Los amantes de Teruel (Tirso de Molina): 020

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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


MARSILLA

Buenos respetos Rufino,
de bien nacido, y hidalgo,
me obligan que os importune,
con que procuro obligaros.
Así como abrí los ojos
a los rayos del sol claro,
miré otros soles divinos,
que al Sol del cielo afrentaron.
Era dueño destos soles
un Serafín de alabastro,
que para monstruo del mundo
nació con semblante humano.
Alta inclinación de estrellas,
a mis pensamientos altos
guió a un mismo fin de amor
desde nuestros tiernos años.
Con la costumbre, y los días
se fue este amor aumentando,
que puesto que niño siempre,
crece en sentir los cuidados.
Ya estimando los favores
a pedir celos llegamos
de las pinturas de amor,
sombras que finge el engaño.
Ya conocimos el miedo
de amor, legítimo hermano,
que siempre sus pasos sigue,
y nació con él de un parto.
Este es de naturaleza
cobarde, que imaginando
imposibles, anda siempre
amarillo, y espantado.
Este dijo, que la ausencia
causaba olvido, a quien tantos
amantes han desmentido,
aunque le amparan los vanos.
Pero para que, Rufino,
con circunloquios te canso
de amor, mirando en la nieve
que el sol entierra tus años.
Basta decirte que estoy
de tu hija enamorado,
desde mis años primeros,
su belleza idolatrando.
Con la crianza ha crecido
este amor, y crece tanto,
que sin guardarte respeto
desta manera te hablo.
Hidalgo como tú soy,
tus amigos y criados
mis padres, yo esclavo tuyo,
si amor en años gallardos
tuviste, y sabes lo que es,
un bien un siglo esperando,
que así parecen los días
para el que espera alcanzarlos,
que a doña Isabel, aquella
que es de los cielos retrato,
cuyo nombre solamente
es el cielo de mis daños,
me la des en dulces bodas,
que seis años ha que aguardo
esta segunda Raquel,
por quien he de ser tu esclavo.
Así tu blanca cabeza,
que imita al invierno cano,
abriles de nietos tuyos
remocen con mil abrazos.
Así de su enjambre hermosa,
dulcemente rodeado
estés, mirándote el rostro
en diferentes retratos.
Ansí los goces después
en venturosos estados,
unos por la espada insignes,
otros por letras más altos.
(Pónese de rodillas.)
Ansí, finalmente seas
envidia de tus contrarios,
espejo de tus amigos,
y de tu esperanza amparo.


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