Miscelánea histórica: 11

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Noticia de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales
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Miscelánea histórica José María Blanco White


Aunque no es de este propósito presentar la historia de las antiguas relaciones entre la Europa y la India Oriental, tampoco parece del todo inoportuno insinuar las principales variaciones que ha tenido aquel vasto comercio en las épocas anteriores a los primeros ensayos hechos por los ingleses para ponerlo en el auge que de ellos ha recibido. Durante la universal dominación del Imperio Romano y aun mucho después de su destrucción en occidente, todas las comunicaciones se hacían con la India por el Nilo y el Mar Rojo.

Destruyéronlas casi del todo los sarracenos y las renovaron después los genoveses y venecianos hacia mediados del siglo XII, variando el rumbo por Caffa, el Mar Negro, Astracán y el Mar Caspio hasta Persia, y desde este imperio hasta la India. Los mamelucos seguían por los años de 1300 los mismos pasos, llevando los géneros de la India por el Eúfrates a Bagdad y desde esta ciudad a la Siria en caravanas. Poco después hicieron los moros sus irrupciones en la India, y cuando en el año 1500 llegaron a ella los portugueses ya tenían aquéllos algunos establecimientos hasta en las Molucas, y estaban en posesión del comercio hasta la China y partes occidentales por el lado de Europa. A fines del siglo XVI, el Sultán de El Cairo hacía cargar las mercancías índicas en las costas de Arabia, desde donde eran llevadas por tierra a la Meca y hasta Egipto, Libia y el interior de África. Descubierta esta parte de nuestro hemisferio hasta el Cabo de Buena Esperanza por los portugueses, el Rey D. Manuel envió pocos años después, en 1497, la famosa expedición de Vasco de Gama, que al cabo de veintiséis meses estuvo de vuelta en Lisboa, después de haber penetrado hasta Quiloa y Mombasa, donde hallaron muchos y grandes buques de la Arabia, y habiendo llegado a la populosa Calcuta, donde vieron mil quinientas embarcaciones, regresaron a Melinda y desde allí a Europa. Sabido es el asombroso comercio que por largos años hicieron los portugueses.

Hasta que convertidos en ruina los poderosos recursos que les proporcionara, se vieron desposeídos de casi todos sus establecimientos, quedando al fin la entrada franca para las demás naciones de Europa.

Por los años de 1584, algunos socios de la compañía inglesa de Turquía emprendieron la introducción de mercancías desde Alepo a Bagdad y, bajando el Tigris, hasta Ormuz, en el Golfo Pérsico, intentando abrir comercio con la India por tierra, para lo cual llevaron cartas de la Reina Isabel para el rey de Camboya y para el emperador de China. En todos aquellos puntos se encontraron con factorías venecianas; mas no por eso dejaron de encaminarse a otras partes de la India, y aun estuvieron en Agra, capital del Gran Mogol. A la vuelta para Londres se embarcaron en Trípoli de Siria y llegaron a su patria bien impuestos en la naturaleza del comercio con la India Oriental, y preparados para el proyectado viaje por mar a aquellas regiones, en el cual se pensaba entonces con calor. En efecto, el año 1591 salió de Inglaterra para la India una expedición de tres embarcaciones, que fueron a cual más desgraciadas en su travesía, presentando muy malos auspicios para otra nueva tentativa. Sin embargo, excitada la magnánima Reina Isabel por los grandes provechos que los mercaderes extranjeros sacaban de aquel comercio, tomó a pecho el proporcionarlo directamente a sus súbditos, y el 31 de diciembre del año 1600 concedió carta de compañía a Jorge Conde de Cumberland y 215 caballeros, regidores y mercaderes, bajo la denominación de «Gobernador y Compañía de Mercaderes de Londres para el comercio de las Indias Orientales». Las primitivas acciones fueron solamente de 50 libras esterlinas cada una; y así se formó la Compañía inglesa de las Indias Orientales, que al través de muchas vicisitudes aún estaba en pie el año 1708, en cuyo tiempo quedó incorporada a la Compañía Unida.

Poco después de establecida la primera se apoderaron los ingleses de la Isla de Santa Elena, que estaba inhabitada; pero se dieron prisa a fortificarla y poner en ella suficiente población y pertrechos, para asegurar la gran ventaja que les resultaba de que hiciesen en ella escala a tomar aguada y provisiones, todos los buques que navegaban de vuelta de la India. En el año de 1712 se prolongó hasta el 25 de marzo de 1736 el comercio exclusivo a favor de la Compañía, y seis años antes de resolverse de nuevo sobre la carta de su fundación se hicieron esfuerzos de grande empeño para que quedase abierto o a lo menos para que se le diese más extensión que la que tenía en el monopolio de la Compañía. En el mes de febrero de 1730 se presentó con este objeto una petición a la Cámara de los Comunes haciendo en ella varias proposiciones y fundándola por la mayor parte en las razones generales que se suelen alegar en semejantes casos. Los exponentes ofrecían adelantar la suma de 3.200.000 libras esterlinas, para redimir el fondo de la compañía, debiendo recibir sólo un 2 por 100 de esta cantidad después de hecho el último pago. En 1743 pidió la Compañía una prórroga de catorce años para el comercio exclusivo y demás privilegios, allanándose a pagar por esta gracia un millón de esterlinas para el servicio público del año siguiente a 3 por 100 de interés, a lo cual se accedió por una acta del Parlamento. En 1767 nombró el Parlamento una comisión que se informase del estado de los negocios de la Compañía. Esta investigación y la de otros particulares que tenían relación con ella produjo debates sumamente acalorados, por no decir violentos. Uno de los puntos más importantes que se discutieron fue el derecho de la Compañía sobre sus posesiones territoriales; pero aunque se trató muchas veces esta cuestión, no se mostró la Cámara muy inclinada a resolverla a causa de las graves consecuencias que en ella irían envueltas, y así los ministros, aunque muy dispuestos a reconocer aquel derecho, y un considerable número de propietarios, no menos empeñados en negarlo, vinieron por fin a conformarse prudentemente en que se ajustase un acomodamiento entre el Gobierno y la Compañía.


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