Los mártires del Japón: 050

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Los mártires del Japón Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


 

TAYCO:

  Padre, que este nombre debo
a tu amor y a tu crianza,
pues por ti mi vida alcanza
nueva virtud y ser nuevo;
  una cosa no me enseñas:
sin ti la vi, y aprendiendo
que la siento y no la entiendo:
mas dirétela por señas:
  vi la divina belleza
de la que llamas mujer,
donde abrevió su poder
la madre naturaleza.
  Sentí, al verla, una pasión,
un cuidado, unos antojos,
que parece que a los ojos
se asomaba el corazón.
  En su presencia sentía
un placer si me miraba,
un dolor si se ausentaba,
una gloria si me vía.
  Vivo, cuando estoy sin ella,
con tristeza y con cuidado,
y el pecho, regocijado,
salta cuando vuelvo a ella.
  El corazón, si la veo,
todo es placer, todo gloria,
y si no, con la memoria
la imagino y la deseo.
  Dime, ¿qué es este temor
y esta animada osadía,
esta pena y alegría,
esta vida y muerte?


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