Los prados de León: 002

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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Los Prados de León iniciaron su genealogía en un don Nuño de Prado, llamado así por haber sido hallado, de recién nacido, por el rey don Bermudo, en un prado «de flores lleno». El rey lo entregó para su crianza a unos labradores, y cuando renunció don Bermudo a la corona en don Alfonso «el Casto», recomendolo muy encarecidamente que recogiese y favoreciese a Nuño del Prado, cuyo misterioso hallazgo le refirió. Nuño, ya mancebo y viviendo aún la existencia patriarcal de los campesinos, se enamoró de la hermosísima Nise, pastora igualmente hallada en abandono, de niña. Nuño de Prado llega a ser el brazo derecho del rey, excitando así las envidias y falsedades de los cortesanos. Se enamora de él la infanta doña Blanca, a la que él desdeña siempre, fiel a su Nise. Infanta despechada y cortesanos envidiosos lo gran persuadir al rey de que Nuño le engaña con los musulmanes. Don Alfonso destierra a Nuño. Pero al cabo todo se arregla. Nise resulta una princesa, hija natural de doña Leonor, tía del rey, y de un conde de Castilla. Y Nuño de Prado, según declara a tiempo el labrador Mendo, que le crió cariñosamente, es nada menos que hermano del rey, hijo del rey Fruela, que lo tuvo con una hermosa aldeana de un pintoresco pueblecillo de poético nombre: Flor.
Como fácilmente se entiende, el argumento es una pura invención, con ciertos anacronismos sumamente graciosos, como el uso en pleno siglo VIII de grandes carrozas barrocas y ciertos giros y modismos de un renacentismo decaído.
Delicioso de poesía lírica es el primer acto, que se desarrolla en una aldea donde viven felices los campesinos, [346] y entre ellos los platónicos enamorados Nise y Nuño Tello. Acto en que Lope ensalza la vida rústica, ni más ni menos que un fray Luis de León...