Lirios silvestres/Al Ruiseñor Entre-Riano
Apariencia
AL RUISEÑOR ENTRE-RIANO
Gervasio Mendez[1]
Hay en tus versos música de lágrimas,
Idilios de tus noches de amargura,
Reflejos de la fé de tu alma bella
Con perfumes de mística dulzura;
Hay luz
Hay sombra
Irradiaciones de un poder divino,
Arpejios y gorjeos de una alondra.
Idilios de tus noches de amargura,
Reflejos de la fé de tu alma bella
Con perfumes de mística dulzura;
Hay luz
Hay sombra
Irradiaciones de un poder divino,
Arpejios y gorjeos de una alondra.
Hay murmullos, hay voces no aprendidas,
Cadencias de una voz que no es humana,
Hay auroras de amor, tiernas, sublimes
Brillando de tu vida en la mañana;
Hay frescos soplos
Dulces plegarias
Arrancadas al ay! de tus dolores
En la noche mortal de la desgracia.
Cadencias de una voz que no es humana,
Hay auroras de amor, tiernas, sublimes
Brillando de tu vida en la mañana;
Hay frescos soplos
Dulces plegarias
Arrancadas al ay! de tus dolores
En la noche mortal de la desgracia.
Hay en tu canto á Buenos Aires, notas
De infinita cadencia y poesia,
Recuerdos de la patria idolatrada
Envueltos en el ¡ay! de la agonia;
En cada verso
En cada estrofa
Hay los reflejos de tu bien perdido
Fulgurando en el cielo de tu gloria.
De infinita cadencia y poesia,
Recuerdos de la patria idolatrada
Envueltos en el ¡ay! de la agonia;
En cada verso
En cada estrofa
Hay los reflejos de tu bien perdido
Fulgurando en el cielo de tu gloria.
Te seduce el miraje de la patria
Y á ella vuelves el alma entristecida,
Te inspiras en su cielo y en sus bosques
Y parece que bebes nueva vida.
Allí en tu choza
Tu pobre nido
Contemplas las acacias perfumadas,
Los jazmines, las gotas de rocio.
Y á ella vuelves el alma entristecida,
Te inspiras en su cielo y en sus bosques
Y parece que bebes nueva vida.
Allí en tu choza
Tu pobre nido
Contemplas las acacias perfumadas,
Los jazmines, las gotas de rocio.
Sublime cuadro de tu humilde vida,
Lleno de dulce y apacible calma,
Donde entonaste tus primeros cantos,
Donde brotó la inspiracion en tu alma.
En esa selva
Bendito asilo,
Hiciste oír tus écos melodiosos
Cisne entre-riano de cantar divino.
Lleno de dulce y apacible calma,
Donde entonaste tus primeros cantos,
Donde brotó la inspiracion en tu alma.
En esa selva
Bendito asilo,
Hiciste oír tus écos melodiosos
Cisne entre-riano de cantar divino.
¡Pobre poeta! tu infeliz destino
Hiso temblar aquel eden de flores
Para cegar tus ojos con el llanto
Para cubrir tu cuerpo de dolores;
Pero cristiano
Se alzó tu acento
Y una plegaria murmuró tu alma
Confundida en el ¡ay! de tus lamentos.
Hiso temblar aquel eden de flores
Para cegar tus ojos con el llanto
Para cubrir tu cuerpo de dolores;
Pero cristiano
Se alzó tu acento
Y una plegaria murmuró tu alma
Confundida en el ¡ay! de tus lamentos.
Ah! tu no sabes como duele el alma
Como se llora al escuchar tu historia
Vate infeliz! cuya existencia infausta
Llena de amargo luto la memoria:
¡Cantor enfermo
De la plegaria
Que pueblas el espacio con los ecos
Nacidos de la fé de tu esperanza!
Como se llora al escuchar tu historia
Vate infeliz! cuya existencia infausta
Llena de amargo luto la memoria:
¡Cantor enfermo
De la plegaria
Que pueblas el espacio con los ecos
Nacidos de la fé de tu esperanza!
Ah! si tu vieras inundar de lágrimas
Los ojos del que lée tu poesia!
Ah! si supieras como siente y llora
El que escucha tu grito de agonia;
Esas endechas
Tiernas, sentidas
Que exhalas desde el fondo de tu alma
Bañadas en el rayo de otra vida.
Los ojos del que lée tu poesia!
Ah! si supieras como siente y llora
El que escucha tu grito de agonia;
Esas endechas
Tiernas, sentidas
Que exhalas desde el fondo de tu alma
Bañadas en el rayo de otra vida.
Eternamente llevaré esculpido
Dentro del pecho tu recuerdo triste,
Como se lleva, venerada siempre
Memoria del hermano que no existe,
Como un refujio
Como un consuelo
Que retemple la fé de mi esperanza
En la batalla del humano duelo.
Dentro del pecho tu recuerdo triste,
Como se lleva, venerada siempre
Memoria del hermano que no existe,
Como un refujio
Como un consuelo
Que retemple la fé de mi esperanza
En la batalla del humano duelo.
En tanto, presa del dolor existas,
Yo pediré al Eterno arrodillada,
Que aleje de tus noches el tormento
Volviendo tu existencia regalada,
Que envuelva en ondas
De luz divina
Tu cuerpo encadenado á la desgracia
Luciendo para tí un nuevo día.
Yo pediré al Eterno arrodillada,
Que aleje de tus noches el tormento
Volviendo tu existencia regalada,
Que envuelva en ondas
De luz divina
Tu cuerpo encadenado á la desgracia
Luciendo para tí un nuevo día.
1877.
- ↑ Esta composicion fué leida en la conferencia literaria á beneficio del poeta enfermo, en la noche del diez y siete de Marzo de 1877.