Los consuelos: 35

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= XXXV = [1]


Coros


Fragmentos de un poema dramático


El canto de los espíritus, las bellas imágenes que inspiran, no son vanos prestigios.
Goethe




- I - El genio de las tinieblas

Fui engendrado y tuve el ser
en un abismo profundo,
y de allí vine del mundo
a llenar la inmensidad:
mi trono es de negras nubes,
y mi poderío extenso,
abarca el círculo inmenso
del ser y la eternidad.


Yo soy el alfa, el omega,
el principio y fin que encierra
cuanto en los orbes y tierra
es, ha sido, existirá:
todo, en los hondos abismos
de mi imperio tenebroso,
cual torbellino espantoso,
confundido se hundirá.


Enemigo de la lumbre,
mi cetro augusto levanto
entre tinieblas y espanto,
entre males y terror:
yo a los misterios presido
del infierno y de la muerte,
y la alegría convierte
mi influjo en llanto y dolor.


Yo los fugitivos pasos
del parricida encamino,
doy aliento al asesino,
infundo al bueno pavor:
torpes, inmundas caricias
las sepulto en el misterio,
y dirijo el adulterio
al casto lecho de amor.



- II - Espíritu del aire

El éter puro
es la morada,
do más se agrada
mi puro ser;
allí su trono
tiene asontado,
bajo azulado,
blanco dosel.


Forma invisible,
sutil criatura,
de la natura
potencia soy;
el vasto imperio
del aire es mío,
y a mi albedrío
leyes le doy.


En claras alas
de azul zafiro,
mi vuelo giro
yo sin cesar;
doy a las auras
su suave aliento,
impelo el viento
que agita al mar.


Mi esencia ocupa
todo el espacio,
desde el palacio
del que fue y es:
todo penetra,
rige y absorbe,
cuanto en el orbe
aéreo ves.



- III - Espíritu del agua

El mar insondable
es el elemento,
do tiene su asiento
mi vasto poder;
mi cetro potente
desde polo a polo
se dilata, y sólo
se hace obedecer.


Arbitro absoluto,
yo mando a las ondas
de sus simas hondas
soberbias salir;
su tremenda mole
sostengo en balanza,
y hago a la bonanza
grata sonreír.


Los ríos y mares
los lagos, las fuentes,
y raudos torrentes,
sujeto a mi ley;
las aguas que lanzan
las nubes del cielo,
inundando al suelo,
me tienen por rey.



- IV - Espíritu del fuego

La máquina portentosa
del universo acabada,
la natura sepultada
yacía en noche y sopor;
mas el fecundante labio
se abrió y dijo omnipotente:
la «luz sea» y brotó ardiente,
y se animó a su fulgor.


Yo soy la fuente perenne
inagotable de vida,
que por el orbe esparcida,
regenera la creación;
mi soberano poder
triunfa del genio nefando,
que sin cesar va sembrando,
la muerte y la destrucción.


De los despojos y escorias,
que hacinando va él impuras,
nuevos seres y criaturas
saco en mi puro crisol:
todo disuelvo y absorbo,
todo penetro y animo,
y hago fecundoso al limo
con los rayos de mi sol.



- V - El fuego fatuo

Hijo brillante
de impuro lodo,
por raro modo
yo tuve el ser;
y las tinieblas
puro me vieron,
y me acogieron
desde el nacer.


Diéronme abrigo
en sus guaridas,
compadecidas
de mi orfandad;
y desde entonces
yo vivo errando,
y acompañando
su soledad.


No temas nada
de un desvalido,
tú que perdido
mueves el pie;
soy inocente,
ven, el camino
de tu destino
te alumbraré.


Mi vida es soplo
de fuego vano,
que vaga insano
sin reposar:
brilla en la noche,
se encubre al día,
con noche umbría
vuelve a brillar.


Guarte; la noche
de mil acasos,
siembra los pasos
del viajador;
Guarte; en mil redes
sus pies enlaza...
Sigue la traza
de mi fulgor.


Ven, si te place,
más de un arcano,
que ojo profano
nunca alcanzó,
verás, patente,
cuánto misterio,
bajo su imperio,
la noche crió.


La mortal venda
que cubre infausta
tu vista exhausta
yo arrancaré;
sigue mi lumbre,
ven sin recelo
tu ardiente anhelo
yo colmaré.


Notas del autor[editar]

  1. Pareciéndome que no carecen de mérito he sacado estos trozos líricos de un poema dramático, en el cual a ejemplo de Byron, Goethe, etc., he introducido algunos seres fantásticos.



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