Lirios silvestres/Un recuerdo
Rudecinda; amiga querida, tu nombre resuena en mi corazon de una manera lúgubre y tristísima.
Te busco y hallo tu hogar desierto. Te llamo y no escuchas mi dolorida voz. ¿Dónde estas que no responde tu dulce y cariñoso acento al grito doloroso de los que te amaron en la tierra?
Tan jóven y morir cuando todo te sonreia en la vida; cuando tocabas la cumbre de la felicidad esperada con tanta ansia durante nueve meses; cuando iba á resonar en tu corazon y en tu oido el dulce, el santo nombre de madre.
La muerte, la inexorable muerte pasó por tu hogar y con su segur maldita cortó de un solo golpe el purísimo tallo de tu esperanza en flor. Volviste tus ojos á la morada miserable de este mundo ingrato y olvidando á tu madre infeliz, á tu padre, á tus hermanos, el esposo querido, el amado de tu corazon, abriste los ojos del alma á la luz purísima de la inmortalidad y tomando la forma de los ángeles, tornaste, blanca azucena, á la hermosa pátria de los justos, á otra mansion donde no se sufre, donde no se llora.
Has hecho bien, amiga; tú allá al lado del Eterno eres feliz. Nos dejas acá en la tierra una fuente de lágrimas siempre ante nuestros ojos, para llorar tu memoria querida; pero en cambio, tu no conociste de la vida mas que la dulzura de sus mas puros placeres.
Hija, fuiste dichosa al lado de los autores de tu breve existencia; esposa, fuiste adorada hasta el fanatismo por aquel que ligó su corazon á tu fatal destino; niña y mas tarde mujer, todo pasó ante tí á traves de un prisma encantador, sea siquiera un lenitivo para tu inconsolable familia el recuerdo de que jamás ulceraron tu hermoso corazon las decepciones del mundo....
Has desaparecido, y esta realidad espantosa es un sueño horrible para mí. Yo estaba ligada á tí por una afeccion íntima y profunda: fuiste mi compañera de la infancia; mas tarde fuiste mi amiga, mejor dicho mi hermana de corazon. Tu falta deja un vacio inllenable en mi existencia.
A tu madre, á tu desgraciada madre no la volveré á ver jamás? tendria resistencia, para verla? No, ni siquiera volveré á ver las verdes copas de los frondosos árboles que rodean tu casa de B..... y que tantas veces cobijaron tu linda figura y escucharon reteniendo entre sus breves hojas tu palabra y tus suspiros.
¡Oh—Rudecinda querida! porqué has muerto? acaso este mundo fué pequeña rejion para tu pensamiento, para tu gran corazon: ¡Oh! contéstame una vez siquiera, dime que vives.
¡Insensata; en medio de mi loco desvario, quisiera volverte á la vida, darte mi aliento, comunicarte el calor de mi alma, y volverte al seno de tu desconsolada familia.
Pero la realidad con su descarnada mano me señala una tumba y luego el cielo donde moras tú. Adios, Rudecinda; tu paso ha sido leve sobre el mundo, como el aliento de un angel, como el perfume de una flor, pero supiste en la corta carrera de tu vida, imprimir en el corazon de todo el que tuvo la dicha de conocerte un rayo de profunda simpatia, que hoy al perderte para siempre, se convierte en una huella de dolor profundo y verdadero.
Adios amiga idolatrada. Adios hasta el cielo.