Neologismos y americanismos: S

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S[editar]


SABLEADOR.—

Así llamamos, en América, al militar que no tiene otro mérito que el de ser bravucón o comedor de carne cruda. En España oí que los llamaban espadones, y, por cierto, no en el sentido de eunucos, que es el que el Diccionario da al vocablo espadón.- También, como allá, llamamos sableador al petardista.


SABLEAR.—

Dar sablazos y petardear.


SALVAJISMO.—

El señor Batres Jáuregui defiende la palabra salvajes, que nadie usa en América, por mucho que la traiga el Diccionario. Entre nosotros no se dice, por ejemplo, actos de salvajez sino actos de salvajismo.


SANGUARAÑA.—

Un baile popular.- Dejarse de sanguarañas es dejarse de rodeos e ir al grano.


SANGUARAÑERO, A.—

Persona que baila sanguaraña, la que anda con remilgos para referir algo.


SECRETEO.—

Hablar bajo y al oído de otra persona.


SECRETEARSE.—

El secreteo mutuo.


SIGNATARIO, A.—

La persona que firma un documento. La voz es muy usada por los diplomáticos.


SINDICATO.—

Corporación elegida de entre los accionistas de una empresa. Hay diferencia, y mucha, entre sindicato y gerencia, que es la voz que el Diccionario trae. En el Congreso Literario de Madrid, a propósito del comercio de libros, dos o tres de los oradores hablaron sobre la conveniencia de establecer un sindicato de libreros y editores; y en el Congreso Mercantil oí también la palabra a don Segismundo Moret, gran orador y académico de la Española.


SINVERGÜENZA.—

El que carece de dignidad o de vergüenza. El doctor Thebussem diserta muy atinadamente sobre la necesidad de admitir el vocablo.


SINVERGÜENCERÍA.—

Falta de decoro o de vergüenza.


SOLUCIONAR.—

Empleamos este verbo, que la Academia no admite, en el sentido de poner término o resolver una cuestión, un problema, un conflicto, un litigio. El uso ha hecho que, en América, demos idéntico significado a los verbos solucionar y resolver, y a los sustantivos solución y resolución.


SOROCHE.—

(Del quechua) Dolencia, a veces mortal, que acomete a los viajeros en la cordillera andina.


SUBVENCIONAR.—

A cada paso se lee la frase subvencionar la prensa, esto es, favorecer a un periódico con una subvención oficial o de alguna empresa. Nada de forzado tiene el verbo.


SUCUCHO.—

Chiribitil, habitación pequeña, incómoda y sucia.


SUERTERO, A.—

En el Perú otras repúblicas no se venden billetes de lotería sino de suertes, y al vendedor o vendedora de ellos se le llama suertero o suertera. Por mucho que, en rigor gramatical, debiera llamársele sortero, el gremio de suerteros protestaría, y con derecho, pues ha más de un siglo que, en el Perú, se halla en posesión pacífica y nunca discutida del vocablo. El virrey Gil y Lemus, en una pragmática o reglamento que promulgó en 1792, los llamó también suerteros. En cuanto a la voz sortero, bien se está con sus acepciones de agorero y adivino que el Diccionario le acuerda.


SUPERVIVIENTE.—

La voz jurídica, en América, no es sobreviviente como exige la Academia, a pesar de admitir el vocablo supervivencia.


SUCEPTIBLE.—

Delicado, quisquilloso, fácil en darse por ofendido. La Academia no trae esta acepción.


SUCEPTIBILIDAD.—

Disposición del ánimo para ofenderse por nimiedades. El vocablo es muy usado, pero no se halla en el Diccionario. Algunos escriben susceptibilidad y susceptible.




Neologismos y americanismos de Ricardo Palma

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