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Página:Ang Bayang Kahapishapis - Taong 1 Bilang 2 - Ika 7 ng Setiembre ng 1899.pdf/3

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Taong 1. Bilang 2.
San Francisco de Malabon Martés ika 7 ng̃ Setiembre ng̃ 1899.

cibo mensajes de Aguinaldo deseando enviar una comisión á Manila para conferenciar con la Comisión de Paz sobre los terminos de aquella. Se han dado instrucciones para darles libre paso, aún cuando el en persona se presentase.»

Otro despacho, al parecer sin censura, de Manila, venia á decir: «Manila Mayo, 17 tarde. Los miembros civiles de la Comisión de paz de los EE. UU. favorecen el meeting con los Representantes Filipinos en nombre de Agui­naldo, con el Teniente Reyes del E. M. del General Gregorio del Pilar, quien se presentó al General Lawton con bandera blanca tra­yendo la proposición. Creen los Comisionados americanos esto es debido al resultado de un reciente meeting habido en el llamado Congreso de S. Isidro. Sin embargo, nada puede afirmarse, no obstante que el Comité Local (?) filipino esta en constante comunicacion con los Jefes de la rebelion y hace todos los esfuerzos para asegurar la paz.»

El Prof. Schurman que el jefe de la co­misión y del partido civil parece que trata bajo todos conceptos de arreglar una paz que no sea humillante para los Filipinos. Y si algo se consigue arreglar con esas negociaciones que tanto ha estropeado el partido militar sera de­bido á Mr. Schurman y á Mr. Worcester que un honor á la verdad, tratan de atraer á nues­tros enemigos en vez de enemistarlos. El Pro­fe Schurman se ha admirado de la civili­zación de Filipino no obstante haber este es­tado tanto tiempo bajo el retrogada Gobrierno Es­pañol y dice lo mismo que Dewey que lo ha recebido muchas veces, que el Filipino es tan ca­paz de gobernarse como el Cubano, y que si el dispusiese, tratarla de arreglar la paz sin la condición de una absoluta rendición.

Pero la versión á la cual debe darse más cre­dito es la del General Anderson, que ha di­cho al «Times Herald» de Chicago, lo siguiente: «Por lo que respecta á los Filipinos, creo que hay mucha ideas erroneos acerca de ellos.»

He estado en Filipinas hasta fines de Marzo, habiendo sido enviado allá con la primera ex­pedición militar en Junio de 1893, y durante este tiempo he tenido muchas ocasiones para pren­der el caracter é ideas de los Filipinos. Los creo de no muy baja estera intelectual con religión á los Japoneses, lo mismo que en su cultura, casi todos leen y escriben, tienen muchas escue­las y un número suficiente de periódicos, sus ciudades son populosas y bien ciudadas. Hay muchos maquinistas y artistas; su gusto y apti­tud para la música son verdaderamente noto­rios, y su arte aunque no en la más elevada acepción, muy bueno y en concordancia con la linea de enseñanza española. Su ejército muy mejorable: es úna buena fuerza para combate, con cañones iguales ó superiores á los nuestros en la mayoria de las veces.

El Filipino no es nuestro indio del Norte, y conoce casi todos los movimientos tácticos de la guerra moderna de una manera pro­funda. No puedo positivamente afirmar como aceptaran la influencia de la civilización ameri­cana, pero repito, que se parece al Japones y to­dos saben el salto avanzado que el Japon ha dado en estos últimos 25 años.


DIVAGACIONES.


Filipinas al poder sacudir el yugo Español no ha ganado en nada si cae después bajo la domi­nación Americana.

La dignidad compañero inseparable del hom­bre libre, ya tiene todo Filipino, siquiera este, solo ha resparado por corto tiempo las auras de la libertad. Todo Filipino, regenerado por el noble ambiente de la independencia, com­prende la diferencia del esclavo con el hombre libre, y como un ponado y enserrado en una os­cura masmorra donde solo se respira deletereas miasmas ve por su constancia libre y dueño de sus acciones, jamas se dejara otra vez encadenar á menos que fuera un necio.

Y la necedad enfermedad que adolece la hu­manidad entera parece que, solo en pequeña pro­porción le ha tocado á nuestro suelo, y todos esos que predican las ventajas de la dominación Yankis, no lo dicen por convicción, sino por conviniencia.

La diferencia de razas; el peligro que corre la prosperidad de nosotros; todo filipino media­namente instruido adivina. El monopolio en cuanto al comercio por los grandes capitales America­nos, el orgullo de los que dominan sobre todo se tienen la creencia como los yankis de la superioridad de su regimen cuanto al trato: hará que el pobre colono esté fuera del concurso de los capitales y excluido de la sociedad de los blancos por ser raza de color, rutina que aún se sigue en vigor entre los mismo ame­ricanos de diferentes razas nacidos en una misma tierra.

¿Quién puede estar conforme? ¡nadie! Los filipi­nos lucharan todo lo posible por la regeneración de su raza injustamente envilecida por espacio de más de tres siglos por los Españoles y hoy amenazada por los Yankis; lucharan por el de­recho que les asiste sobre la riqueza de su pais y POR SU REDENCION FINAL.

Y el que diga que no, es un egoista, y de los egoistas no contamos con ellos; pues ni pueden ayudarnos á nuestra noble empreza, ni pueden ayudar mucho á los Americanos por que, ego­ismo y traición se hermanan.

Domiciano.

A NUESTROS CONCIUDADANOS DE MINDANAO Y JOLO.


La dominación española que no tendia á otro fin más que al exterminio de nuestra raza, ya la hemos estrangulado, rompiendo aquel yugo