Los consuelos: 22

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= XXII =


Mi estado


Il est chez les vivants comme une lampe éteinte.
Hugo







Cual sombra vana, mis lozanos días
se han disipado, y ni vestigios quedan
de lo que fueron en su bella aurora,
mis verdes años.


Nada ha quedado a mi existencia frágil
mas que la herida del pesar tirano,
nada que pueda a mi infortunio triste
darle consuelo.


Como fantasma tétrico y sombrío
sin esperanza vago entre los hombres;
ningún prestigio o juvenil halago
brilla en mi frente.


Nada yo espero en el desierto mundo,
nada que endulce mis amargas penas,
y desolado el corazón marchito
ni aún amor siente.


¡Oh si sintiera cual sintió otro tiempo!
Amor al menos en el pecho triste
vierte halagando, como sierpe astuta,
dulce veneno.


Sólo el reposo de la tumba aguardo;
pero la muerte de mis crudas ansias,
ríe inclemente y a mi amargo lecho
lenta se acerca.


Cuento los días de aflicción cargados,
cuento las horas de pesar exentas,
y veo entonces que mejor sería
no haber nacido.


Pronto despojo de la muerte fiera
será mi cuerpo que en angustia gime,
dulce alimento a reptiles inmundos,
pasto a guzanos.


Y el fuego sacro que mi mente llena,
ansía sublime, inspiración divina,
don de las musas, como frágil humo,
va a disiparse.


Cuántas pasiones abrigó mi pecho,
cuánto elevado sentimiento cupo
en mi alma noble, a convertirse vuelven
en polvo y nada.



Los consuelos de Esteban Echeverría

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