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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/125

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por Federico Engels

veces intenta revestirse de la apariencia de alguna solidez para la conciencia sistemática que adopta de su inanidad. En materia moral la negación de los principios universales se acoge a la diversidad geográfica e histórica de las costumbres y de los principios, y a poco se conceda la existencia necesaria inevitable del mal moral, cree haber dado fin a la realidad de los instintos morales unánimes, con su valor y eficacia. Este escepticismo disolvente, que se ejerce no contra tal o cual falsa teoría, sino contra la facultad misma que tiene el hombre de alcanzar una moralidad conciente, llega, en fin de cuentas, a una verdadera nada, aun hasta a algo que es peor que el puro nihilismo... y se envanece de dominar sin esfuerzo en medio del caos confuso de ideas morales disueltas y de poder abrir las grandes puertas al capricho sin ley. Mas su error es inmenso, pues basta señalar cuanto acontece necesariamente al entendimiento cuando se trata de verdad y error, para comprender por esta sola analogía, que la falibilidad natural en nada excluye la posibilidad del éxito[1].

Hasta aquí hemos aceptado tranquilamente todas las pomposas declaraciones del Sr. Dühring respecto a las verdades definitivas y sin apelación, la soberanía del pensamiento, la absoluta certeza del conocimiento; pero hemos llegado a un punto en que debe tratarse la cuestión. Hasta aquí bastaba investigar en qué medida tal cual proposición de la filosofía de la realidad tiene un «valor absoluto» y posee una «verdad incondicionada»; hoy se trata de saber de una manera general si hay productos del conocimiento humano que puedan pretender ser un valor absoluto y una verdad incondicionada. Cuando yo digo: del conocimiento humano no tengo ciertamente ninguna intención ofensiva para los habitantes de otros

  1. Cursus, pág. 195.