de Curacas ó de poderosos señores, que se hacían gran honor en ofrecerlas al soberano.
Los ciudadanos estaban divididos por decurias y mandados por uno de ellos. Cada diez decuriones, como entre los romanos, era dirigido por un Centurión. Cada mil hombres obedecían á un general y así llegaba el poder hasta el Curaca y hasta el Inca que movilizaba los soldados con gran facilidad, cuando se trataba de una conquista ó de efectuar algún trabajo colectivo.
Los sacrificios que se hacían al Sol, consistían principalmente en Llamas pequeñas, conejos ó aves de corral, mieses ó legumbres, como también en bebidas, tales como la chicha ú otras que les eran familiares.
Los reyes Incas cuando establecían alguna nueva ley ó sacrificio, así en el gobierno religioso como en el temporal, invocaban el nombre del Sol ó de Manco Capac su padre, diciendo que de ellos emanaba, ó así lo habían dispuesto los antecesores.
Como no conocieron la escritura, sino por los Quipus, difícil es hoy determinar con precisión, durante qué gobierno se hicieron tales ó cuales leyes y conquistas. En nuestro deseo de atenernos en lo posible á la verdad, preferimos entre los historiadores de esa época, para seguirlos en su relato, al Inca Garcilaso de la Vega, que escribió los «Comentarios reales y el origen de los Incas» al padre Acosta, al padre Blas Valera y á otros distinguidos escritores.
El Imperio Incásico como la ciudad del Cozco, fué dividido en cuatro partes principales, llamándose á la oriental Antisuyo, por una provincia llamada Anti, que está situada al oriente y por la cual se llamó también asi á la vasta cordillera nevada que recorre el continente.
Llamóse Cuntisuyo á la parte del poniente por otra provincia muy pequeña llamada Cunti que queda junto al mar; y á la parte del norte, la llamaron Chinchasuyu porque la provincia de Chincha queda al norte de la ciudad imperial, como asímismo Collasuyu á las tierras del Sud, por que á ese rumbo se extienden las tierras Collas que formaron la zona más importante del Imperio.
Chili, después de conquistado, formó parte de esta última división y de la del norte, el gran reino de Quitu de que hablaremos más adelante.
Cuando ocurría alguna disención ó diferencia entre provincias limítrofes por límites ó pastos, enviaba el Inca un juez, nombrado de entre los de la familia real, el que informado de lo que ocurría disponía lo conveniente á ambas partes y si este fallo no llegaba á contentar los intereses de todos, el pleito iba en apelación al Inca mismo, aceptándose este fallo como merced y gran favor.
El nombre del segundo Inca quiere decir, Valeroso y Prudente, pues Sinchi significa lo primero y Roca, que ha de pronunciarse haciendo sonar suave la R, como si estuviese en medio de dicción, significa prudente y maduro según el P. Blas Valera.
Este Inca no ejercitó su valor y prudencia en la guerra, pero sí en luchar, correr y saltar y en arrojar á gran distancia una piedra ó una lanza, ejercicios en que aventajaba á todos los de su tiempo.
Cuando murió Manco Capac y el jóven príncipe tomó la borla ó fleco colorado que era símbolo del mando del reino, reunió á todos los Curacas principales manifestándoles su propósito de engrandecer el reino y convencer á los pueblos comarcanos de la necesidad que había de que abandonaran la bestialidad y torpeza en que vivian.
Los Curacas se comprometieron á ayudar al nuevo monarca en el trabajo de sacar á los salvajes convecinos por medio del convencimiento, de la idolatría y el culto á los animales y á las piedras, mostrándoles las ventajas que tendrían en adorar al Sol.
Sinchi Roca inspirado en esos propósitos, hizo su primera excursión hácia el Sud acompañado de mucha de su gente y principales Curacas, consiguiendo con facilidad y con buenas palabras que se sometiesen á sus leyes, la nación Puchina y la Canchi, que confinaban en más de veinte leguas con las tierras sometidas á su padre.
Llegada la expedición al pueblo de Chuncara y vista la bondad y buen propósito de los indios, que estuvieron dispuestos á aceptar las nuevas leyes y ritos, dejó el Inca quien les instruyera en el cultivo de las tierras y en los preceptos y prácticas que debían seguir en adelante.
Vuelto el soberano á la ciudad imperial, á ocuparse del gobierno de todos, tuvo ocasión de convencerse de la buena voluntad con que le servían los nuevos vasallos y ordenó que en esas tierras se construyesen algunos edificios destinados á escuelas de agricultura, á templos y á fortalezas, tales como las de Pucará, que determinó por algun tiempo, los límites de la tierra conquistada hácia el Sur.
Algunos historiadores han atribuido también á Sinchi Roca la conquista de otras tierras, tales como la comprendida hasta el rio Callahuaya que produce oro finísimo; pero estas conquistas deben haberse efectuado por Lloqui Yupanqui, tercer monarca que gobernó el Imperio.
Lloqui significa Zurdo, el que hace uso de la mano izquierda, y Yupanqui, contarás hazañas, virtudes, clemencia, piedad, etc., pues la lengua Quichua escasa en vocablos, es por compensación muy significativa en ellos.
Cuando este Inca tomó el mando, practicó una visita general á casi todo su reino y se propuso ensanchar sus límites, á cuyo efecto ordenó se levantase un ejército de 7.000 guerreros, nombrando dos tíos suyos como maeses de campo y consejeros.
Dirigiéronse las legiones mandadas por el Inca en persona, siguiendo el camino de Orcosuyu hasta la provincia de Cana á cuyo soberano se le envió requerimiento para que se redujese á la obediencia y servicio del hijo del Sol, dejando sus vanos y malos sacrificios y bestiales costumbres.
Informados los Canas de lo que se les exigía y sabedores del poder del Inca, no tuvieron inconveniente en obedecerle y acatar sus leyes, adorando al Sol; pero no pasó lo mismo con los Ayavirís á quienes no aprovechó el sometimiento de sus vecinos reducidos, ni las promesas y discursos de los enviados. Resolvieron éstos, defender su libertad y fueron los primeros que salieron á encontrar á los ejércitos del Inca con las armas en la mano, sosteniendo un reñido combate.
Por fin los Ayavirís fueron vencidos y no queriendo rendirse se fortificaron en sus pueblos, donde fueron sitiados por el Inca que no deseaba exterminarlos sino someterlos y evitar que con el mal ejemplo, otros pueblos tomasen las armas en lo sucesivo.
Los fortificados resistieron muchos días el sitio que se les estableció por hambre, pero al fin tuvieron que rendirse á discreción, y el Inca entonces, usando de bondad les perdonó la tenaz resistencia y dejándoles gentes de su corte para que fuesen instruídos como súbditos del reino, volvió con sus legiones á la ciudad imperial donde le recibieron con grandes fiestas y alegría, solemnizando sus triunfos y su llegada.
Pocos años después el Inca ordenó de nuevo que 10.000 hombres se aprestasen para la guerra y dirigióse á la conquista del Collasuyu, territorio que comprendía muchas provincias que se sometieron con facilidad á un vasallaje que consideraban les era bien favorable, pues les garantizaba de ataques traídos por otras tribus convecinas.
Los Collas, que formaban muchas naciones, recibieron al Inca en medio de fiestas y agasajos. Adoraban la laguna Titicaca y decían que sus padres habían salido de las cuevas de las montañas.
Esos lugares eran visitados todos los años por las tribus y allí se practicaban sacrificios en reconocimiento de hijos á padres; pero el Dios principal de este pueblo era un huanaco blanco.
Fueron señores de mucho ganado y por eso decían que el Mundo Alto los habría favorecido más que á cualquier pueblo de la tierra. De esa adoración se deduce que ninguna ofrenda ó sacrificio fuese más agradable á Pachacamac que la de una pequeña llama ó huanaco blanco, porque según ellos era la que más se asemejaba al padre de todos los hombres y por tanto tenía más deidad.
Lloqui Yupanque sometió también algunos otros reinos ó provincias, en nuevas conquistas; y vuelto al Cozco resolvió consolidar su poder en los vastos territorios que habían entrado á formar parte del Imperio.
Los astrólogos indios conocían al Sol, la Luna, las siete cabrillas y la Vía láctea, donde decían que había una llama que amamantaba un pequeñuelo.
A las estrellas las llamaban Coillur, pero de ellas no hacían caso más que por su brillantez, pues no las necesitaban para hacer la cuenta del año, de los solsticios y de los equinocsios.
Contaban los meses por lunas y aunque dieron al año doce lunas, como el solar excede al lunar en once días, tuvieron que acudir á los solsticios para ajustar un año con otro. A efecto de estas observaciones se construyeron tres grandes torres en la fortaleza del Cozco, las que servían para seguir el movimiento de la salida y puesta del Sol.
Conocieron muchas yerbas y plantas medicinales y tuvieron no pocas nociones de geometría como puede verse por la delineación de las ciudades y fortalezas.
La Geografía, la Aritmética y la música les fueron familiares. Contaban admirablemente valiéndose de los Quipus que eran especies de mazos con cordones de diversos colores en los que practicaban nudos simbólicos, que determinaban los tributos, contribuciones y pasages notables de la historia.
De Llaqui Yupanqui y Mama Cava nació Mayta Capac, cuarto Inca y Mama Cuca su hermana y esposa.
Este príncipe, después de cumplir con las ceremonias del entierro de su padre, y el duelo, que duró un año en todo el Imperio, tomó solemne posesión del mando y quiso visitar como rey absoluto el vasto territorio; que aunque en vida de su padre lo había recorrido en dos ocasiones como príncipe, no había podido hacer mercedes sin el consentimiento de sus tutores.

Levantó un ejército de 12.000 hombres y se dirigió al desaguadero de la laguna Titicaca conquistando tierras y señoríos que en general se le sometían voluntariamente.
Construyó sobre ese rio un formidable puente colgante, compuesto con fibras de mimbre, á fin de que pasase su ejército y campó en la proximidad de las ruinas de Tiahuanaco, donde hay un cerro hecho á mano que causa admiración, fundado sobre grandes cimientos de piedra y en cuya entrada aparecen dos figuras de jigantes, entallados en la roca, con grandes tocados en la cabeza y largas vestiduras que llegan hasta el suelo.

La antigüedad de estas ruinas es muy grande y aunque algunos las atribuyen á la civilización Aimará de que hemos hablado, nadie sabe con propiedad á quien se debe su construcción ni á qué oficios sirvieron aquellos vastos recintos.
Hay también allí grandes portadas en diferentes parajes, hechas de una sola roca, acentadas sobre piedras que miden treinta piés por quince de ancho.
Mayta Capac después de conquistar y someter las tierras adyacentes, dejó personas que instruyeran á los Curacas en las prácticas religiosas y en las leyes del Imperio y regresó al Cozco.
Algun tiempo después deseoso el príncipe Capac Yupanqui de emprender nuevas conquistas, pidió la venia á su padre para emprenderlas y levantando un nuevo ejército, sometió á los Aimarás y á los Quijchuas Silvestres como asimismo á otras naciones de menor importancia que ocupaban las tierras del lado del mar.
En medio de las provincias sometidas por guerra colocaban los Incas pueblos enteros de vasallos fieles, para lo cual ordenaban el traslado de familias organizadas, y dividían convenientemente las tierras á poblar.
Los tributos al soberano se pagaban en tejidos, lanas ó granos que sirvieran para alimento de la tropa. Los metales y pedrerías eran ofrendas voluntarias que se hacían al hijo del Sol, y éstas se invertían en enriquecer los templos, la casa real y la corte, como asimismo en la vajilla de las casas reales que se habían edificado en todo el Imperio.
Los muros del templo del Sol estaban enchapados en oro como también las cámaras de la luna, de las estrellas, del relámpago, del trueno, y del Arco Iris. Estas riquezas eran tan grandes, que la realidad supera siempre á toda fantasía.
A Capac Yupanqui, quinto Inca, lo sucedió en el mando Inca Roca su legítimo primogénito, quien conquistó muchas naciones entre las que deben figurar como principales los Chancas y los Hancohuallus, pueblos que sacrificaban criaturas á su Dios favorito, el espíritu del mal.
El Inca prohibió los sacrificios humanos y después de normalizar su gobierno volvió al Cozco, mandando inmediatamente se apercibieran 15,000 hombres de guerra para que su hijo Yaguar-Huacac (Llora sangre) acompañado de tres maeses de campo saliera á la conquista de Antisuyu, lo que se efectuó en los años subsiguientes.
En ese tiempo, se ganaron para el reino las provincias de Caraca, Ullaca, Llipi, Chicha y Ampato, pobladas todas de mucha gente valerosa á la que no habían querido someter los Incas anteriores, por temor de que resistiéndose á sus armas hubiese sobrevenido la necesidad de tener que aniquilarlos en la guerra.
El Inca tuvo en su hermana Mama Chic-ya, su hijo primogénito que debía ser más tarde octavo rey.
Fué el príncipe desde su tierna infancia de caracter violento y áspera condición, maltratando sin razón á los otros chicos que con él jugaban. Estas tendencias mortificaban á su padre, que aunque hizo diligencia para corregirle, encontró que con la edad más bien crecía aquella mala inclinación.
Resolvió entonces Yaguar Guacac alejar al príncipe de su lado y desheredarlo; con ese fin lo envió á vivir con los pastores que cuidaban los ganados del Sol; y el príncipe que aunque tenía diez y nueve años no podía desobedecer aquel mandato, apacentó los ganados por espacio de tres años.
Un día en que el pastor real descansaba á la sombra de unas rocas, se le presentó un fantasma de larga y suelta vestidura, con barbas en la cara de más de un palmo, que traía atado por el pescuezo un animal no conocido.
El fantasma habló al príncipe de esta manera:
«Sobrino, yo soy hijo del Sol y hermano del Inca Manco Capac y de la Colla Mama Oello Huacac, su mujer y hermana, por lo cual soy hermano de tu padre y de todos vosotros; me llamo Viracocha Inca, vengo de parte del Sol nuestro padre á darte aviso para que se lo des á mi hermano, que la mayor parte de las provincias de Chinchasuyu y muchas otras no sujetas á su Imperio, están reveladas y juntan miles de hombres para venir con poderoso ejército á derribarle de su trono.»
Con este mensaje se presentó el príncipe en la corte y su padre lo trató mal y desoyó, ordenándole fuera de nuevo á su destierro. Pero no tardaron los acontecimientos en comprobar el vaticinio, y grandes legiones marcharon sobre el Cozco viniendo del Norte, lo que alarmó tanto á Yaguar Huacac, que afectado no atinó á convocar su ejército y huyó hacia el Sur seguido de la familia real.
Visto esto por el príncipe, á quien todos llamaban Viracocha desde la aparición de la fantasma, dirigióse prontamente al encuentro del monarca que huía, y habiéndolo alcanzado en la Angostura de Mayna, lo interrogó en esta forma:
¡Inca!... ¿Cómo es posible que por una nueva falsa ó verdadera de unos cuantos vasallos sublevados, desampares tu corte y vuelvas las espaldas á enemigos aún no vistos?
¿Cómo se sufre que dejes la casa del Sol, tu padre, para que tus enemigos la huellen con sus piés calzados?
¿Qué cuenta daremos de las vírgenes que están destinadas á esposas del Sol?
¿Qué honra habremos ganado permitiendo estas maldades por salvar la vida?... Yo, no la quiero y así vuelvo á ponerme frente al enemigo para que me la quiten antes que entren al Cozco, porque no quiero ver las abominaciones y sacrilegios que los bárbaros harán en la ciudad sagrada é imperial que fundaron los hijos del Sol!...
—Sígame el que quiera cambiar vida vergonzosa por honrada muerte!
Y diciendo esto volvióse el príncipe á la ciudad seguido de muchos Incas de la sangre real y jente de su familia y de la corte que componía un grupo de más de 10.000 hombres, los que fueron aumentando en el camino cuando vieron la actitud de Viracocha, que no tardó en avanzar por el camino del norte á encontrar á los enemigos que en presencia del ejército improvisado y despues de un reñido combate fueron vencidos y obligados á retirarse.
Viracocha, despues de aquella victoria que se atribuyó por todos á protección divina, siguió gobernando el reino en vida de su padre á quien construyó un gran palacio para que viviese en su retiro acompañado de antiguos vasallos.
El jóven monarca ocupóse de innovar algunas leyes, de mejorar y construir grandes acequias que traían el agua de las montañas y las repartía en los campos sembrados, como así mismo de dividir las tierras equitativamente entre sus vasallos dejando ó haciendo labrar en cada distrito una gran área para el mantenimiento de las viudas, los mendigos y los soldados.
Después de hacer todo esto y muchas otras cosas notables, el Inca Viracocha mandó levantar un gran templo á la memoria de su tío, la fantasma, é hizo construir dentro de él una figura en piedra que representaba al aparecido.
Ordenó que 30.000 hombres de guerra se pusiesen sobre las armas y salió á la conquista de nuevas tierras por el norte.
De Viracocha y Mama Runtu (huevo, así la llamaron porque era muy blanca) nació Pachacutec ó Titu Manco Capac.
Pachacutec, quiere decir el que transforma el mundo y dicen de este monarca que fué gran filósofo y profundo pensador, atribuyéndole las siguientes máximas que no debemos dejar pasar por alto, pues ellas revelan el grado de cultura y civilización á que alcanzaron aquellas sociedades.
El rey no manda mientras que sus súbditos no le obedecen de buena voluntad.
La envidia es carcoma que roe y consume las entrañas.
La embriaguez, la ira y la locura, no se diferencian más que en que las dos primeras son voluntarias y mudables, mientras que la tercera es permanente.
El que envidia á los buenos saca de ellos mal para sí, como la araña saca ponzoña de las flores.
Quien envidia á otro á sí propio se daña.
El varón noble y animoso se conoce en que es paciente en las adversidades.
Mejor es que te envidien por ser bueno que envidiar tú por ser malo.
El que mata a otro, á sí propio se condena.
Los adúlteros, que afean la fama y calidad ajena deben ser declarados ladrones y por tanto ahorcados como éstos.
La impaciencia es propia de ánimos envilecidos.
Cuando los súbditos hacen lo que pueden el monarca debe usar liberalidad y clemencia.
Los Jueces que reciben dádivas de los pleiteantes deben ser considerados ladrones y merecen ser colgados.
El indio que no sabe gobernar su casa menos ha de saber gobernar su pueblo.
El médico que no conoce las virtudes buenas y malas de las yerbas con que cura no merece el nombre que pretende.
El que quiere contar las estrellas y no sabe contar los quipus digno es de risa.
Este Inca una vez en el mando, siguió las obras emprendidas por su padre, aumentó las escuelas en el vasto Imperio y emprendió nuevas conquistas con éxito feliz.
Su hijo Yupanqui, que le siguió en el gobierno, fué muy dado á la caza, que practicaba rodeando y cercando vastísimas comarcas por medio de miles de hombres divididos en dos alas.
Perfeccionó y mejoró el sistema de correos á pié, premiando y honrando á los vasallos más caminadores de los que se dedicaban á ese oficio.

En sus conquistas sometió á los Huancas y levantó un ejército de treinta mil hombres que mandó al Sur, el que despues de someter á los Chirihuanas pasó á la conquista de Chili atravesando los desiertos y las altas cordilleras.
Llegadas las tropas al pais de los Araucos sostuvieron reñidísimos combates y fué necesario enviar diez mil hombres más para llegar á las márgenes del rio Maule donde se fijaron los mojones que determinaban por el Sur el linde del Imperio.
El Ejército volvió después al Cozco donde fué recibido con gran solemnidad celebrándose las nuevas conquistas, entre las que debe contarse el sometimiento voluntario del reino de Tucma (Tucumán) cuyo Curaca y mandatarios principales fueron á someterse voluntariamente al conquistador.
Inca Yupanqui, como todos los reyes, dejó muchísimos hijos é hijas en diversas mujeres de su Imperio, pero fué su sucesor en el gobierno Tupac Yupanqui habido en su hermana Colla Chimpu Oello.
En tiempos de este rey se hicieron grandes obras siendo la más notable la fortaleza del Cozco cuyas grandes murallas han llenado de sorpresa al mundo, por las grandes piedras que se emplearon para construirla.—Los arquitectos que dirigieron esa obra fueron de la casa real y á más de las riquezas que ornaban los tres palacios altos, cuéntase que los vastos jardines estaban adornados con obras de arte de notable ejecución representando animales de todas las especies conocidas, ejecutados en plata y oro, con bastante perfección artística.
Tupac Yupanqui efectuó también como sus antepasados muy notables conquistas. Los Huacrachucos, los Chachapuyas y los Mayupampas se redujeron al vasallaje ante el poder de sus armas.
Huayna Capac (Mozo rico) fué el sucesor de este rey tan esforzado conquistador como magnánimo soberano. El duodécimo Inca, tan animoso como sus antepasados, ambicionaba mucho engrandecer su imperio y traer á un estado de mayor civilización las naciones bárbaras que por todas partes lindaban con sus vastos dominios.
A ese efecto mandó levantar un formidable ejército, dirigiéndose con él al Norte y sometiendo muchos pueblos entre los que debe contarse principalmente el reino de Quitu, cuya conquista había sido emprendida por Tupac Yupanqui.
Cuando Huayna Capac era príncipe casó con su hermana mayor, de la que no tuvo familia, y esto alarmó grandemente á la corte, pues desesperaban de que este monarca tuviera sucesor en la forma en que lo habían tenido todos los Incas antepasados.
En esa situación estaban los negocios de familia cuando el Príncipe fué á la conquista de Quitu, que duró cinco años, y prendado de la belleza y hermosura de la hija del soberano de aquel reino, se desposó con ella.
Vuelto Huayna Capac al Cozco con su ejército á dar cuenta á su padre de las conquistas practicadas por el norte, casó nuevamente con su hermana segunda Raxa Oello de la que nació Huascar miéntras que la princesa de Quitu daba á luz á Atahualpa.
Así nacieron estos dos monarcas, cuyo poderío y grandeza debía ser la causa de la división y ruina del poderoso Imperio de los hijos del Sol.
Huayna Capac amaba entrañablemente á Atahualpa y á su madre la princesa de Quitu que se mantenía en aquella ciudad con los fueros de reina y soberana.
Huascar crecía en la corte y era el heredero del trono del Cozco, pero indudablemente no contaba con el mayor cariño de su padre, que pensó en dividir el imperio entregando el Norte á Atahualpa y el Sur á Huascar.
Así quedó todo arreglado y los príncipes conformes, cuando murió Huayna Capac en Quitu. Pero la ambición que ámbos tuvieron de engrandecer sus reinos practicando nuevas conquistas fué la causa de que bien pronto sobreviniesen desacuerdos, y que Huascar pretendiese ser el solo conquistador.
A los requerimientos de Huascar, Atahualpa contestó accediendo aparentemente, pero hizo al mismo tiempo levantar en armas á todos los soldados con que contaba en su reino y marchó en son de guerra sobre el Cozco, aprisionando á Huascar, que no había tenido tiempo para aprestarse al combate.
La primera formidable batalla fué librada en las proximidades de la ciudad imperial y muchos miembros de la familia real fueron muertos por las legiones invasoras, que se proponían no dejar con vida á ningún Inca de la familia del Cozco.
En esta situación estaba la política del reino cuando aparecieron por las costas las naves de los conquistadores españoles y la atención de Atahualpa tuvo que dividirse entre las huestes del prisionero y la avalancha de los Viracochas, semidioses, que llegaban por agua y tomaban posesión de las tierras, poniendo de su parte al trueno y al rayo que enviaban sobre el enemigo con sus poderosas armas, mientras recorrían las comarcas cabalgando en infatigables corceles.
Los sucesos que ocurrieron después de la prisión de Atahualpa y de la muerte de éste y de su hermano Huascar, han sido narrados en la historia por eminentes escritores y no entra en nuestro propósito volver sobre ellos.
Solo diremos para terminar nuestra reseña, que la mayor parte de las grandísimas riquezas que poseían los Incas, como consistían en oro, perlas, metales y pedrerías, ofrendas consagradas al Sol, fueron ocultas en sitios desconocidos y muy pocas son las que han podido encontrarse hasta la fecha, por más que se han practicado sérias y muy costosas investigaciones.

La civilización incana ó incásica, como ha podido deducirse, había llegado en la época de la conquista á un notable grado de adelanto; los Amautas ó filósofos vaticinaban el futuro, comentaban y engrandecían los hechos notables de la historia patria, é inspiraban á los poetas, Arabecus, para que produjesen sus composiciones literarias, de las que ha podido conservarse algunas hasta nuestros días, figurando como la más interesante Allantay, drama original que actualmente traduce al castellano el R. P. Miguel A. Mossi,, eminente filólogo, que ha encontrado grandes similitudes entre la lengua hebrea y la quijchua.
Esta raza habita en la actualidad las mismas tierras que ocupaba á la llegada de los españoles. Va fundiéndose ó mezclándose paulatinamente á la europea, y forma parte integrante del pueblo, en casi todas las Repúblicas de la América meridional.
Ha producido inteligencias que han descollado en las ciencias, las artes y las letras.
