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Página:Alma negra.pdf/17

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así ahora, después que la amita llegó, a quién ha de amar?... Póngase en su caso. Si la niña fuese él, y él fuese la niña...

Ambas callaron y el paseo concluyó en el silencio de los que dialogan consigo mismo.

***

Al otro día, antes que Liduina abordase el tema predilecto, le dijo Isabel:

—Pero, Liduina, ¿qué es amor?

—¿Amor? — respondió la lista mucama en quien el instinto substituía la cultura. — Amor es una cosa...

—... que...

—... que viene, que viene...

—... ¡y llega!

—... y llega y se apodera de una. Tío Adán dice que el amor es enfermedad. Que la gente tiene sarampión, viruela loca, tos larga, paperas y amor; cada enfermedad en su tiempo.

—Pues yo he tenido todo eso — respondió Isabel, — y no tuve amor...

—Sosiéguese, que no se escapará. ¡Tuvo las peores y no ha de tener la mejor! Aguarde que un día viene el...

Guardaron silencio.

De pronto, Isabel aferró el brazo de la mucama y mirándola fijamente a los ojos, preguntóle:

—¿Eres mi amiga de corazón, Liduina?

—¡Un rayo me mate en este momento, si...!

—¿Eres capaz de guardar un secreto, pero un secreto eterno, eterno, eterno?

—¡Un rayo me mate...!

—¡Calla la boca!

Isabel vacilaba.

Luego, en ese deseo vehemente de confidencia que nace con el primer claror de la luna del amor, dijo, ruborizándose:

—Liduina, me parece que me voy enfermando... de la enfermedad que faltaba.

—Pues ya es tiempo — exclamó la ladina abriendo desmesuradamente los ojos. — Diez y siete años...

—Diez y seis.

—Diez y seis y once meses. ¡Es tiempo!...

Y luego, cavilosa:

—¿Algún hidalguito de la Corte?

Isabel vaciló de nuevo; al fin dijo:

—Tengo, en Río, un enamorado; pero sólo es un galanteo. Amor, amor, de aquel que hierve aquí dentro, de aquel que viene, que viene y llega, ¿no?... No, allá...

Y en cuchicheo al oído de la mucamita, ruborizándose como una granada:

—¡Aquí!...

—¿Quién? — inquirió Liduina simulando asombro.

Isabel murmuró imperceptiblemente:

—¡El!

Corrigióse de pronto, sin embargo.

—Pero sólo es un comienzo chiquititito. Viene, viene...

***