Los prados de León (Versión para imprimir)

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Prólogo
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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Nota preliminar
Es ésta una de sus obras dramáticas de las que más se enorgullecía Lope. En el prólogo dialogístico de la Parte XVI de sus comedias, habla Lope por boca del Teatro y dice: «Mirad a quién alabáis, El Perseo, El Laberinto, Los Prados, El Adonis y Felisarda, están de suerte escritas, que parece que se detuvo en ellas.» Y añade Menéndez y Pelayo: «Respecto de Los Prados, tal predilección es justa si se atiende a la frescura poética con que la obra está concebida, y ejecutada, y al prestigio irresistible de la versificación.» Y Schack corrobora que nadie como Lope ha sabido pintar y cantar tan hermosamente los tiempos del primer renacimiento de la monarquía hispanocristiana.
La famosa comedia Los Prados de León está situada en la segunda lista de El peregrino en su patria e impresa en la Parte XVI -Madrid, 1621- de las comedias de Lope. En este volumen va dedicada la obra al duque de Huéscar.
Realmente apenas hay una parte histórica en Los Prados de León. Sí hay unos personajes históricos: los reyes don Bermudo y don Alfonso II, «el Casto». Pero las acciones de estos dos únicos históricos personajes nada tienen que ver con la historia. De cuento popular y genealógico ha sido calificada también esta historia.


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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Los Prados de León iniciaron su genealogía en un don Nuño de Prado, llamado así por haber sido hallado, de recién nacido, por el rey don Bermudo, en un prado «de flores lleno». El rey lo entregó para su crianza a unos labradores, y cuando renunció don Bermudo a la corona en don Alfonso «el Casto», recomendolo muy encarecidamente que recogiese y favoreciese a Nuño del Prado, cuyo misterioso hallazgo le refirió. Nuño, ya mancebo y viviendo aún la existencia patriarcal de los campesinos, se enamoró de la hermosísima Nise, pastora igualmente hallada en abandono, de niña. Nuño de Prado llega a ser el brazo derecho del rey, excitando así las envidias y falsedades de los cortesanos. Se enamora de él la infanta doña Blanca, a la que él desdeña siempre, fiel a su Nise. Infanta despechada y cortesanos envidiosos lo gran persuadir al rey de que Nuño le engaña con los musulmanes. Don Alfonso destierra a Nuño. Pero al cabo todo se arregla. Nise resulta una princesa, hija natural de doña Leonor, tía del rey, y de un conde de Castilla. Y Nuño de Prado, según declara a tiempo el labrador Mendo, que le crió cariñosamente, es nada menos que hermano del rey, hijo del rey Fruela, que lo tuvo con una hermosa aldeana de un pintoresco pueblecillo de poético nombre: Flor.
Como fácilmente se entiende, el argumento es una pura invención, con ciertos anacronismos sumamente graciosos, como el uso en pleno siglo VIII de grandes carrozas barrocas y ciertos giros y modismos de un renacentismo decaído.
Delicioso de poesía lírica es el primer acto, que se desarrolla en una aldea donde viven felices los campesinos, [346] y entre ellos los platónicos enamorados Nise y Nuño Tello. Acto en que Lope ensalza la vida rústica, ni más ni menos que un fray Luis de León...


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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

 


NISE. Bajar, Nuño querido,contigo destos montes a estas huertas,en el abril florido,a ver las rosas a la aurora abiertas...Ver al junio la frutacolgar de aquestas ramas sazonada,en el invierno enjutala verde pera y carmesí granada,a tu dichoso lado,no es envidioso bien, sino envidiado... En este primer acto, el cortesanísimo Lope nos descubre toda la reacción que producía en su sensibilidad la descansada y sencilla vida del campo, toda la fuerza con que sabe pintar -joyante- los amores y los celos rústicos, los bailes y canciones campesinos, el hechizo íntimo de cada hora en un ambiente limpio en el que el tiempo se desvive con éxtasis, las gracias y los chistes que delatan su ingenio debajo de las palabras torpes. Resulta sumamente interesante el cotejo de los finales del primero y del segundo actos. Al fin de aquél, el rey transforma al villano Nuño en cortesano. Al fin de éste, el rey destierra al cortesano, no sin antes haberle reducido a su condición de rústico. Deja ese traje villano,y toma el de caballero;ceñirte la espada quiero,Nuño, de mi propia mano...
Declama don Alfonso «el Casto» al fin de la primera jornada. Y, declama, al fin de la segunda: ¡Vuelve, villano y perjuro,al azadón y al arado!Pon a tus bueyes el yugo...Yo, que te ceñí la espada,te la desciño, y renunciola nobleza que te di. Los Prados de León es una de las obras de Lope con más quilates de oro lírico. Apenas hay una escena donde no nos sorprenda una imagen incomparable engastada en la música más inolvidable de una melodía infinita. Ciertas cancioncillas con reminiscencias populares excitan la emoción más viva:
Dadme vuestra mano;vámonos, mi vida,a la mar, que tengocuatro naves mías. ¡Ay Dios, que me fuerzan!¡Ay Dios, que me obligan!Tómala en los brazos,y a la mar camina.


Dedicatoria
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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Comedia dedicada a don Fernando Jacinto de Toledo, Duque de Huéscar
¿A quién se podían dirigir unos Prados, como a un hijo del Alba, pues tantos poetas de la antigüedad dieron este nombre al rocío, mayormente siendo tan estériles y incultos, como labrados de mi rudo ingenio? Pero, pues ningunos dan flores sin el beneficio del cielo en el principio del día, ¿qué cosa pude hacer más acertada para que las tengan, que dirigirlos a Vueseñoría, en cuyo nacimiento, como del Sol en Alba (sirviendo a su Excelentísimo padre), escribí versos? Dios guarde a Vueseñoría.

FÉLIX LOPE DE VEGA CARPIO.


Elenco
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Los prados de León Félix Lope de Vega y Carpio


Los prados de León

Félix Lope de Vega y Carpio

Los que hablan en ella son los siguientes:

 



EL REY BERMUDO
ARIAS BUSTOS
TRISTÁN GODO
NUÑO DE PRADO
NISE
SILVERIO, labrador


BATO
LUCINDO
EL CONDE DON SANCHO
EL REY DON ALFONSO EL CASTO
DOÑA BLANCA


DOÑA JIMENA
ORDOÑO, soldado
VELA, capitán
MENDO, labrador
FERNÁN NÚÑEZ, embajador


DÓRIDA
MARCIA
UN PORTERO
Músicos
Acompañamiento




Acto I Escena I
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Sala en el real alcázar de León.
EL REY BERMUDO, DON ARIAS, TRISTÁN.
REY:

  Vasallos, no hay que tratar:
yo envío por mi sobrino;
mi sobrino ha de reinar.

DON ARIAS:

Señor, don Alfonso es dino
de ocupar vuestro lugar:
  pero mientras vos vivís,
¿por qué razón?, ¿por qué ley?

REY:

Don Arias, ¡vos me argüís!

DON ARIAS:

Tenemos en vos buen rey.
No os espantéis.


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REY:

Bien decís;
  pero si estoy ordenado
de Evangelio, y por la muerte
de Mauregato he dejado,
aunque la ocasión es fuerte,
aquel hábito sagrado;
  si con la reina Emilena
me casé por vuestro gusto,
que a veces lo injusto ordena,
bien sabe Dios mi disgusto,
y es buen testigo mi pena.
  Ya que dos hijos os dejo,
y ella queda en religión,
¿paréceos que es mal consejo
que reine Alfonso en León,
de virtud heroica espejo?
  Alfonso, como sabéis,
fue hijo del rey Fruela,
y su reino le volvéis;
no porque a mí por cautela
en su lugar me tenéis,
  pues que Mauregato ha sido
quien el reino le ha quitado,
y por quien siempre ha vivido
en Navarra desterrado,
y sin razón perseguido.
  Dos años reiné en León;
a Ramiro y a García
os dejo de bendición;
pero, de un año y un día,
muy pequeños reyes son:
  fuera de que a mi sobrino
le toca el reino, y no a ellos.


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TRISTÁN:

Es un hecho peregrino
en Alfonso, en ti y en ellos,
y más que humano, divino:
  y ansí no será razón
ir contra la tuya en esto.

REY:

Si Alfonso en esta ocasión,
por ser tan casto y honesto
como se tiene opinión,
  hijos no tuviere, creo
que os será bueno Ramiro,
aunque de un año le veo;
porque de velle me admiro,
si no me engaña el deseo.
  Un moro ayer me decía
que Ramiro y don García
serán reyes; mas yo sé
que no es conforme a la fe
tenerla en astrología:
  Dios da reinos, Dios vitorias.
Hidalgos, Alfonso es bueno:
reine Alfonso.

DON ARIAS:

A tantas glorias,
de que está tu nombre lleno
con inmortales memorias,
  ésta faltaba no más.
¿Quién mandas vaya por él?


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REY:

Arias amigo, tú irás;
que yo sé bien que con él
no poco alegre vendrás.
  Y vaya Tristán contigo,
pues es tu deudo y amigo,
si te parece.

DON ARIAS:

Señor,
de tu virtud y valor
es todo el mundo testigo.
  Seis batallas has vencido
en dos años que has reinado.
El reino hallaste perdido;
porque como fue comprado,
andaba también vendido.
  Grandes desdichas causó
el tirano Mauregato,
que con los moros trató;
porque de aquel falso trato
todo este daño nació.
  Contra los justos decoros
de cristianos, dio a los moros
nuestras hijas (¡feudo y parias
injustas!) y en partes varias
distribuyó sus tesoros.
  Mucho en poco tiempo has hecho;
más se esperaba de ti;
pero pues tu santo pecho
quiere proceder ansí
y dar a Alfonso el derecho,
  no me parece razón
replicar a tu intención
justa, santa, noble y cuerda;
pues ya que un Bermudo pierda,
gana un Alfonso León.


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TRISTÁN:

  Si él es tal como el primero,
que Católico se llama,
gran bien de su reino espero.

REY:

A no ser cierta la fama
de que es tan gran caballero,
  no os quiero, amigos, tan mal,
que os diera un rey desigual
al que decís que tenéis;
pero en Alfonso hallaréis
vivo un sujeto real.
  Yo desde aquí me resuelvo
en que a mis órdenes vuelvo.
Dios es Rey sobre los reyes:
adoro sus santas leyes,
y de su ofensa me absuelvo.
  Quien piensa en el bien que encierra
ser rey en el mundo, yerra;
querer es más justo celo
reinar con Dios en el cielo,
que no sin Dios en la tierra.
(Vanse.)


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Escena II
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Campo y fuente en las inmediaciones de una aldea.
NUÑO, de labrador, solo.
NUÑO:

  Verdes y ásperas sierras,
montañas de León, claros testigos
de aquellas fieras guerras,
inmensas peñas, árboles amigos,
que fuistes barbacanas
contra tantas banderas africanas:
  selvas, profundos valles,
arroyos cristalinos, que corriendo
por arenosas calles
hacéis un dulce y agradable estruendo,
y no como algún día
que humor sangriento ese cristal teñía:
  claras, músicas aves,
que al órgano del agua sonorosa
cantáis versos suaves,
entonando sus ondas la amorosa
mano del vago viento,
que forma en ellas tan acorde acento:
  ¿cuál labrador del campo
desta pequeña aunque dichosa aldea
en la arena que estampo,
hoy puede ser que tan dichoso sea?
Pero agravio mi gloria
si mis iguales traigo a la memoria.


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NUÑO:

  Entren los altos reyes
que en cerco de oro sus cabezas ponen,
dando y quitando leyes
(los príncipes, los césares perdonen):
oro vista, oro pise
el rey, y a mí no más me quiera Nise.
  Baja la blanca aurora
por la escala de lirios y azucenas
al suelo, y borda y dora
los prados de sus lágrimas, y llenas
las parvas, la ribera
en tapetes de plata al sol espera.
  Entonces Nuño a Nise,
más bella, más florida y más gallarda,
sin que el alba me avise
que viene el sol del alma que la aguarda,
y en la mañana fría
me parece su luz sereno día.
  Viene la noche oscura,
vase a bañar el sol al mar de España;
y el mío alumbra y dura
la vida en mí la noche en la montaña;
y cuando no la veo,
en sueños me la muestra mi deseo.


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Escena III
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NISE, sin ver a NUÑO, que tampoco la ve.
NISE:

  Si de mi traje humilde
piensa igualarme desta sierra alguna,
verdes montes, decilde
que soy a quien ha dado la fortuna
el bien de mayor gloria
que cupo en majestad, ni sabe historia.
  No causan el contento
del alma altos palacios, paños de oro;
no el arca al avariento
que no puede moverla del tesoro,
ni los jardines bellos,
ni las fuentes de jaspe y bronce en ellos.
  No la espléndida mesa,
no ardiendo el ámbar que a los cielos sube,
ni confusa y espesa
alrededor la bulliciosa nube
de idólatras criados,
de envidia y de lisonja acompañados;
  que en la humildad habita
tal vez el gusto, y en amor pagado:
amor, que facilita
el curso de la vida más cansado.


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NISE:

Sobre al príncipe el oro,
mientras a un labrador del alma adoro.
  Bajar, Nuño querido,
contigo destos montes a estas huertas
en el abril florido
a ver las rosas a la aurora abiertas,
¿qué reino igualar puede?
Todos los bienes de la tierra excede.
  Ver al junio la fruta
colgar de aquestas ramas sazonada,
en el invierno enjuta
la verde pera y carmesí granada,
a tu dichoso lado,
no es envidioso bien, sino envidiado.
  Caen los chopos altos
en el fuego el invierno, y de su adorno
los secos fresnos faltos,
y estamos dellos a la lumbre en torno
con nuestros padres viejos,
ya escuchando consejas, ya consejos.
  Pues ¿qué mayor ventura
pueden allá tener los cortesanos,
que de oro y plata pura
hinchen, no el alma, las sedientas manos?
Mas a tanta alegría
falta, ¡ay de mí!, de nuestra boda el día.


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NUÑO:

(Aparte.)
Parece que las flores
me están diciendo que mi Nise hermosa
las hurta las colores.

NISE:

 (Aparte.)
Paréceme que el agua bulliciosa
a mi Nuño me nombra.

NUÑO:

Aquí está Nise, porque el sol es sombra.

NISE:

  ¡Nuño del alma mía!

NUÑO:

¡Hermosa prenda destos brazos!

NISE:

Tente.
Demos esta alegría,
mas, poco a poco, al alma.

NUÑO:

En esta fuente
te miré retratada,
o fuiste de mis penas dibujada.

NISE:

  Ya de tu voz los ecos
que resurtían a mi alegre oído,
y el ver los prados secos,
la capa al hombro del abril florido,
me avisaban que estabas
donde esta primavera al campo dabas.
  ¿Cómo, Nuño, pasaste
esta noche sin mí?


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NUÑO:

Cual pasar suele,
hasta que en rojo engaste
la cara asoma el sol para que vuele,
el pájaro escondido,
que estaba solo en el desierto nido.
  No suele el solitario
llorar la ausencia del hermoso día,
ni de su acento vario
cesar del ruiseñor el armonía,
cual yo las tristes horas
que esperé de tus ojos dos auroras.
  Mas como del barbecho
parda calandria alegre se levanta,
y con vuelo derecho
se sostiene en el aire, silba y canta
mil requiebros al día,
ansí viendo tu sol mostré alegría.

NISE:

  Pues ¿ves la oscura sombra
que al partirse del sol hace a estos prados
este monte que asombra
la plata a estos arroyos delicados?
La misma el alma cubre
hasta que el alba de tu sol descubre.
  Y como duerme el preso
entre la oscuridad y las prisiones
esperando el suceso,
estoy entre dudosas confusiones
y entre hierros de celos
hasta que traigan tu beldad los cielos.


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NUÑO:

  ¿Podría, Nise hermosa,
la fortuna mudable hacer de suerte
que fueses de otro esposa?

NISE:

Ninguna cosa contra amor es fuerte;
porque si le importuna,
arrastra del cabello a la fortuna.
  Mas, tú si en otro estado
te pusiese el discurso de los cielos,
esta fe que me has dado,
¿podría faltar en ti?

NUÑO:

Solos los celos
podrán, al amor mío,
volver atrás, y de su curso el río;
  no las varias mudanzas
que el tiempo hace en las humanas cosas.

NISE:

Mejores esperanzas
te da mi amor.

NUÑO:

Las dudas temerosas
de celos me atormentan.

NISE:

Pues yo pienso que entonces le acrecientan.


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Escena IV
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SILVERIO, NUÑO, NISE.
SILVERIO:

  (Aparte.)
¡Que nunca quiere mi suerte
¡que esté sola la ocasión
de mi celosa afición
y de mi temprana muerte!
¡Que siempre tengo de verte
como vid que al olmo enlaza!
¿Qué vano edificio traza
esta esperanza engañosa,
que ve el morir, y celosa
el ligero viento abraza?
  Dolores habrá probado
algún enfermo y sufrido,
la medicina el herido,
y el fuego ardiente el soldado;
pero todo, comparado
a cuidados que dan celos,
no hay dolor, fuego ni hielos
que tenga tanto rigor
como este infierno de amor
a que condenan los cielos.
  Primero pienso que pise
flores al prado en diciembre,
y que por agosto siembre,
que divididos divise
a Nuño y su bella Nise.
Mas, pues amor me fastidia,
y como toro me lidia,
yo venceré su rigor,
porque dos que junta amor
suele dividir la envidia


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NUÑO:

  (Aparte a NISE.)
Éste es Silverio : deténte,
pues que sus celos conoces.

NISE:

Gritos, relinchos y voces
suenan Nuño, de la gente
que va por agua a la fuente.

NUÑO:

Sin duda, hay baile esta tarde.

NISE:

¿Quieres tú, mi bien, que aguarde?

NUÑO:

Aguarda; que aunque los cielos
hacen cobardes los celos,
nunca el amor fue cobarde.


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Escena V
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DÓRIDA y MARCIA, con cantarillos; BATO, LUCINDO, MÚSICOS, NUÑO, NISE, SILVERIO.
BATO:

  Deja, Dórida, por Dios,
la cantarilla.

DÓRIDA:

No haré.

BATO:

O suelta, o la quebraré.

MARCIA:

Pesados estáis los dos.

LUCINDO:

  Más vosotras, pues queréis
salir sin bailar del prado.

DÓRIDA:

¡Ah Bato!, no seas pesado.

BATO:

¡Donaire, por Dios, tenéis!
  O quiebro, o bailen.

MARCIA:

Espera;
que Nise está allí también.

LUCINDO:

Nadie bailará más bien.


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MARCIA:

Pues como ella bailar quiera,
  hoy habrá baile en la fuente.

BATO:

Nise, a la fuente ha llegado
todo lo mejor del Prado.

NISE:

A fe que hay honrada gente.

BATO:

  Si tú bailas, bailarán.

NISE:

Por mí, Bato, no dejéis
la fiesta; pero ¿no veis
a Silverio?

LUCINDO:

¡Hola, bausán!
  ¿Qué haces fuera de ti?

SILVERIO:

¡Oh Lucindo!, daba al viento
las alas del pensamiento,
que va volando sin mí.

LUCINDO:

  Vuelve los ojos al prado,
verás la flor de la aldea.

SILVERIO:

Para bien de todos sea
el haberos hoy juntado.
  Ea, no cese por mí
el baile y conversación.


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BATO:

¿Bailarás?

SILVERIO:

Bailaré al son
de la mudanza que vi.

NISE:

(A ÑUÑO.)
¿Quieres que baile?

NUÑO:

Pues ¿no?,
¿si de no querer bailar,
darías que murmurar
que te lo mandaba yo?

UN MÚSICO:

  ¿Qué son habemos de hacer?

LUCINDO:

Uno que andemos en corro.

MÚSICO:

Va de letra.

BATO:

Ya me ahorro.

NUÑO:

Advertid que esto ha de ser
  con la justa honestidad,
y no ha de abrazar ninguno.

SILVERIO:

Y cuando abrazase alguno,
¿no se usa en la ciudad?,
  ¿lleva el rey deso alcabala?


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NUÑO:

Si alguno la diese abrazos
a bien sé yo quién, mis brazos
se la darán noramala.

BATO:

  Para los que han de bailar
es eso helarles los pies.

LUCINDO:

Baila, Bato; que después
lo podéis averiguar.

SILVERIO:

 (Aparte.)
¿Que esto tengo de sufrir?
Mas ¿cuándo, celos, no ha sido
cobarde un aborrecido?

MARCIA:

Esto ¿es bailar o reñir?
  Tocá, y dejaos de razones.
(Pónese en el puesto.)

BATO:

Comer, bailar y rascar,
Marcia, todo es comenzar.
¡Presto en el puesto te pones!
  Músico me has parecido;
que para helle cantar,
de rodillas se han de hincar,
y él se está tieso y erguido;
  mas en comenzando el canto,
Dios lo puede remediar;
que para helle callar
es menester otro tanto.


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MÚSICO:

  Ya va de canción.

LUCINDO:

Comienza
que de celos mal sufridos
están los montes corridos
y las fuentes con vergüenza.

MÚSICO:

 (Cantan y tocan.)
  Reverencia os hago,
linda vizcaína;
que no hay en Vitoria
doncella más linda.
Lleváisla del alma
que esos ojos mira,
y esas blancas tocas
son prisiones ricas.
Más preciara haceros
mi querida amiga,
que vencer los moros
que a Navarra lidian.
Id con Dios, el Conde:
mirad que soy niña,
y he miedo a los hombres
que andan en la villa.
Si me ve mi madre,
a fe que me riña.
Yo no trato en almas,
sino en almohadillas.
Dadme vuestra mano;
vámonos, mi vida,
a la mar, que tengo
cuatro naves mías.
¡Ay Dios, que me fuerzan!
¡Ay Dios, que me obligan!
Tómala en los brazos,
y a la mar camina.


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(Bailando, cáesele a NISE una liga.)
SILVERIO:

  Esta liga se ha caído,
y no sé a cuál de las tres.

MARCIA:

No es mía.

DÓRIDA:

Ni mía es.

NUÑO:

Luego, Nise, tuya ha sido.
  Los claveles de tu cara
se anticipan a tu lengua.

NISE:

No callo porque fue mengua.

NUÑO:

Para el son, el baile para.
  Dame esa liga, Silverio.

SILVERIO:

En sabiendo cúya es,
la daré al dueño, y después
te diré que tanto imperio
  como tienes en el prado
ya no se puede sufrir.

NUÑO:

¿Tú me lo osarás decir!

SILVERIO:

Lo dicho es haber osado.


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NUÑO:

  Dale la liga a su dueño.

SILVERIO:

A su dueño es gran razón;
que otra más fuerte prisión
me liga y me quita el sueño.
  Díganme cuál de las tres
es el dueño.

NUÑO:

Eso no es justo.
Yo lo soy: hazme este gusto
de que la liga me des.

SILVERIO:

  ¡Tú el dueño! Vete con Dios.

NUÑO:

¿No bastará que te avise
que es de Nise?

SILVERIO:

Si es de Nise,
también será de los dos.

NUÑO:

  ¿Tuya, por qué?

SILVERIO:

Porque yo
pretendo lo que pretendes.

NUÑO:

Mira que su honor ofendes.


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SILVERIO:

Ninguno amando ofendió,
  por humilde que naciese.
Demás que bien puede ser
de otra serrana, y querer
que yo, Nuño, te la diese:
  y si no es viendo el lugar
de donde falta la liga,
nadie en el mundo me diga
que se la tengo de dar.

NUÑO:

  (Aparte a SILVERIO.)
Hazme un placer.

SILVERIO:

Que me place.

NUÑO:

Hoy quiero ser muy prudente
por Nise y por esta gente
que estorbo a mis brazos hace.
  Mañana, en el olivar
que está al salir de la aldea,
me aguarda.

SILVERIO:

En buen hora sea.
Yo gusto que haya lugar.

NUÑO:

  ¿Tienes tú espada?


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SILVERIO:

Yo no.

NUÑO:

Esta noche te daré
una de las mías.

SILVERIO:

No sé
si sabré jugarla yo.
  Lleva tú lo que quisieres;
que yo llevaré un bastón.

NUÑO:

Villano, en fin.

NISE:

(A NUÑO.)
No es razón
que ansí dejéis las mujeres.
  Mirad que es descortesía.

NUÑO:

Volvámonos a la aldea.

NISE:

(Aparte a NUÑO.)
¿Qué te ha dicho?

NUÑO:

Que no crea
que es tuya.

NISE:

La liga es mía,
  y yo se la pediré.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NUÑO:

No harás; que es darme pesar.
Volvamos, Nise, al lugar.

NISE:

Pues di: ¿cómo sufriré
  que éste se lleve mi liga,
donde por dicha se alabe
que yo se la di?

NUÑO:

Bien sabe,
Nise, que tu honor le obliga.
  Ea, si es que habéis henchidor,
volved a cantar, y vamos.

BATO:

(Aparte a LUCINDO.)
Cuenta con los dos tengamos.

LUCINDO:

Nuño va descolorido.

MÚSICO:

 (Cantan.)
  De vencer a los maricos
  volvía el rey de León...
(Vanse.)


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Escena VI
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Campo a vista de León.
EL REY BERMUDO, EL CONDE DON SANCHO.
REY:

  Qué, ¿viene ya tan cerca mi sobrino?

DON SANCHO:

Alguna gente de su gente ha entrado,
y dícenme que viene el rey muy cerca.

REY:

En venir don Alfonso tan seguro,
sin guarda, sin defensa, sin pedirme
otro pleito homenaje ni escrituras,
conozco la bondad de sus entrañas.

DON SANCHO:

Bien dices, gran señor, porque pudiera
pensar Alfonso que, pues tienes hijos
que si él falta te heredan justamente,
podrías con engaño persuadirle
que viniese a León para matarle;
mas él, que considera tus virtudes
y sabe la intención con que le llamas,
te paga en la debida confianza
con que viene sin guarda; que la tuya
es la mayor que Alfonso agora tiene.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

Pagara mal Alfonso mis deseos,
aunque agradezco que sin guarda venga,
si de mi voluntad no se fiara.

DON SANCHO:

Las coronas del mundo a mucho obligan.

REY:

No hay corona mayor que las verdades.
Quien no lo trata, Sancho, no la tiene.

DON SANCHO:

A muchos el reinar obliga a mucho.

REY:

Para perder la fama todo es poco.

DON SANCHO:

Las historias nos dicen de mil césares
que fueron homicidas de su sangre.

REY:

Por eso los infaman las historias,
y a los que procedieron como buenos
no se cansa la fama de alabarlos.

DON SANCHO:

El rey es éste.

REY:

Bien venido sea
para que mi virtud conozca y vea.


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Escena VII
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ALFONSO EL CASTO, TRISTÁN, DON ARIAS, DICHOS.
D. ALFONSO:

Déme los pies, señor, tu señoría.

TRISTÁN:

 (Aparte a ARIAS.)
Don Arias, señoría le ha llamado.

REY:

La tu merced, Alfonso, sea mil veces
bien venido a mis brazos y a su reino.

D. ARIAS:

(Aparte a TRISTÁN.)
De merced le llamó como a sobrino.

D. ARIAS:

Yo apostaré que llaman a los reyes
señoría, Tristán, de aquí adelante.

REY:

¿Cómo venís, sobrino?

D. ALFONSO:

A tu servicio.
Y tú, señor, ¿cómo te sientes?


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

Bueno,
gracias al que reparte tantos bienes
de aquella santa y generosa mano.
Ya que te ven mis ojos, decir puedo
que he visto el día de mi gran deseo;
y ansí de aquí a León atento escucha
las cosas que por mí quiero que hagas,
por si allá nos faltare tiempo, Alfonso;
que principios de reyes son confusos,
y ocuparán los días y las noches
hasta que pongas el gobierno en práctica,
que suele diferir de la teórica.

D. ALFONSO:

Yo soy tu hechura: aquí, señor, me tienes.

REY:

Óyeme un poco, Alfonso.

D. ALFONSO:

Ya te escucho;
que poco del que sabe importa mucho.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

  Sobrino, el rey Mauregato,
tu bastardo hermano fiero,
con armas y tiranía
te pudo quitar el reino.
Al rey de Navarra huiste,
y los leoneses sufrieron
el yugo de Mauregato
hasta que su muerte vieron,
después de la cual a mí,
que, como sabes, profeso
órdenes sacras, Alfonso,
y que cantaba Evangelio,
me hicieron su rey por fuerza,
y con Emilena hicieron
que casase. Al fin, dos años
fui casado y Rey ya es hecho.
El Papa tiene poder
después de Dios en el suelo,
pero no para quitar
a la justicia el derecho.
Casarme pudo, sobrino,
el sucesor de San Pedro;
pero no me da licencia
para que te quite el reino.
Yo he dejado a mi mujer,
y a mis órdenes me vuelvo;
porque mañana me pongo
la sotana y el manteo.
Tú reina; que el reino es tuyo;
sola una cosa te ruego
entre algunas encomiendas
que como amigo te dejo:
que mires por mis dos hijos,
Ramiro y García, haciendo
cuenta que son tuyos propios,
pues que te los doy tan tiernos.
Cuando te envié a llamar,
tenían, si bien me acuerdo,
Ramiro un año, y García
un día.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D. ALFONSO:

Señor, no quiero
que te enternezcas ansí;
que es poner duda en mi pecho:
y si la pones, señor,
goza mil años el reino.

REY:

No pongo, por Dios, Alfonso;
porque sólo me enternezco
de nombrar que son mis hijos,
y de añadir tan pequeños.
De lo que yo he de comer,
pues ha de ser tan honesto,
no quiero darte cuidado,
pues bastará, por lo menos,
que satisfagas las misas
que por tus padres y abuelos
diré como capellán;
que este nombre al de rey trueco.
No le faltará a Emilena,
también para su sustento:
que para ti sabrá hacer
labor en el monasterio.
Lo que te encomiendo mucho
es aquestos caballeros,
especialmente a don Arias,
que sabes que es nuestro deudo.
En lo demás, has de hacerme
una merced.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D. ALFONSO:

Si de nuevo
me queda que te ofrecer,
hasta el corazón te ofrezco.

REY:

A lo que te digo agora
quiero que estés muy atento;
que lo mismo que en mis hijos
puedes obligarme en esto.
Yo y mi hermano, el que llamaron
el Católico guerrero,
íbamos de Ardain y Muza
la retaguarda siguiendo
una víspera de Pascua
de flores, y entre unos fresnos
oímos quejas, Alfonso;
pasaron todos con miedo,
y yo con piedad; que siempre
fue virtud de que me precio.
A las quejas me acerqué,
puesto que siempre eran menos.
Cruzaba un arroyo manso
un prado de flores lleno,
cuya margen unos juncos
ceñían de trecho en trecho.
En lo más espeso de unos
las quejas escucho y siento,
y como ya estaban roncas,
algún espanto me dieron.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

Pensando que era culebra
o algún otro animal fiero.
lirios y juncos desvío
de la lanza con el cuento,
y veo desnudo un niño
que estaba arrojado en ellos,
que ansí como vio la lanza,
asió con la mano el hierro,
y con su fuerza tan débil
me la apartaba risueño,
como si dijera: «Mira
que me está aguardando el cielo.»
Apéome del caballo,
y como puedo le envuelvo
en lo que pude romper
de la camisa; tras esto,
en la casaca de tela,
que sobre las armas llevo,
a los leones bordados
el cordero niño entrego.
Ellos lo hicieron tan bien,
que sin llorar le pusieron
en una aldea, sobrino,
que no está de aquí muy lejos.
Allí le dejé a criar.
Su nombre y el de sus dueños
os diré, para que vaya
por él algún escudero.
Lo que os suplico, mi Alfonso,
es que le honréis, presumiendo
que nunca supe quién es
por la cruz que hoy ciño y beso.
Bien podéis, si os pareciere,
rey, armarle caballero;
que Dios, que me trajo allí,
le guarda para algún hecho.
Esto os encargo no más.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D. ALFONSO:

Señor, vos veréis que tengo
tan gran cuidado en serviros
que conozcáis satisfecho
que cumplo mi obligación.
Ramiro será heredero
de aquestos reinos, si vive;
que casarme no pretendo.
La reina lo será mía,
vos mi padre, y el mancebo
que me encargáis, tan mi hermano,
que hasta la sangre le ofrezco.
Vaya don Sancho por él.

REY:

Ve, Sancho, tráele corriendo.

D. ARIAS:

Al punto parto, señor.

REY:

Pues, Sancho, entre estos soberbios
montes está Flor, aldea
de las mejores que tengo.
Nuño es allí labrador,
su amo se llama Mendo.
Llámale Nuño de Prado,
pues en el prado que cuento
le hallé, cuando me tomó
la lanza, y miró riendo.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D. ARIAS:

Yo le iré luego a buscar.

D. ALFONSO:

Sancho, llevad gente luego,
porque a don Nuño de Prado
le deis acompañamiento;
que yo le quiero estimar
por hombre que ampara el cielo,
y que me encarga mi tío.

D. ARIAS:

Ya de León van saliendo
a recibirte, señor.

REY:

Da, Alfonso, contento al pueblo;
que al rey que no ve no ama,
y al que ve quiere en extremo.
(Vanse.)


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Escena VIII
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Un olivar.
NUÑO, con dos espadas, solo.
NUÑO:

  Aún no ha venido el villano
que me prometió venir
a ser honrado en morir
de mi hidalga y noble mano.
  Dos espadas he traído:
la una le quiero dar;
no digan en el lugar
que fue con ventaja herido;
  que donde no es conocida
la espada, sino el bastón,
presumirán que es traición
en el corte de la herida.
  ¡A mí traidor! ¡Vos a mí!
¡Vos liga de Nise! ¡Vos?...
Deshágome, ¡vive Dios!,
en ver que no viene aquí.
  Mas ya parece, o me engaño,
que baja destos enebros,
por donde dice requiebros
este arroyo o aquel castaño.
  ¿Si viene solo? No hará.
Mas venga con quien viniere.


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Escena IX
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SILVERIO, con un bastón; NUÑO.
SILVERIO:

(Dentro.)
Yo sé que cuando me espere,
su muerte esperando está.
  No venga nadie conmigo;
no me tenga Nuño en poco;
que no hay enemigo loco,
que tenga cuerdo enemigo.
(Sale.)

NUÑO:

  (Aparte.)
Ya viene aquí el ignorante,
cargado de su bastón.

SILVERIO:

(Aparte.)
¡Con qué extraña confusión
me espera Nuño arrogante!
  ¿Para qué, di, labrador,
con armas de cortesano
me esperas?

NUÑO:

No soy villano
más que en el trato y labor;
  en lo demás, soy tan bueno
como el que mejor hidalgo.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SILVERIO:

Yo como villano salgo,
y por traidor te condeno.
  Deja, labrador, la espada
de acero y agudo corte
para los hombres de Corte,
con la guarnición dorada.
  Reñir con espada y capa
se dice en común refrán,
no con espada y gabán.

NUÑO:

¡Con lindo achaque se escapa!
  Toma esa espada, villano.
No por ti, sino por mí,
te quiero matar ansí
como hidalgo cortesano.

SILVERIO:

  Que no soltaré el bastón,
te aseguro, por la espada.
Andemos a la puñada,
si te basta el corazón.
  Poco de tus fuerzas fías.

NUÑO:

Sí fío; pero repara
que no ha de tocar mi cara
hombre nacido en mis días.
  Alza la espada del suelo,
o mataréte.

SILVERIO:

¿A ver? Llega.


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Escena X
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NISE, BATO y LUCINDO, que se ponen en medio de NUÑO y SILVERIO.
NISE:

¿Qué desatino te ciega!

NUÑO:

Vino en tu favor el cielo.

BATO:

  Teneos enhoramala.

LUCINDO:

¡Espada, Nuño! ¿Eso más!

NISE:

¿Estos disgustos me das!

NUÑO:

Nadie en quererte me iguala.


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Escena XI
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DON SANCHO, MENDO, DICHOS.
MENDO:

  Aquí pienso le hallaréis.

NUÑO:

 (Aparte a ella.)
Mi amo, Nise.

NISE:

¡Qué de gente
baja con él a la fuente!

D. ARIAS:

Todos en buena hora estéis.
  ¿Quién es Nuño de vosotros?

NUÑO:

Yo, señor.

D. ARIAS:

El rey os llama.

NUÑO:

¡El rey a mí!

D. ARIAS:

Sí, que os ama
y que os iguala a nosotros.
  Los brazos, Nuño, me dad...
Mas llamaros me ha mandado
el rey don Nuño del Prado.
Venid luego a la ciudad;
  que os aguarda y quiere ver.

NUÑO:

¿A mí, señor? ¿Qué decís?

D. ARIAS:

Don Nuño, aquesto que oís.

NUÑO:

¡Don Nuño!

MENDO:

Bien puede ser;
  que si el principio supieses
de tu vida, es milagroso,
y ansí parece forzoso
que el fin, don Nuño, tuvieses.

NUÑO:

  ¡Vos don Nuño me llamáis!


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


MENDO:

Yo te llamo como el rey.

D. ARIAS:

Mirad que es hidalga ley
que al rey, don Nuño, sirváis.
  No me detengáis aquí.

NUÑO:

Mi ropa habré menester.

D. ARIAS:

Antes no, pues ha de ser
diferente.

NUÑO:

¿Cómo ansí?

D. ARIAS:

  Venid, y sabréis de espacio
vuestra dicha.

NUÑO:

(Aparte a ella.)
Nise mía,
no estaré sin verte un día,
si me da el rey su palacio.
  ¿Qué mandas para León?
¿Qué quieres de allá?

NISE:

No sé.

NUÑO:

No te entristezcas; mi fe
te ha dado satisfación
  de que serás mi mujer.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NISE:

Dios te me vuelva.

NUÑO:

Sí hará.

D. ARIAS:

Adiós, Mendo. Vamos ya.

NUÑO:

(Aparte a SILVERIO.)
Silverio, lo que has de hacer
  es venir aquí mañana
con término más de bien.

SILVERIO:

Con honda o con palo ven,
reñiré de buena gana;
  con espada, no me entiendo.
(Vanse DON SANCHO, NUÑO y MENDO.)


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Escena XII
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NISE, SILVERIO, LUCINDO, BATO.
BATO:

¡Válasme, Dios! ¿Qué será
llamarle el rey?

SILVERIO:

(Aparte.)
Triste está
Nise, y yo en celos ardiendo.

LUCINDO:

  El rey debió de saber
que este Nuño es caballero.

NISE:

(Aparte.)
Si él es caballero, hoy muero.

SILVERIO:

Por Dios, que debe de ser
  hijo de algún hidalgote;
que en su término se ve.

LUCINDO:

Algo puede ser que esté
debajo de aquel capote.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BATO:

  Yo he dado en lo que será.
Éste es grande cazador,
y este Nuño el que mejor
del monte informado está.
  Querrále el rey para guía.

SILVERIO:

Bato ha dicho la verdad.

NISE:

(Aparte.)
Si hoy se queda en la ciudad,
¡ay de la ventura mía!
  Bato, ¿conmigo no irás?

BATO:

Y ¡cómo que iré contigo!

SILVERIO:

Oye, Nise.

NISE:

Di, enemigo.

SILVERIO:

Que me mires, y no más.
(Vanse.)


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Escena XIII
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Sala en el alcázar de León.
DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA.
D.ª JIMENA:

  Esto dicen que trataban,
y fue don Sancho por él.

D.ª BLANCA:

Y ¿cuándo vendrá con él?

D.ª JIMENA:

Esta tarde le esperaban.

D.ª BLANCA:

  Muy sospechosos están
de que de Bermudo es hijo.

D.ª JIMENA:

Lo contrario a todos dijo.

D.ª BLANCA:

Vendrá con Nuño, galán.

D.ª JIMENA:

  No dejará de venir
a ver al rey como es justo.

D.ª BLANCA:

¿Es gentil hombre o robusto?

D.ª JIMENA:

Gentil hombre oí decir,
  aunque lo más ha pasado
de su vida en un aldea;
pero, cualquiera que sea,
va las damas te han casado.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D.ª BLANCA:

  A ti, Jimena, que en fin
eres hermana del rey,
¿no sería justa ley?

D.ª JIMENA:

No, cuando fuera el Delfín
  de Francia o el sucesor
del Imperio; que ya sabes,
como quien tiene las llaves
del alma en que está mi amor,
  el que a don Sancho le debo.

D.ª BLANCA:

Es el conde de Saldaña
la mejor sangre de España,
y este caballero nuevo
  aún no sabemos quién es.

D.ª JIMENA:

Yo te juro, Blanca amiga,
que presto el tiempo lo diga:
y porque avisada estés,
  sospecho que les oí
que te casabas con él.

D.ª BLANCA:

Ni sé lo que saben dél,
ni lo que piensan de mí,
  el rey es éste.

D.ª JIMENA:

Aguardemos,
porque a don Nuño veamos.


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Escena XIV
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


EL REY DON ALFONSO, DON ARIAS, TRISTÁN, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA; después, DON SANCHO y NUÑO.
D. ALFONSO:

Los amigos preguntamos
cosas con que no ofendemos.
  No me dijo más Bermudo.

D. ARIAS:

Por hijo suyo se tiene.

TRISTÁN:

Pienso que don Nuño viene.

D. ARIAS:

Él te dijo cuanto pudo.
(Salen NUÑO y DON SANCHO.)

D. ARIAS:

  (A NUÑO.)
Llega, bésale las manos.

D. ALFONSO:

¿Quién es?

D. ARIAS:

Don Nuño, señor.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NUÑO:

Nuño soy, un labrador
de los campos asturianos.
  Allí, señor, he vivido
desde que sentido tengo;
que agora que a verte vengo,
no sé si traigo sentido.
  Mendo, un pobre labrador,
en su labranza y cortijo,
con sospechas de su hijo,
me ha sustentado, señor.
  Esto sólo sé de mí;
mas no entiendo la razón
de venir a tu León,
ya que entre ovejas nací.

D. ALFONSO:

  Nuño, mi tío Bermudo,
rey como yo, me contó
que en unos prados te halló
niño, en sus yerbas desnudo.
  Como el reino me ha dejado,
entre otras cosas, me deja
tu persona; que él se aleja
del mundo a mejor estado.
  No me ha dicho más de ti
de que criarte mandó;
mas por lo que pienso yo,
igualarte quiero a mí.
  Deja ese traje villano,
y toma el de caballero:
ceñirte la espada quiero,
Nuño, de mi propia mano.
  Mucho he holgado de verte.
Besa a mi hermana la mano.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NUÑO:

Lo que en ser tu hechura gano,
mi imaginación me advierte.

D. ALFONSO:

  Para armarte caballero
conforme al fuero de España,
has de hacer alguna hazaña,
Nuño de Prado, primero.
  Muza dicen que ha venido
con más gente, y yo querría
resistir tanta osadía
como cuentan que ha tenido,
  porque no entiendan que vive
quien les daba los tesoros
y las hijas a los moros
por quien arrogante escribe.
  Irás conmigo; que quiero,
en prueba de tu valor,
darte con debido honor
las armas de caballero.
  Hermana Jimena, haced
mucha merced a este hidalgo.
Y vos, Blanca, honralde en algo.
(Habla el REY bajo con DON SANCHO.)


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NUÑO:

(A D.ª JIMENA.)
Déme los pies tu merced.

D.ª JIMENA:

  Alzaos, don Nuño; que yo
os estimo, como es justo.

D.ª BLANCA:

(Aparte a DOÑA JIMENA.)
¡Qué villano tan robusto!
Asco de velle me dio.

D.ª JIMENA:

  ¿No te agrada en borrador?

D.ª BLANCA:

Ni aun en limpio; que este prado
es mejor para el ganado
que para gustos de amor.

D.ª JIMENA:

  Mírale bien; que sospecho
que ha de ser tuyo.

D.ª BLANCA:

Ese día
se cuente la muerte mía,
y un áspid me abrase el pecho.

NUÑO:

  (Aparte.)
Esta dama me murmura,
y se burla de mi traje.


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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


D.ª BLANCA:

¡Yo casar con un salvaje!
Mejor me dé Dios ventura.

D.ª JIMENA:

  Calla, Blanca; que lo entiende.

NUÑO:

(Aparte.)
Todo lo que dijo oí,
el rey se va.

D. ALFONSO:

(A DON SANCHO.)
Haceldo así.

D.ª BLANCA:

Sólo en mirarme me ofende.

D.ª JIMENA:

  (Aparte a él.)
Sancho, hablar quiero contigo.

D. ARIAS:

Esta noche habrá lugar.
(Vanse todos, menos NUÑO.)


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Escena XV
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Los prados de León Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NUÑO, solo.
NUÑO:

El rey debe de tratar
casar a Blanca conmigo;
  que sin duda hay algo en mí,
que yo no entiendo, encubierto,
y que se ha burlado, es cierto,
la dama de verme así.
  Pues de una cosa, se avise:
que cuando fuera más rara
que el fénix, no la trocara
por una cinta de Nise.


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Acto II - Escena I
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, TRISTÁN.
D. ARIAS:

  Desde el instante que vi
este mancebo, Tristán,
tan gentil hombre y galán,
este suceso temí.
  Y no sin razón temía
desventura semejante,
porque no hay alma de amante
sin punta de profecía.
  Ves aquí que Alfonso reina,
y que a Jimena no casa,
porque no quiere en su casa
sombra de rey ni de reina.
  Ves aquí que un labrador
que ayer andaba al arado,
hoy es de Alfonso privado
y camarero mayor.
  Por lo que tiene encubierto,
hónrele el Rey; mas de suerte,
que la envidia no despierte
quien tanta privanza ha muerto.
  Si a mí me quita el oficio
y a ti la dama, Tristán,
el premio injusto le dan
del tuyo y de mi servicio.
  Pues quejarnos a Bermudo
es darle más ocasión
a que le tenga afición.
¿Quién será tan cuerdo y mudo?
  ¿Quién podrá disimular?
¿Quién servir con este ejemplo?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Cuando su virtud contemplo,
le pongo en mayor lugar;
  que ser sin duda ha mostrado
en la guerra, donde viene,
la sangre que oculta tiene,
más de palacio que prado.
  Quiso el rey que alguna hazana
don Nuño hiciese primero
que le armase caballero;
salió el Prado a la campaña,
  donde hizo tanto estrago,
que trajo al rey seis cabezas,
dejando con sus proezas
vuelta la campaña en lago.
  No dudes de que ha de ser,
si el principio al fin responde,
otro Pelayo. Pues ¿dónde.

D. ARIAS:

podré paciencia tener
  para que el rey tenga en poco
por su causa mi servicio,
y le dé mi propio oficio?

TRISTÁN:

Causa tengo de estar loco,
  aunque trato su alabanza,
porque al fin a Blanca adoro.
Diérale el rey su tesoro,
su amor, su justa privanza;
  pero a Blanca no le diera
con mano tan libre y franca,
porque en dejarme sin Blanca
grande pobreza me espera.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

  Tristán, el rey me ha quitado
la vida y honra por él:
no será hazaña cruel
marchitar a Nuño el prado.
  Dame esa mano, y confía
que yo le saque de aquí,
o no ha de haber fuerza en mí.

TRISTÁN:

Mano y fe desde este día,
  contra don Nuño te doy.

D. ARIAS:

Pensemos cómo ha de ser.

TRISTÁN:

Yo hablé a un escudero ayer,
de quien satisfecho estoy
  que hará cualquiera traición.

D. ARIAS:

No ha de haber sangre, Tristán
que esas industrias no dan
buen fin al dueño, en razón
  de clamar la sangre al cielo.
Yo tengo una carta...

TRISTÁN:

¿Cúya?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Del mismo.

TRISTÁN:

Y con carta suya
¿qué piensas hacer?

D. ARIAS:

Dirélo.
  La letra quiero imitar,
y fingir que se cartea
con Muza, y que el rey lo vea.

TRISTÁN:

Éste es público lugar,
  y es menester más secreto.
Hablemos aparte aquí.
(Vanse.)


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Escena II
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE, con rebociño; BATO.
NISE:

¿Tú le viste?

BATO:

Yo le vi,
y no le hablé, te prometo,
  por no le causar enojos.

NISE:

¡Quién los ojos te trocara
para que después mirara
con tan venturosos ojos!

BATO:

  Entró el rey con más de mil,
y aun más de cien caballeros,
como el manso entre corderos
y lechuga en toronjil,
  y a Nuño llevaba al lado.
Esto fue cuando llegué,
y con Mendo te dejé,
bella Nise, en el mercado.
  Cuando a la iglesia volví,
decían que misa oía
con el rey, y que tenía
las armas.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

¿Las armas?

BATO:

Sí;
  que el rey le ciñó la espada,
y el ataharre o correa
le puso, para que sea
de mora sangre manchada.
  Jimena, del rey hermana,
las espuelas le calzó.
Pero un hombre me contó
una cosa harto inhumana,
  que por no darte dolor,
contártela no querría.

NISE:

En tanta desdicha mía,
¿qué puede ser la mayor?

BATO:

  Cuando el rey quiso en los brazos
ponelle una rica pieza,
diz que le dio en la cabeza
cuatro o cinco chincharrazos.
  ¡Voto al sol, si allí estuviera!

NISE:

¡Ay Bato! No es ése el mal.
Tú disimulas.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

No hay tal.

NISE:

Di la verdad.

BATO:

No quisiera.
  Pero si lo has de saber,
lleva el alma apercibida;
que una pena prevenida
no suele tanto doler.

NISE:

  ¿Es que don Nuño se casa?

BATO:

Dícenlo ansí.

NISE:

¡Triste yo!

BATO:

Ya la fiesta se acabó,
y el rey se vuelve a su casa.
  Desde aquí verás pasar
a Nuño.

NISE:

Y aun desde aquí
podré morir.

BATO:

Vuelve en ti.

NISE:

No me da el alma lugar.


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Escena III
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


EL REY; NUÑO, muy galán, con espada y espuelas doradas; DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA, DON SANCHO, ACOMPAÑAMIENTO, DICHOS.
D. ALFONSO:

  (A NUÑO.)
De más honras eres dino,
don Nuño, por tu valor.

NUÑO:

Todo se debe, señor,
al vuestro, heroico y divino.

BATO:

  (Aparte a NISE.)
¿No viene bueno?

NISE:

Y tan bueno,
que es muy malo para mí.
Prado del alma, yo os vi
menos rico, y más ameno.
  ¡Quién os trajo, Prado mío,
a los palacios del rey!

BATO:

Los tiempos no guardan ley,
la fortuna es desvarío.
  Aunque soy tonto, bien veo
lo poco que hay que fiar
del placer y del pesar.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

Yo sólo morir deseo.

D.ª JIMENA:

  (Aparte a DOÑA BLANCA.)
¿Qué te parece el villano,
Blanca, de quien burla hacías?

D.ª BLANCA:

¡Ay prima!, ¡en cuán pocos días
me ha rendido amor tirano!
  Mas no te espantes que el oro
no conociese en sayal,
y que hablase entonces mal
deste bien que ahora adoro.
  Quizá fue de amor castigo,
porque no le conocí.

D. ALFONSO:

Lo que no trato de mí,
trato, don Nuño, contigo.
  Yo te querría casar.

NUÑO:

Huyes tú del casamiento,
y ¡date el de otros contento!
Deja, señor, imitar
  tu virtud a tus criados.
El Casto te llaman ya:
mientras el rey no lo está,
¿para qué han de estar casados?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

  No digas tal; que no quiero
que nadie en eso me imite;
y así, es bien que solicite
lo que de todos espero.
  Servid a Dios, y tened
mil frutos de bendición,
porque es en esta ocasión
del cielo ilustre merced.
  A la cristiandad que aquí
tan acabada tenía
el moro, y que cada día
destruye la guerra ansí,
  importan más defensores:
y el aumento importa tanto,
que del matrimonio santo
apruebo cien mil loores.
  No me casar no os espante,
ni quiero que lo imitéis.
Nuño, hoy quiero que os caséis.

NUÑO:

Tiempo hay, señor, adelante.

D. ALFONSO:

  Éste es mi gusto.

NUÑO:

Yo soy
tu hechura.
(Vanse todos, menos NISE y BATO.)


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Escena IV
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE, BATO.
NISE:

¿Cuál es de aquéllas?

BATO:

Pareceránte muy bellas.
Dices bien: celosa estoy.

BATO:

  La que estaba con Jimena,
pienso que es Blanca.

NISE:

Y será
para mí tan negra ya,
que a la muerte me condena.
  Predicaba el otro día
el cura, que los romanos,
cuando de sus ciudadanos
castigo común se hacía,
  piedras por suertes echaban
negras y blancas: a quien
salía blanca, iba bien;
pero a quien negra, mataban.
  Negra y blanca es esta suerte
de Nuño y de mí escogida;
Blanca a Nuño le da vida,
negra me ha dado la muerte.
  También dijo el sacristán
que el rey Asuero moría
de amor, y que no sabía
remedio; que a veces dan
  a los reyes pesadumbre
cosas que el demonio inventa.
Hízole Vastí una afrenta,
que era de sus ojos lumbre,
  y quiso no la querer.
Moríase al fin así;
mas del amor de Vastí
halló remedio en Ester.
  Tú, pues a tal cautiverio,
por amor, señora, vienes,
del amor que ahora tienes
te curarás con Silverio;
  y si no, yo estoy aquí,
que no soy de mal pergeño.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

Cualquiera remedio es sueño,
Bato amigo, para mí.
  Nuño fue mi amor primero;
ya soy de Nuño mujer;
yo le tengo de querer,
o villano o caballero.

BATO:

  Si es caballero y se casa,
si está en corte y tú en aldea,
¿no es cosa imposible?

NISE:

Sea.
Como eso en el mundo pasa.
  Más quiero lo que es mi gusto
quererlo y no lo tener,
que tenerlo, y no querer
lo que fuera mi disgusto.

BATO:

  Demonios sois las mujeres.
¡Extraña resolución!


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Escena V
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO, sin reparar en NISE ni en BATO.
NUÑO:

 (Para sí.)
¡Qué pocos, fortuna, son
sin pesares tus placeres!
  ¡Qué pocos bienes que das
sin el censo del tormento,
pues que dice el más contento:
¡Oh contento! ¿Adónde estás?
  Yo no hallo quien te tenga;
que aunque está más encumbrado,
ninguno halla el estado
que a su gusto le convenga.
  Que en todo el mundo no hay uno,
puedo jurar y creer,
pues por mi vengo a entender
que no te tiene ninguno.
  ¿Quién dirá que, ayer villano,
no tengo contento entero
de que hoy noble caballero
me armase el rey por su mano!
  Contento, quien importuno
te sigue en el mundo, yerra;
que no ha de hallarte en la tierra
«quien piensa tener alguno».
  Eres sin constancia alguna,
eres nave en alta mar,
que viene al fin a parar
donde quiere la fortuna;
  porque vas tan sin compás,
que quien tras ti se va o viene,
cuando piensa que te tiene,
no sabe por dónde vas.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

(Aparte a BATO.)
¿No es éste Nuño?

BATO:

Pardiós,
que está solo. Habla con él.

NISE:

¿Osaré llegarme a él?

BATO:

Llega, o lleguemos los dos.

NISE:

  ¡Nuño ingrato!

NUÑO:

¡Nise mía!

NISE:

¡Tuya, enemigo!

NUÑO:

Pues ¿no?
Mi bien, abrázame.

NISE:

¡Yo!

NUÑO:

¿Quieres matarme?

NISE:

Desvía.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

  ¿Por qué, si el rey me ha forzado
para ausentarme de ti?
Aquel Prado soy, que fui
de tus mismos pies pisado;
  que aunque mis ojos ausentes
de los tuyos, prenda mía,
soy Prado que noche y día
riego el alma con dos fuentes.

NISE:

  No te dejo de abrazar,
porque te he puesto en olvido:
temo ensuciarte el vestido.

NUÑO:

¿Es tiempo éste de burlar?

NISE:

  Este sayal ¿no está llano
que ensuciará a un caballero?

NUÑO:

¡Ay Dios! ¡Quién, como primero,
se volviera a ser villano!
  Mira que tu esclavo soy.

NISE:

¡Esclavo un señar tan grande!
Ni el cielo ni amor lo mande:
ya desengañada estoy.
  Tiempo fue que el amor tuyo
me dijo en más soledad:
«Tu esclavo soy.»


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Es verdad:
«Esclavo soy, pero cúyo...»

NISE:

  ¿Quieres que lo diga?

NUÑO:

No,
porque por la cruz que empuño,
que eres tú.

NISE:

Y de Blanca, Nuño.

NUÑO:

«Eso no lo diré yo.»

NISE:

  Pues ¿cómo, si es tu mujer?

NUÑO:

El rey no puede forzarme.

NISE:

Puede mandarte.

NUÑO:

Mandarme...
cosas que yo pueda hacer.
  Tuyo soy; que suyo no.

NISE:

Enojaráse.

NUÑO:

No sé;
mas yo le responderé
«que cuyo soy me mandó».
  Enséñale el rostro tuyo,
y muera Nuño sin nombre,
hubiere en el mundo un hombre
«que no diga que soy suyo».


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

  Nuño, cuando sea verdad
la voluntad que me muestras,
poco importarán las muestras,
siendo ley su voluntad.
  ¡Maldigo mi mala suerte,
pues que me ha salido en blanco,
siendo aquesta Blanca el blanco
de tu vida y de mi muerte!
  Que desde que fuiste Prado,
el alma me dio a entender
que habías, Nuño, de ser
destos mis ojos regado.
  Agradezco el conocerme
con la humildad que solías;
que aun no pensé que tendrías
ojos que pudiesen verme.
  Que todos los que han subido
de un humilde a un alto estado,
pasan por lo que ha pasado
como si no hubiera sido.
  Pues tente bien: que fortuna
trueca en pesar los placeres;
que en fortunas y mujeres
no cabe firmeza alguna.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

  ¡Ojalá que me volviese
a la humildad que solía!
Mas de la grandeza mía,
mientras dure, no te pese;
  porque si tuyo he de ser,
¿qué sirve disminuirme?

NISE:

Luego ¿piensas estar firme?

NUÑO:

Hasta morir o vencer.

NISE:

  Agora te doy mis brazos.

NUÑO:

Y yo mi alma te doy.
(Abrázanse.)


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Escena VI
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DOÑA BLANCA, NUÑO, NISE, BATO.
D.ª BLANCA:

(Aparte.)
(¡Qué es lo que mirando estoy!
¡Nuño a una mujer abrazos!)
  ¿Qué es esto, Nuño?

NUÑO:

Señora,
gente de allá de la tierra.
(Aparte).
 ¡Oh, cuánto mi lengua yerra!
Que es gente del cielo agora.)

D.ª BLANCA:

  ¿Ha mucho que no la vías?

NUÑO:

Desde que dejé de ser
el ser con que pude ver
su hermosura muchos días.

D.ª BLANCA:

  Allá sería tu amor.

NUÑO:

Y acá también, por Dios vivo;
porque este bien que recibo
causa al cuerpo un noble honor;
  pero al alma no la muda:
y ansí, lo que allá tenía
en ella se ve, y hoy día
con más firmeza sin duda.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

  De abrazar a esta villana,
el lenguaje te pegó.

NUÑO:

Antes lo sabía yo...
(Aparte.)
(Que os viese a vos, cortesana.)

D.ª BLANCA:

  Quiérola despacio ver.
Alzaos, amiga, el rebozo.

NUÑO:

Miralda; que os dará gozo
ver el alba amanecer.
  Corred al sol esos velos:
veréisle entre dos estrellas,
que no las tiene más bellas
todo el torno de los cielos.

D.ª BLANCA:

  ¡Buena, por mi vida!, ¡buena!

NISE:

Esto soy para serviros.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

(Aparte.)
(¡Celos, tened los suspiros,
no deis a entender mi pena!
  Mas quiero disimular.)
Patenas, sarta y corales
no son joyas para tales
pechos: yo os las quiero dar.
  Tomad estos brincos.
Quedo,
señora; que estoy corrida;
que, siendo yo la vencida,
tomar despojos no puedo.
  Guardad las joyas allá;
que si a don Nuño tenéis,
por más joyas que me deis,
no tendré riqueza ya.

D.ª BLANCA:

  Pues ¿celos tenéis de mí?

NISE:

De vos no; dél tengo algunos.

NUÑO:

No puede tener ningunos,
puesto que el alma la di.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

  Ya pasa de atrevimiento,
y toca en descortesía,
hablar en presencia mía
con tan libre sentimiento:
  no por vos; por lo que trata
el rey.

NUÑO:

Vos tenéis razón;
pero es el amor pasión
que en la lengua se dilata.
  Mirad bien a esa aldeana,
Blanca, y mal me haga Dios
si no dijéredes vos
que es más divina que humana.
  Yo sé que en cierta ocasión
os parecí tan salvaje,
que hecisteis burla del traje.

D.ª BLANCA:

¡Gentiles venganzas son!
  Lo cierto debe de ser
que Bermudo se ha engañado.
En prado os halló, y en prado,
¿que otra cosa pudo haber?

NUÑO:

  Bien decís. Id en buen hora;
que en tal prado, tal ganado;
porque este prado es comprado
desta divina pastora.
  Ven, Nise; que yo no quiero
más alto estado que a ti.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

Hoy sabrá Alfonso de mí
a quién armó caballero.

NUÑO:

  Yo cumplo mi obligación.
Si he jurado defender
las damas, ¿a mi mujer,
no es, Blanca, mayor razón?

NISE:

  Echaste el sello, mi bien.
Vamos, Bato.

BATO:

(Aparte a NUÑO.)
Hoy te has perdido.

NUÑO:

Con volver a lo que he sido,
quedamos en paz también.
(Vanse NUÑO, NISE y BATO.)


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Escena VII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DOÑA BLANCA, sola.
D.ª BLANCA:

  Ninguno diga, amor, que puede exento
pasar sin ti la vida: que en tu mano
está la paz del corazón humano
y la guerra mayor del pensamiento.
Valiéndome de ti con loco intento,
pensé librarme de tu fuerza en vano;
más tú, del alma robador tirano,
castigaste mejor mi atrevimiento.
Nadie puede negar, si alguno en precio
tu discreción y vanidad tuviere,
que en ser pesado en burlas eres necio.
O es porque advierta quien de ti la hiciere
que aquello que se tiene en más desprecio,
eso viene a faltar cuando se quiere.
(Vase.)


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Escena VIII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, TRISTÁN; después, EL REY DON ALFONSO.
TRISTÁN:

  ¿Queda bien enseñado?

D. ARIAS:

Por extremo;
y hase mostrado tan astuto en todo,
que si resucitara Sinón Griego,
le dejara por él.

TRISTÁN:

Pues el rey sale,
habladle vos mientras aquí me aparto.
(Retírase TRISTÁN y sale el REY.)

D. ALFONSO:

Don Arias...

D. ARIAS:

Gran señor...

D. ALFONSO:

¿Qué es lo que quieres,
que con tanto secreto me apercibes?

D. ARIAS:

La obligación que un noble y leal vasallo
tiene a su rey, me obliga, a lo que creo;
que te ha de parecer cosa imposible.
Yo pienso que está viva todavía
de Mauregato la memoria y sangre.
¿Sabes quién es acaso este mancebo
que una lanza sacó de entre unos juncos?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Arias, si de don Nuño decir quieres
cosa contra su honor, primero advierte
que la sepas tan bien, que menos sepas
tu mismo pensamiento; porque amo
de suerte a Nuño, que su honra es mía:
y si te han informado los que pueden
ser envidiosos de sus grandes méritos
y de su honor, alguna cosa injusta,
no la quiero saber siendo dudosa.

D. ARIAS:

Señor, cuando de un hombre que tú amas
de la manera que tu reino ha visto,
pues a todos los nobles le prefieres,
se atreve a hablar persona que conoces
de la lealtad que yo, saber debieras
que tiene información bastante y clara:
Y si esto fuera vida y honra mía
o de otros caballeros, y no tuya,
créeme que otro estilo se buscara,
sin darte parte, que remedio fuera.

D. ALFONSO:

¡Mi honra y vida!

D. ARIAS:

¿No es tu vida y honra
escribirse don Nuño con el moro,
y haber venido carta de su mano
a mi poder, en que tu sangre ofrece
como le entregue el reino, y darle en parias
al doble las doncellas que hoy te pide?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Eso es cosa imposible: ¡bravamente
la envidia se apercibe contra Nuño!

D. ARIAS:

Pues aquí te dirá Tristán si puede
ser imposible o no.

D. ALFONSO:

(Llamando.)
¡Tristán!

TRISTÁN:

(Acercándose.)
¿Qué mandas?

D. ALFONSO:

Don Nuño ¿escribe a Muza?

TRISTÁN:

Y Muza a Nuño.
Un soldado las cartas lleva y trae,
que queda en esa sala apercebido.

D. ALFONSO:

Apercebido a la traición, ¿quién duda?

TRISTÁN:

Ordoño, entrad.


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Escena IX
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ORDOÑO, DICHOS.
D. ALFONSO:

Oid aparte, Ordoño.

ORDOÑO:

Ya sé lo que es, señor. Nuño tres veces
con cartas me ha enviado a Muza, y tantas
he vuelto con respuesta al mismo Muza.
Soy hidalgo leal, y con recelo
de alguna alevosía, hablé a don Arias.
La carta me pidió; dísela, abriola;
y visto lo que Nuño a Muza escribe
la cuarta vez, a ti volver me manda.

D. ALFONSO:

Parece que se prueba esta mentira,
y que tiene color de verdad clara.
Arias, ¿tienes la carta?

D. ARIAS:

Aquí la tengo.

D. ALFONSO:

Ésta es la misma letra de don Nuño.
Llamadle.


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Escena X
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO, DICHOS.
TRISTÁN:

Él viene ya.

NUÑO:

(Aparte.)
Contenta queda
Nise de verme firme en mi propósito.

D. ALFONSO:

Salid afuera todos, hasta tanto
que yo os vuelva a llamar.

D. ARIAS:

Bien se va haciendo.
(Vanse todos, menos el REY y NUÑO.)


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Escena XI
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, NUÑO.
D. ALFONSO:

Nuño...

NUÑO:

Señor...

D. ALFONSO:

Contigo tengo enojo.

NUÑO:

Tus ojos me lo han dicho con mirarme;
que sólo con mirar hablan los reyes.

D. ALFONSO:

¡Cartas escribes, cuando yo te caso,
a otra mujer!

NUÑO:

Señor, cuando vivía
allá en mi aldea, con mi igual trataba,
y así mi igual amaba. En el ejército
dos cartas escribí; pero no entiendo
quién te las pudo dar.

D. ALFONSO:

Una me han dado.

NUÑO:

Mira que puede ser que no sea mía.

D. ALFONSO:

Esta letra ¿no es tuya, y esta firma?

NUÑO:

Mi firma es ésta y es mi letra.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Toma,
y mira a quién, y lo que en ella dices.

NUÑO:

(Lee.)
«Para el día que dices, venir puedes
lo más secreto que te sea posible,
y con la gente y armas concertadas
yo te daré a León y la cabeza
del rey.» - Señor, no mandes que esto lea.
Este papel no es mío ni esta letra.

D. ALFONSO:

Tú ¿no has dicho que sí?

NUÑO:

Sabe la envidia
contrahacer muy bien cualquiera cosa.
Es pintora de cifras y de letras.
No es éste original, sino retrato.

D. ALFONSO:

Yo lo creo de ti; pero tú tienes
muy nobles enemigos, y así, importa
que salga por su prueba tu inocencia.
¡Hola!


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Escena XII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, dichos; después, ORDOÑO.
D. ARIAS:

Señor...

D. ALFONSO:

Llamadme aquel soldado.

D. ARIAS:

(Llamando.)
¡Ordoño!

ORDOÑO:

Aquí me tienes.

D. ALFONSO:

(A NUÑO.)
¿No conoces
a Ordoño?

NUÑO:

Ni en mi vida a Ordoño he visto.

ORDOÑO:

Bien haces en negar, pues me engañabas,
diciéndome que a Muza le escribías
sobre ciertos cautivos, tus parientes.

NUÑO:

¿Qué dices, hombre?

ORDOÑO:

Esto.

D. ALFONSO:

Yo no digo
que esto es verdad; pero verdad parece.
Llamadme a un capitán.

TRISTÁN:

Aquí está Vela.
(Va a llamarle y vuelve con él.)


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Escena XIII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VELA, DICHOS.
D. ALFONSO:

Vela, porque anochece, toma gente,
y pon este soldado en una torre.

ORDOÑO:

¿Por qué, señor?

D. ALFONSO:

Porque saber deseo
si esto es verdad: dudosa me parece.
Vete, Nuño, y descansa.
(Llévase VELA a ORDOÑO.)

NUÑO:

Si sospechas,
que esto es verdad, ¿por qué no me aprisionas?

D. ALFONSO:

Vete en buen hora; a. la mañana vuelve.

NUÑO:

Guárdete el cielo y mi inocencia guarde.
(Vase.)

D. ALFONSO:

Si esto es envidia, se sabrá muy presto.

D. ARIAS:

Mira que se ha de huir.

D. ALFONSO:

Pues ¿qué más prueba?

TRISTÁN:

¿No es mejor castigarle?

D. ALFONSO:

¿Qué castigo
como que pierda, con mi gracia, el reino?
Que donde reino yo reina mi amigo.
(Vase.)


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Escena XIV
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, TRISTÁN.
D. ARIAS:

¡Notable es su piedad!

TRISTÁN:

Arias, advierte
que si le dan tormento a este soldado,
ha de decir que ha sido persuadido.

D. ARIAS:

Un remedio notable se me ofrece,
y es salirle al camino con los hombres
que para acometer a Vela basten.

TRISTÁN:

Pues ¿qué habemos de hacer?

D. ARIAS:

Matar a Ordoño,
dando a entender que le dio muerte Nuño
para que la verdad no declarase.

TRISTÁN:

La noche baja aprisa; mis criados
son hombres de valor y hidalgos todos.
Vamos antes que llegue.

D. ARIAS:

Hoy mi esperanza
deste villano tomará venganza
(Vanse.)


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Escena XV
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA.
D.ª BLANCA:

  Yo tengo el mal que te digo.

D.ª JIMENA:

Tú tienes terrible mal.

D.ª BLANCA:

Aunque celosa, mortal,
a mayor dolor me obligo;
  porque este mal es desprecio,
y tanto más lo he sentido,
cuanto sé que me ha tenido
en tan poco precio un necio.

D.ª JIMENA:

  Extrañas cosas te escucho.
Pues ¿qué le quisieras?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

Loco;
que tenerme un necio en poco
es cosa que siento mucho.
  ¡Ay, Jimena, prima mía!
Si vieras una aldeana
con más luz que la mañana
tiene, cuando raya el día;
  aquel blanco, aquel color,
aquellas cintas doradas,
aquellas manchas rosadas
en cándido resplandor,
  el cuello y su hermosa cara,
vieras, Jimena, a los cielos
hacer que iguale con celos
lo que al infierno igualara!
  Patenas, sartas, corales
bordaban su hermoso cuello,
donde llegaba el cabello
con madejas orientales.
  Estaba el coral corrido
de competir con su boca,
porque era su fuerza poca
para no quedar vencido.
  Finalmente, no podía
vencer su labio encarnado,
con estar más colorado
de vergüenza que tenía.
  Las patenas eran buenas;
mas su esmalte y sus cristales
no eran en color iguales
a sus mejillas serenas.
  El sombrero a lo aldeano
con el tejido cordón
era, prima, guarnición
de su rostro soberano,
  como cuando a una pintura
para que salga el color
hace el curioso escultor
con ébano la moldura.
  El rebociño era el manto
con que el alba esparce flores.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª JIMENA:

En mi vida he visto amores
ni celos que teman tanto.
  ¿Quédate más que decir?
¿Quédate más que temer?
Amor sabe encarecer,
y celos saben fingir.
  ¿Quién duda que era muy fea?

D.ª BLANCA:

No me burlo; esto es verdad.
La aldea, prima, es ciudad,
y la ciudad es aldea.
  En un blanco delantal
vi tanto donaire y gala,
que si a la corte no iguala,
no tiene la corte igual.
  Pues si hablase del chapín
que con aire descubría,
pienso que mejor sería
comenzalla por el fin.

D.ª JIMENA:

  Loca estás.

D.ª BLANCA:

Loco es amor.
Tengo amor, locura tengo;
y si despreciada vengo,
será el exceso mayor.

D.ª JIMENA:

  Si alabas lo que él adora,
que te desprecie disculpas.


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Escena XVI
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA.
D. ALFONSO:

(Aparte.)
Si fueren ciertas sus culpas,
y no fue la envidia autora
  de lo que agora le imponen,
yo le sabré castigar.

D.ª JIMENA:

(Aparte a DOÑA BLANCA.)
¿Quieres que le vaya a hablar,
aunque los celos perdonen?

D.ª BLANCA:

  Pues ¿qué le piensas decir?

D.ª JIMENA:

Que te acabe de casar.

D.ª BLANCA:

Luego ¿quiéresle forzar?

D.ª JIMENA:

No, Blanca, mas persuadir.

D.ª BLANCA:

  Dilo al rey, dilo a tu hermano;
que me obliga amor, Jimena.

D.ª JIMENA:

¡Ay amor!


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

Calla mi pena,
pues que la pongo en tu mano.

D.ª JIMENA:

  Señor...

D. ALFONSO:

Jimena...

D.ª JIMENA:

He sabido
que a Blanca quieres casar.

D. ALFONSO:

Hoy la trataba de dar,
hermana, un noble marido,
  por sospechas del valor
que imaginaba encubierto;
pero hame salido incierto.

D.ª JIMENA:

¿Incierto Nuño!

D. ALFONSO:

Y traidor.

D.ª JIMENA:

  ¡Traidor! Luego ¿era villano?

D. ALFONSO:

El desengaño lo muestra,
si en la vida y honra nuestra
quiso ensangrentar la mano.
  A lo menos, la del moro
tomaba por instrumento.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª JIMENA:

¿Nuño?
El mismo.
¡Extraño intento!
(Aparte a ella.)
¡Blanca!

D.ª BLANCA:

¿Qué?

D.ª JIMENA:

Templa tu lloro.

D.ª BLANCA:

  ¿Cómo?

D.ª JIMENA:

Mi hermano ha sabido
que Nuño intenta su muerte.

D.ª BLANCA:

¿Su muerte?

D.ª JIMENA:

Desto me advierte.

D.ª BLANCA:

¡Oh villano mal nacido!
  Según eso, a esta aldeana,
que debe de idolatrar,
intentaba coronar
de la nobleza asturiana.
  Si despicarme podía,
sola esta infamia pudiera.


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Escena XVII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VELA, con la espada desnuda; DON ALFONSO, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA.
VELA:

Entraré desta manera.
Sepa el Rey si es culpa mía.

D. ALFONSO:

  ¿Qué es aquesto, capitán?

VELA:

Señor, llevando aquel preso
(descuidado, te confieso,
como por tu corte van),
  seis hombres me acometieron,
y junto a mí le mataron;
que a las guardas no tocaron,
y en dándole muerte huyeron.
  Sola una voz les oí,
en que dijeron: «Mejor
es que muera este traidor,
que no que me mate a mí.»


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

  ¡Vive Dios, que temeroso
Nuño de ser descubierto,
con gente el soldado ha muerto!
Ya no estaré sospechoso.
  Ésta es la mayor probanza
que pudiera pretender.
Pero ¿cómo he de poder
tomar del traidor venganza?
  Que si es hijo de Bermudo,
será matar al buen viejo.
Arias me dará el consejo,
pues darme el aviso pudo.
  Id por don Arias, don Vela.

VELA:

En la antecámara está.

D. ALFONSO:

Llamadle.

VELA:

Él se ofrece ya.


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Escena XVIII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, DICHOS.
D. ARIAS:

Basta; que la fama vuela
  de que Nuño, con temor
del ánimo del soldado,
al capitán le ha quitado.

D. ALFONSO:

Y aun muerto.

D. ARIAS:

¡Muerto, señor!

D. ALFONSO:

  Deso se viene quejando.

D. ARIAS:

¿Cómo os le pudo matar?

VELA:

Tres a seis podrán guardar
sus personas peleando;
  mas no defender a aquel
que dellos no se defiende.

D. ALFONSO:

Basta, amigos; que pretende
matarme Nuño cruel.
  ¡Oh!, ¡qué buen pago me ha dado!


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Tú lo mereces, señor,
que a los hombres de valor
oficio y honra has quitado:
  todo por dallo a un villano,
que por ventura cogió
las cabezas que te dio,
cortadas por otra mano.
  Da gracias a tu virtud,
por quien te ha librado el cielo,
y agradece a nuestro celo
el procurar tu salud.

D. ALFONSO:

  Soy hombre, pude engañarme;
mas tras este desengaño,
¿cómo podré, sin el daño
del rey, de Nuño vengarme?
  Que temo que es sangre suya.

D. ARIAS:

A los reyes la piedad
da notable autoridad;
y pues es tanta la tuya,
  perdónale: no le prendas
ni castigues.

D. ALFONSO:

Eso no.
¡Oh!, ¡qué mal consejo!


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Yo
miraba, señor, sus prendas;
  que es dar la muerte a Bermudo,
si su sangre vive en él.

D. ALFONSO:

No quiero ser tan cruel.

D.ª BLANCA:

Señor, esa mano pudo
  hacer noble y caballero
a un villano, y esa mano
le podrá volver villano
como lo estaba primero;
  que aunque es del rey el hacer
de un bajo un alto lugar,
también en el castigar
se muestra el justo poder.
  Hazle poner en su traje,
y que se vuelva a su aldea,
donde Bermudo no vea
la afrenta de su linaje;
  y si pregunta por él,
alguna excusa darás.

D. ALFONSO:

Blanca, tú has dicho lo más
que yo puedo hacer con él.
  ¿Quién pudiera aconsejarme
como tu ingenio?


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª BLANCA:

Éste tengo
 [.........]
(Aparte.)
(Hoy me vengo.)

D. ALFONSO:

A Nuño podéis llamarme

D. ARIAS:

  Yo voy por él.
(Vase.)

D. ALFONSO:

¿Quién dijera
que hombre que tanto honrara,
desta suerte me tratara!
(Vanse todos, menos el REY.)


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Escena XIX
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON SANCHO, DON ALFONSO.
D. ARIAS:

Hablarte a solas quisiera.

D. ALFONSO:

  ¿Qué quieres, conde?

D. ARIAS:

Señor,
hoy quiere dejar el suelo,
por ir a su patria, el cielo,
tu tía doña Leonor.
  Todo el monesterio siente
notablemente su falta.

D. ALFONSO:

Tienen razón; que las falta
una señora excelente.
  Por mí, yo lo siento tanto,
como si mi madre fuera,
y estas palabras quisiera
acreditallas con llanto.
  ¿Podréla hallar viva?

D. ARIAS:

Ya
en mis brazos expiró;
mas este papel me dio,
que, cerrado como está,
  me dijo que te entregase.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Apártate allí. No hay cosa
tan segura y poderosa
por quien la muerte no pase.
(Lee para sí.)
  «Sobrino, ya tú sabes que la causa
que de mi reclusión fue la primera,
tuvo origen del conde de Castilla,
con el cual me casara el padre mío,
si no se lo estorbara el de Navarra,
puesto que nunca supo mi deseo.
La muerte, que descubre muchas veces
secretos que la vida no podría,
me obliga a que éste diga: que yo tuve
una hija del conde, aunque hasta agora
se ha criado encubierta en una aldea.
La aldea es Flor, de sus montañas bellas,
el nombre Nise; pero no es el mismo;
que Nise es por Inés, que Inés se llama,
porque se escribe con las mismas letras.
Si obligan estas últimas palabras
a un rey que tiene tanta sangre mía,
tu prima es Nise. Adiós; que ya la muerte
no me deja escribir.
Leonor a Alfonso.»
  ¿Hay suceso tan extraño?
¡Nise encubierta, mi prima!
Su honor, su sangre me anima
a que excuse el mayor daño.
  Traerla quiero a mi casa:
no viva, Nise, en aldea.
Dama, y no villana, sea;
sepa el estado a que pasa.
  Conde...


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Señor...

D. ALFONSO:

Ya parece
que estas cosas de secreto
te tocan.

D. ARIAS:

Y te prometo
que mi lealtad lo merece.

D. ALFONSO:

  Ya sabes a Flor, aldea
de donde a Nuño trajiste.

D. ARIAS:

Sí, señor, aunque estoy triste
que en tu deservicio sea.

D. ALFONSO:

Tú ¿qué culpa tienes?

D. ARIAS:

Yo
hice lo que me mandaste.

D. ALFONSO:

Si en traer el conde erraste,
aunque tus deseos no,
  en Nise, una labradora,
por quien agora a Flor vas,
sospecho que acertarás.

D. ARIAS:

¿Quién es?

D. ALFONSO:

Una gran señora,
  que yo te diré después.
Lleva carroza y criadas.

D. ARIAS:

(Vase.)
Voy.


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Escena XX
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, solo.
D. ALFONSO:

¡Qué de dueñas honradas
pone el amor a sus pies!
  Pienso que el cielo me envía
todas estas cosas hoy,
porque Alfonso el Casto soy,
para prueba de la mía.
  Los sucesos amorosos
todos vienen a mi edad
por dar a mi castidad
estos esmaltes famosos.


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Los prados de León:107

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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Yo te traje,
por voluntad de Bermudo,
a mi casa, de una aldea:
quién eres, nunca se supo.
Llaméte Nuño de Prado,
porque dice y canta el vulgo
que te halló en un prado verde
entre unos lirios y juncos.
Sospeché que eras su hijo;
sabe Dios lo que me culpo
de tal imaginación,
siendo tú un villano espurio.
Mi camarero mayor
te hice; aunque no fue justo
quitar este oficio a un hombre
como fue don Arias Bustos.
En la guerra de Simancas,
sangriento el brazo hasta el puño,
me trajistes seis cabezas:
obligome el valor tuyo
a hacerte mi caballero,
de tu nobleza seguro.
Ceñite en San Juan la espada;
la espuela de oro te puso
Jimena, mi hermana, y todos
mostraron contento y gusto.
Tú, por galardón de aquesto,
de toda piedad desnudo,
¡vendías mi vida al moro!


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

De escucharte estoy confuso.
Cuando probarse en España
un caso extraño no pudo,
a las armas se remite.
Tú, que te precias de justo,
guárdame justicia a mí;
que aunque sean cinco juntos,
saldré al campo; y este reto
cumplir en tus manos juro,
porque envidiosos traidores
del alto valor que encubro,
y la merced que me has hecho
por donde a tu gracia subo,
con mi letra contrahecha
te dan a entender que cupo
tal deslealtad en mi pecho.

D. ALFONSO:

De darte el campo me excuso
con la prueba de tu culpa.

NUÑO:

Prueba es imposible.

D. ALFONSO:

Dudo
que se pueda hacer mayor,
pues de tu letra la arguyo,
y de haber muerto al soldado
que Vela llevaba al muro.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

¡Yo, muerto!

D. ARIAS:

Tú, muerto, pues
bien lo sabe quien estuvo
presente a palabras tuyas.

NUÑO:

¿Tú me acusas?

D. ARIAS:

Yo te acuso.

NUÑO:

Pues, con licencia del rey,
mientes, Arias.

D. ARIAS:

¡Esto sufro!
Toma, villano, este guante
entre tanto que te busco.

D. ALFONSO:

Qué descompostura es ésta!
Por el cuerpo santo juro
de Santiago de Galicia,
de San Félix y Facundo,
de cortaros la cabeza.
Aquí no hay armas, don Nuño.
Ya está probado este caso;
pero por no dar disgusto
a Bermudo, civil muerte
darte en castigo procuro.
Yo, que te ceñí la espada,
te la desciño, y renuncio
la nobleza que te di.


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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Hicísteme: no haces mucho,
gran señor, en deshacerme.
Tu enojo, Alfonso, disculpo.
Querrá Dios que alguna vez
entre estos ñublados turbios
salga el sol de mi verdad;
que yo, caballeros, cumplo
con mi honor, y lo que debo
a la obligación que tuvo
a su rey un hijodalgo,
retando a don Arias Bustos,
a Tristán Godo, y a todos
cuantos deste caso injusto
tienen culpa; que yo espero
tomar venganza de algunos.

D. ALFONSO:

Quitalde el sombrero y capa,
y ponelde el gabán suyo
a éste, y vuelva a ser villano.

NUÑO:

¡Castigue Dios quien dispuso
tu pecho a tanta crueldad!

D. ALFONSO:

Vuelve, villano perjuro,
al azadón y al arado.
Pon a tus bueyes el yugo;
que así castigan los reyes
los que en tan breve discurso,
por ser luzbeles, del sol
se despeñan al profundo.
(Vase, y con él DON ARIAS y TRISTÁN.)


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Escena XXII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA, NUÑO.
D.ª JIMENA:

El rey se va, doña Blanca.

D.ª BLANCA:

Apenas, Jimena, enjugo
las lágrimas.

D.ª JIMENA:

¡Triste caso!

D.ª BLANCA:

(Aparte.)
¡Qué bien el tiempo dispuso
mi venganza en sus desprecios!
Pero si aquí no le injurio,
es porque vengarse en muertos
es más bajeza que triunfo.
(Vanse las dos.)


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Acto III-Escena XXIII
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Los prados de León Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


 

NUÑO, solo.
NUÑO:

¿Qué es esto, cielo? ¿Qué estrella
a mi nacimiento estuvo
con oposición tan fiera,
con tan desdichado influjo!
¿ Era yo el que ayer tenía
del rey el lugar segundo!
¿Cómo estoy en tal bajeza!
No hay cometa cuyo curso
haya sido tan veloz.
Di luz; pero ya no alumbro.
Mucho parecen los reyes
en sus gustos y disgustos
a la luz de una linterna,
que la cubro y la descubro.
La luz es el rey, la mano
quien da la vuelta a su gusto;
y aquello mismo que alumbra,
deja en un momento oscuro,
el rey está disculpado;
que es santo, y aquí me trujo
para honrarme: envidia fue
la que mi bien descompuso.
Tomar venganza no puedo;
que ya mis fuerzas detuvo
su voluntad: sólo a Dios
la pido, hablándole mudo.
Volvámonos a la aldea;
que en dolor tan importuno
me consuelo en ver que a Nise
su labrador restituyo.
¿Quién duda que ella se huelgue
viendo que otra vez me cubro
del gabán con que me iguala?
Campos amenos y augustos,
recibid vuestro villano.
Altas hayas, robles duros,
apercebidme esos brazos.
Prados, desnudaos el luto.
Allá va el Prado que ya
llorábades por difunto,
porque veáis un traslado
de las mudanzas del mundo.


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Acto III - Escena I
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Campo.
NISE, sola.
NISE:

  Álamos blancos, que de verdes nuezas
y de silvestres vides abrazados,
crecéis alegres y vivís casados,
tomad agora ejemplo en mis tristezas.
Si pensáis que vestidas las cortezas
de tantos lazos, estaréis guardados
de veros para siempre despojados,
así fueron mis frágiles firmezas.
Temed del duro invierno los enojos,
donde las hojas pálidas y rojas
a los vientos darán vuestros despojos;
que el tiempo, que quitó con mil congojas
las verdes esperanzas a mis ojos,
mudará de color a vuestras hojas.


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Escena II
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVERIO, NISE.
SILVERIO:

  Huélgome de hallarte aquí.

NISE:

Ya, Silverio, en soledades
me hallarás siempre.

SILVERIO:

Si fui
desdichado en las verdades
con que tu pecho ofendí,
  por estar tan ocupado
de aquel Prado que has perdido,
pues de doña Blanca es prado
donde apacienta tu olvido,
que es del ausencia el ganado;
  agora, Nise divina,
a mis desdichas te inclina.

NISE:

Nunca vienes para menos.

SILVERIO:

Vuelve esos ojos serenos.

NISE:

Ya tu enfado desatina.

SILVERIO:

  ¿Qué esperanza te entretiene,
cuando Nuño está casado?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

¿Casado?

SILVERIO:

Lucindo viene
de la Corte, y me ha contado
que a Blanca por dueño tiene.

NISE:

  ¡Nuño casado!

SILVERIO:

Yo digo
lo que pienso que tú sabes.

NISE:

¡Que te has casado, enemigo!

SILVERIO:

No lloréis, ojos suaves;
que usáis gran rigor conmigo.
  ¿No es mejor que os desquitéis,
y a quien os deja dejéis,
y a quien os quiere queráis?
Sin esperanzas regáis
Prado que tan seco veis.
  Ya del ausencia el rigor
todas sus flores arranca:
la primavera de amor
traspuso en ella flor blanca,
donde estaba vuestra flor.
  Y debiérades saber,
ojos, este desengaño,
después que mudó su ser;
que serlo vos era engaño,
siendo desigual mujer.
  Nuño es un gran caballero,
vos humilde labradora:
¿Qué esperáis?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

Mi muerte espero.

SILVERIO:

Vengaros podéis, señora.

NISE:

¿Cómo?

SILVERIO:

Decíroslo quiero.
  Si el Rey a Nuño ha forzado,
forzad vuestra voluntad;
dejad quien os ha dejado,
lo que aborrecéis amad,
trocad a una selva el prado.
  Silverio soy, que os adora.

NISE:

Por consuelo o por venganza,
te quiero, Silverio, agora.

SILVERIO:

¡Albricias, muerta esperanza!
¿Habláis de veras, señora?

NISE:

  Tanto vengarme deseo,
que por ver si doy pesar
a Nuño (como lo creo),
hoy me tengo de casar.

SILVERIO:

Tan presto llevarme veo
  desde mi desconfianza,
que es infierno de rigor,
al cielo desa esperanza,
que me enloqueciera amor
si fuera amor sin venganza.
  Mas como quiera que sea,
esta mano en vos se emplea.

NISE:

Y yo esta mía te doy,
prenda de que tuya soy.


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Escena III
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO, de labrador; NISE, SILVERIO.
NUÑO:

(Aparte.)
(¿Quién habrá que aquesto crea?
  Mas ¡qué loca confianza
no lo pudiera creer,
ni menos quien más alcanza,
siendo el ausencia mujer,
y las mujeres mudanza!)
  Nise...

NISE:

¡Válganme los cielos!

NUÑO:

Nuño soy; que estos recelos
me han traído a tu presencia.
Si engendra olvido el ausencia,
¿qué ausente vive sin celos?

NISE:

  ¿Cómo el hábito has dejado,
y, con Blanca desposado,
vuelves villano al aldea?

NUÑO:

¿Qué dichoso hay que no sea
por envidia desdichado?
  Mas ¡yo casado, que a ti
la mano y palabra di,
que a un tosco villano das!


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SILVERIO:

(Aparte.)
Si yo aguardo a lo demás,
Nuño me da muerte aquí;
  que dicen que allá en la guerra
cortó más cuellos de moros
que encinas tiene esta sierra.

NUÑO:

Nise, todos los tesoros
que Alfonso en el mundo encierra
  no me pudieran mudar;
mas tú, que en ausencia mía,
sin rey, sin oro, sin dar
a la fuerza, a la porfía
y a la privanza lugar,
  te casas con un villano,
¿qué disculpa das?

NISE:

Creer
que diste a Blanca la mano;
que es todo pecho en mujer,
para vengarse, inhumano.

NUÑO:

  ¿Quién te lo dijo?

NISE:

Silverio.

NUÑO:

¡Oh villano!


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVERIO:

(Aparte.)
¡Cielo santo,
valedme!
(Huye.)

NUÑO:

(Siguiéndole.)
Si al negro imperio
de los que en eterno llanto
lamentan su cautiverio
  bajaras, o te subieras
a las más altas esferas,
no te escaparas de mí.
(Vase.)

NISE:

¡Ay triste!, engañada fui.
Amor es todo quimeras.
  La sierra arriba camina...
Piedras le tira..., él le mata.


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Escena IV
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO, LUCINDO, NISE.
BATO:

¿Marcia, en fin, te desatina?

LUCINDO:

Y cuanto peor me trata,
más a adorarla me inclina.

BATO:

  Aquí está Nise.

NISE:

Quisiera
que antes de los dos alguno
venido a la fuente hubiera.

LUCINDO:

¿Cómo?

NISE:

Silverio importuno,
para que amor le tuviera,
  me dijo que era casado
con Blanca Nuño de Prado,
y que tú se lo dijiste.

LUCINDO:

Miente, ¡por Dios!


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

Mas ¡ay triste!
Que Nuño, disimulado
  en el traje que solía,
me halló, dándole la mano,
porque vengarme quería,
y va tras él.

BATO:

Ya es vano
querer seguir su porfía.

LUCINDO:

  Pues ¿tan presto a tu venganza
diste lugar?

NISE:

Soy mujer.

LUCINDO:

¡Qué presto disculpa alcanza!

BATO:

Con esto suelen hacer
a cualquiera son mudanza.


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DON SANCHO, MENDO, NISE, LUCINDO, BATO.
D. ARIAS:

  Otra vez, Mendo, os dije en este prado
que a un labrador, a un Nuño me enseñásedes;
y agora a esta gallarda labradora.

MENDO:

Si os lleváis, mí señor, de aquesa suerte
los vecinos de Flor, en pocos días
se pasará a la Corte nuestra aldea.
Aquélla es Nise.

D. ARIAS:

Y por extremo hermosa.
Estéis mil veces, Nise, enhorabuena.
Dadme esas manos, y venid conmigo;
que os llama el rey.

NISE:

Como miráis villanos,
con su ignorancia no buscastes prólogos.
¡Que enhorabuena esté y que el rey me llama!

D. ARIAS:

A vos os miro yo como a señora,
tanto, que sois de Alfonso prima hermana.
La priesa es grande, y ésta fue la causa
de no buscaros prólogos ni arengas.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¡Nise prima del rey!

NISE:

¡Qué es esto, cielos!

D. ARIAS:

Por no poder aqueste arroyo,
cuya pequeña puente es tan estrecha,
queda entre aquellos sauces la carroza
con la gente que viene a acompañaros.
Suplicoos que no espere el rey.

NISE:

Ni es justo.
 (Aparte.)
(¿Hay ventura tan grande! ¡Ay Nuño mío!
Hoy sí que soy tu igual. Hoy te merezco,
hoy te quito del pecho a doña Blanca;
quiérome ir, porque al venir le digan
que ya en palacio estoy, y que le igualo.)
Vamos, señor,

D. ARIAS:

Por esta parte iremos,
porque mejor en la carroza entremos.
(Vanse DON SANCHO y NISE.)


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Escena VI
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LUCINDO, MENDO, BATO.
LUCINDO:

  ¿Qué te parece?

BATO:

No sé;
Mendo lo sabrá mejor.

MENDO:

¡Buena nos dejan a Flor,
si Nise agora se fue!

BATO:

  Calla; que aún tengo esperanza
que han de volver por los tres.

LUCINDO:

Si tales mudanzas ves,
espera alguna mudanza.

BATO:

  Yo ¿qué puedo ser del rey?

LUCINDO:

Pariente también serás.

BATO:

¡Pariente!

MENDO:

¿Es poco?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿No más?

LUCINDO:

No dijera más un buey.

BATO:

  Parientes todos lo son.

LUCINDO:

¿Del rey? ¿Por quién?

BATO:

Por Adán.

MENDO:

Ved ¡qué volando que van!

BATO:

No importa; que habrá ocasión
  en que vuelvan por nosotros,
aunque no tengo pensado
qué seré del rey, ni he dado
en lo que seréis vosotros.
  ¿Seré yo su tío?

LUCINDO:

No.

BATO:

¿No tengo cara de tío?
¿Su padre?

LUCINDO:

¡Qué desvarío!

BATO:

Pero soy más mozo yo.
  ¿Seré su nieto?

LUCINDO:

Tampoco.

BATO:

Chozno del rey vengo a ser.
Si se tardan en volver
pienso que me torno loco.


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Escena VII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO, DICHOS.
NUÑO:

  ¡Que no le pude alcanzar
ni con piedras ni con pies!

MENDO:

¿Es Nuño?

BATO:

Pues ¿no lo ves?

MENDO:

¡Nuño en aqueste lugar!

NUÑO:

  Estéis todos en buen hora.

MENDO:

¿Dónde bueno, caballero,
en el hábito primero?

NUÑO:

No estaba Nise aquí agora?

BATO:

  Nise estaba agora aquí;
mas dame albricias, diré
adónde fue y con quién fue.

NUÑO:

¿Qué albricias triste de mí?;
  ya no espero buen suceso.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿Es malo ser del rey...?

NUÑO:

¿Qué?

BATO:

¿Prima?

NUÑO:

¡Prima!

BATO:

Sí, a la he.

NUÑO:

¿Qué dices, que pierdo el seso!

LUCINDO:

  Luego ¿puede estarte mal,
si eres tú tan gran señor,
que se iguale a tu valor?

NUÑO:

Antes ya no soy igual;
  que sabed que el rey me ha echado
de su corte.

BATO:

Pues allá
en una carroza va
Nise.

NUÑO:

¡Ay Nuño desdichado!


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


MENDO:

  La envidia, Nuño, sería
quien te derribó tan presto.

NUÑO:

Ella fue la que me ha puesto
en el lugar que solía.
  Pero ¿quién decís llevó
mi bella Nise de aquí?

MENDO:

Don Sancho.

NUÑO:

¡Don Sancho!

MENDO:

Sí,
  porque el rey se lo mandó.

NUÑO:

Tenga en eso la ventura
que yo tuve, porque vuelva
Nise como yo a esta selva,
ya infierno sin su hermosura.

BATO:

  ¿Que ya no eres caballero,
ni aquellas calzas te pones,
la cuera con los botones
y el emplumado sombrero?
  ¡Válate Dios por el mundo!
Parece comedia todo.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Sí, porque del propio modo
es este el acto segundo.
  Vestime de rey, y al lado
de un rey el acto acabé,
y a ser labrador torné
con el gabán y el arado.
  Mas ¿qué haré, triste de mí,
sin Nise en este destierro?
Subir quiero en aquel cerro,
y mirarla desde allí.
  Nise, que a la Corte vas
cuando de la Corte vengo,
y cuando este gabán tengo
al lado de un rey estás,
  mira que no me casé:
no te cases tú tampoco;
advierte que el mundo es loco,
y no es hoy lo que ayer fue.
  Espera, Nise, por Dios;
que podrá ser que mañana
tú vuelvas a ser villana,
(Vase.)
y nos casemos los dos.

MENDO:

  Lástima Nuño me ha dado.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Ya no quiero ser pariente
del rey, pues tan libremente
echa parientes a un lado.

LUCINDO:

  Seguirle es muy justa ley,
no se mate.

MENDO:

Está perdido.

BATO:

¡Mira por dónde he venido
a no ser chozno del rey!
(Vanse.)


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Escena VIII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Sala en el alcázar.
DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA.
D.ª BLANCA:

  En fin ¿me estará más bien
hacer favor a Tristán?

D.ª JIMENA:

Arias es gran capitán,
Arias es noble también;
  pero el apellido Godo
de Tristán y la blandura
de su trato, y compostura
que muestra en hablar y en todo,
  me obligan a que te diga
que es más perfecta elección.

D.ª BLANCA:

Aún tengo a Nuño afición.

D.ª JIMENA:

Si la memoria te obliga
  de imaginalle galán,
mírale ya labrador,
y cura amor con amor,
o pon su amor en Tristán.


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Escena IX
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, TRISTÁN, sin ver a las damas; DICHAS.
TRISTÁN:

  A donde hay obligaciones
tan grandes y confirmadas
con obras, sirvan de espadas,
Arias Bustos, las razones;
  porque si yo parte os di
de mi pensamiento y gusto,
alzaros con él no es justo.

D.ª BLANCA:

 (Aparte a DOÑA JIMENA.)
¿Mas que riñen sobre mí?

D. ARIAS:

  ¿Qué importa haberme propuesto
que a Nise o a Inés queréis,
después que del rey sabéis
el lugar donde la ha puesto?

TRISTÁN:

  Si cuando vos me contáis
vuestro intento o desvarío,
yo os iba a decir el mío,
mal, don Arias, me pagáis
  cosas que he hecho por vos;
y suplícoos que de Inés
no toméis por interés
el servirla; que, por Dios,
  que puede ser ocasión
de descomponerlo todo.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Yo soy Bustos.

TRISTÁN:

Yo soy Godo.

D.ª JIMENA:

(Aparte a DOÑA BLANCA.)
¿No gustas de la quistión?

D.ª BLANCA:

  Pues ¿hay cosa como ver
reñir dos competidores
quien causa sus disfavores?

D. ARIAS:

Doña Inés es mi mujer.

TRISTÁN:

  ¿Cómo, si al rey la he pedido!

D. ARIAS:

Yo se la he pedido al rey.

TRISTÁN:

¡Qué buena amistad!

D. ARIAS:

¡Qué ley!
(Aparte.)
¡Buenos los pone mi olvido!

TRISTÁN:

  Palabra me habéis de dar
de no pretender a Nise.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Eso es querer que os avise
que no la habéis de mirar,
  porque soy mejor que vos.

TRISTÁN:

Mentís.

D. ARIAS:

Si la lengua agravia,
el acero desagravia.

D.ª JIMENA:

Teneos.

D.ª BLANCA:

Tente, por Dios.

TRISTÁN:

  A no estar aquí la hermana
del rey...

D. ARIAS:

Si Blanca no fuera
quien me tuviera, aquí diera
fin a tu esperanza vana.

D.ª BLANCA:

  Arias, con menos braveza;
que, fuera de ser aquí,
me pesa de que por mí
se muestre tanta fiereza.
  ¿Cuándo os he favorecido
tanto, que pueda el favor
obligaros al rigor
que habéis con Tristán tenido?
  Y vos, Tristán, ¿qué razón
tenéis tan favorecida
de mi parte, si en mi vida
os tuve amor ni afición?
  ¿Quién duda que ya los dos,
del favor de que os preciáis
que os he hecho, os alabáis?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

¡Muy bueno es esto, por Dios!
  ¿Quién te ha dicho, Blanca, a ti
que por ti saqué la espada?

TRISTÁN:

Blanca, tú estás engañada.

D.ª BLANCA:

Pues ¿no es la cuestión por mí?

TRISTÁN:

  No, sino por doña Inés,
prima del rey, labradora,
que traen del monte agora.

D.ª BLANCA:

¿No es por mí?

D. ARIAS:

Por ella es.

D.ª JIMENA:

  ¡Qué fría, Blanca, has quedado!
Ver reñir competidores
es gran gusto.

D.ª BLANCA:

Ya, señores,
que aquí os habéis declarado,
  en vuestra vida me habléis.
(Aparte.)
(Si mil galanes buscara,
esta Inés me los quitara.)


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D.ª JIMENA:

Amigos quedar tenéis.

TRISTÁN:

  ¿Cómo, si estoy ofendido!

D.ª JIMENA:

En palacio no hay, Tristán,
agravio, ni en el galán
que esto hubiera respondido.
  Yo lo mando: dad la mano
a don Arias.

D.ª BLANCA:

El rey sale.


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Escena X
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, NISE, DON SANCHO, DOÑA BLANCA, DON ARIAS, TRISTÁN.
D. ALFONSO:

No hay belleza que la iguale.
Dejad el traje villano,
  prima, y el Nise también.
De hoy más, Inés os llamad.

NISE:

Las manos, señor, me dad.

D. ALFONSO:

Jimena, haced que la den
  vestidos a vuestra prima,
conformes a su valor.

D.ª JIMENA:

Debéis, señora, a mi amor
el gusto con que os estima.

NISE:

  Hállome tan atajada,
como quien fue labradora.

D. ARIAS:

Y ha tan poco que es señora,
que aún piensa que está engañada.

NISE:

  Suplícoos me deis los pies.

D.ª JIMENA:

Dejad, prima, la humildad.
A doña Blanca abrazad,
que muy vuestra deuda es.

NISE:

  Dadme, señora, esos brazos,
y por vuestra me tened.

D.ª BLANCA:

Haceisme mucha merced.
(Aparte.)
(¡Quién os hiciera pedazos!)

D. ALFONSO:

  Contento en extremo estoy
del valor de doña Inés.

D. ARIAS:

(Aparte.)
Aunque esta ocasión no es
para hablarle, a hablarle voy.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

  (Aparte.)
Puesto que ocasión no sea
de hablar al rey, quiero hablalle.

D. ARIAS:

(Aparte.)
La mano quiero ganalle,
que éste ganarme desea.

TRISTÁN:

  (Aparte.)
Ganaréle por la mano.
Cielos, mis intentos veis.

D. ARIAS:

Señor...

TRISTÁN:

Señor...

D. ALFONSO:

¿Qué queréis?

D. ARIAS:

(Aparte.)
Tarde llego.

TRISTÁN:

(Aparte.)
Llego en vano...

D. ARIAS:

  Óigame tu señoría.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Señor, escucha, por Dios.

D. ALFONSO:

¿Quién os ha dicho que a dos
a un tiempo escuchar podía?

D. ARIAS:

  Señor, si yo te he servido...

TRISTÁN:

Señor, si yo te he obligado...

D. ALFONSO:

Supuesto que Dios me ha dado
a cada lado un oído,
  no sé si podré entender
dos razones diferentes.

D. ARIAS:

Por haber tantos presentes,
que envidia me han de tener,
  me anticipo a suplicarte...

TRISTÁN:

Señor, lo que yo te pido
es que habiéndote servido
en la guerra, en cualquier parte,
  con mis vasallos y hacienda,
que me has mandado acudir...

D. ALFONSO:

Yo bien sé que os puedo oír;
mas no sé cómo os entienda.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

  Señor, mi demanda es
que con doña Inés me cases.

TRISTÁN:

Yo querría que empleases
en mi casa a doña Inés.

D. ALFONSO:

  Arias, respondo que a ti
no puedo dártela agora,
porque aún está labradora.
¿Entiéndeslo?

D. ARIAS:

Señor, sí.

D. ALFONSO:

  Y a ti, Tristán, que es rigor
casarla sin descansar.
Después nos queda lugar.
¿Entiéndeslo?

TRISTÁN:

Sí, señor.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

  (Aparte.)
¡Qué mal el rey me ha pagado!

TRISTÁN:

(Aparte.)
¡Qué mal el rey me pagó!

D. ALFONSO:

(Aparte.)
(¡Qué necio Tristán me habló!
Y don Arias, ¡qué pesado!)
  Lleva a mi prima, Jimena,
a descansar y mudar
el traje.
(Vase.)

D. ARIAS:

(Aparte a DOÑA JIMENA.)
¿Que no hay lugar
para decirte mi pena!

D.ª JIMENA:

  (Aparte a DON SANCHO.)
(Con ocasión de traer
a doña Inés un recado,
me hablarás.)
(A NISE.)
Ven a mi estrado;
que te quiero componer.

NISE:

  Son favores soberanos;
que compuesta de vos hoy,
bien podré decir que soy
hechura de vuestras manos.
(Vanse DOÑA JIMENA, NISE y DON SANCHO.)

BLANCA:

  (Aparte.)
¡Mis celos y envidia crecen!
(Vase.)
Todo lo lleva tras sí.


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Escena XI
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, TRISTÁN.
TRISTÁN:

Basta, que pierdo por ti
los favores que me ofrecen;
  basta, que siendo tu amigo,
a ser mi enemigo sales.

D. ARIAS:

En ocasiones iguales
tú quieres ser mi enemigo.
  Mas, por Dios, que ha de costarte
la vida la pretensión.

TRISTÁN:

Dijérasme esa razón,
don Arias, en otra parte.

D. ARIAS:

  ¿No me conoces?

TRISTÁN:

Y a mí,
¿conócesme?

D. ARIAS:

Doña Inés
ha de ser mía.

TRISTÁN:

Eso es
si el rey te la diere a ti.

D. ARIAS:

  Hoy quedamos enemigos,
y de Inés competidores.

TRISTÁN:

No hay enemigos mayores
(Vanse.)
que los que fueron amigos.


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Escena XII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Patio del alcázar.
NUÑO, BATO.
BATO:

  ¿Adónde vas sin sentido,
que hasta León no has parado?

NUÑO:

Desde que dejé el ganado.
voy perdido.

BATO:

Y ¡qué perdido!
  Mira que han de conocerte;
que a palacio llegas ya.

NUÑO:

Bato, el que sin seso va,
¿cómo temerá la muerte?

BATO:

  Habiéndote desterrado
el Rey, ¡te vuelves aquí!


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Oye un pensamiento.

BATO:

Di.

NUÑO:

Alfonso; ¿no me ha mandado
  volver a mi tierra?

BATO:

Pues...

NUÑO:

La tierra ¿no es el lugar
donde se ha de descansar,
que la propia el centro es?

BATO:

  Eso claro está.

NUÑO:

Pues yo
a Nise por centro tengo.
Si él la tiene aquí, yo vengo
a hacer lo que él me mandó.
  Mi tierra y descanso es Nise:
yo vengo a donde ella está.

BATO:

¿No ves que no es tierra ya
para que nadie la pise?
  Pisa ya alfombras de seda
y almohadas de brocado.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Pues pise a Nuño de Prado,
que tan agostado queda.
  Nise mía, Nise hermosa,
tus ojos, del prado ausentes,
hacen crecer a sus fuentes
la creciente caudalosa.
  Vuelve, señora, a tu prado,
adonde tantos amores
harán esmaltes y flores
a tu blanco pie nevado.
  Cuando yo fui caballero,
no te dejé por villana:
cuando tú eres cortesana,
no me dejes por grosero.

BATO:

  Vete, don Nuño, despacio;
la muerte buscando vas,
pues que tales voces das
por los patios de palacio.
  En que te escuchen repara.

NUÑO:

Nise mía, vuelve a ver
estas lágrimas correr,
que están bañando mi cara.
  Caballero, te estimé,
y yo creo que lo soy:
así por envidia estoy;
que no por mi culpa fue.
  Nise bellísima, advierte
que fuiste ayer labradora;
y si me dejas agora,
Nuño se dará la muerte.
  Mármoles, doleos de mí,
pues que Nise no responde.
Pero si el rey me la esconde,
¿para que la culpo así?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  Subir a los corredores
es locura temeraria.

NUÑO:

Cuando es la vida contraria,
no hay respeto ni hay temores.
  Dulce Nise, Nise mía,
¿quién os trajo entre los reyes,
de entre las cabras y bueyes
que Nuño guardar solía?
  Fuera de tu centro estás;
no dures en esta ausencia;
mira, mi bien, que es violencia.

BATO:

¡Nuño!...

NUÑO:

Adiós.

BATO:

Terrible estás.


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Escena XIII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FERNÁN NÚÑEZ, DON ARIAS, TRISTÁN, NUÑO, BATO.
F. NÚÑEZ:

  Entre amigos tan grandes no era justo
querer averiguar con las espadas
lo que es razón que con razones sea.

D. ARIAS:

Tú seas, Fernán Núñez, bien venido.
que como a caballero castellano
y embajador del conde de Castilla,
yo te respeto como al mismo conde,
y paso por el medio que has tomado.

TRISTÁN:

Luego que tú, Fernando, compusiste
con estas suertes nuestro injusto pleito,
te obedecí: prosigue en lo que falta.

F. NÚÑEZ:

Yo he puesto de mi letra vuestros nombres
en aquestas dos cédulas, y agora
las deposito y pongo en el sombrero.
Aquí dice «Tristán», aquí «Don Arias».
El primer inocente que se ofrezca,
o paje o niño, meterá la mano;
si sacare «Don Arias», suya sea
la Nise o doña Inés; si «Tristán» dice,
que sea de Tristán.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Allí sospecho
que están unos villanos, y ésos bastan.

F. NÚÑEZ:

Pues no se ha de quitar de aquí ninguno.

D. ARIAS:

No te replico en nada.

TRISTÁN:

Aquí te espero.

F. NÚÑEZ:

Diré verdad, a fe de caballero.
(Llega NUÑO.)
  Estéis en buen hora, amigos.

NUÑO:

Vengáis en mejor que estoy.

F. NÚÑEZ:

Sabed que a componer voy
a dos grandes enemigos.
  Pretenden aquellos dos
una dama hasta matarse,
sobre cuál ha de emplearse
en servilla.

NUÑO:

¡Bien, por Dios!

F. NÚÑEZ:

  Traigo los nombres aquí,
y el de la dama.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

¿Quién es?

F. NÚÑEZ:

Una Nise o doña Inés.
Poco os va a vos.

NUÑO:

¡Poco a mí!

F. NÚÑEZ:

  Meted, buen hombre, la mano;
que el que acertare a salir,
por mujer la ha de pedir.
(Aparte.)
¡Qué inocente es el villano!

NUÑO:

  ¿Sois de aquí vos?

F. NÚÑEZ:

Soy, buen hombre,
embajador de Castilla.
(Aparte.)
¡Qué inocencia tan sencilla!
Y es Fernán Núñez mi nombre.
  Para el conde, mi señor,
vengo a pedir de Jimena
la prima hermana.

NUÑO:

(Aparte.)
¡Qué pena
tiene algún hombre mayor!
  Meto la mano.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


F. NÚÑEZ:

Mostrad.

NUÑO:

Yo sé leer.

F. NÚÑEZ:

¿Vos?

NUÑO:

Yo, pues.
Aquí dice «doña Inés».

F. NÚÑEZ:

Pues, alto, el nombre sacad
  del que ha de ser su marido.

NUÑO:

Eso ya no hay para qué,
porque el nombre yo le sé
del que ha de serlo y lo ha sido;
  y decildes a los dos
que ¿para qué es pretender
a quien es de otro mujer?

F. NÚÑEZ:

¿Qué decís?

NUÑO:

Esto, por Dios.
  Mas si se les ha olvidado,
decid, Fernán Núñez, que es
la señora doña Inés
mujer de Nuño de Prado;
  y que con este bastón,
aunque ya espada ceñí,
defenderé que es así.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


F. NÚÑEZ:

Puesto me has en confusión.
  ¿Quién es don Nuño?

NUÑO:

Yo soy.

F. NÚÑEZ:

Llegaos, señores, acá.
La suerte ha salido ya.

D. ARIAS:

Y ¿por quién?

NUÑO:

(Aparte.)
¡Confuso estoy!

F. NÚÑEZ:

  Salió por Nuño de Prado,
que es el que tenéis presente.

D. ARIAS:

¿Tú vienes tan libremente,
habiéndote desterrado,
  hasta el palacio real!

NUÑO:

Vengo en busca de una oveja
que en su nevada pelleja
tiene mi roja señal.
  Sé que hay dos lobos aquí
que me la quieren comer,
y véngola a defender.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Loco está.

D. ARIAS:

Pienso que sí.

TRISTÁN:

  (Aparte a DON ARIAS.)
Déjale; que es hombre fuerte,
celoso y determinado.

D. ARIAS:

Él viene desesperado,
y sin temor de la muerte.
  Al rey demos cuenta desto.

F. NÚÑEZ:

Decidme lo que es.

TRISTÁN:

Entrad,
y lo sabréis.

BATO:

Ya es crueldad,
Nuño, hablar tan descompuesto.

NUÑO:

  ¡Ay Bato! ¡Pluguiera a Dios
que estos viles no se fueran,
sino que ocasión me dieran
para matar a los dos!
¿Ves cuál se van los gallinas,
tan encogidas las alas?

BATO:

¿Mas que te entras por las salas?
¿Adónde, Nuño, caminas?
(Vanse.)


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Escena XIV
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Sala en el alcázar.
NUÑO, BATO, UN PORTERO.
NUÑO:

  Déjame llamar aquí.

PORTERO:

Labradores, ¿dónde vais?

NUÑO:

¿Sois quien abrís o cerráis
esta puerta?

PORTERO:

Hermano, sí.

NUÑO:

  Pues decid, señor portero,
a Nise o a doña Inés
 (si ya este nombre no es
bueno por ser el primero)
  que dos villanos de Flor,
el aldea a do vivía,
cuando el prado honrar solía
a quien tuvo tanto amor,
  la traen cierto presente.

PORTERO:

Por ser cosa tan segura,
voy.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

El cielo os dé ventura,
y la vida y honra aumente.
(Vase el PORTERO.)

BATO:

  ¿Qué haces?

NUÑO:

Ya ¿no lo ves?
Intento cosas de loco.

BATO:

La vida tienes en poco.
¿Tú hablar a doña Inés?

NUÑO:

  A doña Inés quiero hablar,
y en hablándola, morir.

BATO:

Pues ella ¿podrá salir?

NUÑO:

Mi nombre la hará lugar.


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Escena XV
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


EL PORTERO, NISE, NUÑO, BATO.
NISE:

  (Al PORTERO.)
¿Villanos de Flor a mí!

NUÑO:

Sí; que ya somos villanos
como otros son cortesanos.

NISE:

Señor, ¡tú llegas aquí!

NUÑO:

  ¿Dónde no podrá llegar
un hombre desesperado?
¿Qué palacio, qué sagrado
no se atreviera a pisar?

NISE:

  (Aparte a NUÑO.)
Deténte, por Dios, mi bien:
mira que te escucha este hombre.

NUÑO:

(Aparte a NISE.)
(Yo sabré encubrir mi nombre,
y sabré morir también.)
  Díjome Nuño de Prado
que las manos os besaba,
y que allá muy triste estaba
después que le habéis dejado.
  Y a la fe tiene razón,
porque ya con tanta seda
no habrá labrador que pueda
teneros conversación.
  Jurome a vos (y lo creo,
porque en juraros a vos,
no hay cosa después de Dios
que estime con más deseo)
  que se quería morir,
y lo andaba procurando.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

Yo, amigo, estoy deseando
que pueda Nuño vivir.

NUÑO:

  ¿Vos?

NISE:

Yo pues.

NUÑO:

¡Mal me haga Dios
si no mentís!

NISE:

Calla, amigo.

NUÑO:

Verdades, señora, os digo;
porque ya ¿qué podéis vos?
  Él villano, vos señora,
él desterrado, vos prima
del rey, él que desestima
la vida, vos viva agora,
  él con grosero vestido,
vos cubierta de oro y seda,
él que sin vos muerto queda,
vos que ya tenéis marido,
  ¿qué bien le podéis hacer,
ni qué gusto desear?
Yo sé que le quiso dar
a Blanca el rey por mujer,
  y la estimó en una blanca.
No lo haréis vos deste modo,
pues que ya con Tristán Godo
y Arias Bustos sois tan franca.
  Mas, señora doña Inés,
¿qué fuera de un hombre triste,
a no haber muerte?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NISE:

¿En qué viste
que ésa su firmeza es?

NUÑO:

  En que a vos no os falta gusto
de verle entre tantas muertes,
y en que los dos echan suertes
sobre la capa del justo.

NISE:

  Decilde a Nuño de Prado,
temeroso mensajero
que aquello que quise quiero;
que la mudanza de estado
  no puede el alma mudar;
y decid que pierda el miedo,
porque ni casarme puedo,
ni el rey me puede casar.
  Yo soy casada, y así
le diréis que esté seguro
que su libertad procuro,
y le quiero más que a mí.

NUÑO:

  No digáis más; que eso basta
a darle vida, señora.

NISE:

Llevadle este abrazo.

NUÑO:

Agora
la ausencia y muerte contrasta
  los enemigos, y cuánto
pueden celos en ausencia.


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Escena XVI
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA, DON ARIAS, TRISTÁN, FERNÁN NÚÑEZ, DON SANCHO, DICHOS.
D. ALFONSO:

Ha sido mucha insolencia:
de su libertad me espanto.
  Prendelde.

D. ARIAS:

(A NUÑO.)
Date a prisión.

D. ALFONSO:

Prended al que está con él.

BATO:

¿A mí, señor?

NISE:

¡Qué cruel
fortuna!

NUÑO:

Mis dichas son.

D. ALFONSO:

  Nuño, ¿no te desterré?
Pues ¿cómo vienes aquí?

NUÑO:

Porque sin razón perdí
la gracia que en ti gané,
  porque pudieron traidores
escurecer tu justicia.

D. ALFONSO:

Llevadle, y por su malicia,
al tercero en sus amores.

BATO:

  ¿Yo tercero!

NUÑO:

En Dios espero
venganza.

BATO:

Y ¿me han de azotar?
(Llévanse DON ARIAS y el PORTERO a NUÑO y BATO.)


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Escena XVII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA, NISE, DON SANCHO, FERNÁN GONZÁLEZ, TRISTÁN.
D. ALFONSO:

Bien pudieras excusar,
Inés, que un villano fiero,
  un desleal, se atreviera
a mi casa.

NISE:

No sabía
su destierro.

D. ALFONSO:

Hermana mía,
mucho esta mujer altera
  el sosiego de mi casa.
Casarla quiero.

D.ª JIMENA:

Harás bien.

D. ALFONSO:

Aconséjame con quién.

D.ª JIMENA:

Con Arias Bustos la casa.

D. ALFONSO:

  Tristán...


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TRISTÁN:

Señor...

D. ALFONSO:

Llama luego
a don Arias, y hoy se case.

TRISTÁN:

(Aparte.)
¿Cómo sufro que esto pase?
Hoy me pierdo loco y ciego.
  Señor, Arias no merece
a tu prima.

D. ALFONSO:

¿Por qué no?

TRISTÁN:

Porque es traidor, y sé yo
que al más indigno se ofrece.

D. ALFONSO:

  ¿Traidor Arias?

TRISTÁN:

Él ha sido
quien a Nuño ha desterrado;
que ningún hidalgo honrado
con más lealtad te ha servido.

D. ALFONSO:

  No me pudieras, Tristán,
decir nueva de más gusto,
si esto es cierto, y no es disgusto
que envidia y celos te dan.
  Mas don Arias viene aquí.
Retírate a aquella parte.


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Escena XVIII
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ARIAS, DICHOS.
D. ARIAS:

Ya queda preso.

D. ALFONSO:

Aquí aparte
quiero informarme de ti.

D. ARIAS:

  ¿De qué, señor?

D. ALFONSO:

Yo querría
dar a mi prima a Tristán;
pero parlado me han
(creo que envidia sería)
  que don Nuño está inocente,
y que Tristán levantó
aquel testimonio, y yo
le he hablado y dice que miente
  quien me lo ha dicho y contado;
que tú fuiste.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ARIAS:

Gran señor,
él miente, como el amor
de doña Inés le ha engañado;
  que no sólo levantó
a don Nuño que escribía
a Muza, pero aquel día
al preso Ordoño mató.

D. ALFONSO:

  Pues tú ¿cómo sabes eso,
si no es que fuiste con él?
{{Pt|D. ARIAS:|
Yo lo supe después dél
por un extraño suceso.

D. ALFONSO:

  Jimena...

D.ª JIMENA:

Señor...

D. ALFONSO:

(Aparte a DOÑA JIMENA.)
¿No sabes
como está Nuño inocente?

D.ª JIMENA:

¡Válgame el cielo!

D. ALFONSO:

Deténte;
que estas cosas son muy graves.
  Arias y Tristán lo han hecho
de envidia.


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Escena XIX
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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


MENDO, DICHOS.
MENDO:

Tengo de entrar,
aunque no me den lugar.

D. ALFONSO:

(Aparte.)
(Mayores males sospecho.)
  ¿Qué quieres, hombre, di?

MENDO:

Quiero
por Nuño hablarte, señor,
aunque tan vil labrador,
por tan grande caballero.

D. ALFONSO:

  ¿Por Nuño?

MENDO:

Impórtate mucho,
a él la vida le importa.

D. ALFONSO:

De prevenciones acorta.

MENDO:

Escucha un poco.

D. ALFONSO:

Ya escucho.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


MENDO:

  El Rey Fruela, tu padre,
andando una tarde a caza,
en Flor, mi pequeña aldea,
vio a una gallarda aldeana,
que en el prado de los chopos
junto a un arroyo guardaba
blancas ánades, que hacían
sus aguas copos de plata.
Apeose del caballo,
y antes que la luna blanca
saliese a ilustrar la noche,
con ruegos y con palabras
rindió su inocente pecho,
tanto que al salir el alba,
de vergüenza de Ramira,
mostró más roja la cara.
Volviose el rey a la Corte,
y Ramira a su cabaña,
dejándola aqueste anillo;
mas la muerte, que no guarda
respeto a coronas de oro
más que a sombreros de paja,
llevose a tu padre: el modo
bien lo sabe toda España.
Parió Ramira, y temiendo
que si contaba la causa
no había de ser creída.
quiso dilatar su infamia.
Echó el niño entre unos juncos,
y con estas tristes ansias
murió aquella misma noche,
diciéndome esto en su cama.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


MENDO:

Yo busqué el niño aquel día,
sin hallarle. ¡Cosa extraña!
Que al volverme, el gran Bermudo,
siguiendo la retaguardia
de Muza, le halló en los juncos
con el cuento de la lanza.
Diómele a criar allí,
temiendo que le pesara
a tu padre de tenerle,
aunque era Ramira hidalga;
que su padre por los moros
perdió su hacienda, y estaba
retirado en esta aldea.
Dile del bautismo el agua
al niño, y llaméle Nuño;
que así Bermudo me manda.
Hízose mozo valiente,
a quien, cuando de Navarra
veniste, te dio Bermudo,
y tú a él nobleza y armas;
que el sobrenombre de Prado
justamente se lo llaman,
porque en prado lo engendraron,
y en prado fue su crianza.
Agora que le destierras
por envidias de tu gracia,
hablé a Bermudo, que queda
de gota enfermo en la cama.
Mandome venir a ti
en tanto que él se levanta,
a decirte que a tu hermano
poca justicia le guardas.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Conozco el real anillo,
y tuviera a gran desgracia
el tomar por dos traidores
en su inocencia venganza.
Con aqueste labrador
(A DON SANCHO.)
iréis, señor de Saldaña,
y traeréis de la prisión
a don Nuño.

D. ARIAS:

Lo que mandas
haré, señor, al momento.
(Vanse DON SANCHO y MENDO.)


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Escena XX
Pág. 168 de 175
Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DON ALFONSO, DOÑA JIMENA, DOÑA BLANCA, DON ARIAS, FERNÁN NÚÑEZ, NISE, TRISTÁN.
D. ARIAS:

¡Hay más notable desgracia?

TRISTÁN:

(Aparte.)
¡Qué poco importan traiciones
contra verdades tan claras!
¡Mal haya el hombre que en ellas
fundare sus esperanzas

D. ALFONSO:

Caballeros (aunque el nombre
de caballeros se agravia
viéndose puesto en vosotros),
¿qué pensamiento, qué traza
para el fin que pretendistes
era decir que intentaba
don Nuño de darme muerte
siendo un hombre en quien se halla
tanta nobleza y valor?
Que cuando no me informara
mi tío que era mi sangre,
en sus virtudes lo hallara.
Para probar que era noble,
sólo aquesto le faltaba;
pues siempre a los que lo son
les persigue gente ingrata.
Si el sentimiento tenéis
como tenéis para él causa,
para sentir tanta afrenta
un alma sola no basta;
mas yo juzgo de la vuestra
que siente bien poco o nada;
que alma que consiente afrentas,
sabrá bien disimularlas:
y muestra bien mi verdad
lo que miro en vuestras caras;
pues la vergüenza del caso
no las ha puesto encarnadas.
Mas como a prueba de injurias
las tenéis hechas, no pasan
a ella muestras algunas
de las que fabrica el alma;
fuera de que es sangre noble
aquella, con que repara
el corazón los afectos
de las otras partes flacas.
Como esta nobleza ya
en vosotros no se halla,
no me espanto que no acuda
ninguna sangre a la cara.


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Escena XXI
Pág. 169 de 175
Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO, DON SANCHO, MENDO, BATO, DICHOS.
NUÑO:

Decid: ¿qué me quiere el rey?

D. ARIAS:

Daros libertad y gracias
por vuestro valor, don Nuño.

NUÑO:

Señor conde de Saldaña,
no tengo mucho valor;
pero el que me anima el alma
por mi razón volverá.

D. ALFONSO:

Nuño...

NUÑO:

Señor, ¿qué mandas?

D. ALFONSO:

Que me des aquesos brazos.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Ya de lo que es justo pasas.
¡Hoy ponerme en la prisión
con tan crüeles palabras,
y agora tanto favor!
Yo no te entiendo.

D. ALFONSO:

Levanta;
que yo hice información
falsamente; que no faltan
los Reyes a lo que son,
sino por traidores.

NUÑO:

Basta.

D. ALFONSO:

Tú eres mi hermano, don Nuño,
y sólo el serlo bastara
para que yo no creyera
traiciones tan declaradas.
Pero si dos caballeros
como Tristán y don Arias
me lo dijeron, ¿qué había
de hacer?


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Disculpa es harta.
De que yo tu hermano sea
doy al cielo muchas gracias;
que, en efecto, es obra suya.
Mas de lo que me imputaban,
no como a hijo de rey,
pues serlo na lo pensaban,
sino como a un labrador
favorecido en tu casa,
antes de tratarme en ella
como a quien soy, la venganza
de mis manos solamente
pienso tomar, y alcanzada
la licencia que te pido,
los desafío a que salgan;
que yo sólo a los dos juntos
les mostraré que es su infamia
la mayor que en pechos de hombres
ha publicado la fama.
Y no hago mucho en salir
con los dos, pues sólo basta
un agraviado sin culpa
contra diez, si diez le agravian;
que la razón poderosa
vence más que no las armas.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


NUÑO:

Y la que tengo me anima
tanto, que si aquí se hallaran
cuantos Vellidos ha habido
desde la traición más alta,
y los que tiene de haber,
todos juntos los matara.
Ea, infames ofensores
de un hombre que os estimaba
por sus amigos un tiempo,
aunque en esto se engañaba;
si lo que habláis con la lengua
lo defendéis con la espada,
contra las cobardes vuestras
la mía se desenvaina;
aunque pienso que es tan noble,
que por no quedar manchada
con la sangre de traidores,
no entrará en vuestras entrañas.
Pero cuando ella os perdone,
mi cólera sola basta
para matar dos cobardes.
¿Qué miráis? Desenvainaldas.

D. ALFONSO:

¡Ah don Nuño!, ¿que es aquesto?
¿Para qué mayor venganza
que la confesión que han hecho?

NUÑO:

Rey Alfonso, ésa no basta;
que si para cualquier hombre
es aquesa la ordinaria,
soy hijo del rey, y es justo
que yo la tome más alta.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Sobre mi tomo tu honra.

NUÑO:

Pues con aquesa palabra
reporto, señor, mi enojo.

D. ALFONSO:

Otra ha de ser la venganza.

NUÑO:

Tan noble soy, que si están
convencidos y declaran
que les pesa de lo dicho,
les remitiré su infamia.

D. ALFONSO:

Pues habránlo menester.
Y vos decid la embajada,
embajador de Castilla.
Decidme lo que me manda
su conde y señor.

F. NÚÑEZ:

Alfonso,
esto pide, si te agrada:
  Viendo que se ha de casar
para tener sucesor,
y que esto es fuerza en rigor,
y no se ha de dilatar,
  por su mujer me mandó
pedir la Blanca que estima.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


D. ALFONSO:

Digo que es suya mi prima.

D.ª BLANCA:

El favor estimo yo.

NISE:

  Dadme, señora, los pies
por condesa de Castilla.

D.ª BLANCA:

Yo os doy la primera villa
en que entrare, doña Inés.

D. ALFONSO:

  Eso de dar, a los reyes
toca: yo doy a mi hermano
a doña Inés, que es en vano
poner a los gustos leyes.
  Ellos se quieren, y es ley
que ellos se gocen.

NUÑO:

Señor,
en don de tanto valor
veo lo que puede un rey.

D. ALFONSO:

  Doy a estos dos labradores
su aldea, y alrededor
tres leguas; y pues en Flor
se halló el prado destas flores,
  en ti y en tus descendientes
quedará el nombre de Prado.


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Los prados de León Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¡Pardiós que el rey es honrado,
y trata bien sus parientes!
  Todo es burla, todo es vano,
aunque hayas guardado bueyes,
sino andarte tras los reyes;
que al fin dan, tarde o temprano.

D. ALFONSO:

  Los dos traidores le doy
a Nuño que los castigue.

D. ARIAS:

Si ya es razón que te obligue
el ver que a tus pies estoy,
  por don Tristán y por mí
misericordia te pido.

NUÑO:

A Inés os doy; que ella ha sido
la piedad que vive en mí.

NISE:

  Pues yo les doy el perdón.

TRISTÁN:

España toda te alabe.

NUÑO:

Y aquí la comedia acabe
de Los prados de León.

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