ría manifestar fenómenos vitales, por tenues que fueran. Sin duda puede uno decirse, si la química descubriría al mismo tiempo los alimentos convenientes para esa albúmina.
De este cambio de sustancia por vía de alimentación y de eliminación, considerado como función esencial de la albúmina y de la plasticidad que le es propia, se deducen entonces todos los demás factores simples de la vida: la irritabilidad, implícita ya en la acción entre la albúmina y su alimento; la contractibilidad, que se manifiesta ya en un grado muy bajo de la escala en la absorción de los alimentos; la facultad de crecimiento que, en los grados más inferiores, comprende la generación por segmentación y, por último, el movimiento interno, sin el cual ni absorción, ni asimilación del alimento fuera posible.
Nuestra definición de la vida es naturalmente muy insuficiente, puesto que muy lejos de comprender todos los fenómenos vitales, se limita necesariamente a aquellos de entre ellos que son los más generales y sencillos. Científicamente todas las definiciones son de poco valor. Para tener un conocimiento verdaderamente completo de la vida, fuera menester recorrer todas las formas en que se manifiesta, desde la más baja a la más elevada. Mas por el uso cuotidiano tales definiciones resultan muy cómodas y hay casos en que es dificil pasarse sin ellas; así no habrá inconveniente en su empleo, siempre que se olvide sus inevitables defectos.
Y ahora volvamos al Sr. Dühring. Cuando se siente mal en el dominio de la biología terrestre sabe consolarse, se refugia en su cielo estrellado. «No es solo la constitución particular de un órgano de las sensaciones, sino todo el mundo objetivo quien tiene por fin la aparición del placer y del dolor. Por esa razón, admitimos que la oposición del placer y del dolor, bajo la forma exacta que