Oro y ébano: 017

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Primera aurora[editar]




Y fue la lucha de la sombra inmensa

con el fulgor del día.

Sólo una estrella pálida, suspensa,

tras de la bruma densa,

quedo flotando en la región vacía.


Alzó su voz la secular floresta

de hondas arcadas por el viento rotas;

brilló la nieve en la empinada cresta

y comenzó la universal orquesta

con el preludio de infinitas notas.


Murió la última estrella

en la cima de un monte

como un cocuyo en la explosión del día,

mientras la aurora pudibunda y bella

anegaba de luz el horizonte

y en el lejano azul se sonreía.


Y entre el enorme ruido

que se alzó de la tierra en giro vario,

fue el lago un mar dormido,

el valle un vasto nido

y el bosque mugidor un incensario.


Encresparon las fuentes argentadas

con el brillo del sol de sus aguas locas,

y las níveas cascadas

rompieron con furor contra las rocas

sus collares de perlas irisadas.


Y el mar se hinchó con lúbrica delicia

sobre las playas cálidas y solas

al sentir la caricia

de la primera luz sobre las olas.