Los consuelos: 21

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= XXI =


A la independencia argentina


Independencia al suelo americano.
Luca




Prestadme o sacras musas
vuestro divino aliento,
prestadme aquel acento
que resuena en los coros celestiales,
y haré que el corazón de los mortales,
de entusiasmo arrobado,
palpite como el mío en el instante,
y que ensalcen los libres el gran día
en que la patria mía
independiente, al fin, y soberana,
llena de gloria respiró triunfante.


Ni el trueno aterrador que se desata
de los preñados senos de la nube,
y retumbando fragoroso sube
y por el ancho espacio se dilata,
al espíritu flaco aterra tanto;
ni el mortífero rayo desprendido
del bronce comprimido,
que hiende por las filas y escuadrones,
con zumbido terrible,
es al débil soldado tan temible,
como son a los viles opresores
los vivas y clamores
que del foro argentino se levantan,
con tumultuoso grito y vehemencia,
alegres proclamando independencia;
y nada es tan gozoso
a los hijos del Plata
como el día de Julio venturoso.


Pudo en los siglos de ignorancia torpe,
en que el hombre adormido
sus sagrados derechos olvidaba,
con el salvaje bruto confundido,
dominar arrogante el despotismo;
mas luego que la ciencia
al espíritu humano iluminara
audaz se levantó la inteligencia,
y el coloso infernal que la abrumara
derrocose, humillado, al hondo abismo.


Así do quier los simulacros viles
de la opresión cayeron;
pues los humanos pechos, quebrantando
los vínculos serviles,
que su elación divina comprimían
en sacrosanto fuego se encendieron.


La libertad prendió en los corazones,
y do quier las estúpidas pasiones
al despotismo aciago entronizaron,
los rayos refulgentes
de los pechos ardientes,
que de divino soplo eran movidos,
al fiero despotismo destronaron.


Así fue en Grecia y Roma;
y en las comarcas todas de la tierra,
en incesante guerra,
la libertad al despotismo doma,
y do quiera que asoma
aquella victoriosa
las ciencias y las artes en las alas
del genio prepotente se subliman,
ostentando sus galas,
y todo es gloria, paz; felicidades,
y el genio de la guerra furibundo
su aterradora faz y sus maldades
hunde allá en los abismos del profundo.


Sólo entonces, inspirando
las musas al poeta, lanzó el canto
su profética voz por todo el orbe,
a los siglos atónitos marcando
sus futuros destinos,
y en versos peregrinos
los prodigios del genio eternizando.


Cantemos, pues cantemos
la independencia de la patria amada,
y con voz acordada,
a la aurora de julio celebremos.
Cantemos el gran día
que vio nuestras cadenas quebrantadas,
y del león humilladas
la arrogante cerviz y valentía.
Cantemos la agonía
del monstruo que oprimiera
la América inocente entre sus manos,
por tres centurias, y a la tierra diera
el ejemplo inaudito, en un instante,
del instable poder de los tiranos.


Cantemos el momento
en que a la faz del mundo y de la Patria,
con encanto juramos,
vivir independientes,
o con la sacra libertad valientes,
exhalar antes el postrer aliento.
Así el cóndor ostenta su alegría,
cuando con libertad gira su vuelo
por el inmenso cielo;
así el león en los bosques espaciosos,
con hórrido bramido,
y los seres que encierra el universo,
en su tosco lenguage no aprendido,
himnos entonan saludando el día
en que finó su largo cautiverio:
así lo canta el hombre que el imperio
sufrió de la opresión y tiranía.



Los consuelos de Esteban Echeverría

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