Ir al contenido

Lirios silvestres/Acacia

De Wikisource, la biblioteca libre.
ACACIA

Quince años cuenta apenas, su belleza
Es una flor de rústica hermosura,
Alborea en su frente la pureza
Y en sus lábios hay besos de ternura.

En sus trenzas ondeantes, hay destello
De la mies madurada en la pradera,
Y en la aureola dorada del cabello
Hay reflejos de luz como en la esfera.

Su frente tiene el sello y la blancura
Del matutino albor de la mañana,
Parece una azucena blanca y pura
Con toda la altivez americana.

La vi la última vez, sentada estaba
A la puerta de un rancho, en la solera,
Un estilo dulcísimo entonaba,
Esparcida la rubia cabellera.

Un estilo era, si... un canto suave
De un compas especial, triste y sentido,
Murmullos de la queja de alguna ave
Espatriada del árbol de su nido.

Un conjunto de notas deliciosas
De dulcísima y lánguida terneza,
Esplosion de cadencias amorosas,
En un himno sublime de pureza.

Me entristeció su canto, era la historia
El idilio fatal de sus amores,
Armonias y arpejios de la gloria,
Compéndio de sollozos y de flores;

De una vírjen doliente la plegaria
Con acento de pena entristecido,
Jemidos de paloma solitaria
Aleteando en el borde de su nido.

Me alejé del ranchito, daba pena
Escuchar la amargura de aquel canto,
Pobre niña, bellísima azucena,
Regadas con las gotas de su llanto.

Su historia era tan triste! conocía
El poema de amor que ella guardaba,
Aurora infortunada de su dia
Que en su frente tristísima radiaba.

Rayo de una esperanza marchitada
En la corola de su alma pura,
Destello de la luz de su alborada
Viviendo de la fé de su ternura.

Blanco lirio, reflejo de su vida
Empañado con lágrimas de duelo
Ilusion que agoniza ya perdida
Sin la luz amorosa de su cielo.

¡Pobre Acacia! solloza así cantando
Que tu canto es un himno de dolores;
Canta vírjen doliente así llorando
El poema fatal de tus amores.

Canta el triste del gaucho americano
Lleno de melancólica dulzura,
La bordona templando con tu mano
Haciéndola gemir con tu ternura.

Canta á la puerta de tu casto nido
Avecita del campo solitaria,
Canta á la sombra del ombú florido
Esa cadencia deliciosa y varia.

Pobre Acacia! tu lánguido lamento
Quizá llegue hasta el alma de tu amante,
Quizá en sus jiros el pampeano viento
El éco de tu voz la lleve errante.

Tal vez el dueño de tu amor perdido
Vuelva de nuevo á sus amantes lares
A perfumar con su pasion tu nido
A coronar tu frente con azahares.

1876.