IX
LA MORAL Y EL DERECHO: VERDADES ETERNAS
Nos abstenemos de ofrecer algunas ejemplares, de las soserías y de los oráculos de que están plagadas las cincuenta páginas que el Sr. Dühring presenta a sus lectores como ciencia profunda de los elementos de la conciencia[1]. Citemos únicamente: «quien no es capaz de pensar sino con el auxilio del lenguaje jamás ha sabido lo que es el pensamiento abstracto aislado, el pensamiento verdadero». De ser así, los animales son los pensadores más abstractos y verdaderos, pues su pensamiento jamás fue perturbado por la intervención del lenguaje. En lo demás, ya bien se ve por los pensamientos de Dühring y por el lenguaje que los expresa, que sus pensamientos no están hechos para un lenguaje cualquiera, más que nuestra lengua para sus pensamientos.
En fin, somos libertados por la cuarta parte que, además de sus vagos y fugitivos discursos, presenta aquí y allá ideas comprensibles acerca de la moral y el derecho[2]. Desde los comienzos se nos invita a hacer un viaje a los demás astros: los elementos de la moral «deben encontrarse de una manera concordante en todos los seres no humanos cuya inteligencia activa debe poner