Página:Almanaque de las portenas 1895.pdf/20

De Wikisource, la biblioteca libre.
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada
— 18 —

remedio para todo mal, como se va trás del alimento y del abrigo.

 Así la Providencia mueve al hombre sirviendo sus designios.

 La felicidad, que es satisfacción y abundancia cuando no es filosofía y paciencia, es siempre enervadora, refrectaria al trabajo.

 La desgracia es activa y pujante mientras no haya logrado suprimir las energías morales.

 En la pobreza se lucha, en la opulencia se vejeta.

 Los pueblos ricos se corrompen por la molicie entregados á los placeres que se agotan en el vicio: son como las aguas que se estancan fermentando el limo del fondo.

 Los pueblos pobres se engrandecen por el trabajo que es la virtud: tienen el movimiento de la aspiración á otro estado mejor: son aguas correntosas.

 La vida es transformación constante, evolución perpétua.

 Desesperar es caer en el delirio de la impotencia ó de la locura.

 En la perseverancia, tranquila y sufrida, encuentra el hombre su caudal y los pueblos la paz y el progreso.

 El orden de la libertad nace de la ley del trabajo.

 El capital es producción. La riqueza el sobrante del intercambio comercial con la concurrencia del hombre y los pueblos á la felicidad común.

 Pero el dinero no es la ambición satisfecha, la dicha suprema.

 Su valor varía y no es de todos la suerte de adquirir y guardarlo.

 La fortuna verdadera es el pedazo de suelo que sirve de base al hogar.

 Allí se forma la familia y el hombre se robustece y perpetúa en el amor de los suyos.

 La tierra y no el dinero dá el sustento de cada día: es nuestra madre.

 Felices, pues, los que saben arar, y en su pátria ó fuera de ella, hayan encontrado arraigo en tierra fértil!

 Así se levantaban los cimientos de los grandes imperios de la civilización que florece allí primero y luego brilla en la industria, las artes y las letras.