Observaciones sobre el reyno de Valencia/Prólogo
PRÓLOGO.
En la primavera del año 1791 empecé á recorrer la España de órden del Rey para exâminar los vegetales que en ella crecen. Creí que podrian ser mas útiles mis viages si á las observaciones botánicas añadia otras sobre el reyno mineral, la geografía y agricultura; puesto que apénas teniamos cosa alguna sobre la posicion y naturaleza de los montes, la geografía estaba muy inexâcta por punto general, y se ignoraba la verdadera poblacion y frutos de las provincias, como tambien las mejoras que en todas ellas podia recibir la agricultura, fuente inagotable de abundancia y de felicidad. Por esto al paso que procuraba desempeñar mi comision, iba siempre juntando observaciones y noticias útiles para la historia natural, geográfica y político-económica de España. Dí principio á mis tareas por el reyno de Valencia, objeto de la presente obra.
Con el propósito de averiguar la verdad en todo quanto fuese posible por observaciones propias, atravesaba llanuras y barrancos, y subia hasta las cumbres de los montes en busca de vegetales. De camino exâminaba la naturaleza de las piedras, tierras, fosiles y metales; observaba el orígen y curso de los rios, la distribucion y uso de las aguas; notaba los progresos que ha hecho la agricultura, y algunos defectos que deben corregirse. En las empinadas cumbres por medio de una brújula tiraba mi meridiana, y luego dirigia la visual á los puntos mas sobresalientes, los picos, las torres de los pueblos, las ermitas, situando cada objeto en el papel con las respectivas distancias que me daban los prácticos del pais: medía despues las mismas distancias caminando con igual velocidad, y teniendo cuenta con los rodeos y cuestas, harto freqüentes en tierras montuosas. Con estos auxîlios he formado el mapa general del reyno, sirviéndome de la carta marina del Señor D. Vicente Tofiño para la costa del mar. Los otros mapas son copias que he sacado de los que se conservan en archivos, excepto el de Peñagolosa, hecho segun mis observaciones y medidas.
Una de mis principales atenciones ha sido el cálculo de la poblacion y de los frutos, por donde se viene en conocimiento así de la calidad del suelo, como de la industria de sus habitantes. Para formarle con la exâctitud posible; he juntado quantos habian hecho varias personas hábiles y fidedignas, he consultado muchas veces las listas que los Señores Curas forman para el cumplimiento de la Iglesia, y me he valido de los productos de los diezmos, y de los estados hechos de órden superior por el gobierno de los pueblos. Ademas he registrado los historiadores á fin de comparar los diversos estados del reyno en varias épocas, y descubrir las causas de tales diferencias. Excuso referir otras muchas diligencias que se echarán de ver en el cuerpo del escrito; pero ántes de entrar en él convendrá dar algunas ideas sobre la formacion, naturaleza y estado actual de la provincia de que vamos á tratar.
El reyno de Valencia está situado entre los grados 37 y 52 minutos, y 40 y 51 minutos de latitud septentrional, y entre los 15 y 17 con 10 minutos de longitud del meridiano de Tenerife. Al este le baña el mar Mediterráneo desde el rio Cenia, mas allá de Vinaróz, hasta la torre de la Horadada, ó confines del reyno de Murcia. Cíñele este reyno por mediodia y poniente hasta la altura de 39 grados y 25 minutos. De este punto empieza á limitarle Castilla la nueva, siguiendo adelante con varios senos, de los quales los mayores se hallan en las inmediaciones de Requena y de Santa Cruz de Moya. A los 40 grados y 7 minutos se ve el mojon divisorio de los reynos de Valencia, Castilla y Aragon, y allí queda como aislado el Rincón de Ademúz, cercado del reyno de Aragon por norte, oriente, y en parte por mediodia, continuando despues el mismo reyno con varios ángulos y dientes hasta la punta mas septentrional del de Valencia, que es el Tosál del Rey en la Tenencia de Benifazá. Allí se tocan Aragon, Cataluña y Valencia, y desde aquel punto hasta la embocadura del Cenia lindan Valencia y Cataluña.
La superficie entera del reyno de Valencia consta de 838 leguas quadradas de 20 al grado: las 240 con corta diferencia son llanuras ó valles, las restantes son montes. De estos apénas se cultiva la mitad á causa de la aspereza, aridez y falta de tierra; pero lo mas de lo inculto se aprovecha para pastos. De las nieves y lluvias que reciben se forman muchos rios, y se aumenta el caudal de otros que fertilizan las llanuras. Los rios principales del reyno son el Xucar, Turia, Milláres y Segura; y de segundo órden el Palancia, Albayda, Alcoy y Cenia. Añádese un número considerable de riachuelos, que con las innumerables y copiosas fuentes aumentan el riego y las producciones.
Por todos los confines del reyno se hallan montañas que dificultan el paso, sin mas excepcion notable que las llanuras por donde se pasa á las ciudades de Murcia y de Villena. Por estos mismos sitios, igualmente que por todas las otras partes, á medida que se interna en el reyno se encuentran escarpados cerros y montes de mucha altura, que dexan entre sí profundos barrancos, y forman ya grupos ó laberintos intrincados, ya cordilleras de muchas leguas sin interrupcion aparente. Quando se exâminan los barrancos que yacen entre las montañas elevadas, todo parece confusion y desórden: el horizonte es generalmente limitado, sin descubrirse salida por parte alguna: aquí se ven cortes casi perpendiculares de hasta mil palmos: allí cuestas rápidas sembradas de enormes cantos, que parece van á desprenderse. Cesa este desórden y la inquietud que inspiran los riesgos quando se llega á las alturas. Desde ellas registra el observador con sorpresa los profundos surcos que quedan entre las cordilleras de los montes; ve que unas corren casi paralelas entre sí, y otras en direcciones contrapuestas. Peñagolosa, Espadán y Aytana ofrecen este espectáculo, y son sitios oportunos para estudiar la naturaleza del reyno. La multitud y variedad de plantas que se pisan por mas de tres horas, indispensables para llegar á la cumbre de estos montes; las diferentes tierras y peñas; las conchas ó petrificadas ó sueltas que se hallan á cada paso; los cortes pelados y desmoronados hácia el sur ó sueste; la vasta extension de montes, cerros, barrancos y lugares que se descubren, todo este cúmulo de objetos arrebata y deleyta el ánimo de un atento naturalista. Nácenle allí grandiosas ideas acerca de la formacion de aquellas enormes masas; del trastorno que experimentáron, ó para perder en poco tiempo la mitad de su mole, ó para sufrir iguales pérdidas en muchos siglos; de la fuerza de las aguas que lamiendo y excavando peñas durísimas, con el transcurso del tiempo se abren paso, y vencen obstáculos al parecer insuperables.
Si al baxar de los montes se escogen otros puntos para descubrir las llanuras cultivadas, se ven serpear mansamente los rios, oprimidos ántes en gargantas estrechas; y se observan mil canales de riego en varias direcciones, la infatigable industria de los Valencianos, la multitud de árboles y producciones, objetos todos que obligan á suspender el exâmen de los efectos de la naturaleza, para admirar los del arte. Recorriendo los ribazos de los rios se presentan nuevos objetos dignos de observacion. Allí se ven con claridad y se pueden contar las varias capas y diferentes substancias de que se compone el actual terreno. Casi siempre alternan porciones horizontales de marga con otras de cantos rodados, los mas de la misma naturaleza que los montes vecinos de donde baxáron con las aguas, y otros que la tienen diferente parecen fragmentos de masas que ya no exîsten.
Los montes y los cerros, que cubren la mayor parte del reyno, deben al parecer su orígen á los cuerpos orgánicos que viviéron en el mar. Porque no solamente se componen de peñas calizas casi todos ellos, sino que tambien se notan bancos de hasta 30 palmos de grueso, formados de conchas amontonadas y dispuestas por familias, muchas veces con su barniz natural, y casi siempre con su forma primitiva. Es cierto que la petrificacion no está siempre completa en dichos bancos, pero su posicion casi horizontal y su paralelismo dan indicios ciertos del orígen que debiéron tener en el fondo de las aguas. Así vemos que en el monte Meca, que parte términos entre Almansa y Ayora, alternan gruesos bancos de peña caliza con otros mas gruesos de aquellas ostras que los naturalistas llaman Peynes. La muela de Aras de Alpuente, cuya corona es de bancos calizos, ántes de llegar á aquella altura se compone de ostras rellenadas de mármol. En lo mas alto de Peñagolosa y en los montes de Cervera se hallan buccinos petrificados, que conservan las espirales y la forma exterior. Se ven con freqüencia conchas en los montes de Xixona, Cullera, Castalla, y otros del reyno. Hasta estampas de pescados conocidos se conservan en los de Pego. El propio elemento de estos animales ha sido siempre el mar; en él nacen, viven, se multiplican y perecen. Las corrientes van amontonando los cadáveres y despojos, y así preparan materiales para formar montes, cuyos bancos quedan por lo comun horizontales, y siempre paralelos aun en las curvas. Parece pues cierto que los montes del reyno de Valencia se formáron en el fondo del mar, cuyas aguas cubriéron la superficie que habitamos.
En los que hoy dia exîsten se ven monumentos de otros que desapareciéron, y pruebas ciertas de haber sido mas elevados que los presentes. En lo alto del monte Pina se encuentran grandes moles de un hormigon, cuya naturaleza es muy diversa de la del monte: esta es arenisco-gredosa, y la del hormigon es un agregado de fragmentos de quarzo como almendras, parecidos á las chinas rodadas de los rios. Estos fragmentos suponen la descomposicion de montes mas elevados, cuyas piedras atenuadas por efecto de repetidos choques, se reuniéron por medio de cierto gluten, y viniéron á formar grandes masas, que las aguas arrastráron en alguna época, quando los picos exîstentes hoy dia serian otros tantos puntos de la superficie que desapareció ó se alteró con el tiempo.
Lo que nos queda de aquella enorme masa que salió del fondo de las aguas se puede distribuir en dos clases, esto es, en cerros redondeados, por lo comun de poca altura, y en altos montes, cuyas cumbres peladas están llenas de surcos y recortes, é inmediatas á precipicios, muchas veces perpendiculares; efectos sin duda de alguna convulsion considerable, ó de violentos choques. Los cerros resultáron de lentas descomposiciones y otras causas ordinarias: son freqüentes los redondeados entre los montes Bernia y punta de Aytana, en la hoyada de Xixona, y en los términos de Benisa, Chelva y Xérica: pudiéron formarse por las aguas que sucesivamente han ido lamiendo y arrastrando las partes ménos resistentes, abriendo surcos, y llenándolos despues con las tierras de otros cerros inmediatos que se descomponian; alterándose así la forma, las alturas, el color y aun la calidad de la superficie de todos ellos. Vense cubiertos de marga por lo comun blanca, y algunas veces de un roxo tostado, la qual penetra muchos pies hácia lo interior de los cerros que no son de yeso: allí se hallan pedruscos sin órden, como anegados en mucha tierra. No pocas veces quedan porciones de bancos, análogos sin duda á los que en otro tiempo formáron la masa destruida; y no es raro el encontrar capas de cantos rodados, cuyos intersticios ocupa una especie de cieno que debió correr con las aguas. Los cerros de yeso se ven muchas veces coronados de bancos de mármol, y si en sus faldas ó raices hay algunas fuentes, son ordinariamente de agua salada, de la qual resultan cristalizaciones de sal comun en las inmediaciones de los arroyos.
Para alterar la forma primitiva de estos cerros, y aun para reducirlos á llanuras y á tierra fértil, bastáron las causas ordinarias, esto es, la alternativa de humedad, calor, vientos, yelos y lluvias; pero para mudar el paralelismo de los montes, para desmoronar en breve sus empinadas puntas, y hacer en ellas cortes perpendiculares de muchísimas varas, fuéron indispensables causas extraordinarias. Los bancos de nuestros montes forman ángulos agudos con el horizonte, abiertos hácia el mediodia; las cuestas desde la raiz hasta la cumbre son suaves por el norte; los despeñaderos y cortes están casi siempre al mediodia ó al sudueste. Nada de esto se puede atribuir á pura casualidad, sino á poderosas causas. Sin duda produxéron este trastorno las aguas del mar en alguna violenta conmocion del globo. Si es dificil señalar la causa que puso en movimiento las aguas, es cierto que la fuerza de ellas es incalculable, y que se conservan los efectos de violentas conmociones y de choques formidables.
No deben atribuirse á una misma causa los cortes, precipicios y pérdidas de Peñagolosa por exemplo, y los profundos barrancos de la Hoz en las montañas de Énguera, y los nombrados del Infern y Malafí junto al valle de Gallinera. Aquellos debiéron hacerse en poco tiempo, aumentándose sobremanera la velocidad y fuerza de la causa; pero los barrancos, los ángulos entrantes y salientes que en ellos se observan, y aun los desmoronamientos de sus altos muros, son efectos de una causa que empezó su obra muchos siglos hace, y aun la continúa en el dia. Quando el mar cubria nuestro reyno, sus aguas solas corriendo en varias direcciones; y despues quando el mar mudó de sitio, las repetidas y furiosas avenidas por los mismos cauces, parecen ser la verdadera causa de estos fenómenos. Así lo comprueba en otras partes la experiencia: en el Rincon de Ademúz, siguiendo el rio Ebrón hasta su confluencia con el Turia, se ven ángulos entrantes y salientes, freqüentes desmoronamientos, y un cauce cada dia mas profundo por donde se precipitan las aguas, siendo estas allí la única causa que transformó y aun altera la superficie de aquel recinto. Estas son el principal agente que convierte los barrancos en llanuras, y que de nuevo abre en ellas profundos surcos, dexando en los ribazos señales del antiguo trabajo, y del órden en que se fuéron depositando los materiales.
Aunque comunmente es caliza la substancia de nuestros montes, se ven no obstante muchos de piedras arenisco-gredosas, mayormente hácia el norte del reyno, ya mezclados con otros marmóreos, ya encerrados entre cordilleras calizas. En los calizos se ven con freqüencia vetas espáticas, y ocres endurecidos de varios colores. Entre los areniscos y de amoladeras se observan algunos sumamente duros, y otros al contrario blandos, que se descomponen y reducen á tierras arcillosas, granugientas y ásperas al principio, las quales con el tiempo van adquiriendo suavidad. Los ángulos que forman con el horizonte las hojas ó delgadas capas de estas amoladeras, son siempre mayores que los que se observan en los bancos calizos, y en sus grietas se halla espato pesado y quarzo. En los montes de Ayodar y Pavias, y mucho mas en Eslida, que está en el centro de la cordillera de Espadán, se halla cinabrio, cobre, hierro y cobalto, y en los inmediatos á Segorbe hay minas de plomo. En los areniscos de Náquera, sumamente duros, se ven vetas de mas de quatro palmos de verdadero alabastro, cuyas faxas varían infinito en color, posicion y dibuxos. En los inmediatos á Planes, á Moixént y Ayodar se halla gran número de cristales, conocidos con el nombre de jacintos de Compostela.
Aunque en lo exterior de nuestros montes reyna cierta semejanza en la substancia, posicion y producciones, y aunque en todos caigan nieves y copiosas lluvias; con todo las fuentes en los del mediodia y poniente son freqüentes, y muy raras en los del norte: de donde proviene, que los ríos corran todos entre Castelló de la Plana y Orihuela, fertilizando como 40 leguas, quedando casi sin agua el resto del reyno hasta Morella. Vense en esta parte septentrional las anchas ramblas de Cervera, de las Cuevas y de la Viuda, siempre secas, sino es en tiempo de avenidas, con las quales arruinan sus inmediaciones; en lo alto de Peñagolosa se ven serpear arroyos que se esconden entre peñas para salir de nuevo, y ocultarse otra vez sin dexar el menor rastro: otros corren con fuerza en tiempo de aguaceros, rodando cantos, y se precipitan hasta ciertos parages, donde se introducen en las entrañas de los montes. En muchos distritos son tan escasas las aguas, que en verano apénas bastan para el pasto de los vivientes si el año ha sido seco: hasta en las partes baxas é inmediatas al mar, como en Vinaróz y Benicarló, es preciso recurrir á los pozos y zuas para beber y regar las huertas. Esta escasez tan perjudicial á la agricultura y poblacion de aquella parte del reyno, pende de la constitucion interior de los montes, que admiten en sus entrañas las aguas de lluvia, no para verterlas por varias y copiosas fuentes, como vemos en los del mediodia, sino para dexarlas baxar hasta el nivel del mar, y acaso á mayor profundidad: de allí por conductos subterráneos las vomitan en las inmediaciones del mar, formando lagunas y marjales pestilenciales.
En estos montes es muy probable que los bancos descansen unos sobre otros sin interposicion de marga, y aun de la greda compacta, tan abundante en los del mediodia. Pudo tambien suceder que al endurecerse la materia de que se componen, dexase en lo interior infinitas grietas, que se comunican hasta el nivel del mar. En el llano de Vistabella desaparecen en pocas horas las lluvias mas copiosas, corriendo media legua por las entrañas del monte: lo mismo sucede en el valle de Barig sobre Valldigna. Tal puede ser la constitucion íntima de los montes del Maestrazgo de Montesa, y otros, puesto que las aguas ó se precipitan y corren por las ramblas con gran celeridad hasta llegar al mar, ó se introducen en los montes y desaparecen en un momento, sin resultar aquellos beneficios que en otras partes proporciona el riego.
Corto es el número de llanuras en el reyno, y aun estas estrechas, hallándose casi siempre entre el mar y las raices de los montes. Así los rios para atravesar el reyno se ven precisados á correr por profundos cauces, como se observa en el Xucar, Turia, Palancia y Milláres. Parece imposible que las aguas hayan podido romper los obstáculos de tantas leguas de montes, formando en ellos surcos de mas de mil palmos de profundidad. Desde Cofrentes hasta Antella corre el Xucar por el profundo cauce que yace entre el Caballon y los montes de Córtes, Milláres y Sumacárcel. El Turia, despues de atravesar el Rincon de Ademúz, entra en las gargantas de varios montes, y al pasar por Chulilla corre por canales de mas de 600 palmos de profundidad, y apénas cincuenta de ancho, describiendo curvas en aquella materia, mas dura que el mármol ordinario. Palancia desde que nace en Peñaescabia serpea por las profundas raices de los montes, fecundando 22 pueblos que se hallan en su curso hasta Murviedro. Ultimamente Milláres entra en el reyno por la Puebla de Arenoso, y desde allí hasta Fanzára se ha abierto paso por los apéndices de la sierra de Espadán, en partes tan profundo y estrecho, que no se pueden registrar aquellos cortes sin estremecerse. En estas profundas excavaciones se presenta el órden y variedad de los bancos de que se formáron los montes y los cerros: se hallan plantas que en vano se buscarán en partes mas descubiertas, y ménos húmedas: se ven yesares, y en ellos cristales de varias formas. Si se pisan las orillas del cauce que los rios inundan en sus avenidas, y aun mas los barrancos que van entrando en ellos, se halla el suelo sembrado de fragmentos, regularmente de mármol, y algunas veces de amoladeras; haylos de quarzo, y muchos mas de piedras areniscas durísimas penetradas de hierro y cobre.
Quando entre las gargantas se presenta alguna anchura, parece que los rios se ocupan en trastornar el suelo y variarlo caprichosamente, formando campos con lo que roban á otros, y amontonando cantos, tierra y cieno, unas veces sin órden, y otras en capas mas ó ménos delgadas, que con el tiempo reemplazan los campos y haciendas destruidas. Tales transformaciones y obras de las aguas se ven en grande en las llanuras inmediatas al mar. Las aguas del Mediterráneo bañáron algun dia y batiéron las raices de los montes, como lo aseguran los monumentos que hoy quedan tierra adentro. Al paso que el mar se retiraba iba dexando arenas, piedras y otros cuerpos amontonados; venian luego las aguas de los rios cargadas de tierra, cieno y despojos de vegetales, que deponian sobre el suelo de arena; traian otras veces cantos, que dexaban esparcidos sobre la nueva superficie, recubriéndolos despues con otras tierras que baxaban de los montes. De este modo se levantaba el suelo, y se iban preparando campos para la agricultura. No tenian allí los rios barreras que los contuviesen en sus cauces, por lo qual abrian nuevos surcos, y cubrian los antiguos, ocupándose al parecer en destruir sus propias obras, y formar otras sobre las ruinas. De esta manera parece viniéron á formarse las porciones preciosas del reyno, que se extienden desde Vinaróz hasta Oropesa, desde Castelló de la Plana hasta Cullera, y las huertas de Alicante y de Gandía.
Los valles y cañadas que alternan con las cordilleras de los montes en lo interior del reyno, parecen efecto de otra causa. Pudiéron contribuir á su formacion las aguas del mar y sus varias corrientes, si por alguna causa se interrumpió la comunicacion y el curso libre que tenian. Porque entónces detenidas y como embalsadas las aguas, dexarian caer al fondo las partes extrañas que sostenian, formando estas con el tiempo tantas capas horizontales de marga, quantas bastáron para poner de nivel el fondo con los cerros. Concluida la obra, llegó la época en que el mar mudó de sitio, y entónces apareciéron dilatadas llanuras: corriéron las fuentes y los rios, y se lleváron poco á poco las partes que ménos resistian; así aumentáron las dimensiones de los surcos y arroyadas, hasta que al fin formáron las cañadas y los valles. Deben pues estos su actual ser y forma á pérdidas repetidas; y las llanuras marítimas al contrario á nuevas adquisiciones, facilitando de este modo la naturaleza próvida materiales que aumentáron el número de campos útiles, trasportando marga y cieno para mezclarlos con arenas. Por esto se observa cierta semejanza en las tierras del reyno de Valencia, segun el orígen que tuviéron. En todas se reconoce la marga, dominando por lo comun la arcilla, siendo esta tan abundante y fina en muchas partes, que sirve para las fábricas de alfarería y loza.
Dos son los colores principales de la tierra, blanco y roxo. Este se ve en la larga extension que hay desde Oliva hasta Castelló de la Plana, continuando despues hácia el norte por el Maestrazgo de Montesa: el blanco es mas general, y con varios tintes cubre el resto del reyno. La tierra roxa no se halla en el mismo estado en todas partes. Siempre es arcillosa, y se halla mas ó menos tostada, y con varias mezclas de arenas. En los campos, cuestas y cañadas contiguas á montes de amoladeras es ménos pastosa, mas seca y áspera, haciéndose sentir estas qualidades en las rejas del arado, que se usan y consumen en ménos tiempo. Semejante tierra es muy apta para viñas y algarrobos, y para que las higueras crezcan y fructifiquen en pocos años; mas no lo es tanto para trigos y otros granos, á no ser que con el abono se suavice la aspereza de sus partes, y se conserve la humedad. Como se halla regularmente en parages escasos de riego, se mantiene árida sin dar la abundancia y variedad de frutos que se logran en las tierras de riego. Léjos de los montes de amoladeras la tierra es ménos áspera, y con ménos arenas; contiene mas partes calizas sin mudar de color, y la fermentacion que en ella excitan los ácidos es mas sensible y violenta. Donde esta tierra logra riego y abundancia de estiercol, como desde Castelló de la Plana hasta Oliva es mas suave y fértil; se altera el color roxo pasando al pardo, y negrea en aquellos sitios en donde los despojos de los vegetales y la abundancia de estiercol forman la mayor parte del suelo. En este estado rinde al labrador quanto le pide, y nunca huelga, sucediéndose de continuo preciosas y abundantes cosechas.
La tierra blanca, llamada vulgarmente Albarís, por lo comun es compacta y dura, como gran parte de la roxa, á no estar humedecida por las lluvias ó el riego. En tal estado es sumamente resbaladiza por abundar de greda, la qual no pocas veces perjudica á la vegetacion, ya conglutinándose en losas quando está cubierta de otras capas, en cuyo estado se llama Llacorella, ya formando en la superficie cortecitas que sufocan los tallos tiernos quando precedió riego ó lluvia. Pero quando se le mezclan arenas ó estiercol en cantidad proporcionada, ó se halla muy atenuada por el arado y demas labores, entónces da frutos abundantes; los trigos, maices y demas granos crecen con lozanía y fructifican; los olivos, algarrobos y moreras engruesan sobremanera; las viñas dan rios de vino; y los almendros se deleytan, mayormente en las cercanías de yesares. Así es de ver en las huertas de Elche y Alicante, en el valle de Albayda, y en los términos de Alcoy y Aspe. Esta especie de tierra pasa de la suma dureza al estado de polvo sin union, quando se dexa por un año expuesta á la inclemencia del tiempo, y en tal estado sirve de abono para fertilizar los campos arenosos, recurso que practican con conocimiento muchos labradores. Quando en las lomas y cerros llegó á tomar la consistencia de piedra floxa, dispuesta en hojas muy sutiles, admite gran variedad de colores desde el blanco hasta el de color de hígado. Estos colores se alteran al fuego, pasando del amarillo al roxo, y del pardo al amarillo; pero no es constante esta mutacion, porque muchas veces el blanco y el pardo conservan su color al fuego mas activo. ¡Qué variedad en la apariencia y caracteres! ¿Serán por ventura de diferente naturaleza estas tierras, como parecen indicarlo las señales exteriores? ¿ó deberán atribuirse estos fenómenos á varias mezclas y combinaciones de los elementos primordiales?
Si las tierras se consideran solamente con respecto á los frutos que pueden dar mediante el arte y la industria, deben dividirse en huertas y secanos, esto es, en tierras de riego, y en las que solamente le tienen quando llueve. Las huertas presentan jardines perpetuos, que reunen lo útil y agradable, en donde se suceden las cosechas sin pérdida de tiempo. Para facilitar el riego se anivelan las superficies de los campos, haciendo gradas quando es mucha la desigualdad del terreno, y entónces se ven en anfiteatro trigos, cáñamos, maices, y gran número de frutales y moreras. Forman estas comunmente filas en las orillas de los campos, y es tanta su multitud, que suministran alimento á los innumerables gusanos que fabrican anualmente millon y medio de libras de seda. Son secano regularmente los terrenos altos y desiguales, y las faldas de los montes; pero están tan bien plantados de árboles, que figuran espesos bosques en freqüentes masas de algarrobos, olivos, higueras y viñedos. Gran parte de estas tierras en nada cederian á las huertas si lograran riego. Las llanuras de Quart y Liria, los dilatados campos de Orihuela, Elche, Alicante y Benisa tienen un fondo riquísimo. Para regar las huertas los Valencianos ponen á contribucion todas las fuentes y los rios: algunos de estos quedan secos ántes de llegar al Mediterráneo, por los abundantes canales que les sacan. Ni se contentan con aprovechar todas las aguas de las fuentes; registran las entrañas de los montes y cerros sin perdonar á fatigas y gastos para descubrir su orígen, y aumentarlas con excavaciones y conductos subterráneos: taladran montes, levantan arcos para sostener aqüeductos, construyen depósitos ó pantanos en el fondo de los barrancos para recoger las aguas de las lluvias, que se perderian en otro pais de ménos industria. Y quando practicadas todas las diligencias posibles no pueden lograr riego, entónces redoblan sus esfuerzos, y roban á la naturaleza inculta los eriales, convirtiéndolos en campos útiles: suben hasta lo mas alto de los montes para reducirlos á cultivo; y así en varias partes del reyno se ven portentos de industria en aquellos sitios, que parecian destinados á una esterilidad perpetua.
Mas admirables son aun los trabajos hechos en los marjales y sitios pantanosos, en el recinto del lago de Valencia, llamado la Albufera. Pásmase el observador al contemplar tantos millares de individuos luchando con las calenturas y la muerte por vivir en sitios aguanosos, cuya atmósfera se vicia con las pútridas exhalaciones de aguas encharcadas, y despojos de sabandijas y vegetales. Allí cultivan el arroz, dan curso á las aguas, arrancan multitud de plantas que muertas aumentarian la corrupcion, revuelven el suelo siempre cenagoso y cubierto de agua, y á fuerza de trabajos logran abundantes cosechas. Nada desprecia el Valenciano. Si halla obstáculos los vence con teson: si el suelo es ingrato lo mejora, si es feraz le hace dar hasta tres y quatro cosechas al año. De este modo dominando el suelo que le cupo, varía las producciones, enriquece el Estado, y vive alegre en la abundancia que criáron sus manos, su industria, su constancia, su talento. Para apreciar el mérito de los Valencianos es menester ver de cerca y exâminar con cuidado sus trabajos en el siglo actual, y recorrer los pueblos, los montes y los campos con un índice de lo que eran 8o años hace. Mucho contribuye la feliz situacion del pais, capaz de producir todos los frutos de Europa, y parte de los de América; pero sobre todo la industria y el ímprobo trabajo son la verdadera causa de la admirable mudanza que hoy vemos. Las casas de todo el reyno no llegaban á 100(≈) en el año 1600.[1] En 1609 fuéron expelidos como 200(≈) Moriscos, esto es, casi la mitad del vecindario: este se apocó sucesivamente con las guerras de aquel siglo, y mucho mas á principios del presente con las de sucesion. Vino la paz, y empezó á multiplicarse nuestra especie; mas fuéron tan graves los daños padecidos, que en 1718 solamente se halláron 255080 personas. Desde entónces se fomentó con nuevo espíritu la agricultura, se multiplicáron los frutos, y á proporcion fué creciendo el número de vivientes, tanto que en 1761 se contáron 604612; en 68, 716886; en 87, segun el Censo general de España, 783084; posteriormente ha continuado el aumento en mayor razon, como veremos en el discurso de la obra. En quanto á frutos no he podido hallar otro extremo de comparacion sino el inexâcto que dió Escolano sobre el producto de la seda, arroz y azucar, que dixo ascendia en su tiempo á mas de 3 millones (que supongo de pesos). Hoy dia no se hace azucar en el reyno, y las cosechas de arroz y seda rinden mas de nueve millones de la misma moneda. Pero aun quando nada hubiese escrito sobre el valor de los frutos en 1600, siendo cierto como lo es que la actual poblacion es mas de doble que la de aquel tiempo, y que nuestra especie aumenta siempre ó disminuye en razon de los frutos, resulta que los actuales deben ser doblados en cantidad respecto á los que se cogian entónces.
A pesar de la abundancia, variedad y riqueza de las cosechas del reyno, la mayor parte de sus vecinos viven en necesidad ó pobreza. Este hecho constante parecerá increible á quien no considere que son innumerables los que disfrutan el reyno. Ademas del prodigioso número de sus habitantes, hay otro muy grande de Señores que extraen quantiosas sumas correspondientes á sus rentas. Sería feliz el reyno si en él viviesen los que lo disfrutan, ó si á lo ménos alguna buena parte de sus rentas se emplease en fomentar las fábricas y la agricultura, y en socorrer las necesidades de aquellos labradores. A pesar de haber vivido estos sin mas recursos que sus brazos, y los artesanos sin mas socorros que su industria y aplicacion, se ha visto renacer en medio siglo la poblacion antigua, y doblarse despues en ménos de 40 años, prueba cierta de ser fértil el suelo, y de habitarle una gente activa é industriosa.
En todo el reyno se respira siempre un ayre puro, á excepcion de los cortos marjales de Oropesa, y arrozales de las Riberas del Xucar. Las posiciones del terreno varían á cada paso: unas parecen estufas naturales, en que se cogen delicadas frutas con anticipacion, y otras preciosos jardines, donde el gusto, la vista y el olfato experimentan sensaciones agradables. Leguas enteras están embalsamadas con la fragrancia de muchas plantas aromáticas, y todo el reyno sumamente vistoso por la multitud y variedad de plantas y de flores. Todos los dias entre 9 y 10 de la mañana se levantan los vientos del mar, que templan el calor hasta las 4 de la tarde en aquellos sitios en que apénas se conocen los rigores del invierno, y los yelos son un fenómeno extraordinario. Hay no obstante sitios elevados y muy frios, pero nada contrarios á la salud, puesto que allí se vive mas tiempo, y regularmente sin las incomodidades que acompañan á la edad avanzada.
Este es el bosquejo del pais delicioso que he procurado exâminar, recorriendo por espacio de tres años los montes, barrancos, marina y campos cultivados, para dar á conocer algo de lo mucho que contiene acerca de la historia natural y agricultura. Hablaré de lo que he visto; pero quedará aun mucho que añadirán otros mas instruidos, contentándome con haber tirado las primeras líneas del quadro.
Dividiré la obra en dos tratados. El primero contendrá la descripcion, poblacion, agricultura y frutos del reyno; y el segundo la parte puramente botánica. Empezará la descripcion por las partes septentrionales, y seguirá hasta salir por las meridionales. Dividiré el reyno en quatro partes, que son Norte, Centro, Poniente y Mediodia. La parte del Norte abrazará todo el espacio que está á la izquierda del rio Milláres, hasta los confines de Aragon y Cataluña. La del Centro, quanto hay entre Castelló de la Plana y San Felipe, cerrado al oriente por el mar, y al poniente por los montes que corren desde Onda á Murviedro, y desde aquí en arco por Náquera, Liria, Cheste, Lombáy y puerto de Cárcer. La del Poniente, desde Ayora hasta la Puebla de Arenoso, baxando desde los confines de Murcia y Castilla hasta reunirse con la porcion del Centro. Finalmente la del Mediodia desde el valle de Albayda y huerta de Gandía, hasta el reyno de Murcia. He procurado adornar la obra con las vistas de algunos lugares curiosos por su posicion pintoresca, y con las estampas que representan varias antigüedades. Nada he omitido de quanto creo útil y agradable. Para las medidas me he valido de palmos Valencianos, doce de los quales hacen trece de Castilla. Por jornal de tierra entiendo lo que un par de mulas pueden arar en diez horas, y equivale á lo que los Valencianos llaman cahizada, que se compone de seis hanegadas, y cada hanegada de 200 brazas. Es la braza medida de nueve palmos. Los nombres de los lugares van escritos como hoy dia se pronuncian, á excepcion de Murviedro, y algun otro que el uso ha consagrado: lo contrario siempre me ha parecido un abuso perjudicial. Al fin de la descripcion del reyno pondré índices copiosos. Uno de los pueblos del reyno con el número de los vecinos que tenian al fin de 1793 quando concluí mis viages; otro del contenido de la obra, y el tercero de las plantas citadas en ella con sus nombres castellanos, valencianos y latinos.
- ↑ D. Gaspar Escolano en el libro I de la Historia de Valencia, cap. 24, columna 204.