Los Proyectos de Salvación

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<< Autor: José Batlle y Ordóñez


Viernes 27 noviembre de 1891, EL DIA

Editorial

PROYECTOS DE SALVACIÓN

Esta ya prontos, según los informes que se publicaron ayer en El Día, los proyectos con que pretende solucionar la crisis el Poder Ejecutivo. Se organizará el Banco Hipotecario con absoluta independencia del Estado, a pesar de que este es el que todo lo da para su fundación; y se creará un nuevo Banco Nacional, tambien absolutamente independiente de la Nación, a pesar de que es ésta la que lo instituye.

¿Teneis algo que objetar? No lo digais!. Estando privado de toda ingerencia en ellos el gobierno, debeis tranquilizaros por completo serán prudentes y honestamente administrados; serán administrados por directores de Londres o de Pekín, ha quienes sobra a lo que a nuestros patricios le falta: tino y honradez. –Esta doctrina podría ser considerada como un sacrilegio en un país donde hubiera un poco de amor propio y de altivez nacional, pero aquí la aceptamos y la ponemos en practica de muy buena gana!... Pasemos, pues.

El Banco Hipotecario no sería de cuatro, sino de tres pies: la deuda de garantía, la deuda de indemnización, y el privilegio de la emisión de cedulas hipotecarias serían esos pies; todo esto lo regala el Estado a los señores accionistas del Banco Nacional a titulo de indemnización. En cambio ellos le niegan al Estado la más ligera ingerencia en el Banco!

No somos enemigos de los accionistas, ni queremos perjudicarlos. Muy al contrario. Desearíamos que el Banco Nacional se reorganizara. Creemos que es justo y patriótico empeñarse en aminorar sus perdidas, ya que ha sido su fe en una institución nacional lo que los ha perjudicado. Pero somos enemigos de las sofisticaciones. El Estado no debe indemnización alguna a los señores accionistas. Tenían ellos una mayoría de directores que los representaba en el Banco Nacional y estos directores procedían con plena capacidad jurídica. ¿No se ha hecho todo por votaciones regulares, en las que ha predominado la mayoría? ¿Pues de que podían quejarse?... Quizás, si se fuera a cuentas, podría probarse que son los miembros del Directorio elegidos por los accionistas los que han llevado al Banco a la ruina, y no los que designo el Gobierno...

Sea de ello lo que fuere, el hecho está ahí, en su brutal realidad: -que el Banco falto a sus compromisos, que se colocó condiciones de no continuar funcionando, y de no poder usar, por tanto, de los privilegios de que el Estado lo había rodeado. ¿Pretendería, acaso, inutilizarlos en sus manos hasta el termino de la concesión? Absurdo! ¿Pretendería adjudicarlos al mejor postor en subasta publica? Más absurdo aún. Los privilegios se conceden a tal institución, fundada en tales condiciones determinadas, con garantías bien expresas de que se ha de usar de ellos para bien de la comunidad. ¡Pues no faltaría más sino que se vendieran como se vende una alfombra o un mueble viejo, y nos saliera después cualquier Juan de los Palotes fundándonos un Banco Nacional, hecho y derecho, en relaciones o no con el Estado!

El interés del los accionistas del Banco Nacional puede ser muy respetable; pero no hasta el punto de hacernos comulgar con estas ruedas de molino. Sumadas la deuda de garantía, la deuda de indemnización, y el privilegio de la cedula que pueda evaluarse en millón y medio de pesos, resulta que la no debida indemnización costaría al Estado la friolera de unos siete millones de pesos. ¿No es verdad que es una suma bastante alta para estos tiempos de penurias financieras?... Sometemos estas ideas a la consideración de nuestro colega El Siglo, que acepta sin examen esta idea de la indemnización y habla de ella como de la cosa más natural, -él, que somete otras cuestiones a tan profundo análisis.

Viene después el proyecto del nuevo Banco Nacional. ¿Quieren oro? Pues ahí tienen oro, - dice el Gobierno, y nos anuncia un Banco que se instituirá con ocho millones de pesos oro, que vendrán del extranjero a ganar buenos intereses en el país.

No preguntamos más. Ocho millones de pesos oro! Eso nos satisface! Pensamos y obramos como el derrochador sin compostura que quiere tener dinero a todo trance. ¡Que le importa a él lo que vendrá después! Lo esencial, lo irremediable, es que tenga oro en el momento en que lo necesita. Su previsión no llega hasta el día de mañana. Sucederá, después, lo que Dios quiera!

Así, los ocho millones de pesos que vienen del extranjero a aliviar por un momento nuestra angustiosa situación financiera y económica, nos deslumbran y nos sentimos inclinados a no preguntar más. Un espíritu reflexivo se diría, no obstante, que esos millones no se nos darán gratis, que irán a engrosar la deuda ya extraordinariamente grande que tenemos con el extranjero, aumentando la cuota de intereses que no podemos abonar ya sin extenuar al país. Pero somos oristas, queremos oro, y no nos importa pagarlo caro. No queremos pensar en que nuestra conducta nos da un resultado contraproducente: -traemos el oro al país ocasionalmente en forma de empréstitos y lo alejamos permanentemente en forma de intereses.

Detengámonos aquí, por hoy. Es prudente, después que no tenemos datos precisos sobre este ultimo proyecto. Conste a pesar de eso, que lo miramos con antipatía, por dos razones: 1ª porque importa un nuevo empréstito para el país; y 2ª porque se dice ya que en cambio de los privilegios que el Estado dará al Banco, éste negara al Estado toda ingerencia en su administración.