Lo que dice del coronel EP Carlos Agustín Belaúnde, el historiador Arístides Herrera Cuntti

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El historiador peruano Arístides Herrera Cuntti, en su libro "Apuntes históricos de una gran ciudad", AHC Ediciones Perú (RUC N° 10078391575), Lima, ©1983, ©1984; Chincha ©2000, ®2006, ISBN 9972-2908-0-8 (ISBN-13: ISBN 978-9972-2908-0-0), EAN 9789972290800 y Depósito Legal N° 2006-10131 en la Biblioteca Nacional del Perú), nos dice sobre este personaje:

"En el decrépito cerebro de Nicolás de Piérola, la historia del Perú comenzaba con su amotinamiento en Pacocha, a bordo del “Huáscar”. Para él, el almirante Miguel Grau Seminario, era héroe de “segunda clase”".
Guillermo Thorndike en su libro “Vienen los Chilenos”, nos dice: “...por el combate de Angamos acuerda Su Excelencia cruz de primera clase al Capitán de Corbeta Elías Aguirre y al Teniente Segundo Enrique Palacios; cruz de segunda al Almirante Miguel Grau y cruz de tercera al Jefe de Estado Mayor Melitón Carvajal, atribuyendo a Palacios el mando del “Huáscar” después de muertos Grau y Aguirre, afirmación que causó estupor entre marinos y entendidos, pues entonces había asumido la jefatura el Teniente Primero Diego Ferré y después el Teniente Primero José M. Rodríguez y luego el Teniente Primero Pedro Gárezon, ninguno de los cuales era mencionado en el solemne decreto de la Dictadura...”.
Lo anterior concuerda con los partes de guerra del BAP “Huáscar” y los documentos que he tenido a la vista: el memorando del teniente primero AP Pedro Gárezon Thomas, y demuestra la demencia senil del dictador Nicolás de Piérola Villegas, cuyo verdadero nombre era Nicolás Fernández Villena, al tratar de manipular la historia a su antojo o a su conveniencia política.
Estaba obsesionado en convertirse en el juez supremo de la Orden de la Legión al Mérito; de él dependería decidir, quien era “héroe de primera, segunda y tercera clase”. Obviamente, él aspiraba a ser “héroe de primera clase”. Lo anterior me hace acordar las demenciales ideas del nazi alemán Heinrich Himmler, jefe de las SS durante la Segunda Guerra Mundial, que quería formar una orden religiosa, con él como Gran Maese y con Europa toda, como su parroquia.
Tras del golpe de estado dado por el coronel EP Nicolás de Piérola al general de división EP Mariano Ignacio Prado, la conducción de la guerra, se hizo de manera política más que militar. Lo prueba por ejemplo, el siguiente hecho: después del combate naval de Punta Angamos, el general de división EP Mariano Ignacio Prado, decretó cuatro ascensos. Tras el golpe, el coronel EP Nicolás de Piérola Villena, de diciembre y hasta enero de 1880, decretó más de 200 ascensos, todos ellos a connotados pierolistas, habiéndose perdido Pisagua, Pampa Germania, San Francisco y haber obtenido un triunfo a medias en Tarapacá.
Otro hecho importante que demuestra lo afirmado, es que después de la batalla del Alto de la Alianza en Tacna, el coronel EP Francisco Bolognesi Cervantes, en Arica, convocó a una junta de guerra, en la que participaron sus jefes; asistieron a ella, además de Bolognesi, de la Torre, Inclán, Arias y Aragüez, Juan Guillermo More Ruiz, O´Donovan, Elmore, Cornejo, Sosa, Alfonso Ugarte y Vernal, Chocano, Ramón Zavala, Carlos Agustín Belaúnde, Raygada, Rómulo G. Tizón, José Sánchez Lagomarsino, Varela, Medardo Cornejo, el argentino teniente coronel EP Roque Saenz Peña Lahitte, Ayllón, entre otros..., en total 28 jefes. Todos acordaron la batalla a excepción de Carlos Agustín Belaúnde, que opinó “... que no es un deshonor capitular y mencionó el arrojo de Su Excelencia (Piérola), el jefe supremo, que sin embargo, sabía retirarse de un adverso campo de batalla para después vencer cuando las condiciones eran propicias” (Guillermo Thorndike, “Vienen los Chilenos”, pág. 354).
El coronel EP Carlos Agustín Belaúnde, mandaba el batallón “Los Cazadores de Piérola” y según lo describe Thorndike, antes que peruano o militar, era pierolista.
Otra prueba de la intencionalidad política de algunos militares ascendidos a raíz del golpe de estado de Piérola, lo da la carta que el coronel EP Carlos Agustín Belaúnde, remite al dictador Nicolás de Piérola el 30 de mayo de 1880, desde Arica:
Arica, mayo 30 de 1880
Señor don Nicolás de Piérola – Lima
Muy respetado compadre:
Con el corazón enlutado tomo la pluma para, en cortas palabras, manifestarle los acontecimientos del funesto día 26. El 25, a las 5 p.m. nuestro ejército en Tacna le tomó al enemigo 60 mulas cargadas de agua y tres prisioneros, los mismos que confesaron que más atrás venían algunas carretas cargadas también con más agua y algunos víveres, y por el interés, nuestro General, de tomar al enemigo esos elementos, destacó del campamento, según aseguran algunos dispersos, cinco batallones con el objeto de darles caza a los enemigos que vinieran conduciendo dichos elementos; lo que no se verificó, por no haber encontrado a nadie y, por el contrario, en esa perseguida perdió nuestra fuerza toda la noche en vano, y haciendo andar en esas pampas a la gente, hasta el día siguiente a las 6 a.m., hora en que el enemigo se presentaba a nuestro ejército a la vista. A las 10 a.m. se trabó el combate y a las 12 m. se dejó flanquear nuestro ejército por el ala izquierda, entrando el enemigo a Tacna y Montero huyendo a Pachía, según dicen con 3,000 hombres; otros dicen que está en Palca, pero lo cierto, compadre, es que esos cobardes civilistas se han corrido como unos miserables, dejando nuestro país en manos del enemigo, y sin ninguna probabilidad nosotros de poder rescatar Tacna, pues el coronel Leiva, en quien teníamos esperanzas, sólo ha llegado a Torata el día 26 de éste, es decir, el mismo día que los chilenos tomaban Tacna; así que el coronel Leiva no podrá llegar ni el día 4 de junio, que aún sería tiempo de dar a los chilenos otra segunda batalla, pues dicen que no tienen sino 7,000 hombres y como quiera que Leiva dicen que trae cuatro y tres que tiene Montero, podrían pues muy fácilmente vencer a los enemigos en Tacna. Yo estoy defendiendo Arica con mi batallón, que tiene 380 hombres de inmejorable gente tacneña y todos pierolistas de corazón y resueltos a morir todos antes que dejar tomar al chileno este puerto. Si nos llegasen a vencer por el número los chilenos, inutilizaríamos antes todo en Arica y si quedamos vivos algunos, nos retiraremos a juntarnos con Leiva si éste demorase por alguna circunstancia.
Esta es la verdad de los acontecimientos, querido compadre, pero en fin, aquí nos consuela la idea de que Ud. ha de castigar a los cobardes chilenos, pues así confiamos todos los amigos de Ud.
En cuanto a mí, compadre, ya sabe Ud. que cuenta conmigo y con mi batallón y que si que perdemos y quedo vivo y puedo escapar, marcharé a formar otro batallón a otra parte, a fin de defender siempre a Ud. y su gobierno, pues esa sola es mi única consigna.
No teniendo otra cosa por ahora que comunicar a Ud., le deseo buena salud y le repito que cuente Ud. con el brazo de su verdadero compadre y seguro servidor.
Carlos A. Belaúnde
La carta anterior, da una versión, “de oídas” de lo que pasó la noche del 25 de mayo de 1880 antes de la batalla del Alto de la Alianza en Tacna, ya que el coronel EP Carlos Agustín Belaúnde, se encontraba en Arica inmovilizado.
Según algunos documentos, la intención de movilizar al ejército esa noche del 25 de mayo de 1880, fue sorprender al grueso del ejército chileno que dormía a algunos kilómetros del vivaque peruano en Tacna. Pero la espesa camanchaca, hizo que algunos batallones del ejército peruano, perdieran el rumbo. Ante esta situación el contralmirante AP Lizardo Montero Flores, decidió retornar a Tacna.