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Lirios silvestres/El Canto en la Barca

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EL CANTO EN LA BARCA

Perdida entre los juncos azules de la orilla
Sobre las ondas quietas del plácido Uruguay,
Tendida la ancha vela bogaba mi barquilla
Rizando levemente sus aguas de cristal.

Como el nevado cisne de azabachino cuello
Que flota confundido con flores de saibal
Mi barca entre las luces del último destello
Una ave remedaba de albura sin igual.

Las nubes, como espesa bandada de palomas
Cruzaban caprichosas el firmamento azul,
Embriagadoras brisas de nardos y de aromas
Zahumaban de la esfera el transparente tul.

El éco misterioso de las gigantes palmas
Al agitar sus ramos el viento silbador
Llegaba remedando sollozos de dos almas
Solemne, indefinible, plegaria de dolor.

Las islas se poblaban de endechas y gemidos
Y el canto melancólico se oia del zorzal,
Las aves de la noche trinaban en sus nidos
Envueltas en las ondas de luz crepuscular.

Quebrábase el destello postrero de la tarde
Sobre el follaje oscuro con su último arrebol
Y allí entre la verdura, como la luz que arde,
Se veian rebrillando linternas sin color.

Exhalaciones vagas—fanales parecían
Con su reflejo pálido de agonizante luz;
En tanto que las sombras los ámbitos cubrian
Tendiendo sobre el rio su fúnebre capúz.

Rodando como el éco solemne de los vientos,
Llegaba hasta mi barca el toque de oracion,
Un triste clamoreo de voces y lamentos
Gemia en su desmayo postrera vibracion.

Mis blancas vestiduras batian oscilantes
Las auras saturadas con hálito de azahar,
Las fibras de mi pecho vibraban palpitantes
Sintiendo dentro el alma la inspiracion brotar.

Sola iba yo—abismada en tanta maravilla
Pensando en la belleza de la obra del Creador,
Al viento mi cabello, sentada en la barquilla,
Iluminado el rostro por grata inspiracion.

Ardia mi pupila—la fuerza de la idea
Radiante circundaba mi enardecida sien,
La esplendorosa lumbre de fulgurante tea
Brindábame la májia del suspirado bien.

Sumida en dulce extásis de májica dulzura
Sentí que se llenaba de luz mi corazon,
Se alzó mi pensamiento radiante de frescura
Y el alma, estremecida, sintió la inspiracion.

Entónce fui poéta, con ruda gentileza
Canté las maravillas de la obra del Creador,
Un himno alcé á los cielos, un himno á la belleza
Un himno de ternura de celestial amor.

Mi voz en el silencio sublime de esa hora
Se alzó magnetizando mi vírgen corazon,
Y arrebatada el alma con fuerza arrobadora
Idealizó sus sueños poética ficcion.

Las selvas y las olas oyeron mi gemido;
Sus écos respondieron á mi doliente voz;
Las brisas en sus besos llevaron el sonido
De mi cantar primero hasta los pies de Dios.

1875.