Ir al contenido

Oficio de Agustín de Iturbide al capitán general de Guatemala Gabino Gaínza del 19 de octubre de 1821

De Wikisource, la biblioteca libre.


Oficio de Agustín de Iturbide al capitán general de Guatemala Gabino Gaínza del 19 de octubre de 1821 (1821)
de Agustín de Iturbide
En el que invita a la Capitanía General de Guatemala a unirse al imperio mexicano siguiendo los establecido en el plan de Iguala (resumido en el lema Religión, Independencia y Unión) y los tratados de Córdoba, a la vez que menciona que la división auxiliar (dirigida primeramente por el Antonio Flon conde de la Cadena y luego por Vicente Filísola) se dirige hacia la frontera del capitanía

Excelentísimo señor:

Por el oficio de V. E. de 18 del pasado, que he recibido con el testimonio de la acta celebrada en esa capital el 15 del mismo, proclamando la independencia de todo el Reino, conforme a todos los votos unánimes de sus habitantes, quedo impuesto de la armonía, orden y concordia con que se dió ese paso importante, debido a los progresos de la opinión y al desengaño de las calumnias e imposturas con que los agentes de la opresión emprendieron desacreditar los esfuerzos de México, por desterrarla de su suelo. No podía recibir noticias más satisfactorias de esa porción interesante de nuestro continente que, desde los primeros movimientos que dirigí, mereció toda mi atención y era de los principales puntos a que pensaba aplicar los auxilios del ejército imperial, para cooperar a la grande obra de emancipación y libertad. Pero prevenido en mis designios por la abierta declaración de tan dignos americanos, y contando con las buenas disposiciones de V. E., que en unión de las respectivas corporaciones de su gobernación ha influído tan acertadamente en la feliz conclusión de la empresa; no resta más, sino congratularme con V. E. por tan próspero acontecimiento, agradeciendo al mismo tiempo las honoríficas expresiones con que se sirve felicitarme.
"Reduciría a estos precisos términos los límites de esta contestación, si el artículo 2 del acuerdo comprendido en la enunciada acta, no me ofreciera motivo de hacer algunas observaciones, que creo conducentes a rectificar las ideas políticas adoptadas por esa Junta General para el establecimiento del Gobierno, cuyas bases no quedarían sólidamente afirmadas, si no se apoyasen en el centro común, que debe reunir todas las partes de este vasto continente, para su mutua defensa y protección.
"Las autoridades interinas de Guatemala, anticipando su determinación al pronunciamiento de la voluntad del pueblo en la materia que más interesa a su felicidad, han convocado un Congreso Soberano, bajo el sistema representativo, a razón de un Diputado por cada quince mil almas. No es ahora el caso de exponer los inconvenientes que deben resultar de esta proporción, que tiene en su contra el ejemplo de los pueblos más libremente constituídos y en circunstancias más favorables que nosotros para dar a su representación toda la amplitud y extensión, que a primera vista exige la recta administración del Estado. Mi objeto es sólo manifestar a V. E. que el interés actual de México y Guatemala es tan idéntico e indivisible, que no pueden erigirse en naciones separadas e independientes sin aventurar su existencia y seguridad, expuestas ya en las convulsiones intestinas, que frecuentemente agitan los Estados en las mismas circunstancias, y a las agreciones de las potencias marítimas, que asechan la coyuntura favorable de dividirse nuestros despojos. Nuestra unión cimentada en los principios del plan, abrazado universalmente en México, asegura a los pueblos el goce imperturbable de su libertad y los pone a cubierto de las tentativas de los extranjeros que sabrán respetar la estabilidad de nuestras instituciones, cuando las vean consolidadas por el concurso de todas las voluntades. Este concurso es muy difícil que se logre a favor de establecimientos puramente democráticos, cuyo carácter social es la instabilidad y vacilancia, que impiden la formación de la opinión, y tienen en perpetuo movimiento todas las pasiones destructoras del orden. Los pueblos no pueden querer que sus gobernantes, de cuya sabiduría y experiencia se prometen los bienes que por sí no les es dado alcanzar, arrojen en su seno las simientes de la anarquía, en los momentos de restituirse a la posesión de su libertad. El poder absoluto, que se ejerce desde lejos con toda la impunidad a que autoriza la distancia, no es el solo mal que debemos temer; es preciso que, al destruírlo en su raíz, evitemos las resultas mismas de la actividad del remedio, que en la demasía de su dosis, hará pasar el cuerpo político de la excesiva regidez a la absoluta relajación de todas sus partes. Ambas enfermedades producen la muerte: aquella, porque falta el movimiento; y ésta porque se hace convulsiva.
"Bien convencido me hallaba de estas verdades, que el tiempo no ha hecho sino confirmar, cuando tracé en Iguala el plan de independencia, que combina prácticamente los varios intereses del Estado, aunque en teoría no faltarán defectos que objetarle, en un tiempo sobre todo en que la manía de las innovaciones republicanas, que con tanto furor ha derrocado los más hermosos y opulentos reinos de Europa, ha atravesado los mares y empieza a propagar sus estragos en América.
"No tiene la política otro medio de contener los progresos de este contagio, que el de adoptar los principios de la monarquía moderada, erigiendo a la libertad un trono en que el respeto reverencial y de costumbres, los prestigios de antigüedad y la posición inmemorial de la corona, acudan a sostener la dignidad del Soberano, al paso que la representación Nacional, ejerciendo libremente su destino, oponga un dique incontrastable a los embates del poder y lo reduzca a la feliz impotencia de degenerar en arbitrio. Por esto México, no contento con llamar a su solio al Monarca reinante en España, ha jurado solemnemente admitir en su lugar a cualquiera otra de aquella augusta dinastía hasta estipular en el Tratado de Córdova, que contiene la legítima expresión de la voluntad general, poner el cetro en manos del Principe de Luca, a falta de los demás que se llaman preferentemente.
"Por lo expuesto, conocerá V. E. cuan distante estamos de conformar nuestras instituciones a los demás elementos monstruosos del despotismo, y que si aspiramos al establecimiento de una Monarquía, es porque la naturaleza y la política, de acuerdo con el particular, nos indican esta forma de Gobierno en la extensión inmensa de nuestro territorio, en la desigualdad enorme de fortunas, en el atrazo de las costumbres, en los vicios de la depravación, identificada con el carácter de nuestro siglo.
"Cuando la dinastía Española, convidada a trasladar su trono a México, renuncie las visibles ventajas de este cambio, los Estados Generales del Imperio próximos ya a convocarse, mirarán como su más importante asunto suplir esta sensible falta, sin desviarse de las bases fundamentales, sobre que deben levantarse el edificio de nuestra felicidad. Este grande espectáculo, el mayor que se ha presentado a la admiración de las naciones y que va a producir una mudanza súbita en todos los intereses y relaciones de sus gobiernos, al modo que los descubrimientos del siglo décimo quinto hicieron variar de faz a todas las potencias europeas, perdería gran parte de su influencia, si no recibiera toda la extensión de que es susceptible en el vasto continente del Septentrión, en que está comprendido ese Reino, cuyos límites se confunden con los nuestros, como si la naturaleza hubiese destinado expresamente ambas porciones, para formar un solo poderoso Estado.
"Son tan obvias estas ideas, que la Diputación actual de la América en las Cortes de España, conociendo profundamente los verdaderos intereses de su Patria y deseando hacerlos valer en cuanto lo permitían las estrechas circunstancias y términos de su comisión, promovió la independencia que creyó más fácil obtener de la Metrópoli, por las ventajas que le resultaban; pero sin perder de vista en cuanto a Gobierno, las demarcaciones que deben seguirse por uno mismo, como se percibe del tenor expreso de la primera de sus proposiciones, concevida en estos términos: "Habrá tres secciones de Cortes en América, Una en la Septentrional y dos en la Meridional: la primera se compondrá de los Diputados de toda la Nueva España, incluso las Provinciaş internas y Goatemala".
"Esta no es una ley que debamos observar por haberla propuesto nuestros Diputados a Cortes, sino por la sencillísima razón de la mutua conveniencia, que resulta de su institución, como que de ella pende que se identifiquen nuestros intereses, impidiendo las rivalidades y guerras tan comunes entre naciones limítrofes. Por el contrario, ¿qué reformas puede apetecer Guatemala en su administración interior, que no consiga en el Congreso General de México a instancia de los representantes que envíe, instruídos plenamente de las necesidades de sus comitentes, y animados del deseo de remediarlas? En cuanto sus relaciones con las potencias extranjeras, és claro que no tendrían por sí la importancia que pueden darles la unión con México, a cuyo nombre están vinculadas las ideas de grandeza y opulencia, que generalmente se tiene de esta parte de América. Podrá tal vez con el tiempo variar la posesión respectiva de los dos Reinos y separarse en dos grandes Estados, capaces de existir por sí a merced del aumento de su población y del desarrollo de los gérmenes de prosperidad que encierran en su seno; pero en el actual estado de las cosas, no es probable hallar un principio político, que justifique las medidas de esa capital, que llevadas a cabo, la privarían de los auxilios de tropas y dinero con que debe contar en caso de ser invadida, formando parte de este Imperio, al cual se ha unido la provincia de Chiapas, y este es un nuevo motivo que debe obligar a variar los disposiciones acordadas sobre Cortes, cuya convocación es de suspenderse hasta la publicación del Decreto citatorio que está ya al expedirse por esta Junta Provisional, que mira este asunto como el más importante de su encargo, el cual debe cesar con la reunión de las Cortes Generales.
"Si a pesar de la evidencia y solidez, que a mi juicio, concurren en estas reflexiones, no bastasen al convencimiento de estas respetables autoridades, espero se sirva V. E. comunicarme a la mayor brevedad sus ulteriores determinaciones, para el arreglo de las mías; en el concepto de que desnudo de toda mira individual y poseído del más sincero respeto a la voluntad de los pueblos, jamás intentaré someterles a la mía, aunque no es otra que la de su felicidad y bienestar. Con este objeto ha marchado ya y debe en breve tocar en la frontera una división numerosa y bien disciplinada, que llevando por divisa Religión, Independencia y Unión, evitará todas las ocasiones de emplear la violencia, y sólo reducirá su misión a proteger con las armas los proyectos saludables de los amantes de su Patria.
"Dios guarde a V. E. muchos años.
"Palacio Imperial de México, 19 de octubre de 1821, Primero de la Independencia.
(f) Agustín Iturbide.

"Excelentísimo señor don Gavino Gaínza. -Guatemala."