Nueve llantos en la historia de un dolor

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Nueve llantos en la historia de un dolor
de Antonio Domínguez Hidalgo



Domínguez Hidalgo

NUEVE LLANTOS
EN LA
HISTORIA
DE UN DOLOR...

(1968-1969)


OBRA POEMÁTICA COMPLETA.
TOMO 5
 


LLANTO PRIMERO






Por las líneas quebradas...






OCTUBRE
 
 
I
He allí el hombre...
Los hombres en un hombre amotinados...
He allí su nombre...
Los nombres en su nombre asesinados...
Helo allí...
palabras de arenas y mar,
estatuas de arcillas y sal,
efigies de vinos y pan...
El...
ellos...
Así:
ahogado de olivos, de besos y clavos sin pez...
tendido,
vencido
sin sed...
Helos ahí...
él...
otra vez alicaído
por todos.

Fragmentaria historia de silencios ensabanados
que retornan su circular de llanto
navegando entre gritos su alba rota...
y a fuerza de pánicos desmemoriados
más allá de allí,
en cobardes medias vueltas de las manos diurnas
bien lavadas–diuturnas
y ludibrios de urnas
y mentiras nocturnas
y locas taciturnas...
—Ay de mis hijos.
Helo allí...
 
II
Helos así:
parto del mundo...
horizontes primigenios
sepulturas calcinadas
primaveras embaladas
precipicios de baladas
bengalas desfloradas
sangres ocultadas
y en secreto de los genios
vivas carnes al profundo
cementerio de aquerontes
donde triunfan las torturas,
donde gritan las parteras,
donde clavan los suplicios,
donde se olvidan las balas,
donde se agotan desangres...
Helos así:
brújulas humíferas,
edificios de neblinas,
plazas de matrices,
nacimiento de las muertes,
rasgar de bazucas posnatales,
existencias balbucientes...
destazadas...
desramadas—
Derramadas...

Helas así...
 
III
Hete acá...
acuanauta tácito...
ahora en tu demora
consumido de fatigas
que tatuaron las ortigas
de estériles espigas
y oscuranzas enemigas
de granaderas hormigas
soterrado y dolorido
en tu partir ahogado,
reprimido en tu nacer a la promesa
de los espasmos de octubre...
engendrado en años nuevos
tan antiguos de sus gotas,
cuenta gotas,
que no alcanza su diluvio...
ni lo cristalizan en un otro océano
más nuestro de todos
cada día...
como el pan y la tortilla comunales
que no existen,
como tú
aún no nacido,
pero tan muerto.

Busco el HOMBRE...
 
IV
Dos lágrimas...
Surcos sin semillas
gotas desaladas,
caídas a pesar del hierro,
desfloradas sin fragancias,
desgajadas hadas,
humilladas de humos,
humus liquidado,
líquidos inverosímiles,
símiles...
brotaron en los yermos de su rostro intemporal
ante el hallazgo somnámbulo de sus asombros
trémulos
por sus fuegos consumidos,
por sus intentos perdidos,
derruidos...
enturbiados de paisajes en magenta
tras la imagen esfumada de otro mundo enaltecido.

Dos lágrimas...
acumuladas de siglos,
impregnadas de opresiones,
represiones,
confusiones,
fusionadas de esperpentos,
lentos testimonios del abismo
asomaron
su mutismo carcelero,
por su celda ensangrentada...
por sus pasos deshojados...
por sus campos fusilados
y su huella evaporada en un dos por tres
filibusteros.
Dos...
por multitudes enterradas de anonimias...
ignominias fragmentadas de los unos
que detentan la constitución de todos...
Dos...
por las síntesis de sus ternuras
dialogando sus rencores juntos
entre bien comunicadas rejas...

Dos...
sin cobardías maricas...
lagrimeadas rabias de imposibles coyunturas...
por la nada excarcelada
gritando sus respuestas en el viento flotandero,
banal protesta de los esqueletos
que cayeron...

¡Prismática aventura de unos sueños!
¡Convulsión de la tierra panteísta
y de los mares ateos!

Dos…
lágrimas...
 
V
Encumbrado en lejanías de su arena pedernaria
—comité de gracias locas—
la silueta de su aurora engendrada entre la flora
de su carne transitoria
—manzana efímera—
surcó sobre añoranzas fragmentadas
aquel tiempo irretornable barrenante de su aroma
y de su risa...
concebido en la apatía del paraíso,
caído hechizo,
devorador del fruto,
asceta de los gritos,
sordo a los oídos excitados,
estoico del castigo,
descendió hasta los sótanos secretos
siete puertas,
escaleras,
para hallar en el íntimo subsuelo,
el origen...
del más allá de sus nostalgias cadeneras.
 
VI
Al interno girar de sus silencios rotos
impregnados de insólitos murmurios huecos
vislumbró las apariencias tenues
de peregrinos fetos...
arcángeles orando por sus muertos:
alborada sin alba
gime por ellos...
primavera sin flor
llora por ellos...
nocturno sin luna
cava por ellos...
Perdidos horizontes de otros días
ahogados en el cieno de su octubre amortajado,
desmayados en su búsqueda de esfuerzos,
ay...
sin ritornelos...
Y descubrió su soledad antigua
tiritando la locura mística
de su unicidad...
sin más olivos...
 
VII
En las fúlgidas presencias de sus días cavados,
nacidos donde siglos de luces explotaron sus avisos
de urdidumbres traicioneras,
se fraguó la ausencia lúbrica de sus noches encamadas
aisladas en agobios de desiertos
y esfumadas entre enigmas desolantes
de sus antes...
diuturna promisión de visionarias magas
marcando el horóscopo enlutado
de impisables sendas...

En las ráfagas veladas de su vaticinio ahumado
se engendraron los espectros de la esfinge
que lo retaba en sus andanzas trípodes,
que lo lanzaba a la pregunta paranoica,
que lo sangraba en su respuesta absurda.
Y subsistiendo airado,
acullá de los dedazos vivos
que condenaban su sed de compañías
y lo agotaban de su comunal entrega,
triunfo narciso,
se distanció de caminantes yertos,
dolor eterno,
amortajado por su cruz vendida.
 
VIII
Sempiterno dolor éste tan suyo,
aunque tan nuestro...
fecundado en algún tiempo de los brazos
que se alzaron poderosos sobre el viento
levantando mitos altaneros...

Este su dolor...
nuestro dolor de invierno,
es el tremular santificado en ocre
de un hombre que no llegó
ni pudo desnudar banderas en su reino
ni romper cadenas desquebrajando afrentas...

Este llanto tan de él
y tan de todos...
detenido en los espacios sin distancias,
extraviado en los vacíos sin existencias,
diluido sin aromas en un sueño,
es el sollozar sin límite,
de tramar las edades comuneras
soterradas en las especulaciones
de razonamientos tristes
por aún imposibles nuevas eras...
 
IX
He allí…
un hombre sin olvidos
ni huertos utileros
encarcelado en sí...
libre por fuera
y tan esclavo.
Helo allí...
otra vez
sin las devotas huellas de su iglesia hipócrita,
recién nacido, pero en otoño...
roto en su audacia de primavera
que ahogó el verano
con sus inviernos
y halló la noche con sus temblores
de árbol friolento.

He allí…
la espera de ser con todos
desbaratada por rabias de oro,
tendida entre los espejos
que se persignan sus sacros cuentos,
asesinada en la transparencia
de turbias ventas.

He allí…
aquel hombre...
cuántos el mismo,
pero de pronto

entre la plaza

tantos dispersos
 
LLANTO SEGUNDO












Por las líneas cruzadas...











NOVIEMBRE
 
 
I
Cuando empezaba a sonreír el alba
en las esquinas de las calles rojas
derrumbaron su osadía
de verticales marchas
y su audacia temblorosa de rocíos
huyó por las azules transparencias
para refugiar la andanza de sus edades
en el pozo fúnebre de las iglesias...

Y los cuerpos inclinados por torrentes
de soberbias
sucumbieron sus aromas de cristales
entre el abuso misil de los trabucos
sobre las losas antiguas de cementerios violados,
tras la descarga devota de los fanáticos mandos,
con el silencio lancero de oscuridades secretas.
Mas levantándose de fosas colectivas
preso en su ataúd de rejas
concibió la soledad ardiente
que lo incinera...


y se exilió en el llanto.
 
II
La penumbra de sus noches
se agiganta
en el desierto de su andanza
adormecida,
extraviada en el páramo de su camastro
enrejado...
—autismo de su grito
en el fondo del pozo—
—ahogado misterio
que nadie oye...—
y aguardando las albas incipientes
que se hacen de ruegos las estáticas,
arriba el ancestral vacío
de la nada...
retorno a sus orígenes de nómada
que lo fragmenta en su arenaria espera,
bajo sábanas sin nadie,
eclipse de su extravío,
configuración de llama sin oleos sacros
y mar que se derrite en el incendio
de su alcoba...
 
III
Se evaporó de su ludíbricos recintos
en aquella alborada de vergeles
donde efebos renovantes se perdieron
en las quimeras de sus humos...

Y abstracto de su cuerpo,
trasmutado en soledades locas,
no percibió las fabricadas garras
de su materia núbil,
barcaza endeble,
—ilusa aspiración de cosmos—
y no acabó la travesía dorada
de los inciensos...

En el portazo que siguió al insulto,
sin paraísos volátiles
ni hadas...
se bosquejó su marcha.
 
IV
Argonauta del silencio
configura su silueta
en la sombra de esa noche
naveganza...

Profanado en tanta audacia
se rompió su arquitectura
al frenético golpeo
del arma...

Revolcándose en su miedo,
sin más pasos anhelantes
se derrumba sobre el lecho
de su guarda...

Sin más alas que el insomnio
se remonta a la estulticia
de vencer las calles
sin andanzas...

Paralíticos sus ojos
sólo agrandan cada sombra
con los disfraces inútiles
de su calma...
calma...
calma...
 
V
Ese corazón fogata que lo desvela
entre dunas altaneras
de la pena
transita su acrobacia
de planeta
en los trayectos efímeros
de sus lucideces...

Y en la hazaña maromera
de sus pensamientos
—palomas despiadadas—
—castos lagares—
se fustiga el agobio carcelero
que lo saca de órbita
y le ciega el caudal de sus incendios…

¡Humífera vorágine del fuego
que lo marchitó!
 
VI
No sabe si los pálidos fulgores
que cabalgan el celaje de su angustia
sean tan lúgubres de huidas
como él...

Y no sabe si las nieblas camineras
se desgarran en su paso por el sueño
que infinito se aprisiona
con su sed...

Sólo sabe de la hermética guardiana
que lo ata a las congojas de su piel
y lo hunde al abisal de sus ausencias
frente al espejo doliente
de su fracaso,
nacido en las endebles apariencias
de matorrales fatuos...
 
 
VII
Tristeza marenaica…
y consumiente,
labradora de su ardiente corazón,
arribas con tus censos pendencieros
a anotar lo desgajado,
a buscar lo ya fundido,
a enmustiar lo perecido
a y ausentar lo desolado
entre los dispersos días
de su primavera destazada...

Tristeza arenaica…
y consumiente,
tu manto funéreo se adentra impalpable
en su sombra sin cuerpo
y al compás de tus nubes de humo,
surcadoras de océanos candentes,
oprimes nostalgias punzantes
en su cumbre coronada de estruendos
silentes...
 
VIII
Concibió para un mundo de tristezas
la ensoñación florida de sus ansias,
—erosión sin fin—
y remontó su soledad de estepa,
quinta esencia de sus tierras,
a la región de las oscuras infinitas,
calcáreas tumbas,
subsuelos secos,
para vivificar su sed...

Mas en la hazaña de sus huertos mustios,
tras de los gallos empotrados,
tras de los besos mascaradas,
tras de los guantes traidores,
sucumbió su florecer de estío,
en pleno otoño...
Y la neblina matizada de soberbias
retrajo desde cuevas mortecinas
la gélida tortuoria del invierno...
marchitándolo...
 
IX
Su tristeza es un rosario de tristezas
por audacias de mística infructífera,
fraguadas de emociones ilusorias
y creídas...

Su tristeza es un vía crucis de tristezas
por rehacer el universo estéril,
perdido entre la rosa acústica
de los vacuos...

Su tristeza es novenario de tristezas
por las sombras doloridas de los mundos...
por los mundos doloridos de sus sombras
y por su sombra...
nuestra sombra común de fugitivos yertos
dando tumbos en penumbras sordas...
Su tristeza es un santuario de tristezas
que creyeron profanar oscuridades
con capullos
y en su cruz dilapidadas
se clavaron en puños encorvados,
borrascal infecto de las cárceles...
sin rejas.

Su tristeza es un tejido de tristezas
por los que nada tienen
y esperan el cielo;
por los que padecen
y soportan el cieno;
por los que fracasan
y compran olvidos;
por los que delinquen
y ríen altivos.
Su tristeza es un calvario de tristezas
por la tierra que vegeta
sus cansados saurios;
por el agua que padece
su condena reversiva
por el fuego que subsiste
entre su fiebre yerma
y por el viento exiliado
 en sus éxodos vacíos.

Su tristeza es un sudario de tristezas
por los que quieren justicia
y se callan
prostituyendo sus almas de lacra;
por los que sufren soberbias
y mercan;
por los que caen desiguales
y bailan su afrenta
y por la incomprensión
de quienes comprenden…

Su tristeza es un osario de tristezas
por nosotros que rogamos
y dejamos en el aire la plegaria;
por nosotros que vagamos
en eternas caminatas sin destino
que nos lanzan libres,
pero esclavos del camino.

Y por él...
errante redivivo...
muerto por cientos cada año...
asesinado en el rincón del odio...
y cada tercer día resucitado...

POR ÉL...
por lo que no hizo...
ni hicimos...

Por lo que no tuvo
ni tuvimos
ni tendrá
ni tendremos...

—verbo sin personas conjugado...—

¡Esférico dolor del tiempo!

Sahumado mito de un fracaso guerrillero...

urbano.
 
 
LLANTO TERCERO












Por las líneas inclinadas...












DICIEMBRE
 
 
I
Sustratos de la carne...
tristeza y soledad...
deambulan mortecinos
por su cuerpo núbil
y agrietan su tersura
por lo nunca conocido...
solemne convivencia de otra mente
que le diera sus alientos
y su sol...

Y al pensar en los planetas circundantes
que poseen lo que su mundo asceta
nunca poseyó...
se transforman los espasmos corrosivos
de su piel marcada
en andrajos desolados por su cruz...
¡Retorno circular de las harpías!
¡Fantoches prometeos del amor!
 
II
En la fuga visionaria
de sus cúspides labradas
tras la mirada de ortigo
y su palabra de hollín,
asilado entre presencias de locuras,
enclaustrado al viento,
se engendró el enigma coronado
de su humillada espina...

Y ante la ausencia monarca,
sin las audacias novicias,
sin las visitas al miedo,
ni las esencias truhanas
se desmigajó su tiempo
entre las ruinas del sueño
y la confusión del sol...
Al latir enhiesto de su tugurio agitado,
tumulto de hogueras viandantes,
sin saber por qué caminos palpitarse,
revuelto en sus extravíos,
el corazón que lo alzaba
encerró su pánico entre la soledad...

Indestructible alborada doliente
de la bifurcación...
 
III
Confundido en matices nebulosos...
Odiseo
se mezclaron sus vientos y sus mares;
Circe
se fundieron sus estruendos y sus rayos
Polifemo
en el tácito sollozo del silencio.
Acis

Y la prístina esperanza de un encuentro...
Galatea
y el inhóspito paraje de los siglos…
Troya
se anudaron lastimeros en su cuerpo
sirenas
conformando los lacónicos paisajes
maremoto
de su sombra...

¡Ay equinoccial invierno...
de sus primaveras!
 
IV
En la sarcástica promesa de un encuentro
consumióse el aroma de sus días
y la eufórica presencia de un espectro
desgranó su lucidez de sol...

Inmerso entre la ausencia pordiosera,
alborada horizontal de su tristeza,
nada pudo contener la esencia
de sus alas prisioneras...

Y la audacia fugaz del tiempo núbil
se le estancó en el llanto pálido
que lo sucumbió doliente
en su esperanza rota...
 
 
V
Desierta la ceniza de su entraña,
sin indicios de fuegos oropeles,
se acrecienta el huracán secreto
en la penuria de su mirada

Aislada en su recuerdo iluso...
perdida entre confusas nieblas
de su cerebro apóstata...
subyuga la apariencia férrea
de su carne ensangrentada...

Y al contacto del errante océano
sus ojos y su rostro se derraman...

¡Prismática aventura de sus sueños!

Calcinada...
 
 
VI
Ausencia sanguinaria
de su noche lacrimaria
nacida en el delirio
de su parco cirio...

Ausencia devorante
de su vuelo coruscante
crecida en la vertiente
de su alada mente...

Ausencia inextinguible
de su búsqueda imposible
nutrida en lo insaciable
de su ardiente sable...

Ausencia apocalíptica
de su carne sicalíptica
multiplicada en la óptica
de su sed sinóptica...

Ausencia putañera
de su cruz aventurera
muerta en la mentira
de su eterna gira...
nacer...
crecer...
nutrirse...
reproducirse...
fenecer...
      nacer...
crecer...
nutrirse...
reproducirse...
¡Ave Fénix del dolor!
 
VII
Mustio de soledad en su agotado cauce
fluye sangrante por sus valles grises
sin encontrar la respuesta
a tanta esfinge...

Olvidado de cortejos rezanderos
camina con su sombra diluida
entre el recuerdo monótono
de sus melancolías...

Desolado
y con el mundo a cuestas,
Atlas vencido,
se marchita en su hojarasca fresca
y en pleno invierno
se ahoga en el vacío de sus exequias...
 
 
VIII
Interno girar de su neblina,
llanto sin dueño,
oración atea...
murieron como él...
aunque esté vivo.

Íntimo sahumerio sin aromas,
misa sin nadie,
plegaria hereje...
cayeron como él...
aunque esté en pie.

Profundo campanario que redobla
su propia muerte
y entre las sombras...
cuerpos llagados...
manos crispadas...
puños rasgados…
rostros hundidos...
y los pasos...
los pasos escondidos...
los pasos tumultuarios...
los pasos agresivos...
los pasos aterrados...
y los gritos...
los gritos maldicientes...
los gritos compungidos...
los gritos desgarrados...
y el silencio
silencio espiral de sus recuerdos,
y en los demás...
olvidos secos...
 
IX
Lánguido gemir de los murmurios novenarios
navegando en el intento zozobrado de la marcha...
pasajera
mustios de esperar lo inesperado en el atrio...
campanario
de otro grito...
cansados de implorar los estandartes inventados
por sitiales que se entronan en los lastres
arrastrados
fundieron sus caminos entre un mundo
que no pudo
nacer a libertades...
y tañendo imploraciones que se olvidan por sonares
de violencias fugitivas brotadas de ráfagas altivas
refugiaron sus angustias en los túneles vacíos
heridos por la lluvia sonora de las luces amarradas,
de los cielos perseguidos,
de la tierra encadenada
y los mares separados...
por obra y gracia del espíritu
maldito...

Amén.
 
LLANTO CUARTO












Por las líneas verticales...















ENERO
 
 
I
Cierta noche sibilina se encumbró
sobre tormentas
su figura prisionera de zozobras y de afrentas
y al ahondar las lejanías entre arenas soñolientas
descubrió los horizontes de la carnes polvorientas.

Y en la busca gambusina de sus manos
encontró las miserias de los vanos,
descubrió las soberbias de gusanos
y escuchó las ofertas de retretes con sus anos.

Cierta noche de la ofrenda levantada a la quimera
de nacer a la alborada de la unión entera
se derrumbó en las orillas de su ribera
y arrodillando su audacia de primavera
le doblegaron sus giros,
le castigaron suspiros,
lo sometieron a tiros
y le marcaron los sellos de los papiros.

Frustrados faraones aterrados,
Herodes locos amotinados
que atajaron la esperanza
de la nueva alianza...
 
II
Y su silueta se encerró
en las celdas
donde grutas arenarias
lo enraizaron
a violentos recuentos
con el odio
que rasgaron su figura
y en un mórbido esplendor
de sus ajadas tierras
sucumbió bajo la impávida mixtura
de su confusión.

Enrejado en su yerma silueta calcinada
se le hundieron de cenizas
las espaldas
y disperso en las cuevas infinitas
de sus ansias
ya no pudo salir de sus dominios
extraviándose en lo interno
de los fuegos...

Andante de su laberinto
sollozó su condena de fatiga
y sin saber que senda
prosiguió su caminata sin destino.
 
III

Abisal oscuranza anímica
remueve las arenas interiores
resacando náuticos escombros
de su naufragio...

Remolino de letales argonautas
retorna hasta su mundo de tinieblas
y lo impregna con las voces
del dolor perpetuo...
siluetizándolo
en el desértico centro
de sus panoramas.

¡Parajes de medusas y de esfinges!
 
 
IV

Al latir de un corazón doliente
cansado de aguardar la aurora
de otras épocas...
se desgaja su oprimido diástole
en convulsiones estáticas
y en marejadas internas,
sin el retorno a su sístole,
profana el silencio
de los murmurios sin eco...

Soledad piraña de su sangre inmóvil.
 
 
V
En el amplio panorama
de su desolación
divaga la inmortal ausencia
de su juventud
enclaustrada en la locura virgen
de un ayer que la incendió
y ornamentado en los humos
de la confusión
caminó los pasos lúbricos
de la senectud
aislado en su febril origen
de una flor hecha rencor.
 
 
VI
En sus púberes combates
sin aliento ni esperanzas
se cimentó la demencia
de su loco amor

Y en la devota arrogancia
de sus odres secos
se generó la agonía de sus valles...
sin irrigación.
 
 
VII
Como lámpara votiva subyugada
a una plegaria de estirpes ecuménicas
su mirada agonizante
se fue hundiendo
entre las sombras
cabizbajas de su afrenta
y perdida en los dolores
de sus fúnebres resquicios
se deshizo en la añoranza
de la luz remisa.

Nada había más por mirar
que sus adentros,
nadie más por quien orar
que por sus tiempos,
aquellos que rodaron su espejismo inalterable
ante el golpe de fatigas indiscretas
y el estruendo decretado por culebras.
 
VIII
Lacerado por la ortiga
de una huella
se debate en su croquis
de esperanza
mientras queda en un cruce amontonado
su arrojo de puñales
en el aire.

Abatido de su antigua alegoría
donde lince arrebataba nubes
y las golpeaba con el humo intrépido
de su puño hecho amor
entre las garras,
yace absurdo en su estatua desquiciada…
vuelta añicos de mármol
y palabras;
gime histrión
las escenas destruidas
en su carpa sin columnas
y sin diablas;
llora terco su dolor
en nueve llantos
por su historia que es la historia
de las lágrimas.
 
IX
¡Cuánto ultraje
puede haber
en una mueca
que disfraza
con sonrisas
los rencores
de su calma!

¡Cuánto insulto
se navega
entre los dedos
que desertan
sus errores
y señalan
sin mirarse
en la balanza!
¡Cuántos odios
se vislumbran
en la injuria
de piedades
que se visten
blancas farsas!
¡Cuánto erial
se condena
a las migajas
que le arrojan
las pulidas salamandras!
¡Cuánto debe sufrir
un hombre
para redimir
al hombre!
 
LLANTO QUINTO









Por las líneas horizontales...















FEBRERO
 
 
I
Trascendió la oscuridad
por sus regiones
de solemnes rumores turbulentos
donde acaso los nidos del silencio
son los únicos testigos
sin pretextos
y asolando su tristeza enmudecida
la tiñó de alaridos espinosos
hasta hacer de las sombras impelentes
un rictus de secretos
que confiesan
sus recintos carcomidos
por la huella
de una fúnebre estructura
sin amor...
 
 
II
La esencia de sus días
cuando capullo
se fue desbaratando
en la añoranza
de ser alas
en la búsqueda de versos
que calmaran sus volanzas
con cadencias
de tiempos olvidados
en el génesis.

Y al recuerdo doliente
de otra vida
caminada en el éxtasis
de ritmos
soñadores y discretos
las horas cayeron devoradas
por sus valles desangrados
de universos.

¡Ay, las sombras que retornan!
¡Ay, las sombras que lo invaden!
¡Ay, las sombras que lo adornan
de rincones mortecinos
donde quedó abandonada
su esperanza del amor!
 
III

En las profundas vaguedades
de su cuerpo
renacieron las presencias
de otras épocas
cuando apenas un imberbe calendario
deshojaba campanarios
a destiempo
y al somnámbulo galope
de su ascenso,
como pasos de un amante
que retorna
se asomó la incompleta arquitectura
que no pudo terminar
la imagen leve
de su paisaje urbano.
Y preso en los antiguos laberintos
de su incompleta carne
despeñó la iglesia virgen
donde se ocultaba nítido
el espacio desolado del amor.
 
IV
Esa angustia devorante
que carcome sus cavernas
es la misma de los tiempos
donde escarban doloridas
las estirpes de su aliento
y en su síntesis de ayeres
confundidos con ahoras
se deslizan los fallidos
mensajeros de su encuentro.

Ese inhóspito fantasma
de su núbil extravío
son las fauces que devoran
sin un rostro, sin aroma,
profanante de los vuelos
y las águilas sin ecos,
los caminos de universos
que a su sótano cayeron
y en añicos dispersados
retornaron a su dueño:
conjunción de mil planetas
en delirios de uno solo
que se asfixia al descubierto
de su aurora sin amor.
 
V
Una sombra,
su sombra,
deambula por los aires
marchita por seguir lo inalcanzable,
cansada de aguardar lo inesperado
y mustia de flotar sobre los mares.

Una sombra,
su sombra,
prisionera de zozobras,
quebrándose en fogata interminable,
condenada a sus temblores inflamables
temerosa de grabarse en el oleaje...

Su sombra...
circundando las riberas sin su forma,
inundando el equilibrio que la invierte,
socavando las arenas que la afloran
y la encienden...

¡Ay de su sombra extraviada
en la eterna noche de una luna liberada!

¡Ay de su sombra bifurcada
en caminos que se oponen y se mezclan
en la nada!

¡Ay ambigua informidad de su silueta
que sabiéndose muy río
se descubre ser tan flama!

Anhelos de ser mar en los incendios...

Deseos de ser sol entre las aguas...

Y la tierra quemándose de amor.
 
VI
Sombra de su propia sombra
lo acorrala y lo cabalga,
lo desboca y lo refrena,
lo acaricia y lo desgarra.

Llanto de su propio llanto
lo humedece y lo reseca,
lo llovizna y lo enarena,
lo consume y lo gotea.

Semen de su propio semen
lo fecunda y lo marchita,
lo desgana y lo acelera,
lo desata y lo reprime.

Polvo de su propio polvo
lo enceniza y lo apedrea,
lo comprime y lo dispersa
lo tortura y lo hace misa.

Semen de su propio polvo.

Sombra de su propio llanto.

Llanto de su propio semen.

Polvo de su propia sombra...

Residuos olvidados del amor.
 
VII
En el áureo intento
de siluetizar
sus humos
se estremeció
su corazón
de hoguera
que se apaga
y ante el desgaste
de su propia lumbre
se acurrucó
en el miedo
que lo sofocaba.

Solitario en su vergüenza
de penumbra
se quedó sosegado
en el imperio
de sus huesos
y con su espectro
se deshizo
en doliente mascarada,
mientras su rota vanidad
de estrella
se sepultaba
entre las cavernas
que lo atrapaban
que lo inmolaban
por las eras deshojadas
sin amor.
 
VIII
Sangrando sus labios
pusilánimes
se mordieron la furia
del silencio
cuando vieron adentro
del palacio
la cama inmaculada
de sus sábanas.

Y al hallarse tendido
entre sus cirios
descubriendo sus tímidos encajes,
de tres golpes cortó su cabellera
de profeta
enredada entre sus clavos.

Nada pudo deshacer
en su abandono
de pregunta cotidiana
sin respuesta,
porque el cielo de su padre
estuvo mudo
sin dotarlo de sus rayos
de promesa.

La cruz lo poseyó
entre tantas cruces
y la espada como siempre
lo tajaba,
mientras loco en su dispendio pregonaba
que su muerte
era muerte fiel de amor.
 
IX
Y sin saber con claridad lo que buscaba,
aunque siempre al buscar claro se hacía,
se esfumaron sus audacias en el cieno
de las víboras intrépidas en germen.

Los azares de sus sobrias reverencias
se extraviaron en la esquina de sus huertos
donde antiguas inquietudes encubiertas
le asestaron el final de su pujanza.

Y en su rezo empañado por andrajos
se fue perpetuando en los altares
para darse a sí mismo las votivas
que las turbias truculencias le negaron.

Los besos sus mejillas no alteraron
ni las bestias desplegadas lo mordieron,
porque hundido en su tormento taciturno,
sobre látigos untados a la espalda,
bajo espinas tatuadas en su mente,
entre rotas balanzas invidentes,
su pacto fue guerrilla del amor.
 
LLANTO SEXTO









Por las líneas curvas...















MARZO
 
 
I
Dolor sin fin...
muerte acabada de labrar en sándalo,
incienso cabizbajo por su acres llantos,
soledad encadenada en altas torres,
desolación en cruz.

Dolor sin fin...
retornas destrozando la esperanza de la unión,
carcelero que recorres nuestras celdas
incomunicadas
y levantas el muro de cristal que nos separa
la inconclusa ensoñación de brazos enlazados.

Dolor sin fin...
éxtasis roto en su interrupta mística,
vuelves demostrando a carcajadas
la insensatez del canto,
la falsedad del sueño
y lo pregonas alto...

Dolor sin fin..
imperecedero en sus arenales,
en sus baldíos de máquina,
en sus ofrendas hipócritas...

Dolor sin fin..
vuelves a triunfar sobre los templos,
mientras caen rodando escalinatas guindas
los antiguos calendarios de plumajes al sol
ilusionados de engendrar octubres,
trascender noviembres, socavar diciembres
y al abrir eneros,
esperar que los vientos de febrero
despierten los floridos movimientos de marzo...
 
II
Tan cerca están los unos de los otros
y saber que es imposible cada enlace
cuando el fatuo aserrar de los microbios
separa las consejas solidarias.

Tan juntos y tan próximos los cuerpos,
más distantes que estrellas separadas,
imposibles de asediar el miedo
y volverlos unión de cinco dedos.

Condena de aislamientos cotidianos
a pesar de que los brazos se reclaman
y tener que ceder a una pareja
que interrumpe los amores tumultuarios.

Dolor de estar inmerso entre los todos
y aceptar la vanidad del individuo
por no morir asesinado entre los odios
que impulsan a brotar en superficies...

Algarabía de muecas tan aisladas
que se ahogan sus temores de aceptar
sus presentimientos náuticos...
sin solidaridad.
 
III
Engendrado centro sin distancias,
punto primordial de un círculo
donde giraban las albas
con sus caricias de mañana enamorada
de la luz
fue avanzando en sus galaxias,
escanciándose de aromas
con estrellas desnudadas en su vía.

Y en el quinto mes de marcha,
solitario de infinito sin planetas,
continuó modelándose en la fuga
de su tímido anhelar de sol.

Entre líneas y vértices secretos,
inmerso bajo túneles sin sed,
se grabaron paraísos en su sangre
que después de hecha vino, los esbirros
consumieron sin verterle con inciensos
su fulgor...
 
IV
Sobre luces mortecinas
se proyectan sus efigies desnudadas
en alcobas agotadas de plegarias
sin fusión
y en el páramo infinito
de su ruta sin jornal
se desangra en las arenas
la figura desolada
de su océano corazón.

Recónditas palabras que se pierden
en los vientos retorcidos
de agonías por el entierro
de su ignoto desamor.
 
 
V
Noche pretérita de su ausencia sin alba
cuando en su ufanía de estatua
pregonaba la eufonía de sus esencias
de canto
y en el ínclito momento de crecientes lunas
desafiaba las estrellas
que en sus ojos titilaban.

Noche antigua de su aurora sin fogatas
cuando ardientes primaveras correteaban
su regazo núbil
y trashumando estaciones
les rechazaba los brotes de sus amores.

Noche vacía de contornos volcánicos
donde engendró los desiertos
que lo sepultan...
 
 
VI
Diluyéndose al abismo imperceptible de sus voces
convulsivas
—rotas anclas—
se acrecientan las angustias onduladas
de su barca
e inundándose de valles lacrimarios
por un tiempo arrinconado
en el descuido,
se sumerge en calígenes silencios
tras su secreto...
sin arma.

Crucero enloquecido de tormentas
que naufraga.
 
 
VII
Al fluido interminable de su dolor enigma
acudió la silueta alucinada
de su desolación
y ante la huella inusitada de su grito informe
doblegó su vanidoso intento
de la unión...

Caído en el sopor de su fracaso
—Gólgota sin sentido—
transpiró los aromas de su huerto,
eructó los sabores de los peces
y vomitó las caricias de los vinos.

Sin más pan que compartir,
sin más luces que soñar,
se lanzó vertiginoso a su pasado
para resembrarlo:
¡Arenaria aventura de sus pasos!
 
VIII
En la inmemorial fatiga
de su nocturnal eclipse
los contornos marenaicos
de sus carnes prisioneras
en no sé qué cárcel,
en no sé qué rejas,
se fragmentaron nostalgias
y su liviandad de ensueño,
por no sé qué lámpara,
por no sé qué cuento,
extraviada en otros días
de abandonados vestigios,
materializó su mundo
removiendo sus escombros
y lacerándolo...

¡Tiempo malogrado en arrebatos
de plenitudes truncas!
¡Tiempo perdido que le palpita,
aunque lo soterre!
 
IX
Su cuerpo se arrastraba subrepticio
buscando su pregunta sin respuestas
y en sus giros alegóricos vencido
se deshizo infinita su conciencia:

Flama nacida siendo río,
agua engendrada siendo sol...

Su cuerpo doblegado en sus metáforas
se inclinó taciturno a las fronteras
de novicias arrogancias
doblegando la inflexible puerta
donde el eco de su esencia
sin esencia
voluptuoso lo aguardaba
tras la inercia.
 
 
LLANTO SÉPTIMO












Por las líneas rectas...














ABRIL
 
 
I
En sus regiones de tristezas consumidas
se oye el clamor de una censura tímida
que escapa entre diluvios retraídos
a mitad de su oquedad visitadora
profanando los ocultos sortilegios
de su antigua hazaña...

Y en su pregón de lastimeras furias
se escapa en erráticas volutas
cada fúlgido esplendor de sus quimeras
fragmentadas en su mezcla de aritméticas fallidas.

En sus regiones de penumbras sólidas
donde se gesta la protesta mítica
que va enredando la obsesión temprana
de su extravío,
discurre el tiempo su inmutable marcha
y pisotea la brizna de su existencia rota,
harta de lágrimas...
 
II
Y pregonando la ubérrima congoja
de su hallazgo
bulló en los temblores del olvido
el perfil incorrupto de su tallo:
Quiso ser aroma
y nació cardo...
quiso ser euforia
y nació tristeza..
quiso ser aliento
y nació asfixia...
quiso ser estruendo
y nació rumor...
quiso ser entrega
y nació soberbia...
quiso ser conjunto
y nació único...
Quiso ser lo que no es...
y nació sin ser lo que es.
 
III
Cada noche ensayará su muerte
y no habrá manos piadosas
que recojan los pedazos de su semen,
porque al borde de la hostia dispersada
cavará pervertidas ironías
donde hará su sepultura putañera
envuelto en los girones de su manto.

Cada noche enterrará su vida
consumida en los andrajos del otoño
y sin nadie que le erija la osamenta
ni levante su cuerpo diluido,
tan solo aguardará aquella promesa
de brotar a su libre apocalipsis...
 
 
IV
El viento clamará sus ayes
hasta mezclarlo en la altitud silente
y ante el encuentro de su germen mozo
descubrirá los vuelcos de sus abandonos...

Al impacto insonoro de sus orígenes yertos
gemirá la soledad impávida
el dolor de su primer encuentro,
cuando núbil penetraba al casto lecho
que lo fecundaba
y rasgaba el viejo himen
que lo destrozaba...
 
 
V
Las desérticas oscuras de su voz
pasearán sus veranos en el nicho
para abrirle las piernas al silencio
y dejarle embarazadas las endechas.

Las estériles semillas de su estanque
dejarán de pensar en tantos lotos
y al brotar desfloradas en las llamas,
desnudas parirán sus frutos...

Los inútiles vigores de su abrazo
volarán sus esfuerzos masturbados
y elevando una cantata a sus intentos
darán gracias al coito del que nacen...
 
 
VI
Al revuelto lamento de los aires
resurgió la hemorragia de los siglos
que callaban entre lúbricos matices
el dolor entumecido de sus ayes
y el interno reír de su universo.

Al sentir el candente e inicuo roce
de mezquinas soldadescas en orgía
estremeció su materia adormecida
y su espíritu santo bipartióse,
por un lado la sagrada ruta
y por el otro la serpiente en ascuas.
 
 
VII
Sin acústicas altivas
resonaron sus lamentos
y surcaron sollozantes
la Babel de sus adentros
para fundirlo de enigmas
en los vocablos dispersos
por su maldición altruista.

Y la tímida asechanza
de sus lágrimas furtivas
asomó su rostro umbrío
entre los pálidos tintes
de campanarios perversos.
 
 
VIII
Cuando soberbia la divina mueca
asediaba sus andanzas de ave,
lo abandonó discreta
y encadenándolo a columnas ciegas
de vanidad suicida,
le trashumó la vida

Y ya no pudo nacer espiga,
como las espigas;
ni pudo brotarse en alas
como las águilas
ni pudo impregnarse aromas
de los aromas
ni alzarse en luces
sobre las luces,
sólo quiso cubrir de rosas
su lecho triste y alzar el rostro
entre las llamas que lo quemaban.

Nacido tálamo con alma única
quedó a la espera de la colectiva
y en la rapsodia de velar su cuerpo
perdió la hora de ser caricias.
 
IX
Consumida su materia
en arcones de cenizas
su silueta de extraviado
se quedó sin una misa
acabada no sé cuando
en la burla de sus días.

Y el cincel de su ironía
esculpiendo su existencia
modeló sin precisiones
las inhóspitas cadencias
de su burda alegoría.

Desvalida de su ciencia,
sin geométrica estructura,
resignó sus laberintos
a ser trazos de la luna
en el manto desteñido
que arropaba su figura.
 
LLANTO OCTAVO












Por las líneas mixtas...














MAYO
 
 
I
Sus ojos se derraman por los álgidos paisajes
de su interno panorama
y en torrente que aniquila,
lo destruye con sus lúgubres meandros
de una paz desesperada.

Y la agónica inquietud de sus entrañas
se expande en la confluencia de sus ríos
donde brisas efímeras
lo salvan
de su yerta travesía.

Sus ojos de recuerdos agua
en su celda de secretos se desmayan
y las trémulas gotas de sus mares
se suicidan al impulso breve
de los aires
arrojándose en náuticos furores
a la inmensa vacuidad de sus cavernas
gélidas.
 
II
Jamás configurará la niebla de su desierta fuga
en el prismático eclipse de otra vida...
ni orlará la oscuranza de su ausencia
con la luz esferoidal de una esperanza...

Ya no regresará en confuso grito
la prístina esencia de sus horas prueba
y siempre cual es
—revolución auténtica—
pirámide elegíaca,
línea humífera,
onda compungida,
configuración de alas
y de sol,
fuego y mar,
estruendo y silencio,
puños y amor,
será...
sin transmutación.
 
III
Y en el fragor de su tormenta flagelante
se reinició la ondulación del oro
que iba tornando hasta su mundo esquivo
para borrar el barro...

Y descubrió que su tristeza desolante
gritaba la verdad de su tesoro
al ver su cadáver redivivo
quitándose el último guijarro...

Así comprendió que su furia desafiante,
era el odio tenaz de un minotoro
que cornaba resentido todo olivo
destellante de su antiguo despilfarro.
 
IV
Su sombra...
húmeda sequía...
se reclinó
sobre la llanura frígida
de sus estepas
y trémula...
desnudó la primaria ausencia
de sus primaveras.

Y la sombra
de su sombra...
eco de caleidoscopio,
regresó hasta el motivo taciturno
de su extravío
y al impulso perlado
de su infinital dolor
se deshizo
en las sombras
de la sombra
de su sombra,
hasta hundirse
en los espejos
sin final.
 
V
En la agotada noche de sus ausencias
se abrazó a la presencia inmaculada
de su cruz
y en el recuento de antes
la oquedad de su jardín inerte
se colmó de vibraciones tenues...

Un coro de arcángeles armados
lo llevaron a un insólito verdío
y elevado a su féretro de cielos
alumbró los recónditos dominios
de la soledad...

...y a la izquierda de su padre

repobló su cuerpo,
contempló a su madre magna...

y resucitó.
 
VI
Alguna mañana de cobalto,
serenado en sus flagelos,
reestructurando látigos,
deambulará su transparencia de alas...
perpetuando su nombre nuestro
como el viento perpetúa los ecos
de su voz,
como el agua se solaza en rizos
de sus ondas,
como el fuego regocija bailarinas
de sus chispas,
como la tierra se transviste en surcos
de sus arados...

Algún mediodía reverberante,
grandilocuente hazaña,
magnificente intento,
conmutará sus inermes sembradíos
en rutas de oro,
en sendas de mirra,
en arcas de incienso...
donde brillará incorpórea
la esencia votiva de los hombres
y la marca sensible de sus huellas...

Algún atardecer de siluetas nacaradas
transmutará su soledad nativa
en donación eterna...
y a todo aquel que invada aventurado
al audaz atrevimiento de sus huellas,
lo vestirá con las vitales energías
del pensamiento
para que por otros mundos balbucientes
y tal vez en otros tiempos libertarios
se derrame en equilibrios de elementos...

Alguna noche de matices índigos
transformará la soledad ardiente
de sus orígenes desmenuzados
en lid inmarcesible de arcos iris
combatiendo al final de sus colores
por el triunfo pirotécnico
del verdadero amor...
 
 
VII
Encerrado quedará en sus castillos interiores
el dolor secreto
a sangre conocido
y revelado,
aunque a cada iluminar
de su mirada
brotará el recuerdo soledoso
de sus turbulencias íntimas.

Recluido
en sus sótanos fortalecidos
el torrente de erosiones montaraces
que asediaban de salitres su figura
mudará su agresión
en alfombrada torre
y la silueta doblegada
de su cuerpo
deambulará ferviente,
ahogada en la nostalgia
de aquel sueño
que sus palabras apenas presintieron
sublimando su dolor perpetuo
por la señal
de su metáfora.
 
VIII
¡Oh, florida edad pretérita
de los álficos orígenes,
en tu seno se fraguaron
los misterios que lo rigen!

¡Oh florida edad primera
de los mayos promisorios
donde en mezcla de borrascas
se templaron los horóscopos!

¡Oh florida primavera
de disturbios quebradizos
en tus cetros se tejieron
los telares de su hechizo!
 
 
IX
Vencerá sus agonías
entre el coloquio aromante
de sus soledades
hasta hacer de su fecundo duelo
multiplicación de frutos...

Y al triunfar sobre el desierto
plañidero de los cactus,
cesarán sus lamentos deleznables
para alzarse intemporal
sobre las lanzas
que lo crucificaron...

Y allí…
tornado inspiración de espejos,
dará su luz a nacientes universos,
olvidado de llantos que lo ahogaron.
Y cuando llegue la sangre de su sangre
—¡Oh piramidal encuentro
que lo hará inmortal—!
las tristezas primigenias de su decepción
no tendrán razón de ser...
porque el lánguido otoño de su octubre
en otro mayo se perpetuará
para darle al desencanto de su espera
el triunfo de alegrías en marcha
que en la efébica hora
de su desolación,
no existió.
 
LLANTO NOVENO












Donde todas las líneas coinciden en un
     PUNTO...










JUNIO
 
 
I
Nada ha pasado aquí
y aunque tantos pasos se han quebrado,
anonimia encarcelada,
nada ha pasado.

1521, junio, julio, agosto humedecidos...
efemérides nacidas de vocablos confundidos,
palabras fatigadas,
latigadas,
tan cansadas...
llanto hundido a mitad de las acequias,
perdido en el recuerdo usufructuado
de niños hechos hombres muertos
y olvidados.

Nada ha acontecido.
Nada,
más allá de las fechas prostitutas
que nos venden pliegos de ternuras cluecas,
muecas...

Nada ha habido.

Todo es tan igual como los ocios
de los socios impulsados por los rucios
sostenidos sobre siempres detenidos...
pendientes de aquel hilo que se baja al precipicio
de un solsticio inmóvil
y burócrata,
se duerme en apariencias de cumplido,
mantenido olvido...

Nada ha sucedido.
 
II
Hoy...
da lo mismo...
los ayeres...
los presentes...
todos visten su egoísmo
con disfraces de cinismo
y olvidados de las muertes
no sospechan sus futuras muertes...

Maizales arrasados,
pisoteados por la bestia encaballada,
espada enmohecida de tanta sangre seca,
derramada en cruz...
mártires ateos.

Y aunque es bueno saber por qué se muere,
ellos murieron sin pensar en el insulto cotidiano
del que piensa infeliz ser feliz en su ignorancia
de los cuerpos que cayeron...

Ojos que no lloran,
corazones que no sangran.
 
III
Tlatelolco...
escalinatas de mitos que recuerdan
el fuego de los pasos lacerados...
masacrados en carreras de gritos
enterrados bajo el cieno,
por el cieno...

Tlatelolco...
piedras torturadas por los siglos,
tres siglos de lloronas plañideras
que no encuentran a sus hijos...
y en octubre...
perderlos nuevamente cuando a punto
se encontraban de fundirse con Coatlicue...
proceso de cambiarse la serpiente
en águila...
Tlatelolco...

antes o después,

hoy da lo mismo...
 
IV
Aquí nada ha pasado.

Para qué detenerse en cachivaches
de otros tiempos
y ahogarse vil en los cuarteados miedos
y pudrirse en rabias
y estallar en odios
y rasgarse en náuseas
por las avaricias de los invasores
con su santo oficio de matar idólatras
que no se humillaran ante el nuevo ídolo
y le dieran oro

Para qué...
si todos estos pasajeros caminantes
que a diario atraviesan estas huellas restauradas
y se deleitan en su plaza remozada,
son dichosos con su pasado en tránsito,
gustosos magullados,
alegres corrompidos
felices desgraciados con su mundito a cuestas,
gozosos de su estándar cultivado a lo way
toda la vida.

Aquí…
nada ha pasado.
 
V
Nada ha pasado aquí.

Todos van enrisados de comedias glúteas,
de premios al ridículo del hombre,
de sus largos domingos escuchando los trebejos
del cansancio
en su farsa de cultura obvia.

Todos quedan tan hinchados adorando tretas,
sin darle oídos a los locos subversivos...
solamente a sirenas cantadoras,
encantadoras,
que se dan de Casandras patrioteras
y se cuelgan el mote tan arcano
de cristiano.

Y tan próvidos están
que da pena arrebatarles sus dulzuras
waldisneanas
sus sonrisas de vedette en entrevista,
sus anhelos de bolsillos bien preñados
de joyas, de coches y dineros...

Están tan éxtasis sus campanarios distraídos
que duele interrumpir su caminata amnésica
para decirles...

Tanto hay que decirles...

…pero...
 
VI
Decirles que ya basta de ilusiones tributarias,
que no carguen más cadenas percudidas,
que no compren los futboles de una gloria,
que precisen realidades sus sentidos,
que trasciendan las memorias oficiales
y recuerden...

Recuerden los caídos mutilados,
los heridos pisoteados,
los robotes dirigidos,
los monstruos del comando,
los tanques del terror enverdecidos,
las luces de bengalas alcahuetas
y los frutos derretidos...

Que recuerden el dolor de escupitajos,
el rencor de los ceses fanfarrones,
el grito de la anciana atropellada,
las carreras del que vende unos pañuelos
y se queda sin alguno que le enjugue el llanto
cuando llegan tecolotes agoreros
y arrebatan su sostén del diario...
que recuerden los engaños cotidianos
de periódicos embudos de patrañas
que solazan sus páginas podridas
en anuncios sin muros cancelados
tras las cuales se encueran las mentiras...

Y se avergüencen.
 
VII
Decirles que no olviden el aumento fingido
de más hambres;
el día de treinta horas que no bastan
para saciar el sueño de comer mejor que antes...
el silbato del que pide la licencia corrompido
tras la amenaza de justicia que se vende...
y el campesino aún llagado
y sembrado a balazos por el amo
y el obrero que se embriaga para ver si así
se salva
de tanto manejar mecanos
que a muchos les tajaron algún dedo
alguna mano; o hasta un brazo
y corridos sin trabajo,
con el yugo de una lástima fingida
a ocho columnas de seguros,
se rehambrearon
y en el lumpen peor se hundieron.
Y...
los teocalis corroídos de boletos revendidos,
las iglesias levantadas por el miedo
y los falos erigidos de York Nuevo
para violar la nuestra madre tuya
y parir más hijos de la...
 
VIII
Pero no...
no se alarmen buenas gentes:
gente del rebaño,
gente de la fiesta,
gente de costumbres bienfamadas,
gente que presume ser honesta…
no más se alarmen...

No quiero la inmoralidad de hacerlos desgraciados
y darles un mal rato a sus conciencias
ni ladrar demagogias enripiadas
que contagian por calles apestadas
microbios resentidos que no tienen presupuesto
para ser igual que ustedes...
excelencias.
No se asusten...
que un poema no mata ni una mosca,
sólo al poeta,
aunque rabien en su orgullo de pedantes
y enfurezcan
-exhibicionistas-
cualesquiera guerrilleros de las letras.

Tampoco romperé con el final de todo cuento
de hadas truculentas,
porque al final de cuentas:
... y vivieron muy felices.

(A pesar de la cruz y de la afrenta
donde aquél se derrumbó por siempre...)
 
IX
Aquí nada ha pasado.

Sigan ahí...

Para siempre así...
que aquí: agosto trece,
que aquí: octubre dos;
que aquí: diez días después,
el doce,
sentado en esta plaza amasijante,
recordando a quien amé,
al lado de lo que ya no amo,
llórome riendo en mi cursilería
que ni siquiera un cursi nota,
soledad desnuda en compañía
de veinticinco banderas en la noche,
testigos cómplices de un muerto más
que se funde deshojado a los que pasan
tan impávidos la plaza que quizá...
de tanto cruzarla se olvidaron que tal vez,
aquí en Tlatelolco
estará su cementerio
y su sepulcro
sin edad ni fecha.

REQUISCAT...

AMEN

1969