Los amantes de Teruel (Tirso de Molina): 065

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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


MARSILLA

Monarca del universo,
cuyas Águilas descubren
las dos contrapuestas Zonas,
vuestra Majestad me escuche.
Yo puse desde la edad
primera, hasta que esta tuve,
los ojos en una dama;
que al Sol de vergüenza cubren.
Y llegó este amor a tanto;
perdóneseme que junte
amorosas relaciones
entre marciales costumbres.
Que pidiéndosela al padre,
como es la pobreza nube
del sol de cualquiera sangre,
y el oro es la más ilustre.
Sólo en ella reparó,
y como amante, no pude
dejar la empresa, que amor
que ha partido se reduce,
trazo de pedille un plazo,
que cuanto hay fácil presume,
en que pudiese volver
rico, y alcanzarlo pude.
El plazo fue de tres años,
aunque esperar pocos sufren;
y como atropella amor
cuanto el temor dificulte,
con don Pedro de Guevara,
Capitán, que ha muerto en Túnez
agora, llegué a la armada,
y allí, aunque bisoño, supe
hacerme prático presto;
diéronnos unos laúdes
aviso sobre el Estrecho,
que de Morato Mamute,
renegado Calabrés,
toda la costa destruyen
seis bastardas galeotas;
ordenan que seis las busquen.
Fue en una mi Capitán,
y a pocas millas descubren
entre las dos Algeciras
al cosario, y dando lumbre
las escopetas Turquescas,
y Españoles arcabuces,
salen al mar, y yo solo
con una rodela, puse
los pies en su Capitana,
y tan buena maña tuve,
que rindiendo la galera,
a su Arráez preso truje,
las demás, preso el cosario,
fueron remolcos ilustres
de los Españoles leños
sobre las olas azules.
Zarpamos toda la armada
luego, y en la pesadumbre
sintió el mar, que el César iba
sobre sus hombros a Túnez.
Llegamos a la Goleta,
y desembarcando, pude
ver que a vuestra Majestad
a recebille el mar sube,
y para que se la diese
a las galeras, escupe
al Sol, como pajas leves;
salté, y en brazos le puse
libre del mar en la tierra;
baten la Goleta y suben
tras de mí a la batería
los soldados, y a las nubes
de las saetas fui erizo;
aquí nuestro intento cumple
los cielos, y Barbarroja
solo, en una Alfana huye.
Ponemos a Túnez cerco,
y mientras ganaba Túnez,
no hay consigo en las tres leguas,
jinete que escaramuce.
Hoy la asaltan, y en su muro
el primero fui que puse
el Estandarte de España,
con las Águilas y Cruces.
Danle saco, y salen ricos
los soldados más comunes,
y para mí, el hado, apenas
un capellar me descubre.
Véome pobre, y el plazo
cerca, y la difícil cumbre
del honor, subir sin premio,
que es la mayor pesadumbre.
Y desesperado, viendo
a lo que el mal me conduce,
quiero morir a las manos
deste criado que truje.
Que pues que soy desdichado,
y la tierra no me sufre,
pienso correr este día
la misma suerte que Túnez.


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