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92 JOSÉ MANUEL HIDALGO.


tenía fatalmente que sucumbir ante el ejemplo, ó no ser chic; viendo además la impunidad de faltas sobre las que no caían centellas del cielo y aquí abajo recibían como galardón la acogida festiva que se hacía á las damas entre quienes iba á empezar su noviciado.

XII

Llegó la noche del baile, y desde las diez estaba Yolande, con elegante vestido de la Doucet, rival de Worth á la entrada del primer salón con el memo de su marido y la Baronesa para presentarla los convidados que iban llegando. El convite era á las diez, pero una dama exacta es rara avis in terris y hasta las once no empezaron á llegar. Decía uno que si Dios hiciera publicar en todos los rincones del mundo que el primero de enero, desde las doce á la una del día, repicaría las campanas y dejaría entrar en el cielo á todos los que llegaran á tiempo, pero que á la una en punto cerraría las puertas por toda la eternidad, inmensa cantidad de mujeres llegarían demasiado tarde, y en la noche misma no estarían aún prontas.

Todos los días se ve que no se curan de la hora,