Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) (Versión para imprimir)

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Personas
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina)


Los amantes de Teruel

Tirso de Molina

  


EL EMPERADOR CARLOS QUINTO.
EL INFANTE DON LUIS DE PORTUGAL.
EL DUQUE DE ALBA.
EL MARQUÉS DE MONDÉJAR, que es Mendoza.


EL MARQUÉS DEL BASTO.
EL PRÍNCIPE DE SALERNO.
DON GONZALO, caballero.
GARCERÁN, su criado.
HIPÓLITO DE MARSILLA.
DIEGO DE MARSILLA, su hijo.


LAÍN, su lacayo.
DOÑA ISABEL DE SEGURA.
DRUSILA, su criada.
RUFINO, padre de doña Isabel.
DON PEDRO, capitán.
DON JUAN, capitán.


Un sargento.
Dos marineros.
Tres soldados.
[Un caminante.]
[TAMBOR.]
[MADRINA.]


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


Salen DOÑA ISABEL con manto,
y DON GONZALO, y GARCERÁN acompañándola.

DOÑA ISABEL

No ha de pasar adelante
vuesamerced.


DON GONZALO

¡Ay crueldad,
ni belleza semejante!
No estiméis mi voluntad
por galán ni por amante,
que sólo es obligación
que debo a vuestra belleza.


DOÑA ISABEL

Yo agradezco la intención,
quedaos aquí.


DON GONZALO

¡Qué belleza,
qué talle, qué discreción!


DOÑA ISABEL

No habéis de pasar de aquí,
o yo no habré de pasar.


DON GONZALO

Yo entiendo que será ansí,
y que pruebo a porfiar
en vano, desde que os vi.
Pretendo sin esperanza,
y aunque es locura porfío,
que es la suerte que me alcanza
mudable siempre al bien mío,
y está mi mal sin mudanza.
Tengo el desdén por regalo,
el olvido por favor,
y ansí a mi desdicha igualo,
pues ansí lo quiere amor.


DOÑA ISABEL

No sé, señor don Gonzalo,
ni entiendo de qué os quejáis.


DON GONZALO

Para más desobligaros,
que no sabéis confesáis,
y vuestros soles avaros
de luz cubrís y eclipsáis
con la nube de ese manto.


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Jornada I
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DOÑA ISABEL

No os entiendo, quedá a Dios.


DON GONZALO

¿Cómo ansí?


DOÑA ISABEL

No alcanzo tanto.


DON GONZALO

Desdichado soy con vos.


DOÑA ISABEL

¿Quién es hoy dichoso?


DON GONZALO

El que espanto
da a mi altiva pretensión,
el que escurece mis quejas
con más dichosa afición,
el que os cierra las orejas,
y endurece el corazón.
Aquel hechizo que os tiene,
para mi mal encantada,
aquel imán que os detiene
de quien, si sois tan amada,
quizá menos os conviene.
Este es quien es más dichoso
que yo, que loco pretendo
un imposible forzoso.


DOÑA ISABEL

Menos ahora os entiendo.


DON GONZALO

Perdonad, que estoy celoso,
y es locura, y no desprecio,
de los celos que me dais,
porque de cortés me precio.


DOÑA ISABEL

No hay que escucharos, que vais
pasando de loco a necio.

(Vase DOÑA ISABEL y el escudero.)


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Jornada I
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DON GONZALO

¿Fuese?


GARCERÁN

Ella te deja.


DON GONZALO

Bueno,
¡hay más notable mujer!


GARCERÁN

Tu necia empresa condeno.


DON GONZALO

Garcerán, ¿qué puedo hacer
si está en el alma el veneno?
De sus ojos, de amor cielos,
bebió el alma, Garcerán,
estos rabiosos desvelos.


GARCERÁN

Triaca, señor, te dan
tus desengaños y celos,
Acábalos de entender.


DON GONZALO

No puedo conmigo más,
que es divina esta mujer.


GARCERÁN

Pues entiende, que jamás
te ha de llegar a querer.


DON GONZALO

¿Por qué?


GARCERÁN

El amor es estrella,
y no la tienes con ella;
demás, que otro dueño amado
en tiempo te ha aventajado,
que tu esperanza atropella.
Este adora, y lo demás
no le agrada, ni da gusto,
ni le ha de agradar jamás,
y ansí contra el hado injusto
porfiar, es por demás.


DON GONZALO

¿Que tanto quiere a Marsilla?


GARCERÁN

Es espanto; es maravilla;
vive con su pensamiento,
que es de su vida el aliento,
y de Aragón, y Castilla,
la más prodigiosa historia
de amor, que vieron jamás.


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Jornada I
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DON GONZALO

¿Que merezca tanta gloria
un hombre?


GARCERÁN

No muestra más
toda la antigua memoria.
Como desde tierna edad
tan vecinos se han criado,
la amorosa voluntad
ha crecido, y se ha aumentado
en recíproca amistad.
Y así no hay cosa a sus ojos,
que sin él bien le parezca.


DON GONZALO

El amor todo es antojos,
deja tú que yo la ofrezca
más generosos despojos,
y verás que presto veo
este imposible rendido,
que lo demás es rodeo.


GARCERÁN

¿Cómo?


DON GONZALO

A su padre la pido.


GARCERÁN

Y será dichoso empleo.


DON GONZALO

Por galán, no he de hacer nada,
y en tratando casamiento,
verás que mi amor le agrada,
que este es el último intento
de una mujer que es honrada.
Mi riqueza y calidad,
es muy notoria en Teruel,
y digna de su beldad,

(Tocan una caja dentro.)

¿mas qué atambor es aquel?


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Jornada I
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[VOZ]


(Dentro.)

Hola, adelante marchad;
de mano, en mano a la plaza.


GARCERÁN

Una compañía ha entrado
en Teruel.


DON GONZALO

Ya me amenaza
guerra, como mi cuidado.


GARCERÁN

Ya el amor las paces traza.


DON GONZALO

Vamos, Garcerán, a ver
entrar esta compañía.


GARCERÁN

Dios te la dé en la mujer
que deseas.


DON GONZALO

Si ella es mía,
que albricias has de tener.


GARCERÁN

Luego me las puedes dar,
según lo tengo por cierto,
que el padre te la ha de dar,
por más rico.


DON GONZALO

Será el puerto
del piélago deste mar.


GARCERÁN

Los ojos de la mujer
como dos balazos son,
queriendo esperiencia hacer,
y tras sí a la de afición
le lleva a la del tener.
Hanse visto deste modo
sucesos cada momento,
que amor si en el oro es lodo,
y la afición todo es viento,
y el tener es peso todo,
Apenas verá delante
los tres mil de renta, cuando
perecerá esotro amante.


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Jornada I
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DON GONZALO

Quiéralo el cielo.


GARCERÁN

Marchando
pasea la calle adelante
la compañía.


DON GONZALO

Salgamos
a encontralla Garcerán.


GARCERÁN

Seguiré sus pasos.


DON GONZALO

Vamos.


DENTRO

Hagan alto.


DON GONZALO

Bravos van.


GARCERÁN

Piensan que los envidiamos.


(Vanse, y
sale DOÑA ISABEL leyendo un papel,
y DRUSILA criada.)

DOÑA ISABEL

Anoche estuve esperando
que salieses al balcón,
hasta ver el alba, al son
de mis suspiros, llorando.
Y puesto que llegó el día,
como fue sin verte a ti,
para el Sol fue, y para mí,
sombra negra y noche fría.
Sueño, no pudo impedir
el hablarte, dueño amado,
que estando yo desvelado,
fuera ingratitud dormir.
Alguna incomodidad
noche de tus soles fue,
mas hoy pienso que daré
fin a esta dificultad,
y a los peligros de amor,
que hablan a tu padre intento
sobre nuestro casamiento,
porque mi competidor
anda ya muy diligente,
y no es razón llegar tarde;
más que a mí el cielo te guarde,
mi bien, tuyo eternamente.
¿Drusila, qué te parece?


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Jornada I
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DRUSILA

Que igualmente os adoráis;
ruego al cielo que os veáis
cómo el amor os ofrece.


DOÑA ISABEL

No soy tan dichosa yo,
que viendo el notable estremo
con que nos queremos, temo
que no he de gozarle.


DRUSILA

¿No?
Ríete deso, señora,
no es el hombre y tu mujer,
iguales, pues ¿qué ha de haber
que pueda impedirlo ahora?


DOÑA ISABEL

Y que es mi dicha muy corta.


DRUSILA

Si estás de su parte dél,
ni su padre, ni Teruel,
ni el mundo a estorballo importa.
Si él se hubiera de casar
con tu padre, en ese intento
dudara yo el casamiento,
contigo no hay que dudar.
Es lindo madurativo
para un padre, si es contrario
el Alguacil de un Vicario,
y siempre no ha de estar vivo,
que alguna vez querrá Dios,
y presto será esta vez,
pues es tanta su vejez,
que quedéis libres los dos,
y te dotes de tu mano,
y no que por alambique
le destile este Cacique
de tu avaro padre anciano.


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Jornada I
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(Salen DON GONZALO y RUFINO, viejo.)

DON GONZALO

Vengo a recebir merced
de vos.


RUFINO

Señor don Gonzalo,
en amor sé que os igualo;
en el cielo tenga Dios
al señor don Pedro, amén,
que fuimos grandes amigos,
desto son buenos testigos
deudos vuestros, que también
fueron de nuestra cuadrilla
cuando hirvió la sangre nueva,
mas todo el tiempo lo prueba;
era entonces esta villa
otra cosa, ya está todo
perdido, y tan descompuesto,
que es lástima, que la han puesto
años malos deste modo.
Entonces vuesamerced
aún engendrado no estaba,
ni casarse imaginaba
su padre.


DON GONZALO

Tengo a merced
la memoria, y amistad
de mi padre, en cuanto puedo;
pero entended que la heredo
con la misma voluntad.


DOÑA ISABEL

Drusila, ¿no es don Gonzalo
el que con mi padre viene?


DRUSILA

Él es señora.


DOÑA ISABEL

¿Qué tiene
con él?


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Jornada I
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DRUSILA

No sé.


DOÑA ISABEL

Al mar igualo,
en mil olas de temor,
que al alma vienen, y van,
y sobresaltos me dan,
cada momento mayores;
ay sospechas, ay amor.


DRUSILA

Temer nada es ignorancia.


RUFINO

Si es de espacio, y de importancia.
En mi escritorio es mejor.


(Vanse DON GONZALO y RUFINO.)

DOÑA ISABEL

Drusila sin que te sientan,
éntrate a escuchar.


DRUSILA

Sí haré,
¿sosegaras, si podré,
sospechas que te amedrentan?


DOÑA ISABEL

Has de decirme verdad.


DRUSILA

Con juramento te doy
la palabra.


DOÑA ISABEL

Ve.


DRUSILA

Ya voy,
qué amor, y qué voluntad.

(Vase DRUSILA a escuchar.)


DOÑA ISABEL

Todo es temor, amor, todo es recelos;
pues como puede ser el amor gloria,
si está siempre luchando la memoria
con tantos sobresaltos y desvelos.
Estas penas del alma son sus cielos,
estas guerras y asaltos su vitoria,
y es bien todo este mal, cuando a su historia
no encuaderna capítulo de celos.
Amor en popa voy con mi esperanza,
haciendo espejo tus azules mares,
no trueques en tormenta la bonanza.
No se me negue puerto en que me ampares,
que si el que el alma ha deseado alcanza,
daré perpetuo asiento a tus altares.


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(Sale DRUSILA.)

DRUSILA

Señora.


DOÑA ISABEL

Drusila mía,
¿qué hay de nuevo?


DRUSILA

Yo llegué
a la puerta, y viendo que
nadie entonces me seguía,
para escaparme después,
cuando me hubieran sentido,
puse en la puerta el oído,
y los ojos en los pies.
Y escuché que don Gonzalo
decía: aunque sé señor,
que a vuestra sangre y valor
con el que tengo no igualo,
admitid mi pensamiento,
y aunque aquí más bajo habló,
sólo escuché; aquí acabó
la razón en casamiento.
Y en oyéndola, partí
a darte aviso, señora,
que en esto quedan ahora.


DOÑA ISABEL

¡Ay desdichada de mí!,
cierta es mi imaginación,
contra mi gusto es el ruego,
dame tinta y papel luego;
¡qué notable confusión!

(Saca un bufete pequeño.)


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DRUSILA

En este bufete está.


DOÑA ISABEL

Muestra, mi sospecha es cierta,
Drusila guarda esa puerta,
y avísame desde allá,
con cualquiera seña, cuando
mi padre vuelva, que quiero
a la causa por quien muero
escribir, aviso dando.
(Vaya escribiendo y hablando.)
Desta novedad, qué importa
que en nada no se detenga,
y a hablar a mi padre venga
luego, porque no sea corta
mi dicha; darle a un criado
de los que te fías más,
luego, Drusila, podrás
y encomiéndale el cuidado.


DRUSILA

Escribir puedes segura,
pues yo la puerta te guardo.


DOÑA ISABEL

Volando, aun pienso que tardo,
tanto temo a mi ventura.
Ahora cayó un borrón,
parece que es mal agüero,
si hoy no vienes, espero
verme en grande confusión.
Mira si mi padre llega
Drusila.


DRUSILA

Acaba que no,
¿piensas que me duermo yo?


DOÑA ISABEL

Perdóname que estoy ciega.


DRUSILA

Yo estoy viendo desde aquí;
¡qué miedo, y qué voluntad!


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DOÑA ISABEL

Qué importa la brevedad;
Dios te guarde más que a mí.


DRUSILA

Tu padre viene.


DOÑA ISABEL

El papel
se me ha de borrar ahora
por esconderle.


DRUSILA

Señora
muéstrale.


DOÑA ISABEL

Podrás en él.
Dar, que; mi padre imagino
que ya nos ve, déjale.


(Sale RUFINO y DON GONZALO.)

RUFINO

Hablarla intento, antes que
a nada se determine,
Que aunque su no, ni su sí
importa, mi mucho amor
gusta hacerle este favor.


DON GONZALO

Quedaos, no paséis de aquí.


RUFINO

Acompañaros deseo.


DON GONZALO

Jesús, señor, eso no,
que soy ya vuestro hijo yo,
con tan venturoso empleo.


RUFINO

Hacéis de quien sois alarde.


DON GONZALO

No es en mi sangre esto nuevo.


RUFINO

Yo no os pago lo que debo.


DON GONZALO

Guárdeos Dios.


RUFINO

El cielo os guarde.

(Vase DON GONZALO.)

¿Aquí estabas Isabel?


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DOÑA ISABEL

Padre y señor, aquí estoy,
creo que señales doy
de turbada.


RUFINO

¿Qué papel
es ese?


DOÑA ISABEL

Papel, ¿adónde?


RUFINO

¿Ese que escondes detrás?


DOÑA ISABEL

Engañado, padre, estás,
a tu vejez corresponde
Ese antojo.


RUFINO

No fue antojo,
que aún no me ha faltado el ver.


DOÑA ISABEL

Dejarle quiero caer.


RUFINO

Casi me incitas a enojo.
Caer le dejaste al suelo
ahora; álzale Drusila,
que puesto que esta aniquila
mi vista, hasta ahora el cielo
no me la ha disminuïdo
tanto, que un papel no vea;
ah, ruego al cielo que sea
en mi honor.


DOÑA ISABEL

Pierdo el sentido.


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Jornada I
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RUFINO

(Lee.)

Don Gonzalo de Aragón
que mi ingratitud adora
queda con mi padre ahora
en larga conversación.
Tratando mi casamiento,
y de importancia seria,
que no pasase este día
sin decir tu pensamiento
a mi padre, porque yo
me declarase también;
esto importa a nuestro bien,
y el esperar a más, no
que cualquiera remisión,
por un siglo considero,
y si hoy no vienes, espero
verme en grande confusión.
Otra vez te encargo aquí,
si me tienes voluntad,
qué importa la brevedad,
Dios te guarde más que a mí.
¿Este fue antojo de mi poca vista?
Corresponde a mis años este antojo,
o es sombra de la muerte de mis años,
y de mi honor también: ¿qué es esto ingrata?
¿qué libertad es esta?, ¿qué papeles?,
cuando yo más deseo daros gusto,
y buscaros honor, nobleza y oro,
¿hacéis minas de afrenta mi nobleza?
¿Ya las hijas se buscan los maridos,
teniendo esto los padres a su cargo?
¿También me negarás que no es tu letra
esta que estás mirando?


DOÑA ISABEL

No lo niego.


RUFINO

Eso pudieras, por tu afrenta sola,
negarme.


DOÑA ISABEL

Si es verdad, y está en tu mano,
¿cómo puedo negarlo?


RUFINO

Vive el cielo
que estoy, villana, por matarte.


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Jornada I
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DOÑA ISABEL

Mira,
que yo no he procurado tu deshonra,
ni tu afrenta tampoco.


RUFINO

Bueno es eso
para estar escribiendo estos papeles,
que no será el primero que has escrito.


DOÑA ISABEL

Señor, cuando yo hubiera hecho cosa
que no sea en tu honor, dame la muerte.


RUFINO

¿Y este papel es mi honor?


DOÑA ISABEL

Escucha.


RUFINO

¿Qué disculpa, enemiga, darme puedes?


DOÑA ISABEL

Cuando de mí supieras, que escalaba
tu casa algún amante que tenía,
dándole posesión del alma y cuerpo
en vituperio de la sangre mía,
fuera justa razón que me mataras;
mas en todo el papel que ves escrito
ofensa no has hallado que te mueva
al más pequeño enojo; solamente
por guardarte respeto le escondía,
que todo lo que escribo son señales
de honor y obediencia; yo aborrezco
este hombre que me pide por esposa,
y como el casamiento es una vida,
no es justo convertilla en muerte eterna,
no siendo a gusto propio, porque vienen
muchos inconvenientes deste solo.
Si yo me he de casar, es bien que elija
lo que más de mi gusto le parezca,
no ofendiendo tu honor ni tu nobleza.
Y así escuchando, que este me pedía,
y sabiendo de mí, que en todo cuanto
fuere tu gusto obedecerte tengo,
aunque no fuese al mío, esos renglones
a quien tengo inclinación escribo,
que tiene igual nobleza con mi sangre,
para que me pidiese en casamiento,
que yo no he procurado infamia tuya;
y bien pudiera yo por mí casarme,
si pretendiera darte pesadumbre.
Sólo te advierto, ya que hemos llegado
a que sepas mi intento, que en el mundo
no ha de ser mi marido otro, que el dueño
deste papel que tienes en tus manos,
puesto que eres amado padre mío,
porque el cielo no fuerza al albedrío.

(Vase DOÑA ISABEL.)


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Jornada I
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RUFINO

Estraña libertad, mujer estraña,
¡resolución notable! Que perdido
está el mundo; ya nacen las mujeres
más libres que los hombres; a buen tiempo
de mis padres y abuelos, cuando estaban
las doncellas en casa de sus padres,
sin saberse que estaban en el mundo,
y teniendo treinta años, no trataban
apenas de casallas, y no agora,
que apenas tienen quince, cuando quieren
tratar de casamiento por sus manos.
Drusila ven acá.


DRUSILA

Señor, ¿qué mandas?


RUFINO

¿Sabes tú quién es este venturoso
galán que Isabela quiere? No niegues
la verdad, que por Dios que me lo pagues.


DRUSILA

Temblando estoy, mejor será decírselo
pues él lo ha de saber.


RUFINO

¿No me respondes?


DRUSILA

Señor, yo entiendo que es, si no me engaño,
Marsilla, este galán vecino tuyo.


RUFINO

¿Marsilla?


DRUSILA

Sí señor.


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Jornada I
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RUFINO

Aunque es muy noble,
es muy pobre Drusila, y ella tiene
tan poco dote, que a seis mil no llegan,
y para sustentarse noblemente,
conforme lo que son, doce son pocos,
buena elección ha hecho, mejor fueran
los que tiene de renta don Gonzalo,
y dejar necedades de aficiones:
gente se ha entrado acá.


(Sale LAÍN, lacayo de MARSILLA.)

LAÍN

A buen tiempo llego,
que Rufino está aquí.


DRUSILA

Laín es este
criado de Marsilla.


RUFINO

Vendrá a caso
por el papel que le escribía; estaba
por dársele, haciendo un disparate:
¿que se entre aquí con tanta desvergüenza?


LAÍN

Diego Marsilla mi señor os besa
las manos, y licencia pide ahora
para entrar a besarlas.


RUFINO

Decilde;
mas es respuesta descortés, ¿qué importa?
pero mejor será; decilde amigo
que entre muy en buen hora.


LAÍN

El cielo os guarde.

(Vase LAÍN.)


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Jornada I
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RUFINO

Drusila éntrate allá, y a tu señora
no digas con quién quedo.


DRUSILA

Darete gusto,
y cumpla el de Isabel el cielo justo.


(Vase DRUSILA, y entra MARSILLA y LAÍN.)

MARSILLA

Bésoos las manos.


RUFINO

Bien venido sea
vuesa merced, señor, a aquesta casa:
tome una silla.


MARSILLA

Vuesamerced se asiente.


RUFINO

Sin duda adivinó lo que escribía
Isabel, y ha venido con intento
de poner por efeto su deseo.


MARSILLA

Laín aguarda a fuera.


LAÍN

Fuera aguardo,
y avísame del fin deste suceso,
que si es feliz, como mi amor lo espera,
partiré a las ventanas de tu casa
a poner luminarias y faroles,
y en las que tengo en las narices luego.


MARSILLA

Eres honrado.


LAÍN

Y noble, aunque Gallego.

(Vase LAÍN.)


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Jornada I
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MARSILLA

Buenos respetos Rufino,
de bien nacido, y hidalgo,
me obligan que os importune,
con que procuro obligaros.
Así como abrí los ojos
a los rayos del sol claro,
miré otros soles divinos,
que al Sol del cielo afrentaron.
Era dueño destos soles
un Serafín de alabastro,
que para monstruo del mundo
nació con semblante humano.
Alta inclinación de estrellas,
a mis pensamientos altos
guió a un mismo fin de amor
desde nuestros tiernos años.
Con la costumbre, y los días
se fue este amor aumentando,
que puesto que niño siempre,
crece en sentir los cuidados.
Ya estimando los favores
a pedir celos llegamos
de las pinturas de amor,
sombras que finge el engaño.
Ya conocimos el miedo
de amor, legítimo hermano,
que siempre sus pasos sigue,
y nació con él de un parto.
Este es de naturaleza
cobarde, que imaginando
imposibles, anda siempre
amarillo, y espantado.
Este dijo, que la ausencia
causaba olvido, a quien tantos
amantes han desmentido,
aunque le amparan los vanos.
Pero para que, Rufino,
con circunloquios te canso
de amor, mirando en la nieve
que el sol entierra tus años.
Basta decirte que estoy
de tu hija enamorado,
desde mis años primeros,
su belleza idolatrando.
Con la crianza ha crecido
este amor, y crece tanto,
que sin guardarte respeto
desta manera te hablo.
Hidalgo como tú soy,
tus amigos y criados
mis padres, yo esclavo tuyo,
si amor en años gallardos
tuviste, y sabes lo que es,
un bien un siglo esperando,
que así parecen los días
para el que espera alcanzarlos,
que a doña Isabel, aquella
que es de los cielos retrato,
cuyo nombre solamente
es el cielo de mis daños,
me la des en dulces bodas,
que seis años ha que aguardo
esta segunda Raquel,
por quien he de ser tu esclavo.
Así tu blanca cabeza,
que imita al invierno cano,
abriles de nietos tuyos
remocen con mil abrazos.
Así de su enjambre hermosa,
dulcemente rodeado
estés, mirándote el rostro
en diferentes retratos.
Ansí los goces después
en venturosos estados,
unos por la espada insignes,
otros por letras más altos.
(Pónese de rodillas.)
Ansí, finalmente seas
envidia de tus contrarios,
espejo de tus amigos,
y de tu esperanza amparo.


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Jornada I
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RUFINO

Alzaos del suelo, que son
estremos extraordinarios
esos.


MARSILLA

Primero, Rufino,
me has de dar el sí, y tus manos.


RUFINO

Alzaos, que tan de repente
lo que ha de ser tan pesado,
resolver, no será justo,
dadme, señor, más espacio.


MARSILLA

Está, como siempre suele,
en la remisión el daño,
en la tardanza el peligro,
que hace el tiempo mil agravios.


RUFINO

Yo estimo vuestra persona,
señor, en el mismo grado
que puedo estimar mi hija,
y de quien sois tengo claro
testimonio, y Teruel
estima vuestros pasados
por hidalgos muy notorios,
yo quisiera gusto daros,
por estarme a mí también;
mas solamente reparo.


MARSILLA

¿En qué reparáis?


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Jornada I
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RUFINO

En ser
vos pobre, y yo no sobrado
para daros a mi hija.
Yo quisiera, el cielo santo
lo sabe, tener que dalla
un muy grande mayorazgo
para casalla con vos,
vuestra persona estimando,
mas fue mi suerte muy corta.


MARSILLA

Si en lo demás os agrado,
y esto solamente impide
que no goce el bien que aguardo,
para que lo que me falta
busque, señaladme un plazo,
que no dejaré del mundo
clima tórrido ni helado,
que para buscar hacienda
no trajine, el mar pasando.
La Fenicia y la desierta
Arabia mediré a pasos,
y quitareles el oro
que roban los Arimascos.
Cerneré, aunque es imposible,
la dorada arena al Xanto,
cuyo cristal fue de Troya
espejo, otro tiempo, claro.
Balajes me dará Egipto,
Ceilán diamantes, el Cairo
girasoles y surias,
crisólitos y topacios,
hacedme este bien.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


RUFINO

Esto es justo,
no me conviene negarlo;
pues mira que plazo quieres.


MARSILLA

Dame de espacio dos años.


RUFINO

Yo te doy tres, y tres días,
y este término pasando
casaré mi hija.


MARSILLA

Vivas
mas que el tiempo, siglos largos;
dame tus pies besarelos.


RUFINO

Mejor te daré los brazos,
y al cielo ruego que vuelvas
con salud, y con ducados,
para que te envidien todos,
para que puedas honrarnos,
y para que me des nietos,
de ti, y de Isabel traslados.
Así le podré dar gusto,
que es siempre el querer forzallo,
incitar a una mujer
a pensamientos livianos.
Esto daré por escusa
en respuesta a don Gonzalo,
y pretenderá otra cosa.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


MARSILLA

Es posible padre amado,
en cuyo lugar te tengo,
desde hoy quiero bien tan alto,
mis esperanzas anima,
loco de contento parto.
Sol, que eres padre del oro,
y supiste amar a un árbol,
humana mujer primero,
aunque de pecho inhumano,
tus minerales me enseña,
descúbreme los sagrados
lugares de tu tesoro,
para ver el bien que aguardo.
Así de la planta hermosa
que adoras, mires tus rayos
ceñidos, o menos fiera,
te encadene en dulces lazos;
así en la caliente zona
el Antípoda tostado,
ya que por Dios no te adore,
te levante simulacros,
que yo con mi dueño hermoso,
si haces esto, haré que cuando
tú salgas, ella se esconda,
porque resplandezcas tanto.


RUFINO

Los poéticos discursos
deja ahora, hijo, y vamos
a firmar las escrituras
deste concierto.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


MARSILLA

Las manos
para besarlas mil veces
me da de nuevo.


RUFINO

¡Qué estraño
amor!, ¡qué amante tan tierno!


MARSILLA

Tiempo, qué veloz, que volando
llevas tras de ti los días,
apresura el vuelo, tanto
que precipites las horas
desde el Oriente al Ocaso,
porque no parezcan siglos,
los que pasaré esperando.

(Vanse, y salen DON GONZALO y GARCERÁN.)

DON GONZALO

Hoy me ha dado Rufino la palabra
de darme la respuesta.


GARCERÁN

No lo dudes,
tuya será, que un mayorazgo rico
no es para desechar, y aunque ella adore
ese galán, y sea otro Narciso
a tus cosas, no hay cosa como el oro.
Después que se usan galas en el mundo:
el oro es de buen talle, el oro es noble,
el oro es de divino entendimiento,
el oro es más valïente que Alcides;
y para encarecer cualquiera cosa,
dicen que es como un oro.


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Jornada I
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(Tocan cajas.)

DON GONZALO

Escucha atento,
la caja vuelven a tocar.


GARCERÁN

Yo pienso
que se querrá partir la compañía,
porque en Teruel no debe de hacer noche.


DON GONZALO

Bando parece que echan, escuchemos,
que ansí la novedad saber podremos.


(Salga un TAMBOR, y diga en alta voz.)

TAMBOR

Todos los oficiales y soldados
del Capitán don Pedro de Guevara
con sus armas, estén en la bandera
dentro de un cuarto de hora, a lo más largo,
porque hay necesidad de marchar luego;
y el que faltare, pena de dos tratos
de cuerda.


GARCERÁN

Con que vuelven loco a un hombre.


TAMBOR

Mándase apregonar, porque venga
a noticia de todos.

(Vase.)


DON GONZALO

Ellos marchan
con esta brevedad, porque sin duda
es menester socorro en la Goleta;
denle al César los cielos la vitoria
que merecen sus hechos y deseos.



(Sale MARSILLA,
y el Capitán DON PEDRO y LAÍN.)

MARSILLA

El señor Capitán merced me hace.


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Jornada I
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DON PEDRO

Daros, señor, mi mesa con mi escuadra
es servicio pequeño a la nobleza
que tenéis, y al buen talle, y tantas partes
como mostráis, de raro entendimiento;
la bandera os prometo en la primera
ocasión que el Alférez la dejare,
y no parece mal servir primero.


MARSILLA

Bésoos las manos por mercedes tantas,
yo salgo de mi tierra con intento
de no volver, o de volver tan rico
que no haya menester a ningún deudo.


DON PEDRO

La guerra suele hacerlo fácilmente,
pues guarda el enemigo, algunas veces,
para el soldado con avaras manos
la plata y oro.


LAÍN

Yo también os beso
las manos, y os suplico, que mi plaza
la mandéis asentar, y algún amigo
que su mesa me dé, que soy hidalgo
de los Laínez de Galicia antiguos,
que por varón deciendo de Laín Calvo,
y pienso que fue el Cid mi bisagüelo,
mas parentesco tengo con Babieca.


MARSILLA

¿Siempre has de hablar de burlas?


LAÍN

¿Yo de burlas?
De veras hablo ahora, y muy de veras,
Capitán quiero ser, y honrar mi casa.


DON PEDRO

Bien me parecen esos pensamientos,
a parte vamos donde habrá ocasiones
en que mostrar esos gallardos bríos.


LAÍN

Si preguntar se puede, ¿dónde?


DON PEDRO

Al África.


LAÍN

No hay una cepa en toda esa provincia,
mejor fuera la guerra en Ribadavia.


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Jornada I
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DON GONZALO

Este es el Capitán, y viene hablando
con él Marsilla; así pluviera el cielo,
que fuera con intentos de partirse
de Teruel.


DON PEDRO

Señor apercebíos,
porque he de marchar luego.


MARSILLA

Yo no tengo
más que partir.


DON PEDRO

Pues desa suerte voyme,
si licencia me dais, porque pretendo
que no se ponga el Sol sin que salgamos,
que será menester, a Cartagena
llegar con brevedad.

(Vase DON PEDRO, Capitán.)


MARSILLA

Guardeos el cielo.
Laín pártete a casa.


LAÍN

Iré en un vuelo.

(Vase LAÍN.)


DON GONZALO

¿Qué novedad es esta?


MARSILLA

Don Gonzalo
voyme a la guerra.


DON GONZALO

¿Qué decís?


MARSILLA

Agora
me podéis ver marchar, que los hidalgos
no es razón que se estén, siendo tan pobres,
en su patria, pudiendo por la guerra
valer.


DON GONZALO

Decís muy bien, que estarse un hombre
como vos en su tierra, sin poderse
traer como quien es, es triste cosa:
pluguiera a Dios que no me detuviera
ese mayorazguillo que mis padres
me dejaron, que a fe que no pisara
tan presto tierra de Aragón


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


MARSILLA

Mandadme
don Gonzalo, que voy a prevenirme,
porque la Compañía marcha luego.


DON GONZALO

Que a mandarme enviéis, sólo os suplico,
y agora me dejéis en vuestra ausencia
en que pueda serviros.


MARSILLA

Dios os guarde;
que diferente es lo que encierra dentro.


DON GONZALO

Si dejáis en Teruel dama, decidme
quién es, que yo me encargo de guardalla,
y con más cuidado que si fuera mía,
que el Sol no la verá, si es vuestro gusto.


MARSILLA

A estar enamorado, don Gonzalo,
no dejara a Teruel; vuestros deseos,
como es justo, agradezco; adiós que es tarde.


DON GONZALO

Enternecerme hacéis.


MARSILLA

El cielo os guarde.

(Vase MARSILLA.)


DON GONZALO

¿Qué te parece, Garcerán, hay hombre
más dichoso que yo? ¿Pudiera darme
más dichas la fortuna? Haz regocijos
que acompañen los míos, que estoy loco
de amor, y gusto juntamente, ¿es sueño?


GARCERÁN

Yo lo miro, señor, y no lo acabo
de creer; vive Dios que eres dichoso.


DON GONZALO

Hoy es tu día, Garcerán, tus dichas
han de lucirse en ti también, pues eres
el secretario de mis bienes todos.
Ponte, en llegando a casa, aquel vestido
de oro y azul y esta cadena encima.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


GARCERÁN

Vivas más años que quilates tiene.

(Sale RUFINO.)


RUFINO

Aquí está Gonzalo.


DON GONZALO

¡Señor mío!
vuestras manos me dad.


RUFINO

Jesús, las vuestras
besaré yo mil veces.


DON GONZALO

¿Qué hay de nuevo
en mi dicha, señor?


RUFINO

Que yo quisiera
serviros, dando gusto, mas el cielo
guía las cosas por diversas partes.


DON GONZALO

Qué es esto, que desdicha me previene
la fortuna?


RUFINO

Señor, todos los padres
estamos obligados en conciencia,
cuando hay inconvenientes estorballos;
mi hija tiene inclinación notable
a un hidalgo, de suerte, que imagino
que es imposible cosa dé la mano
a otro dueño ninguno, porque ha sido
este amor en los años aumentado.
Supe la intención dellos, pareciome
que siendo igual en calidad, que estaba
obligado a no hacer cosa al contrario,
no fuera causa de desdichas nuevas.
La falta que tenía era ser pobre,
pidiome de tres años y tres días
plazo para volver, de suerte puesto,
que a mi hija pudiese yo entregalle;
yo se la concedí, haciendo luego
las escrituras, de Teruel se parte,
esto ha sido forzoso, y esto ha sido
la respuesta que os doy resueltamente,
perdonadme, y mandadme juntamente.

(Vase RUFINO.)


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


DON GONZALO

¿Pudiera ser la fortuna
más contraria a mi esperanza,
el amor más enemigo,
ni una mujer más ingrata?
Cuando favorables nuevas
en mi fortuna esperaba,
deshecha tormenta corro,
del olvido por las aguas.
Que presto que muda el tiempo
las venturas en desgracias,
en pesares los placeres,
y en tormentas las bonanzas.
Que tirano dueño mío,
que así aborreces un alma,
si tus olvidos me yelan,
celos furiosos me abrasan.
¿Qué haré Garcerán, que haré?
Loco estoy.


GARCERÁN

Señor aguarda,
que haya ausencia, y en la ausencia
hace el tiempo mil mudanzas.


DON GONZALO

Mi enemigo va a la guerra,
y mayor guerra amenaza
al muro de mis sentidos.


(Tocan cajas.)


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Jornada I
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GARCERÁN

Ya me parece que marchan.


DON GONZALO

A verle salir, sin duda
saldrá mi ingrata adorada.


GARCERÁN

Sin duda que lo adivinas,
que han abierto la ventana.


DON GONZALO

Ya sale doña Isabel
como cuando sale el Alba
a dar avisos del día
entre arreboles de nácar.
¿Qué haré?


GARCERÁN

Vámonos de aquí,
no estés con tantas ventajas
envidiando ajenas dichas.


DON GONZALO

Déjame ver lo que pasa,
que el amor gusta mirar
sus afrentas.

(Salen a lo alto DOÑA ISABEL y DRUSILA.)

DOÑA ISABEL

Con estraña
brevedad se determina.


DRUSILA

Todo esto al tiempo adelanta,
y tres años pasan presto;
tu padre dio muestras claras
del grande amor que te tiene,
y él del amor que le abrasa.


DOÑA ISABEL

Lleno de gusto, y de risa,
con amorosas palabras
llegó, dándome las nuevas
aunque fue pensión muy cara
esta ausencia.


DRUSILA

Ya parece
que la compañía marcha.


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Jornada I
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(Tocan cajas,
y salgan soldados marchando,
y MARSILLA detrás,
y LAÍN andando gracioso.)

DOÑA ISABEL

Y a mi soldado, Drusila,
con la soldadesca gala,
al Sol hace competencia.


DRUSILA

A verte los ojos alza.


DON GONZALO

Con las lenguas del amor,
que son los ojos, se hablan
Garcerán, y al parecer
están rindiendo las almas;
de olvido, y de celos muero.


DOÑA ISABEL

Tenme, Drusila, que es vana
la resistencia que he hecho,
viendo que el bien se me aparta.

(Desmáyase DOÑA ISABEL.)


DRUSILA

Disimula.


DOÑA ISABEL

¿Cómo puedo?


DON GONZALO

Desmayose en la ventana
con el mucho sentimiento,
y él dándome envidia marcha.


(Pasan todos, y queda LAÍN.)

LAÍN

Adiós, Drusila, que voy
a la guerra por tu causa,
de adonde pienso volver
si el cielo santo me aguarda,
como pueda ser tu esposo;
y en tanto que mi esperanza
vive, a pesar de envidiosos,
verás como te regala
Laín.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


DRUSILA

Guárdente los cielos.


LAÍN

En cecina, y empanadas
has de tener aquí Moros
dos días por la semana;
pero acuérdate de mí,
porque no quisiera ingrata
estar en África yo,
y ser tú la renegada.


(Sale el SARGENTO.)

SARGENTO

Marchad soldado, ¿qué es esto?


LAÍN

El señor Sargento manda
que marche, adiós; de llorar
llevo el alma con lagañas.


(Vanse LAÍN y el SARGENTO.)

DRUSILA

Señora, señora mía
vuelve en ti.


DOÑA ISABEL

Drusila amada,
¿mi dulce soldado fuese?


DRUSILA

Ya ha pasado de la plaza
la compañía.


DON GONZALO

Ya ha vuelto
del desmayo, y mi esperanza
desmaya de nuevo ahora.


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Jornada I
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada I Tirso de Molina


DOÑA ISABEL

Ruego a Dios dueño del alma,
que cuando en África pongas
el pie, de las lunas blancas
seas asombro, y que vuelvas
vitorioso y rico a España.


DON GONZALO

Ruego a Dios fiero enemigo,
que no te suceda nada,
que en tu desdicha no sea
pues que dé celos me matas.


DOÑA ISABEL

Ruego a Dios, que el mar soberbio
pases al África en calma,
y a la quilla de tu leño
se humillen los montes de agua.


DON GONZALO

Ruego a Dios, que el mar te anegue
antes de tocar la playa
del África, viendo a un tiempo
sus olas azules cavas.


DOÑA ISABEL

Ruego a Dios, que des al César,
en la primera batalla,
la vitoria que desea,
a pesar de África, y Asia.


DON GONZALO

Ruego a Dios, que el corazón
te pase morisca lanza
de izquierdo Alarbe jinete
de un bote, por las espaldas.


DOÑA ISABEL

Ruego a Dios, que te corones
de laurel, y de alabanzas,
y para decir tus hechos
no tenga lenguas la fama.


DON GONZALO

Ruego a Dios que si volvieres
rico y vitorioso a España,
en brazos de tu enemigo
halles gozando a tu dama.


DOÑA ISABEL

Ruego a Dios, que vuele el tiempo
de mi deseo en las alas.


DON GONZALO

Ruego a Dios, que nunca veas
el día del bien que aguardas.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


Salen DON JUAN y DON PEDRO de guerra,
con ginetas, y tocan dentro cajas
y dice el SARGENTO.

SARGENTO

(Dentro.)

Marchad con la infantería
al muro de la Goleta.


DON PEDRO

El fïero mar se inquieta.


DON JUAN

¿Marcha vuestra compañía
a plantar las piezas?


DON PEDRO

No
don Juan, que queda de guarda
al César.


DON JUAN

Si en el mar tarda
don Pedro, bien pienso yo
que habrá de pasallo mal,
sin que le guarde respeto,
que es playa abierta en efeto
para cualquier temporal.


DON PEDRO

Yo solo he salido a tierra,
que reconocer espero
mejor desembarcadero.


DON JUAN

Cierta es esta vez la guerra,
la Goleta ha de rendirse,
que no podrá Barbarroja,
si Carlos Quinto se enoja,
ni esperar, ni resistirse.


DON PEDRO

¿Ha desembarcado ya
vuestra compañía?


DON JUAN

Sí.
con las piezas marcha allí,

(Dispara.)

y la Real señales da
de hacerse al mar.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DON PEDRO

Antes no
desembarcarse pretende
el César, que el tiempo entiende.


DON JUAN

Ya una salva llegó,
Y otra de conserva luego.

(Dentro.)

A costa, a costa la barca,
Carlos Quinto desembarca.

(Disparan.)

DON JUAN

El aire ha quedado ciego
del humo, y al Sol presumo,
que con mirarse tan alto
le da el humo sobresalto.


DON PEDRO

Y da aviso al Moro el humo.


DON JUAN

El del Basto, General
de tierra a tierra ha llegado.


DON PEDRO

Él es un muy gran soldado.


DON JUAN

Don Luis de Portugal
el Infante le acompaña,
gran soldado portugués.


DON PEDRO

Cuñado de Carlos es.


DON JUAN

Y la nobleza de España
Tras ellos.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


(Van saliendo como los va nombrando.)

DON PEDRO

El Duque de Alba
es este.


DON JUAN

Ha de ser Sol
de nuestro Ocaso Español,
a quien hace Marte salva.
Con el de Mondéjar viene.


DON PEDRO

Que Toledo, y que Mendoza.


DON JUAN

Ningún Rey tal valor goza,
ni tales vasallos tiene.


DON PEDRO

La proa de la Real
hacen que la arena marque,
porque mejor desembarque
el César.


DON JUAN

No han hecho mal,
Que está el tiempo alborotado,
y este Lebeche inquieta
el mar, con sorda mareta.


DON PEDRO

Ya como tan gran soldado,
armado el César, ocupa
la proa de la Real.


DON JUAN

¿Qué notable temporal?


DON PEDRO

Ya se acerca la chalupa.


DON JUAN

El Príncipe de Salerno
valeroso Italiano,
al César le da la mano;
respeta, o amar el gobierno
dese valeroso Atlante,
de las Águilas de Roma,
que en ti, como a Marte, asoma,
humilla el cuello arrogante.


DON PEDRO

Ya desde la proa saltó
a la chalupa; mas cielo
en el mar cayó.


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Jornada II
Pág. 039 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DON JUAN

Recelo
que sí.


DON LUIS

¿Qué le sobresalta
a vuestra Señoría?


MARQUÉS

Al mar
pienso que el César cayó.


DUQUE

Un soldado se arrojó,
y le pretende sacar
A tierra.


MENDOZA

Estraño caso
acudamos allá todos.

(Éntranse los que salieron.)

DON JUAN

Porque diferentes modos
la fortuna impide el paso
a los altos pensamientos;
que ¿a quién le suele temblar
el mundo, se atreva el mar?


DON PEDRO

Danle soberbia los vientos.

(Vanse, y entra MARSILLA con CARLOS QUINTO
en los brazos, todo mojado,
y todos los grandes que salieren con él.)

MARQUÉS

A fuera, pondrele en tierra,
y podrán llegar después.


CARLOS QUINTO

Infante, Duque, Marqués,
famoso Mendoza.


MARQUÉS

Encierra
el mundo mayor valor.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DUQUE

Denos vuestra Majestad
su mano.


CARLOS QUINTO

Primos, llegad
a mis brazos.


DON LUIS

Con que amor,
y pecho, al próspero caso
a la fortuna siniestra
vuestra Majestad se muestra
ahora imagino escaso
para vuestra Majestad
el cielo.


DUQUE

Ansí lo parece.


CARLOS QUINTO

Vuestra Alteza favorece
su sangre.


MENDOZA

Esta novedad
pudiera darnos, señor,
en la empresa mal agüero.


CARLOS QUINTO

Mendoza, al fin, agorero,
no hay encubrirlo.


MENDOZA

El temor
de la inconstante fortuna
encoge, y tal vez el cielo
de los sucesos del suelo
da señal en Sol, y Luna.
Como la persona Real
de tanta importancia es,
todo nos turba.


CARLOS QUINTO

Marqués,
aún no se os vertió la sal,
que es el agüero mayor
de los Mendozas.


MENDOZA

No importa
verterse, porque no hay corta
dicha, con vuestro valor.


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Jornada II
Pág. 041 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


CARLOS QUINTO

Ni con la vuestra hay empresa
que yo pudiera temer;
dicen que dijo al caer,
César, de quien hoy profesa
ser mi valor semejanza
en semejante ocasión,
que tomaba posesión
con la dichosa esperanza
que tenía de la tierra
adonde entonces cayó,
y lo que dijo cumplió
de la venidera guerra.
Y en la África fue también,
cuando la vino a rendir.
Yo también podré decir,
porque con temor no estén
los que me han visto, que tomo
en tan dichosa ocasión
de tierra y mar posesión,
porque hoy mar y tierra domo.


DON LUIS

Vuestra Majestad se vea
señor de las partos tres
de la tierra, y de sus pies
alfombra humilde el Sol sea.


CARLOS QUINTO

El Príncipe de Salerno
¿volviose al mar?


MARQUÉS

Sí señor,
tuvo en la tierra temor,
que sin su vista, y gobierno
peligraría la armada,
y al mar luego se volvió,
que a vuestra Majestad vio
en tierra, y asegurada
su persona, y me parece
que quiere hacerse a lo largo
por temer la playa.


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Jornada II
Pág. 042 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


CARLOS QUINTO

El cargo
que le confío merece.
Bien hará de hacerse al mar,
que esta playa es arenosa,
y de escollos peligrosa,
y romperse, o encallar
pueden algunas galeras.


DUQUE

El mal tiempo durará
poco, que parece ya
menos; ya las olas fieras.


CARLOS QUINTO

¿Dónde se fue aquel soldado,
que del mar me libró ansí?


DON LUIS

Corriendo un mar está allí,
de la frente al pie mojado.


MARQUÉS

Mirad que su Majestad
os llama.


MARSILLA

Suerte mudable,
favorecedme.


CARLOS QUINTO

Notable
habéis andado, llegad.
Dadme los brazos.


MARSILLA

Señor,
ese favor no merezco,
a besar los pies me ofrezco,
y lo tendré a más favor.


CARLOS QUINTO

Muy bien los brazos merece
el que del mar me libró
con los suyos, y el que dio
envidia al mundo.


MARSILLA

Hoy me ofrece
un grande bien la fortuna,
con que goce el bien que aguardo,
pasa apriesa tiempo largo,
nunca firme en cosa alguna,
y llegue la gloria mía
a la dichosa ocasión.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


CARLOS QUINTO

¿De adónde sois?


MARSILLA

De Aragón.


CARLOS QUINTO

Bien se ve en vuestra osadía.
¿Ha mucho que sois soldado?


MARSILLA

No señor, bisoño soy.


CARLOS QUINTO

Servid, que palabra os doy
de tener de vos cuidado.


MARSILLA

Guarde a vuestra Majestad
mil siglos el cielo, amén.


CARLOS QUINTO

Señal a las piezas den
para batir, y marchad
a la Goleta, Marqués,
con toda la infantería.


DUQUE

Vuestra Majestad podría
mudar vestido.


CARLOS QUINTO

Después.


DUQUE

¿No ve que éste está mojado?


MENDOZA

Vuestra Majestad no ve,
que así no es razón que esté.


CARLOS QUINTO

Mas lo queda aquel soldado
que contrastó la mareta;
nunca regalado he sido,
no he de quitarme el vestido
hasta ganar la Goleta.


MENDOZA

Vamos, que presto podrá
vuestra Majestad mudalle
dese modo.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


CARLOS QUINTO

Pues a dalle
el último asalto ya.

(Vanse todos, y queda MARSILLA solo.)

MARSILLA

Pudo la fortuna darme
más venturosa ocasión
de enriquecerme, y honrarme,
para que mi pretensión
más pudiese asegurarme.
Pudo ponerme en lugar
que más pudiese alcanzar,
pues hoy ocasión me ha dado
en que haya en brazos librado
a un Rey del mundo del mar.
Y por ello mereciendo
un premio rico y honroso,
me han pagado prometiendo,
quedando un mar proceloso
de mi vestido corriendo.
¿Qué es esto cielos airados,
mis amorosos cuidados
desta suerte contrastáis,
que en mi bien desobligáis
príncipes tan obligados?
¿Qué bien aguardo, qué espero
con tan grandes desengaños?
desdichado soy, no quiero
esperar más, que en tres años
el mismo fin considero.

(Salen dos marineros,
y sacan a LAÍN asido de un cable,
echando agua.)

Iza, iza.

(Dentro.)


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Jornada II
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MARSILLA

¿Qué ruïdo
nuevo es este?


MARINERO 2.º

A tierra, a tierra.


MARSILLA

De un hombre tiran, que asido
de un cable, contra la guerra
del mar, a tierra ha surgido.


MARINERO 1.º

Atún es este pescado.


MARINERO 2.º

La vida el cable le dio.


LAÍN

¿Estoy en tierra, sí o no?


MARINERO 1.º

Suelte el cabo seor soldado,
Que ya está fuera del mar.


MARINERO 2.º

No tema trágico fin,
váyase al Sol a enjugar.


(Vanse los Marineros.)

MARSILLA

Por el cielo que es Laín,
y está a punto de espirar.
Laín.


LAÍN

¿Quién es?


MARSILLA

Tu señor,
no puede hablar con la pena.


LAÍN

Tu voz me causó temor,
que pensé que eras ballena,
que forzada del rigor
de la hambre, me venía
a tragar.


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MARSILLA

En tierra estás,
vuelve en ti.


LAÍN

¿Por vida mía?


MARSILLA

¿No lo ves, nuevo Jonás?


LAÍN

Mi ballena, no lo vía.


MARSILLA

Muerto estás también gracioso
mira si puedes tenerte
en pie.


LAÍN

Aún estoy temeroso,
y en tierra engaño a la muerte,
que como toro en el coso,
que desta suerte tendido
buscaba nueva ocasión,
dándome ya por rendido.


MARSILLA

Estraña comparación
a tu flaqueza has traído.
Levántate.


LAÍN

Bien me pagas
el quererte socorrer,
así es bien que satisfagas
mi deseo, y con hacer
a ti el servicio, le estragas.


MARSILLA

¿Cómo?


LAÍN

Apenas te miré
arrojarte al agua, cuando
al esquife me eché;
quise apresurar nadando,
el llegar a ti, y no fue
de ningún modo posible,
que el mar furioso y terrible
hecho en mil olas pedazos,
los pies me rindió, y los brazos,
y fue llegar imposible.
Rendido me llevó el mar,
y las olas me alargaron,
y mirándome anegar
marineros, me arrojaron
un cable, en que pude dar
fondo en la tierra, a despecho
del mar soberbio y airado,
entrando el agua en un pecho,
siempre de nuevo ocupado,
y nunca dél satisfecho.
¿Cómo a ti te sucedió?


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


MARSILLA

Saqué entre tantos temores
libre el César.


LAÍN

¿Qué te dio?


MARSILLA

De palabras mil favores.


LAÍN

Pesar de quien me parió,
pensé hallarte Señoría,
¿y desa manera estás?


MARSILLA

Qué quieres, es dicha mía.


LAÍN

No tendrás dicha jamás.


(Disparan.)

MARSILLA

Ya juega la artillería,
que tiene aquel rebellín
al caballero.


LAÍN

¿Qué importa?


MARSILLA

Vamos no falte, Laín,
por nosotros, que la corta
dicha no se ve hasta el fin.
Vamos.


LAÍN

Enjuguémonos
primero.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


MARSILLA

¿Eso te desvela?

(Dentro.)

Santiago, España.


LAÍN

Ay Dios
si fuera el de Compostela
sobrara vino a los dos.


(Vanse, y salen DON GONZALO y RUFINO.)

DON GONZALO

No pido yo que contra la escritura
que habéis hecho, señor, habéis jurado,
hagáis cosas que a noble no parezcan,
sólo os pido y suplico, que si a caso
pasado el plazo no volviere a España,
o a Teruel, Marsilla, que yo sea
dueño dichoso del retrato vuestro,
sin que otro a esta fortuna levantase
vuestra piadosa mano, pues mi hacienda,
partes y calidad, no desmerecen.


RUFINO

Si al señor don Gonzalo no ayudaran
las partes que conozco de nobleza,
de hacienda, asiento y discreción, bastante
es el conocimiento de sus padres,
y tanta estimación, que a la persona
de Isabel tiene, para darle gusto
primero que otro alguno; yo os prometo
de que seáis, señor, su dueño, cuando
falte a la obligación Diego Marsilla,
por muerte, o por falta de ventura suya,
en pasando del plazo una hora sola;
pero hasta entonces no hay pedirme nada,
que los inconvenientes que os he dicho,
son causa de negaros, la que estaba
tan bien a su persona y a la mía,
y guárdeos Dios con esto.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DON GONZALO

El cielo quiera
que yo os sirva, señor, como deseo,
poniéndome en lugar de vuestro hijo.


RUFINO

Y alargará mi vida el regocijo.


DON GONZALO

Tiempo ligero, que con alas leves
de descanso y piedad, siempre desnudas,
peñascos rindes, imposibles mudas,
muros entierras y montañas mueves.
Ya ceñidos de flores, ya de nieves,
de hermosas plantas, en cortezas duras,
que arrebatas al mar, al bien ayudas,
con plomo y plumas de tus horas breves.
Si alguna vez, de quejas lastimosas
te han dejado vencer, pasen los años,
que al intervalo de mis glorias veo.
Harás en esto alguna de dos cosas,
porque, o me acabarán tus desengaños,
o verá el bien que aguarda mi deseo.

(Sale GARCERÁN.)

GARCERÁN

Aquí está.


DON GONZALO

¿Qué hay Garcerán,
hay algo de nuevo?


GARCERÁN

Nada.


DON GONZALO

¿Viste aquella piedra helada
donde mis suspiros van?
¿Hablaste aquel imposible
de amor, aquella quimera?
¿Diferencia aquella fiera,
más que la Esfinge terrible?
Aquel monstruo desigual
de belleza y de desdén
adonde miro mi bien,
y adonde vive mi mal.
Aquella mujer, en fin,
deste olmo enemiga yedra,
que con un alma de piedra
es terrenal Serafín.
¿Hablástela Garcerán?


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Jornada II
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GARCERÁN

Y es ablandalla, señor,
vencer del mar el furor,
cuando con arenas dan
sus olas, al Sol espanto,
excediendo su ribera,
no he visto mujer más fiera.


DON GONZALO

¿Qué resistir pueda tanto?


GARCERÁN

Casi me quiso arrojar
cuando el papel llegué a dalle,
desde el balcón a la calle,
no tienes que porfiar,
porque no la has de vencer,
si a la del Griego parece,
tu porfía.


DON GONZALO

Si aborrece,
más que Troya es la mujer,
¿quién es aqueste galán,
que con brava gentileza
a nosotros endereza,
al parecer, Garcerán?


GARCERÁN

A la soldadesca viene.


DON GONZALO

Sobresaltome por Dios.

(Sale el Capitán DON JUAN, de camino.)

DON JUAN

¿Descuidado estaréis vos
del nuevo huésped?


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DON GONZALO

No tiene
más necio hombre que yo el suelo;
dadme los brazos don Juan,
qué soldado, y qué galán
venís, qué clima, qué cielo
¿Hasta ahora os ha encubierto,
que de vos no hemos sabido
nuevas?


DON JUAN

La ocasión ha sido
de la guerra; ya por muerto
juzgado me habréis acá.


DON GONZALO

Sólo supe que os había
hecho de una compañía
el César, merced allá,
y no he tenido después
más nuevas de vos.


DON JUAN

A sólo
veros rodee, que al Polo,
donde están con nuestros pies
los Antípodas opuestos,
por sólo veros llegara;
tenedlo por cosa clara.


DON GONZALO

Bien se echa de ver en vos
el deseo que tenéis
de hacerme merced, don Juan;
¿cómo, señor Capitán,
a Zaragoza os volvéis?


DON JUAN

Ganó el César la Goleta,
como habréis sabido vos.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DON GONZALO

Buenas nuevas os dé Dios.


DON JUAN

Reformaron mi gineta,
y así, pidiendo licencia,
volveré, determinado
a Zaragoza, llamado
don Gonzalo, de una herencia.


DON GONZALO

Mucho heredéis ruego al cielo.


DON JUAN

Para serviros será.


DON GONZALO

¿Conocisteis por allá
don Juan, o pasó con vos
un hidalgo desta villa,
que a esa ocasión que ha pasado
salió de aquí a ser soldado,
que se llamaba Marsilla?


DON JUAN

Conózcole como a mí,
un muy gran soldado es,
no ha visto Aragón, después
que al Romano tuvo ansí,
más valeroso soldado;
él fue el primero que el pie
puso en la Goleta, y fue
en el foso derribado,
hecho un espín de saetas
dos veces por las ginetas
de la Morisca canalla.


DON GONZALO

Que le guarde la fortuna
por mi mal, ¿dónde quedó
ahora?


DON JUAN

Imagino yo
que tras la vencida luna
del Agareno, seguirá
al César en la conquista
de Túnez, que aun a su vista
para rendilla estará.


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Jornada II
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DON GONZALO

¿Tan gran soldado ha salido?


DON JUAN

Tiene en África gran nombre,
vendrá a ser un notable hombre.


DON GONZALO

Pierdo, oyéndolo, el sentido.
Don Juan vos habéis llegado
a tiempo, que habéis de ser
el bien que podrá tener
un imposible cuidado,
que sin esperanza daba
guerra a mi imaginación.


DON JUAN

Huélgome que a esa ocasión
llegué a Teruel.


DON GONZALO

Estaba
sin remedio, ahora estoy
don Juan con más esperanza
o amor, estraña mudanza
harás en mis males hoy,
si sucede como entiendo
la empresa que determino.


DON JUAN

El vestido de camino
quitarme luego pretendo,
si importa quedarme ansí.


DON GONZALO

Antes con él ha de ser
lo que pretendo.


DON JUAN

A poner
lo vamos por obra.


DON GONZALO

Así
alientas más mi deseo;
ánimo, don Juan, me das
de vencer.


DON JUAN

Tú le tendrás
si está en mi mano el trofeo.


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Jornada II
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(Vanse, y sale DOÑA ISABEL.)


DOÑA ISABEL

Si hay más tormentos, ausencia
con que matarme y hundirme,
lluevan sobre mí, que firme
siempre ha de estar la paciencia.
Ay querido dueño ausente
cuándo pasará esta calma,
y podrá gozarte el alma,
a tus venturas presente.
No hay cosa alguna en el suelo,
que sin ti gusto me dé,
y es contra otro mar mi fe
escollo que llega al cielo.

(Sale DRUSILA con dos almohadillas
y en una cesta unos libros.)

DRUSILA

Ya está la labor aquí.


DOÑA ISABEL

Tan melancólica estoy,
que a nada salida doy,
que está un laberinto en mí.
Muestra Drusila.


DRUSILA

Este es
tu cambray, y mi labor
esta.


DOÑA ISABEL

Ay si quisiese amor
dar sus alas a los pies
del tiempo, porque volase
con mayor velocidad,
porque de mi voluntad
el dueño a gozar llegase.
Trofeos le labraría
de oro y plata, que envidiara
Penélope, y levantara
su gloria amor, con la mía.


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Jornada II
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DRUSILA

El cielo tiene a su cargo
darte lo que niega amor.


DOÑA ISABEL

Ya me enfada la labor,
todo me es prolijo, y largo.


DRUSILA

¿En qué podrás divertir
tu imaginación?


DOÑA ISABEL

En nada,
ninguna cosa me agrada.


DRUSILA

¿Quieres leer y escribir?


DOÑA ISABEL

¿Están los libros ahí?


DRUSILA

En la cestilla han de estar
de la labor.


DOÑA ISABEL

No hay pensar,
que me agrade cosa a mí.
¿Qué libros hay?


DRUSILA

Cuatro.


DOÑA ISABEL

A ver,
el primero que he encontrado
es Boscán, qué gran letrado
de amor, quiérole leer.
Dice ansí, de Leandro, y Hero,
trágica historia encontré,
que ya que le abriese, fue
por aquí, que mal agüero.
Toma allá a Boscán, y muestra
otro.


DRUSILA

Vesle aquí, señora,
a ver si te agrada ahora.


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Jornada II
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DOÑA ISABEL

Virgilio es, en lengua nuestra,
del famoso toledano
Gregorio Hernández, que fue
del lenguaje castellano.
Quiero abrir por aquí, y leer,
dijo, dijo, y se arrojó
sobre la espada, y murió
como invincible mujer.
Cuanto encuentro, y cuanto leo,
todo es tragedias de amor,
parece que a mi temor
sale al paso lo que veo.
¿Qué libro es este?


DRUSILA

No sé.


DOÑA ISABEL

Silvestre es, si no me engaño,
él es.


DRUSILA

¡Qué amor tan estraño,
qué gran firmeza, y qué fe!


DOÑA ISABEL

El cielo quiera que acierte,
si el hado no contradice
mi intento, de Tisbe dice,
y Píramo vida, y muerte.
Míseras tragedias son
cuanto la vista me ofrece,
Drusila, ¿qué te parece?
Qué notable confusión.
Guarda esos libros allá,
pues que no hay cosa que lea,
que trágico amor no sea.


DRUSILA

¿Quién se nos ha entrado acá?


DOÑA ISABEL

Ay cielo, es mi amado dueño
¿Drusila?


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Jornada II
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DRUSILA

Señora, no.


DOÑA ISABEL

Ay que el alma se engañó,
que es todo cuanto ve sueño.


(Sale DON JUAN.)

DON JUAN

Vuesamerced perdone la licencia
que me tomé, entrando deste modo,
que son deseos de saber la casa
de un hidalgo que busco en este barrio,
y no habiendo quien dello me informase
hice este atrevimiento.


DOÑA ISABEL

Hasta ahora
ningún yerro habéis hecho; nuevos miedos
sobresaltan mi pecho.


DON JUAN

A cuantas casas
de aquí vive un hidalgo, que se llama.


DOÑA ISABEL

¿Cómo, señor?


DON JUAN

Hipólito Marsilla.


DOÑA ISABEL

Mas temo ahora mis desdichas, cielos,
la casa que se sigue después desta,
a mano izquierda, es suya, mas si puede
saberse la ocasión de andar buscando,
merced me haréis de que lo sepa.


DON JUAN

Traigo
unas cartas, señora, y unas nuevas
que darle.


DOÑA ISABEL

¿Son del hijo?


DON JUAN

Sí señora.


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Jornada II
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DOÑA ISABEL

¿Y está bueno?


DON JUAN

Ganando la Goleta,
una pieza, en la propia batería
le llevó la cabeza de los hombros,
y escríbele su muerte al padre ahora
el Capitán.


DOÑA ISABEL

Ay nuevas desdichadas,
también moriré yo.

(Desmáyase.)


DON JUAN

Los forasteros
hacemos estos yerros; si supiera
que era deuda, o hermana de Marsilla,
como a mujer, las nuevas escusara
decir.


DRUSILA

Mas parentesco le tenía,
que amor hace mayores parentescos.


DON JUAN

¿Cómo?


DRUSILA

Los dos estaban concertados
de casarse, y amor en esta ausencia,
con esperanza el tiempo divertía.


DON JUAN

Pésame por quien soy, de que yo fuese
causa deste pesar inadvertido;
quedaos, adiós, que voy enternecido.

(Vase DON JUAN,
y vuelve en sí DOÑA ISABEL.)


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DOÑA ISABEL

Drusila, ¿es este sueño?
¿Es imaginación, o fantasía?
Que de mi amado dueño
¿no tengo de gozar la compañía?
¿Es cierto, es desvarío?
Di, ¿es ilusión del pensamiento mío?
¿Qué es esto, cielo airado
contra mi humilde pecho tan esquivo?
Muerto mi dueño amado,
mi dueño amado muerto, ¿cómo vivo?
Drusila, amiga amada,
dame la muerte con alguna espada.


DRUSILA

Señora, tu prudencia
has de mostrar aquí.


DOÑA ISABEL

Déjame agora,
que no ha de haber paciencia
a tan estraño mal.


DRUSILA

Mira señora,
que eres Cristiana advierte.


DOÑA ISABEL

Es Gentil el amor en vida y muerte.
Déjame.


DRUSILA

¡Caso estraño!
el seso ha de perder.


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Jornada II
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DOÑA ISABEL

Murió mi dueño,
mi bien faltó, mi daño
fue verdadero, mi ventura sueño,
mi gloria fantasía,
¿es sombra vana el esperanza mía?
Oh enemigo soldado,
de mis males injusto mensajero,
de brazo arremangado,
Alarbe, bañes el Morisco acero;
agraviete un cobarde,
y a la venganza siempre llegues tarde.
Quiébresete la espada
en la ocasión primera, y un bisoño
te dé una bofetada,
todo un tercio delante, y al otoño,
de la vida postrero,
llegue tu abril, como llegó mi enero.
Conjúrense los cielos
contra los bienes que tu amor desea;
tu dama te dé celos,
y tu competidor humilde sea;
llores sin esperanza,
ausente olvido, y con amor mudanza.
Con la presencia enfades,
y bien ninguna gala te parezca;
nunca sirviendo agrades,
siempre la que sirvieres te aborrezca,
y a la envidia rendido
mueras, cobarde, como mal nacido.
Del mar a tus querellas
sordo te trague el piélago arrogante,
o al contar las Estrellas
una mina sin alas te levante;
y al fin como yo mueras,
serás retrato de mis penas fieras.


DRUSILA

Señora, aguarda, escucha.


DOÑA ISABEL

¿Qué he de escuchar?


DRUSILA

Consuelos y razones.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


DOÑA ISABEL

Es la desdicha mucha,
no fueron mis agüeros ilusiones:
¡ah libros, compañeros,
que siempre sois amigos verdaderos!,
¡cómo avisos me disteis,
mudos espejos en que nos miramos,
destos sucesos tristes!


DRUSILA

Desdichada mujer.


DOÑA ISABEL

Drusila vamos,
porque imitar intente
a Dido, a Tisbe, a Hero juntamente.


(Vanse las dos, tocan cajas,
y salga MARSILLA con un estandarte arriba.)

MARSILLA

Ea Españoles, Túnez por España,
arriba, arriba, la vitoria es nuestra:
¡viva Carlos de España, viva!


TODOS

¡Viva!

(Salen CARLOS QUINTO, y los Grandes.)

CARLOS QUINTO

¿Quién es aquel soldado, que en el muro
ha puesto el estandarte, y el primero
ha sido, que subió?


MARQUÉS

Señor, Marsilla.


CARLOS QUINTO

Es un Marte Español, con lo que tengo
no le podré pagar lo que merece;
prosígase el asalto.


MARQUÉS

Cierra España.


MARSILLA

Túnez es n.ra, arriba, arriba.


TODOS

Arriba.


MARSILLA

Viva el César de España.


TODOS

Viva, viva.


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Jornada II
Pág. 062 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


(Tocan cajas, y dase dentro la batalla,
y salgan tres soldados con despojos.)

SOLDADO 1.º

Esto sí que es lucirse lo que un hombre
pelea, vive Dios que voy cargado
de ajorcas, de balajes, y rubíes.

(Vase.)


SOLDADO 2.º

Bien haya, amén, quien inventó la guerra,
que de una vez un hombre queda rico,
aunque en mil años no haya visto blanca
de perlas llevo dos jaeces Turcos,
que no los tiene Solimán mejores.

(Vase.)


SOLDADO 3.º

Oh saco de los cielos milagroso,
o Túnez santa, o Túnez salubérrima,
rico salgo de ti Túnez famosa,
que me has dado este cofre de cequíes,
que será desde hoy más, por la comida
el arca del diluvio de mi vida.

(Vase.)

(Sale MARSILLA.)

MARSILLA

Fortuna, en vano contra ti peleo,
vencer pretendo tu furor en vano;
desdichado hombre soy, que no haya puesto
en casa alguna el pie, donde haya hallado
cequí, ni ropa, estraño caso ha sido,
el cielo contradice mi deseo,
pues no hay soldado humilde, que no salga
rico del saco; y yo que no he dejado
que me pase adelante otro ninguno,
sino es sangre en la espada, de los moros,
otra prenda no tengo, yo porfío
contra la desdichada suerte mía.


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Jornada II
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


(Sale LAÍN con una talega.)

LAÍN

Pues no está la talega muy vacía,
mirarla quiero agora que estoy solo,
que desta vez pretendo quedar rico.
En el nombre de Dios, qué hermoso encuentro,
un alpargate es este, bien empiezo;
pasar quiero adelante, aquí está, creo
un almohaza de limpiar caballos;
fortuna amiga de rascarse, entiendo
que es la mía por Dios; quizá está abajo
el oro y joyas; vuelvo a meter dentro
la mano, y Dios me tenga de la suya;
cosa viva parece, mas quisiera
que fuera gato muerto; vive Cristo
que me ha mordido agora, y fuera sale

(Salga un perro de la talega.)

el mal hechor; hay cosa semejante,
que un perro me cupiese en el despojo,
y un alpargate, y almohaza, cielos,
¿por qué me perseguís? Si no me engaño
es este mi señor; suspenso mira
al cielo, y a la tierra; Señor mío
dame tus pies, ¿qué tienes, no respondes?


MARSILLA

¿Qué te he de responder, qué me preguntas?


LAÍN

Señor furioso estás.


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Jornada II
Pág. 064 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


MARSILLA

Soy desdichado;
vuelve a sacar la espada de la vaina,
y dame muerte, muera quien no puede
vencer a su fortuna.


LAÍN

¡Caso estraño!
¿Estás en ti señor?


MARSILLA

Villano acaba
haz lo que te digo, o matarete.


LAÍN

Mira
que no es razón que así te desesperes.


MARSILLA

Matarete por Dios, si no me matas:
saca tu espada.


LAÍN

Vesla aquí desnuda,
el seso se le ha vuelto.


MARSILLA

Acaba matame.


LAÍN

Brava resolución, no sé qué diga,
ni que haga tampoco.


MARSILLA

¿A cuándo, esperas?
Dame muerte, villano.


LAÍN

¿Estás loco?
Entretenerle quiero mientras viene
gente que le sosiegue.


MARSILLA

¿No me matas?


LAÍN

¿Por dónde quieres que te mate?


MARSILLA

Pásame
este pecho, de modo que no ofendas
al dueño que está en el del alma mía.


LAÍN

¿Echaré al lado izquierdo o al derecho?


MARSILLA

Arrójate por medio.


LAÍN

¿Que no asoma ninguno?


MARSILLA

Acaba.


LAÍN

Espera, porque quiero no tocar
a la imagen milagrosa
que adoras; pero el cielo favorece
mi deseo, que el César viene cerca
con toda la grandeza que le sigue,
y será medio de su furia fiera.


MARSILLA

Quien no puede vivir dichoso, muera.


(Sale CARLOS QUINTO con los Grandes y detiénenle.)

CARLOS QUINTO

¿Tened no es este Marsilla?


MARQUÉS

Sí señor.


CARLOS QUINTO

Llegad, llegad


DUQUE

Marsilla, su Majestad.


MARSILLA

Mi frente a sus pies se humilla.


CARLOS QUINTO

¿Qué es esto? Cómo, por qué
estabais desta manera?
¿Qué novedad os altera;
contadme qué causa fue?


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Jornada II
Pág. 065 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


MARSILLA

Monarca del universo,
cuyas Águilas descubren
las dos contrapuestas Zonas,
vuestra Majestad me escuche.
Yo puse desde la edad
primera, hasta que esta tuve,
los ojos en una dama;
que al Sol de vergüenza cubren.
Y llegó este amor a tanto;
perdóneseme que junte
amorosas relaciones
entre marciales costumbres.
Que pidiéndosela al padre,
como es la pobreza nube
del sol de cualquiera sangre,
y el oro es la más ilustre.
Sólo en ella reparó,
y como amante, no pude
dejar la empresa, que amor
que ha partido se reduce,
trazo de pedille un plazo,
que cuanto hay fácil presume,
en que pudiese volver
rico, y alcanzarlo pude.
El plazo fue de tres años,
aunque esperar pocos sufren;
y como atropella amor
cuanto el temor dificulte,
con don Pedro de Guevara,
Capitán, que ha muerto en Túnez
agora, llegué a la armada,
y allí, aunque bisoño, supe
hacerme prático presto;
diéronnos unos laúdes
aviso sobre el Estrecho,
que de Morato Mamute,
renegado Calabrés,
toda la costa destruyen
seis bastardas galeotas;
ordenan que seis las busquen.
Fue en una mi Capitán,
y a pocas millas descubren
entre las dos Algeciras
al cosario, y dando lumbre
las escopetas Turquescas,
y Españoles arcabuces,
salen al mar, y yo solo
con una rodela, puse
los pies en su Capitana,
y tan buena maña tuve,
que rindiendo la galera,
a su Arráez preso truje,
las demás, preso el cosario,
fueron remolcos ilustres
de los Españoles leños
sobre las olas azules.
Zarpamos toda la armada
luego, y en la pesadumbre
sintió el mar, que el César iba
sobre sus hombros a Túnez.
Llegamos a la Goleta,
y desembarcando, pude
ver que a vuestra Majestad
a recebille el mar sube,
y para que se la diese
a las galeras, escupe
al Sol, como pajas leves;
salté, y en brazos le puse
libre del mar en la tierra;
baten la Goleta y suben
tras de mí a la batería
los soldados, y a las nubes
de las saetas fui erizo;
aquí nuestro intento cumple
los cielos, y Barbarroja
solo, en una Alfana huye.
Ponemos a Túnez cerco,
y mientras ganaba Túnez,
no hay consigo en las tres leguas,
jinete que escaramuce.
Hoy la asaltan, y en su muro
el primero fui que puse
el Estandarte de España,
con las Águilas y Cruces.
Danle saco, y salen ricos
los soldados más comunes,
y para mí, el hado, apenas
un capellar me descubre.
Véome pobre, y el plazo
cerca, y la difícil cumbre
del honor, subir sin premio,
que es la mayor pesadumbre.
Y desesperado, viendo
a lo que el mal me conduce,
quiero morir a las manos
deste criado que truje.
Que pues que soy desdichado,
y la tierra no me sufre,
pienso correr este día
la misma suerte que Túnez.


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Jornada II
Pág. 066 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada II Tirso de Molina


CARLOS QUINTO

Por cierto, vos tenéis razón muy grande,
tan desdichado sois, que en todo cuanto
os he visto hacer, he procurado
con alguna merced honrar los pechos
que han dado honra a España, y nunca pude
acabar de poner nada en efeto.
Pero venza esta vez vuestra fortuna
la mía, y salgan juntas las mercedes;
de vuestro Capitán la compañía
os doy primeramente, y luego os hago
merced en Teruel de mil ducados
de renta, y del despojo de la guerra
seis mil, con que podéis volveros venturoso,
ya que vuestra fortuna os ha traído
a ser tan gran soldado.


MARSILLA

Siempre vivas
poderoso, señor, siglos eternos,
porque tengas, gran César, deste modo
el mundo que sustentas como Atlante.


LAÍN

¿Quieres dejarme, que también le pida
mercedes?


MARSILLA

No me afrentes, que yo llevo
para los dos.


LAÍN

Mi Carlos Quinto has sido.


CARLOS QUINTO

Marqués, haced que alguna infantería
a Barbarroja siga.


MARQUÉS

Ya han marchado
algunas compañías.


CARLOS QUINTO

Pues recójanse1
las demás, y procúrese al momento
de consagrar de Túnez las mezquitas,
que yo a escribir voy a España esta vitoria.


MARSILLA

Más que la fama dure tu memoria.


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Jornada III
Pág. 067 de 102
Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada III Tirso de Molina


Salen MARSILLA de camino, y LAÍN.

MARSILLA

¿Despachaste, Laín, esos caballos?


LAÍN

Ya partió el postillón, aunque fue tarde,
que bien pudiera un rato paseallos,
y entrar luego corriendo.


MARSILLA

Y hiciera alarde;
¿dónde están los cojines?


LAÍN

Di a guardallos
en el mesón, que está a esa entrada puesto.


MARSILLA

Un hora y dos después del plazo llegó.


LAÍN

¿Qué son dos horas?


MARSILLA

Mucho para luego.
Déjame hacer la cuenta, el mismo día
de la Cruz a las cinco de la tarde
marchó de Teruel mi compañía,
haciendo de mi honor vistoso alarde;
hoy son siete de mayo, y si a la fría
noche de mi temor madre cobarde,
dos horas más pasado el plazo llego.


LAÍN

¿Qué son dos horas?


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MARSILLA

Mucho para luego.
En dos horas juntó la coronada
Sagunto con el suelo las almenas,
en dos horas Numancia derribada,
sus muros igualó con las arenas,
y Troya en otras dos se vio abrasada
de las llamas de amor propias, y ajenas,
¿y no estoy en temer dos horas ciego?


LAÍN

¿Qué son dos horas?


MARSILLA

Mucho para luego.
En dos horas, Laín, puede anegarse
grande armada, que el piélago importuna,
y en dos horas vencida, retirarse
turquesca flota, puesta en media luna;
y en menos puede una mujer mudarse,
que son hijas del mar y la fortuna;
dos horas lloro, que pasadas llego.


LAÍN

¿Qué son dos horas?


MARSILLA

Mucho para luego.


LAÍN

¿Qué agüeros, qué sospechas has tenido?,
¿qué temes nada?


MARSILLA

Muchos.


LAÍN

¿De qué modo?


MARSILLA

Con la posta, tres veces he caído.


LAÍN

ue como a mí, que me arrojó en el lodo.


MARSILLA

Perdí el retrato, y no perdí el sentido,
llego de noche al fin, y sobre todo
más de dos horas ya pasadas llego.


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LAÍN

¿Qué son dos horas?


MARSILLA

Mucho para luego.

(Suenan atabales y tiran cohetes.)

Laín escucha, estrañas alegrías
hacen en Teruel.


LAÍN

De luminarias
corona su muralla, y las vacías
torres ocupa de invenciones varias,
de pólvora, y de fuego, bien podrías
tus tristezas vencer con las contrarias.


MARSILLA

Ay que dos horas más del plazo llego.


LAÍN

¿Qué son dos horas?


MARSILLA

Mucho para luego.
Laín hazme un placer de irte delante,
y ver lo que hay en casa de Rufino,
y vuélveme a avisar.


LAÍN

Si es importante
a tu gusto, servirte determino.


MARSILLA

Siempre es medroso un verdadero amante.


LAÍN

Adiós.


MARSILLA

Aquí te aguardo en el camino,
por ver si tarde estás dos horas llego.


LAÍN

¿Qué son dos horas?


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Jornada III
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MARSILLA

Mucho para luego.

(Vase LAÍN.)

Noche temorosa y fría,
si el bien que espero me das,
desde hoy preciarte podrás
de más hermosa que el día.
Hacer puedes competencia
con sus rojos arreboles,
pues tendrás más bellos soles
de parte tuya en tu ausencia.
Mas si al son de tus mudanzas
con gloria ajena te alegras,
servirán tus sombras negras,
de luto a mis esperanzas.
Perderán sus luces bellas
conmigo sus hermosuras,
siendo tus sombras obscuras
capuces de las estrellas.
No calmo de ningún modo,
mal reposa quien bien ama:
¿quién animoso te llama,
amor, siendo miedo todo?
Todo me asombra y espanta,
y pienso en estado igual,
que sólo para mi mal
el búho noturno canta.
El viento que le entretiene,
ya en el sauce, ya en el pino,
que es mensajero imagino,
que con malas nuevas viene.


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Jornada III
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CAMINANTE

(Dice dentro.)

Vengo de la guerra
niña por verte,
hállote casadita,
quiero volverme.


MARSILLA

¡Oh caminante crüel,
malas nuevas te dé Dios!


CAMINANTE

Legua es que vale por dos
desde la venta a Teruel.
Desde que curso el camino,
no la vi mayor jamás.


MARSILLA

Nunca llegues donde vas,
de mi mal fiero adivino.
Nunca, caminante fiero,
para tu sed halles río,
sombra en el ardiente estío,
lumbre en el helado enero.
Lleno de espanto y temor
estando al lugar vecino,
pierdas de noche el camino
sin encontrar un pastor.
Y en iguales ocasiones
se te antojen mil quimeras,
las peñas, monstruos y fieras,
y los árboles ladrones.
Y al fin deste mal pasado,
por hallarte sin dineros,
ladrones o bandoleros
te dejen a un roble atado,
pues en aquesta ocasión
a ser mi agüero veniste,
¿dónde, villano, aprendiste
tan espantosa canción?
Pero qué necio que estoy,
crédito con tanto exceso,
sin haber visto el suceso,
a vanas quimeras doy.
Doña Isabel de Segura,
cuyo amor ha sido igual,
que no le vio el tiempo tal,
¿mi esperanza no asegura?
Con este seguro puedo
asegurar mi esperanza;
pensar de Isabel mudanza,
ofensa fue sólo el miedo.
¿Que de tan firme imposible
pudiese tener temor?
Por cierto, que andáis amor
muy medroso y muy terrible.
Mucho habéis desmerecido
con la fe que habéis guardado;
el ser tan desconfiado
¿de quién lo habéis aprendido?
No tenéis disculpa alguna,
que ha sido estraña bajeza,
conociendo su firmeza,
temer a vuestra fortuna.
Dos horas, ni dos mil años,
¿qué importan en tanta fe?
Muy grande flaqueza fue,
que hoy veréis los desengaños.
Hoy veréis cómo recibe
mi cuello con dulces lazos
Isabel, entre sus brazos,
y que en ellos la fe vive.
Hoy veréis qué galán entro,
haciendo plumas y galas
de mis pensamientos alas,
hasta parar en su centro.
Desvelaos en ver si voy
dueño, en bandas y en colores,
y no escudiriñéis temores,
que vencidos salen hoy.
Hoy veréis vuestra esperanza,
que le presenta al amor
por cautivos, al temor,
ausencia, olvido y mudanza.

(Sale LAÍN muy triste.)

¿Es Laín?


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LAÍN

Él soy.


MARSILLA

¿Parece
que vienes triste?


LAÍN

Señor.


MARSILLA

Habla, ¡qué estraño rigor!
¿qué te turba, y enmudece?


LAÍN

Partí, señor, de tu vista
para volverte con nuevas
de tus bienes, o tus males,
de tus glorias, o tus penas.
Y desde entrar en la villa,
hasta llegar a la puerta
de Rufino, por las calles,
por las plazas, por las cercas,
otra cosa no se oía,
que dichosas norabuenas.
Allí corren dando voces,
tropas de gentes diversas.
Allí caballos y luces,
allí atravesar libreas,
allí fuegos, allí coches,
todo señales de fiestas.
No reparé en preguntar,
por qué quien cuidado lleva
de causas propias jamás
repara en fiestas ajenas.
Llego a casa de Rufino,
y hallo al entrar grande priesa
de coches, y de caballos,
unos salen, y otros entran.
Confuso rompo por todos,
llego al patio, y la escalera
subo en menos que lo digo,
aunque de gente cubierta;
por los corredores paso,
entro en la sala primera.


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MARSILLA

De un cabello estoy colgado,
acaba, no te detengas.
Llegaste a la sala en fin.


LAÍN

Llegué, y vi que estaba en ella,
de damas, y de galanes
la hermosura, y la nobleza.
Allí en gorras tremolaban
martinetes, sobre piezas
de diamantes y esmeraldas,
allí entre doradas hebras
de serafines humanos,
brillaba el oro y las piedras,
que parece que llovía
el cielo en la sala estrellas.


MARSILLA

Acaba, vamos al caso.


LAÍN

En esto, de esotra pieza,
don Gonzalo de Aragón
al Sol dando envidia, llega
con doña Isabel Sigura,
más hermosa que ella mesma,
donde aguardaba el Vicario.


MARSILLA

Vete agora espacio.
Impediste el casamiento
¿Laín?


LAÍN

Yo entrando, y ella
daba a su esposo la mano,
y él de la misma manera,
y el Vicario les echaba
la bendición de la Iglesia.


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MARSILLA

Calla, no prosigas más,
ciertas fueron mis sospechas:
¿hay semejante desdicha?,
¿hay fortuna tan deshecha?
Ay cielos, un desdichado
siempre es de su mal profeta.
Ay enemiga mudable,
¿esta es tu fe, tus promesas?
¿Hasta en las mujeres nobles
tiene poder el ausencia?
Ven acá Laín.


LAÍN

¿Qué mandas?


MARSILLA

¿Es verdad lo que me cuentas?
Escucha, ¿es burla o mentira?


LAÍN

Pluguiera a Dios que lo fuera.


MARSILLA

¿Luego en efeto es verdad?


LAÍN

Pésame de que lo sea.


MARSILLA

¿Que hay otro dueño Laín,
que a doña Isabel merezca?
¿Por otro dueño me olvida?
¿Por otro dueño me deja?
¿Dos horas pudieron tanto
en veinte años de firmeza?
Laín tú te has engañado.


LAÍN

Pues no tengo la cabeza
con los vagidos pasados.


MARSILLA

¿Miraste bien si ellos eran?


LAÍN

Como yo te miro a ti.


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MARSILLA

Antes de llegar sois penas
del miedo de amor crecidas,
llegadas, no hay quien os crea.
Engaño mudable, ingratas
me parecen las ofensas,
que contra mi amor sin culpa
ejecuta tu inclemencia.
¿A otro dueño tú la mano?
Fuego del cielo decienda,
que asidas se las abrase,
para que escarmiento sea.
Loco estoy, de celos rabio,
rayos mis palabras sean,
montes ceñidos de plantas,
valles cubiertos de yerba,
fuentes, que para ayudarme
sois lágrimas de las peñas,
arroyos que dais tributo
al mar, que es la muerte vuestra.
Celoso estoy, y agraviado,
guardaos de mi vista fiera,
que os ha de abrasar mirando,
sin que el tiempo os favorezca.
Ay celos, ay ausencia, ay muerte, ay ira,
mal haya el hombre que en mujeres fía.


LAÍN

Mal he hecho en no encubrille
su mal, que temo que pierda
el seso.


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MARSILLA

Galas de amor,
colores de mi vergüenza,
vuélvaos negras el pesar,
pues mi ventura es tan negra.
Y vosotras blancas plumas,
que imitáis su ligereza,
ya que no su casto amor,
volad al viento ligeras,
iréis donde sus palabras,
que al aire esparcidas vuelan,
y vos verde banda suya,
de mi esperanza librea,
el río os dé sepoltura,
pues sois esperanza muerta,
que en elementos mudables
es bien hacer las obsequias
a sus prendas, pues han sido
de su mudanza herederas.
Pluguiera a Dios que su imagen
sacar del pecho pudiera,
que para mirar sus llamas
del pecho el alma saliera.
Pero es empresa imposible,
que fue desde la edad tierna
de cera para imprimirse,
para borrarse de piedra.


LAÍN

Señor imposibles lloras,
que te acabas considera,
y las mujeres hermosas
no se acabaron en esta.


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MARSILLA

¿Eso has de decir villano?
¿Puede haber mujer que pueda
ser sombra de su hermosura?
Por sacarte estoy la lengua.
Quítateme de delante,
que merece esa blasfemia,
que de mis celos la llama
en cenizas te resuelva.



LAÍN

Mira señor.


MARSILLA

¿Qué replicas?
Vete, y si pudieres vuela,
no te alcance mi rigor.


LAÍN

Espérete una escopeta.

(Vase LAÍN.)


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MARSILLA

Yo entiendo que no soy yo,
porque mudanza tan nueva
en mujer tan invencible
desdice a naturaleza.
Que a otro dueño dio la mano
Isabel, máquina excelsa,
que en pavimientos azules
tachonado estás de estrellas,
que de tus ejes es el orden
has prevertido a la tierra,
con mudanza tan estraña.
Hoy permitís que perezca
con este monstruo imposible
del fin terrible que espera;
todas las fieras señales,
por mi mal sólo le encierra.
Ay celos, ay ausencia, ay mudanza, ay ira,
mal haya el hombre que en mujeres fía.

(Vanse, y tocan atabales,
y salgan de boda todos los que pudieren,
hombres y mujeres,
DON JUAN de padrino,
con la MADRINA, RUFINO,
y DON GONZALO,
y DOÑA ISABEL de las manos,
y siéntanse y salen músicos.)


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RUFINO

Hasta llegar a gastarse
la cena un poco, no es cosa
a la salud provechosa,
en ningún modo, a costarse,
y ansí aquí fuera podremos
entretenernos un poco.


DON GONZALO

Tiéneme esta dicha loco.


DOÑA ISABEL

Son amorosos estremos.
Luego esa ardiente afición
que abrasa la fantasía,
con la esperanza tardía,
¿calmará en la posesión?
Es propio en los que aborrecen,
que está en la prenda segura,
no idolatrar la hermosura.


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(Sale MARSILLA arrebozado.)

MARSILLA

Esto mis glorias merecen,
de amor vengo loco, y ciego
a ver mi pena crüel,
que se ha mudado Isabel
de su fe, y amor reniego.
Ninguno me ha conocido,
quiero envidiar desde aquí
el bien que ausente perdí,
como tahúr que ha perdido.
Mirando estará sin seso,
pues nada me le asegura,
las cartas de mi ventura,
pasado el triste suceso.
Seré Tántalo sediento
con que le dé celos loca,
miraré el agua a la boca,
y beberé sombra, y viento.
Este es Letargo, ¿es locura?
¿es engaño del deseo?
Posible es que lo que veo
¿es doña Isabel Segura?


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Jornada III
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DON GONZALO

Triste parece que estáis,
pienso que la causa os doy.


DOÑA ISABEL

Siempre desta suerte estoy,
no porque vos me la dais.
Ya sois mi esposo, y es justo
que el veros me dé consuelo,
y pues es gusto del cielo,
que procure daros gusto.


MARSILLA

Tu esposo dijo: ¡ay de mí!


DON GONZALO

Por favor tan soberano,
dadme a besar una mano.


DOÑA ISABEL

Ya con el alma os la di.


MARSILLA

La mano le dio a besar,
de celos y rabia muero,
que más desengaño espero.


DON GONZALO

Salid don Juan a danzar
una gallarda, y por ser
el más galán, y el padrino.


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Jornada III
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DON JUAN

Por el favor peregrino,
que fue de vuestro placer
barato, os beso las manos;
don Gonzalo, yo quisiera
saber danzar, que os sirviera,
no soy de los cortesanos
que en eso ponen su mira,
sabemos pocos soldados
danzar.


RUFINO

Los de los estados,
cuando de la marcial lira
se recogen a invernar
de Flandes, en los festines
son famosos danzarines.


DON JUAN

Yo soy de África y del mar.


RUFINO

No se me ha olvidado a mí
de Flandes, que es el escuela
de danzar la Plantarela,
cuando allá soldado fui.
Y a no parecelle a un viejo
tan mal, diera que reír.


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MADRINA

Los novios pueden salir,
que son de la fiesta espejo.
Vuesamerced se lo mande,
que se querrán escusar.


RUFINO

Salid hijos a danzar.


DON GONZALO

Salgamos.


MADRINA

Tristeza grande
Es la de doña Isabel.


MARSILLA

No quiero estar más aquí
viendo mudanzas, pues vi
ya tu mudanza crüel.
Muerte me dio el desengaño.


DOÑA ISABEL

Ay triste.


MARSILLA

Muerte me dio.

(Vase MARSILLA.)


DOÑA ISABEL

Aquel hombre que salió
me dio un sobresalto estraño.
Pareció sombra de aquel
que aun difunto el alma adora.


DON GONZALO

¿Qué es lo que tenéis señora?


DOÑA ISABEL

Ay.


RUFINO

¿Qué tenéis Isabel?


DOÑA ISABEL

No sé qué en el corazón
entra al salir a danzar.


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Jornada III
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RUFINO

Pues éntrate a desnudar
pasarase esa pasión,
que es de estar tan apretada
del vestido, y de la cena.


DOÑA ISABEL

Más del alma fue la pena.


RUFINO

Acuéstate que no es nada.


(Vanse todos entretanto,
y salga GARCERÁN,
y detenga a DON GONZALO.)

GARCERÁN

Ya ha llegado el propio.


DON GONZALO

¿Ansí?


GARCERÁN

Más de un hora ha que llegó.


DON GONZALO

¿Trujo los jaeces?


GARCERÁN

No;
pero que estarán aquí
mañana, dice este pliego,
que es de don Pedro tu primo.


DON GONZALO

Mucho la memoria estimo;
también me escribe don Diego.
Seguros pienso que están
los caballos, esta vez
podré dar algún jaez,
y algún caballo a don Juan.


GARCERÁN

Serán las fiestas famosas,
y habrá que servir, y ver.


DON GONZALO

No podrán dejar de ser,
como mi gloria, dichosas.


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Jornada III
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Los amantes de Teruel (Tirso de Molina) Jornada III Tirso de Molina


(Vanse,
y sale DOÑA ISABEL con la MADRINA
con ropa de levantar.)


MADRINA

Esta es la obligación de la madrina,
guárdeos Dios muchos años, y veamos
de los dos venturosos herederos.


DOÑA ISABEL

Serán para que os sirvan, doña Juana,
como los padres lo han de hacer.


MADRINA

Amiga
a visitaros enviaré mañana.


DOÑA ISABEL

Hareisme la merced que me habéis hecho.


MADRINA

Hagaos la noche, amén, muy buen provecho.


(Vase la MADRINA,
y sale MARSILLA detrás de una cortina.)

DOÑA ISABEL

Al sacrificio de mi muerte llego,
bien sé que he de vivir muy pocos días.


MARSILLA

Doña Isabel.


DOÑA ISABEL

¡Qué es esto santos cielos!


MARSILLA

¿No me conoces?


DOÑA ISABEL

Tente sombra fría,
ya te conozco; ¿a qué has venido agora?


MARSILLA

¿Sombra me llamas?


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DOÑA ISABEL

No te llegues tanto,
si alguna cosa quieres en descargo
de tu conciencia, déjamelo dicho,
que yo te prometo de cumplirlo luego.


MARSILLA

Sin duda que le han dicho que era muerto.


DOÑA ISABEL

Vete con eso sombra, y no me sigas.


MARSILLA

Doña Isabel sosiégate, y advierte,
que sólo estoy difunto en tu memoria,
y que envidiosos de la dicha mía
te han contado que soy muerto; llega
y verás si es verdad


DOÑA ISABEL

¡Estraño caso!


MARSILLA

Hoy llego de buscar hacienda y honra
con que llegar a merecer tus partes,
y por dos horas más de plazo, he sido
amante desdichado; por tu causa
he arado el mar, y el África me tiembla,
mira este pecho lleno de heridas.
Pluguiera a Dios que abiertas estuvieran,
porque vieras por ellas tu retrato.
Todo en la pretensión de ser tu esposo,
y volver rico, ha sido como vuelvo;
ya no tiene remedio por ahora
el bien que deseé con tantos daños,
que menos que con muerte no he cumplido
con las desdichas de mi amarga vida,
y con el sentimiento de mi muerte,
tiranizada de otro ajeno dueño,
para darte a entender, que por la causa
muero también con loco atrevimiento.
Aquí quise esconderme y esperarte,
dame por premio y fin de mi esperanza,
y de lo que te quise, Isabel mía,
un abrazo no más.


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DOÑA ISABEL

¡Ha visto el suelo
más estraño suceso!


MARSILLA

Acaba, acaba,
hazme este bien por último.


DOÑA ISABEL

Marsilla,
los cielos saben bien, que te he querido
con el mayor amor que ha visto el mundo,
las nuevas de tu muerte, me la dieron
en el gusto, en el bien y en la esperanza,
y teniendo por ciertas estas nuevas
mi padre me apretó con llanto y ruegos,
a que diese la mano a don Gonzalo,
o que sino su muerte lloraría.
Y viendo el imposible de gozarte
el sí le di, por no llorar su muerte;
pero fue condición, que hasta que el plazo
se cumpliese, y dos horas, no le había
de dar la mano a don Gonzalo; quiso
la suerte, que tardases las dos horas,
ya que el plazo pasaba di la mano,
que fue, sin duda, fuerza del Planeta;
ya es mi esposo Marsilla, don Gonzalo
perdóname, si el gusto que me pides
no te le puedo dar como quisiera,
que no le he de ofender por ningún modo.


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MARSILLA

Pues con la muerte no me falta todo.

(Cae muerto MARSILLA.)


DOÑA ISABEL

Muerto sin duda ha caído
con la celosa pasión.
¡Qué notable confusión!
Sin mí estoy, perdió el sentido.
Ningunas señales tiene
de vida, perdió el aliento,
aun no solicita el viento:
¿qué haré? Don Gonzalo viene.

(Sale DON GONZALO.)

DON GONZALO

Dueño de mi bien, ¿qué hacéis?


DOÑA ISABEL

Hame sucedido, esposo,
el caso más espantoso
que vio el mundo.


DON GONZALO

No os espantéis.
Contadme el suceso amor.


DOÑA ISABEL

Ese que tienes delante
es Marsilla, no te espante
verle muerto aquí, señor,
que honor tuyo ha sido todo,
y todo en tu honor ha sido.


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DON GONZALO

¿De qué modo ha sucedido?


DOÑA ISABEL

Después sabrás de qué modo.
Ahora importa sacalle
de aquí.


DON GONZALO

¡Presagio mortal!
De su padre al mismo umbral,
en hombros quiero llevalle,
para que ninguno sienta
su muerte.


DOÑA ISABEL

Eso importa al punto
cargarte el cuerpo difunto,
que tu honor está a mi cuenta.


DON GONZALO

Mi bien las sospechas todas,
viendo tu rostro, ha vencido.

(Cargose el cuerpo DON GONZALO, y vase.)


DOÑA ISABEL

Desdichado agüero ha sido
en la noche de mis bodas.

(Vase,
y sale LAÍN con una hacha encendida,
y HIPÓLITO viejo padre de MARSILLA.)

HIPÓLITO

No hay descubrille, sin duda
que la celosa pasión,
que el fuego del corazón
para algún daño le ayuda.
No hay en todo Teruel,
y calle no hemos dejado,
que no hayamos caminado,
quien nos pueda decir dél.
Y en casa Rufino están
en el colmo de su boda,
que ha sido la causa toda
de sus desdichas, y van
del cielo las luces bellas
diciendo, que viene el alba
retirando a las estrellas.


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LAÍN

Ya están muy bajas las siete
cabrillas, bocina, y carro,
y sueño, cena, ni jarro,
fin de que lo me promete.
Durmiéndome voy, por Dios,
en pie.


HIPÓLITO

A casa, ser podrá
que Diego haya vuelto ya.


LAÍN

Desdichados sois los dos.


HIPÓLITO

Entra; quien hijos engendra
a esos cuidados se obliga.


LAÍN

No pienso quitarme liga
ni botón, que como almendra
en cáscara he de dormir.

(Van a entrar, y tropiezan en el cuerpo de MARSILLA.)

Mas, ¿qué es esto santos cielos,
que está tendido en el suelo,
y no vimos al salir?
Hombre difunto parece.


HIPÓLITO

¿Hombre a mi puerta difunto?


LAÍN

Es verdadero trasunto
de mi señor, que te ofrece
a su mismo original
la fortuna.


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HIPÓLITO

Este es Laín,
que a tan desdichado fin
le trujo el celoso mal,
Sin duda.


LAÍN

En ninguna parte
parece que herida tiene.


HIPÓLITO

Herido de celos viene.


LAÍN

No des en desconsolarte,
que quizá desmayo ha sido
de la pasión que le abrasa,
y al querer entrar en casa
vino a faltalle el sentido,
y ansí en el umbral cayó.


HIPÓLITO

Laín desmayo mortal
debe de ser por mi mal,
que para siempre le dio.


LAÍN

Llevarle quiero a la cama
en brazos, y allá quizá
con remedios volverá.


HIPÓLITO

Esta dicha de la fama.
¿De tus hechos esperé?
Ay hijo del alma mía,
llorando al alba del día
desde hoy acompañaré.
Aunque ya esta misma suerte
lloré con ansía mortal,
que como fiesta del mal
tuvo víspera su muerte.

(Vanse, y sale RUFINO y DRUSILA.)


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RUFINO

Drusila, ¿cómo han dormido
los novios?


DRUSILA

Muy bien señor.


RUFINO

Engendra la cama amor,
aunque es madre del olvido.
¿Qué han almorzado?


DRUSILA

Muy bien
de almorzar les envió
la madrina, en que mostró
su voluntad, y también
la largueza en el amor,
puesto que obligada estaba.


RUFINO

¿Qué hacen?


DRUSILA

Ya se levantaba
don Gonzalo mi señor.
Ruego a Dios que presto veas,
señor, un nieto con bien.


RUFINO

Para ti será también,
Drusila, el bien que deseas.
Don Gonzalo sale ya.

(Sale DON GONZALO.)

DON GONZALO

Aquí me aguarda mi suegro.


RUFINO

Oh hijo, con quien alegro
mi edad, que a la muerte va.
Dios os dé muy buenos días.


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DON GONZALO

Muy buenos se los dé Dios
a vuesa merced.


RUFINO

Lo serán con vos.


DRUSILA

Qué alegrías
hace el gusto en la vejez;
desdichado del que pierde
vida y dueño, y vio más verde
su esperanza alguna vez.
Oh infeliz y triste amante,
por dos horas solamente
el bien perdiste, y ausente
fuiste a un muerto semejante,
pues que llorando tu muerte,
aunque el ausencia es lo mismo.


DON GONZALO

Es mi amor profundo abismo,
no hay medirle.


RUFINO

Feliz suerte
mi hija ha tenido ahora.


DON GONZALO

Sólo yo el dichoso soy
que la merece.


DRUSILA

Yo voy
a vestir a mi señora.

(Vase DRUSILA,
y sale LAÍN con una loba de luto,
amortajado, cubierto el rostro.)

RUFINO

¿Qué es esto que viene aquí?
¿Quién en Teruel ha muerto,
que de luto tan cubierto
se entra en mi casa ansí?


DON GONZALO

Tu tristeza maravilla;
¿quién sois?


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RUFINO

Espantado estoy.


LAÍN

Un criado llorón soy
de Hipólito de Marsilla.


RUFINO

¿Murió?


LAÍN

No señor murió
su hijo.


RUFINO

¿No ha muchos días
que murió en las baterías
de la Goleta?


LAÍN

¿Trajo
Eso en Teruel, señor,
algún villano enemigo
suyo?


RUFINO

Ansí.


LAÍN

Él vino conmigo;
digo, yo con él, y amor
de repente le dio muerte
viendo su dicha mudada
por dos horas, y trocada,
ya su afición diferente.


RUFINO

Suspenso y sin seso estoy.


DON GONZALO

Disimular me conviene.


LAÍN

Mi triste persona viene
ahora a deciros, que hoy
se entierra, y suplicaros
de parte de mi señor
el viejo, le hagáis favor
de honrar su entierro, y hallaros
en sus obsequias, los días
que duren.


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RUFINO

Ay cosa igual.


LAÍN

En piedras harán señal
las tristes lágrimas mías.


RUFINO

De nuestra parte diréis
lo que su desdicha a todos
nos pesa, y por cuantos modos
con seguridad podéis
tenernos para serville,
que eso que le ha sucedido,
otra vez lo hemos sentido
como era razón sentille.
Y lo sentimos, decid,
de nuevo.


LAÍN

Adiós, quién pensara
de mi altivez que parara
en plañidera del Cid.

(Vase LAÍN.)


RUFINO

Confuso estoy, y admirado
de la novedad.


DON GONZALO

Yo estoy
contento.


RUFINO

Sin seso voy.


DON GONZALO

Yo alabo el bien de mi estado.


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(Vanse,
y salgan DRUSILA con un espejo,
y DOÑA ISABEL mirándose en él.)

DRUSILA

De amante, y de desdichado
ejemplo del mundo fue.


DOÑA ISABEL

Alza ese espejo, y veré
cómo me asienta el tocado.


DRUSILA

¡Qué mozo, en desdichas viejo,
qué fe jamás conocida!
¡Qué muerte enmedio su vida,
qué amor!


DOÑA ISABEL

Levanta ese espejo.


DRUSILA

¡Qué tragedia tan mortal,
qué temprana muerte fiera!


DOÑA ISABEL

Buena estoy desta manera.


DRUSILA

La gala y fe faltó en él.
Parece que no te agrada,
de alabar sus partes dejo.

(Caésele el espejo.)

válate Dios por espejo.


DOÑA ISABEL

¿Quebrose?


DRUSILA

No ha sido nada.


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DOÑA ISABEL

Nada decís, y el cristal
está mil pedazos hecho,
que ninguno es de provecho,
todo me sucede mal,
desde que me levanté,
que el espectáculo fiero,
que fue el presagio primero,
destos amenazas fue.

(Tocan una caja dentro ronca.)

Drusila ¿qué caja es esta
que se escucha destemplada?
¿Quién marcha, que al alma helada
con tan triste son molesta?
Asómate a ese balcón,
porque parece que pasa
por el umbral de mi casa;
¡qué triste y medroso son!


DRUSILA

Ya voy.

(Vase DRUSILA.)


DOÑA ISABEL

Mira qué suceso
pregona de aquesta suerte
aquesta voz de la muerte;
que no estoy en mí confieso.


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(Vuelve DRUSILA.)

DRUSILA

Ponte a la ventana,
y desde sus rejas
mirarás, señora,
la villa revuelta.
Mujeres, y niños
con lágrimas tiernas
esta calle ocupan,
y esotras despueblan.
Desde las ventanas
arrancan de pena
sus cabellos rubios
dueñas y doncellas.
Los viejos ancianos
van con la terneza,
en hebras de plata,
ensartando perlas.
Óyense suspiros,
que al aire penetran,
hasta el eco mismo
suspira en respuesta.
Destempladas cajas
desto el compás llevan,
que son en las muertes
llanto de la guerra.
Alrededor viene
gente de la Iglesia,
con capas de coro,
y amarilla cera.
Y haciendo sus voces
con las cajas mezcla,
los responsos mueven
estraña tristeza.
Luego más abajo
se ve por la tierra
de Moros vencidos
rendidas banderas.
Y en hombros de nobles,
con armas y espuelas,
un difunto armado
a usanza de guerra.
Alaridos tristes
del pueblo le cercan,
de que era bien quisto
muestras verdaderas.
Ya dicen las cajas,
que el entierro llega,
y el alma te dice
quien es el que entierran.


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(Tocan las cajas como a entierro.)

DOÑA ISABEL

¿No es este Drusila,
que desta manera
pasa por mis ojos
el que fue su estrella?
¿No es este aquel hombre,
que desde la escuela
me quiso veinte años
con tanta firmeza?
¿Y el que por mi causa
se partió a la guerra
a perder la vida,
y a ganar riqueza?
¿No es este aquel mismo
que quise en ausencia,
y murió en mis manos
de celosa pena?
¿Cómo estoy yo viva,
que mi vida es fuerza,
viendo muerto el dueño
que era causa della?
Sígueme Drusila,
o sola me deja,
que el muerto que pasa
el alma me lleva.


DRUSILA

En tu honor señora,
advierte.


DOÑA ISABEL

No vengas,
que no tendré vida
hasta verme muerta.


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(Vanse, y tocan cajas destempladas,
y salgan todos los que pudieren de luto,
RUFINO, DON GONZALO, HIPÓLITO MARSILLA,
y siéntense en unos bancos a los lados
y córrase un tafetán,
y parezca MARSILLA armado sobre un túmulo negro,
o con la celada en las manos,
y hachas a los lados, y DON JUAN.)

RUFINO

Comiencen de los oficios
las obsequias funerales,
de la Cristiana fue indicios.

(Sale DOÑA ISABEL con manto cubierta.)

DOÑA ISABEL

No respeta en casos tales
amor, vidas ni juicios.
(Dice echada sobre el difunto.)
Espérame dueño amado,
tanto de mi fe esperado,
que no es razón que el amor
tanto respete el honor,
pues me le han tiranizado.

(Abrázale.)

Ceñiré con brazo fuerte,
de firmeza no rompida,
tu pecho de aquesta suerte,
que lo que no quise en vida
te vengo a pagar en muerte.
También en la muerte dura
acompañando te voy,
y sepan todos que soy
doña Isabel de Sigura.

(Quédase muerta sobre MARSILLA.)


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DON GONZALO

¿Qué es esto, fortuna airada?,
¿qué es esto, infame mujer?
Pero castigue mi espada
tu error, pues te vengo a ver,
de quien me afrenta abrazada.


RUFINO

Deteneos don Gonzalo.


DON GONZALO

No te opongas a mi furia,
que a un toro celoso igualo.


RUFINO

No hay en los muertos injuria.


DON GONZALO

Ni en mi furor intervalo,
que está viva quien me ofende.


DON JUAN

Señora doña Isabel,
no me escucha, mire, entiende,
no hay apartalla; con él
sin duda morir pretende.
No se ha movido, ni da
señal de vida ninguna,
muerta como el muerto está,
son una helada coluna
su frente y sus manos ya.
Don Gonzalo, vuestra esposa
es muerta.


DON GONZALO

¡Estraña cosa!


RUFINO

¡Grande muestra de afición!


DON JUAN

Tanto puede la pasión.


DON GONZALO

Y mi estrella rigurosa.


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RUFINO

Don Gonzalo, no tenéis
que quejaros con furor,
que esta tragedia que veis,
y yo lloro, causa amor,
y aunque vos decir podéis,
que sois su esposo, en razón
de la amorosa pasión
los dos estaban prendados,
y en esperanza casados,
ya que no en la posesión.
Y así en un sepulcro, es bien
que sepultados estén,
y en mármol, que eterno viva
contra los tiempos, se escriba
este epitafio también.
Aquí yacen dos amantes
muertos juntos, al rigor
de los hados inconstantes,
semejantes en amor,
y en la muerte semejantes.
Porque del amor fïel
de Marsilla y de Isabel
digan lo que tantos vieron.


DON JUAN

Y este es el fin que tuvieron
los amantes de Teruel.

Fin01.jpg


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