un orden conciente en sus movimientos vitales e instintivos... Por lo tanto, no ha lugar a interesarse mucho en estas diferencias... pero siempre será una idea propia para ampliar de una manera bienhechora nuestro horizonte al representarnos la vida individual y social en otros. astros sometida a un plan tal, que no puede ni abolir la constitución general y fundamental de un ser que obra de una manera razonable, ni escapar a sus leyes».
En este caso, por excepción, es al principio y no al fin de capítulo donde se afirma el valor de las verdades de Dühring para todos los mundos posibles, como para el nuestro; hay para ello una buena razón. Cuando se ha sentado que las ideas de Dühring acerca de la moral y la justicia son válidas para todos los mundos, será facilisimo extender «de una manera bienhechora» a todos los tiempos su validez. Pero también en este caso no se trata de nada menos que de verdades definitivas y sin apelación. El mundo moral «como el de la ciencia general tiene sus principios permanentes y sus elementos simples». Los principios morales son «superiores a la historia y a las diferencias actuales entre los caracteres étnicos. Las verdades particulares de que se compone en el curso de la evolución la conciencia moral, pueden, por poco que se les siga hasta a su principio, pretender un valor y una extensión análogas a las de las nociones y aplicaciones matemáticas. Por otra parte, en general, las verdades que son verdaderamente verdades, son inmutables... de suerte que siempre es una necedad hacer creer que el tiempo y los cambios en la realidad hacen mella en la realidad del conocimiento. La certeza del saber riguroso y el valor del conocimiento común son, pues, tales que, por poco que reflexionemos, no podríamos dudar del valor absoluto del principio del saber.
«Por sí misma la duda que persiste es una debilidad enfermiza y el síntoma de una confusión caótica que a