sino con la diferenciación propiamente dicha, menester es que coloquemos en el reino de la muerte todos los protistas de Haeckel y quizás mucho más aún, según el sentido que se asocia a la idea de diferenciación. Si la vida no comienza allí donde esta diferenciación es transmisible por medio de un germen más pequeño al menos, todos los organismos, remontándonos hasta los seres unicelulares, incluso estos últimos, no son vivos. Si la característica de la vida es la circulación de las sustancias por medio de canales especiales, precisa borremos de la lista de los seres vivos, además de aquellos seres que acabamos de nombrar, toda clase superior de los Celentereos, excepto las medusas, todos los pólipos y otros fitozoarios. Y, en fin, si la circulación de las sustancias, por canales especiales a partir de un punto interior, es el criterio esencial de la vida, debemos declarar muertos todos los animales que no tienen corazón o que tiene varios, a saber: además de todos los seres citados anteriormente, todos los gusanos, las estrellas de mar y los rotíferos (Annuloida y Annulosa, según la clasificación de Husley) una parte de los crustáceos (cangrejos) y, en fin, aun un vertebrado, el Anfioxus; sin contar todo el reino vegetal.
Cuando, pues, el Sr. Dühring trata de caracterizar la vida propiamente dicha, en el sentido estricto y riguroso del término, da de la vida cuatro criterios enteramente contradictorios, de los cuales uno condena a muerte eterna, no solamente a todo el reino vegetal, si que también a la mitad, próximamente, del reino animal. Después de esto, verdaderamente no podremos decir nos engañaba cuando nos prometia «resultados enteramente nuevos y concepciones esencialmente originales!»
En otra parte se lee: «Igualmente en la naturaleza todos los organismos, desde el más bajo hasta el más alto, tienen por base un tipo simple» y este tipo puede