descubrirse por entero en sus rasgos fundamentales, en el movimiento más secundario de «la planta menos perfecta». También esta afirmación es «por entero» una necedad. El tipo más simple que puede descubrirse, en toda la naturaleza orgánica, es la célula, y ciertamente la célula es la base de los organismos más elevados. Y entre los organismos menos elevados se encuentra una porción de seres muy inferiores a la célula: el protoamibo, simple grumo albuminoide sin ninguna diferenciación, todo una serie de móneras y todos los sifonoforos. Todos esos seres nada tienen de común con los organismos superiores, sino que su elemento fundamental lo constituye la albúmina y, en consecuencia, cumplen las funciones de la albúmina, es decir, viven y mueren.
El Sr. Dühring nos cuenta también: Fisiológicamente la sensación va ligada a la existencia de un aparato nervioso, por simple que sea. La característica de todos los seres animales es, pues, ser capaces de sensación, es decir, de una percepción subjetiva conciente de sus estados internos. El límite preciso entre la planta y el animal está donde se cumple el salto a la sensación. Y lejos de borrarse por las formaciones intermedias conocidas, dicho límite es necesario para esas formaciones indecisas e indistintas y llega a ser para las mismas una exigencia lógica...» Y más lejos dice: «Las plantas, por lo contrario, están, absolutamente y para siempre, desprovistas de toda traza de sensación y en sí no contienen las condiciones para la misma.»
Desde luego, Hegel ha dicho en su Filosofía de la Naturaleza que «la sensación es la diferencia específica, el signo absolutamente distintivo del animal»[1]. He aquí, pues, una «grosería de Hegel», que por el hecho sólo de
- ↑ § 351 adicion.