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Año V Buenos Aires, 16 de Mayo de 1921 Nº 183

DIRECCION: MIGUEL SANS


EL LUNES PROXIMO PUBLICAREMOS
EL IDILIO DE SIMON
Por HECTOR PEDRO BLOMBERG

Ningún escritor como éste ha sorprendido con tanta sagacidad y arte esa existencia internacional, pletórica de pasiones, ruda y terrible, de nuestros puertos, y ese mundo que gira en su rededor. Y con una visión de hombre y artista, nos narra un idilio que nace, y lucha palpitante en ese medio ambiente interesantísimo por los tipos, el escenario en que se agitan, y las pasiones que los mueven.


Recomendamos la lectura de nuestra revista mensual «EL SUPLEMENTO» en la que colaboran los más destacados escritores del país y extranjero.

«EL SUPLEMENTO» contiene 80 páginas con 12 ó 14 novelas y cuentos profusamente ilustrados y algunas notas interesantes.

Lea al final de esta novela el contenido del Nº 15, que aparecerá pasado mañana 18 de Mayo. Precio de venta al público, 20 ctvs. Pidalo con anticipación a los vendedores de diarios, estaciones del Subterráneo y Ferrocarril o a nuestros Agentes del interior.



ALMA NEGRA
POR MONTEIRO LOBATO

Monteiro Lobato es el más profundo y ameno escritor brasileño y en esta obra, especialmente escrita para nosotros, revela como en ninguna otra, las admirables cualidades que lo han impuesto en su país.

Alma Negra es un delicado y vigoroso romance, digno de ser cantado en verso, tal es de hermoso y humano. Y para evocarlo vibrante y conmovedor, es necesario tener las relevantes cualidadades de este artífice de la pluma.

La Dirección.

Viajábamos por las regiones desiertas por donde pasara el coche triunfal de Su Majestad el Café, arrastrado por el Negro, cuando las nubes del cielo, ventrudas, empezaron a deshacerse. Síntoma infalible de lluvia. Para confirmarlo, un viento brusco, áspero, vino a romper el calor sofocante, sacudiendo la tierra como previniéndola del inminente baño meteórico. Remolinos de polvareda sorbían las hojas secas y las garranchas que se atorbellinaban en espirales por las alturas. Sofrenando el animal, me detuve, para examinar el cielo.

—No hay duda — dije a mi compañero, — ¡la tenemos y buena! El remedio es guarecernos, cuanto antes, en algún socavón, porque el agua viene rajando.

Circunvagué la mirada en torno. Una serie de sierras escabrosas que se perdía de vista, sin una casucha de paja que nos incitase con un «ven aqui».

—¿Y ahora? — exclamó desorientado Jonás, viajero novicio que todo lo fiaba en mi experiencia.

—Ahora hay que galopar. Detrás de este espigón hay una fa-